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Un bello recuerdo
Categoría: Relatos 02 el día 2010-01-07 21:16:23
Escribo esto, como recuerdo y un pequeño homenaje a ti, María Pilar.
Seguramente, pues yo así lo creo, que en algún maravilloso lugar estás, hace ya mucho tiempo, pues tu vida que yo conocí, pienso que por tu bien, no pudo ser muy larga.
Pero ya ves, dejaste estela, y sobre todo en mí, un bello recuerdo.
Cuento ya con muchos, muchos años, y en el paso de ellos, no he conocido ni he visto nunca a nadie como tú, así que me atrevo a decir que fuiste única.
El poco tiempo que pasamos juntas, fuimos amigas de verdad, pues algo muy sincero y bonito nos unió. Yo tenía ocho u nueve años, tú no lo sé, porque yo te veía muy niña, con tu carita, tu pequeño cuerpo, tus manitas que yo cogía, y no digamos tus piernecitas y pequeños pies, que aparentabas no más de cuatro o cinco años; siempre sentadita en tu pequeña silla pues ese diminuto cuerpo, ahora es cuando lo comprendo, imposible resistir el peso, de tu enorme cabeza.
Repito, que tu caso no lo he vuelto ha ver, y al ser una cría que yo era entonces, cómo saber a que se debía el porqué eras así, o era de nacimiento o solo era que te desarrolló demasiado la cabeza y no el cuerpecito.
Te vi por primera vez en la calle de las Armas en Zaragoza, yo vivía en el numero setenta y ocho y tu en la acera de enfrente en la casa numero setenta y tres. No sé el tiempo que haría que vivías allí con tus padres y hermanos, o erais recién venidos, sólo sé que un día de verano tu madre te sacó al portal en tu sillita; como es natural causaste gran impresión, sobre todo en la chiquillería de la calle, y de las personas que pasaban.
Pero, yo te voy ha decir de mi reacción, me acerqué a ti de cuclillas, y sin sentir ni demostrar asombro, miedo y mucho menos burla, desde el primer momento te traté con naturalidad y como a otra niña como yo, fue una atracción hacía ti, que tú captaste, pues tus ojos y tu boquita me sonrieron y ya no hizo falta, nada más.
Revivo en mi recuerdo, tu dulce voz y ese algo casi sobrenatural que emanaba de tu bonita cara en esa enorme frente, pienso ahora, que desde aquel momento entró en mi conciencia lo que a lo largo de mi vida he mantenido, que la verdadera bondad y belleza está muy dentro de la persona y tú, fuiste el ejemplo.
En tu deformidad eras algo maravilloso, y no fue mi trato hacía ti lo que hubo de bueno, sino al contrario, fuiste tú la que me dio verdadera amistad, cariño y algo muy especial que el paso de los años no ha borrado, por eso, mi recuerdo eterno.
Los días lluviosos o desapacibles, yo entraba en tu casa, que vivías en la planta baja, a jugar contigo y se te alegraba la cara al verme; yo notaba que tu madre agradecía mi gesto, pues se había dado cuenta que entre nosotras existía algo sincero, bueno y bonito, que como ves, sigue dentro de mí.
Paso ese tiempo, pues me vine a vivir a Calatayud, y ya no supe más de ti, pero como he empezado a decirte, sé que desde el lugar donde estás, te alegrará ver, que sigues en mi corazón.
María Luisa.
VIVENCIAS VIVIDAS HACE MUCHOS AÑOS
Categoría: Relatos 02 el día 2010-01-07 21:15:33
Corría el año 1944, como eran malos tiempos y escaseaban muchas cosas Jeremías decidió ir a los pueblos Aragoneses a comprar todo lo que pudiera encontrar. Salió de Madrid de la estación de Atocha hasta Calatayud. Se hospedó en el mesón de la Dolores y contrató el servicio de un carro y una mula para poder desplazarse a los pueblos más próximos.
Jeremías era muy curioso y quería enterarse de las costumbres que había en cada pueblo, por eso preguntando llegó a casa de Josefina y ésta le dijo:
- Mi madre amasaba el pan en casa y nos duraba toda la semana, hasta la otra masada. Por la noche hacía la levadura y se guardaba el “reciento” de una semana a otra. Al clarecer el día empezaba la faena, se ponía un delantal blanco y un pañuelo a la cabeza, y lista. Preparaba la artesa, harina, levadura, agua y sal, amasaba todo, bien trabajado, luego lo dejaba tapado para que subiera la mesa. Después hacía las hogazas o panes, y en un tablero ponía la tela de arpillera o saco, harina espolvoreada para que no se pegaran los panes, y los iba colocando muy bien puestos. Se hacía con un trapo enroscado como una “rosquilla” y se lo ponía en la cabeza, y encima el tablero del pan, y al horno. El panadero lo revisaba y si estaba listo lo metía al horno. Cuando estaba cocido, lo sacaba y con un trozo de pellejo untado en aceite, le daba por encima a los panes para que tuvieran más color. Los utensilios que se empleaban eran: la artesa, el tablero, los bancales y la panera.
Jeremías estaba gozoso de poder saber como se hacía el pan.
-También hacíamos jabón –seguía Josefina. Se compraba sosa cáustica y resina, se echaba sebo y aceites de deshechos, se ponía en un balde a cocer y con un palo largo se daba vueltas dos hors para que no entrase, cuando estaba casi echo poníamos un chorrillo de esencia de espliego para que oliera bien.
También le contó que cuando se echaban las gallinas “cluecas” les ponía su madre paja en una cesta con los huevos y estaban 21 días hasta que salían los pollos. Su madre la sacaba todos los días a la gallina para que hiciera sus cosas fuera de la cesta, y los últimos días le daba de comer pan remojado en vino y así conservaba el calor hasta que salían los polluelos.
María le dio a Jenaro unos trozos de jabón y unas hogazas de pan para que lo probara. Y se fue tan contento agradeciéndole su conversación y su regalo. Preguntando a unos y otros decidió ir a Montón de Biloca cogió su curro y se puso en camino. Al llegar se encontró con una mocita muy despierta, le preguntó que de dónde era.
- Soy de aquí de Montón de Jiloca, somos 150 vecinos, vivimos del campo y es muy duro. Mi padre se levanta al punto de la mañana a por paja y pienso para dar de comer a los animales y caballerías, y limpiar las cuadras, luego al campo a preparar la tierra. Según la época ¡así viene de fuera, no para en todo el día! Yo ayudo a mi madre, voy al río a jugar y lavar, a por agua con dos cántaros en las caderas y cantando.
“Chica si vas a la fuente ten cuidado del cántaro, que si se rompe, difícil será arreglarlo”.
- Bueno, Juanita, agradecido; me voy a Ruesca a comprar más vino.
- Hasta otra vez que vuelvas por estos rincones aragoneses.
Siguió preguntando y llegó a Ruesca. Le indicaron dónde podía alojarse; y allí se encaminó. Entabló conversación con la dueña preguntándole que quería saber cosas del pueblo. Y Maruja fue relatándole cosas que quería saber.
- Ruesca es un pueblecito agrícola. Tiene toda clase de animales.
- ¿Matan el cerdo?
- Sí
- Y ¿qué costumbres siguen ustedes?
- En primer lugar, el día antes de matar al cerdo, se cuece el arroz para que esté frío. Se corta la cebolla, se pelan los ajos y se corta el pan para las bolas. Por la mañana temprano viene el matachín…
- ¿Quién es ese?
- El encargado de degollar al cerdo. Se prepara una buena fogata, se lleva una caldera de agua para que vaya calentándose hasta que hierve. Luego entra el matarife y cuatro hombres tumban al cerdo (que pesa cerca de 150 Kg) a un banco que está preparado allí, le sujetan bien y le dan muerte.
- ¿Qué hacen con la sangre?
- Espera, no te adelantes. Como soy la mayor de las hijas me toca coger la sangre, que consiste en revolverla para que no cuaje.
- Luego con unos pucheros se coge agua hirviendo y se escalda, y con unas cazoletas, se lleva el matarife, lo rascan bien para que quede limpio.
- Y ¿ya está preparado?
- ¿Qué se lo cree usted? Después lo cuelgan y lo abren en canal, le sacan las tripas y le ponen un palo cruzado para que se oree.
- Luego los hombres se van a almorzar y las mujeres a lavar los anchos.
- Y los hombres ¿ya no participan en nada más?
- Sí. Los hombres despedazan el cerdo. Primero le quitan las costillas, luego el lomo, después le cortan la cabeza, la papada, los espaldares, los blancos, el espinazo y los jamones.
- ¿Y las mujeres?
- Van preparando lo que se tiene que capolar. Se quitan las mantecas, y con las cebollas picadas se regala la manteca, y se hace un refrito. Y con el arroz, sangre, canela, pimienta, piñones y sal. Se amasa bien toda la pasta y está toda preparada para embutirla en las anchas para las morcillas.
- Y a secar.
- No tenemos una caldera con agua hirviendo donde cocemos las morcillas. Una vez cocidas las subimos al granero para que se oreen. Con lo que se repliega el cebado y el barreño, el pan cortado y sangre se hacen unas bolas, ¡y que ricas están!
Después en la cadera se cuece la tripa, el corazón, el liviano, la lengua, los riñones y con magra del cerdo, se capola todo junto para hacer las güeñas.
- Y ¿la longaniza?
- Sí, también. Después con la cabezada del lomo y tocino entreverado se capola todo y se hace la longaniza.
- Pero todavía queda cerdo para rato.
- Pues sí. Da mucho de sí. Luego recortamos las paletillas. Compramos carne de toro si había, y si no, carne de novillo y hacemos los chorizos, con el arreglo correspondiente. En la misma máquina de capolar ponemos un embudo y llenamos las anchas con la masa, atamos las bocas de las rastras, las colgamos en barras para que sequen bien.
- Y fardeles ¿se hacen aquí?
- Sí, el hígado lo escaldamos bien picado magra, media docena de huevos piñones, miga de pan, canela y sal, y con la tela que cubre la tripa del cerdo lo cortamos a cuadros, lo rellenamos con la pasta y hacemos los fardeles. Los ponemos en cribas, colgadas para que no se agrien.
- Bueno ¿ya llegarán los jamones?
- Sí. Al salar los jamones hay que apretarles bien para que salga toda la sangre. Se salan, se les pone peso encima para que suelten toda la sangre y a los ocho días se les da la vuelta. Se pone pimentón bien por todos los rincones, por el “saltillo” y se cuelgan en el granero con las ventanas abiertas para que curen bien, dando de vez en cuando la vuelta.
- Bueno, ya estará.
- Pues sí. Por la noche una buena cena para toda la familia
- Y ¿ todo lo fabricado?
- Cuando esta todo seco, la longaniza, las güeñas, chorizos; lo cortamos a trozos, lo metemos en cazuelas de barro y las llenamos de aceite, bien tapado todo. También los lomos, costillas y morcillas. Así se conservaba todo el año hasta la nueva matanza.
Jeremías se fue encantado. Compró todo lo que pudo en Ruesca y se fue para la capital.
Un cuarteto.
LA ADOLESCENCIA
Categoría: Relatos 02 el día 2010-01-07 21:14:35
Una fantástica estación nos llama hacia la adolescencia, con cariño, a la edad que hemos tenido y que olvidamos a menudo.
Nos sentimos inteligentes, importantes, serios, nosotros y aquellos, que ¿recordáis? Hemos querido, o, al contrario.
La adolescencia es como el alba: tiene sol y sombra. Ella es como el crepúsculo: tiene oscuridad y luz.
El sol que brilla ardiente en los días de julio observa un adolescente, que con una lente en las manos transforma sus rayas en llamas, y las noches perforadas de luna encuentran para poder anunciar con malicia sabia un supuesto eclipse.
Por la mañana, el adolescente tiene la fiebre a 29 grados, al medio día 36 grados y por la noche por debajo de 41 grados. Se podría creer que está enfermo, pero está más que sano. Cuando sufre, está enamorado y el amor es como el catarro, o como la bebida, o como el dolor.
El adolescente se mete en el fuego para salvar a un niño que está encerrado en casa de sus padres irresponsables, pero tiene miedo de que se pueda ahogar en una piscina con agua caliente.
A pesar de todo es valiente. Porque como el marinero se alegra cuando ve la orilla, el adolescente se alegra cuando ve el mar.
Los adolescentes empiezan a luchar sin saber como aparece un arma y mueren defendiendo la vida. Y así, muchos “héroes anónimos” tienen epitafios largos de adolescentes.
El adolescente llora contemplando una abeja que no puede volar, porque tiene las alas mojadas con rocío, y las mismas lágrimas deslizan bajo sus ojos ojerosos cuando lee sobre el vuelo del hombre en cosmos.
Está navegando con su bote, pero pensando que está en un cohete.
El adolescente lee libros de aventuras en la hora de español y escribe los versos en la hora de matemáticas.
Él sigue con el microscopio cada nervio de la hoja, pero no quiere mirar la inscripción que lo insulta con su imperativo: “¡No rompas las flores!”
Fuma escondido, pero solo porque está convencido que los círculos de humo que saca están atraídos por la fuerza centrífuga de los anillos de Saturno.
Al adolescente le gustan todas las estaciones: la primavera y el otoño, el verano y el invierno, y la quinta estación y la sexta también.
Se ríe ruidoso cuando en el cine se besan en la gran pantalla dos amantes, pero sus manos mojadas de emociones acarician con delicadeza otras manos igual de emocionadas.
Por la mañana en cada ser humano renace la maravilla de aquella hoja que se llama “la adolescencia”. ella está llena de emociones esperanzas, tensiones y éxitos. Ella tiene la confianza en la vida, en la amistad, en las virtudes del esfuerzo y del amor.
La adolescencia es la edad en la que aparece el amor limpio. Desde hace mucho tiempo empezando con la aurora de la humanidad los poetas y los artistas han cantado, elogiado, analizado este sentimiento. Hay pocas obras que no están vivas con su soplete creador.
Para los adolescentes el tesoro del amor es interminable; cada chica, cada muchacho se lee el destino en el calor de la mirada en el destino en el calor de la mirada en el encanto de una sonrisa.
El amor siempre es nuevo y siempre joven.
A pesar de estos somos ricos o pobres, fuertes en esta tierra o humildes en la escalera de la jerarquía, con todos sentimientos que la única cosa que nos puede hacer felices es la profundidad con la hora milagrosa de la juventud y está cosa nos hace iguales.
¿Quién tiene la cara hermosa? ¿A quien le brillan los ojos? ¿Sobre que cara la pulsación del corazón hace irradiar irresistible el deseo de felicidad, el vuelvo fantástico del pensamiento, el atrevimiento, el ataque directo?.
Se llama “Juventud”, “Adolescencia” a esta edad la tormenta se interrumpe y el sol aparece sobre el cielo. El no es el símbolo de la existencia, la esperanza y mientras está en el cielo nada está perdido para la humanidad.
Hay una poesía que la he leído una vez. No me acuerdo quien la ha escrito. Empieza con: “¡Despliega las alas y vuela!”. Creo que esta cosa hace falta que la hagamos todos a esta edad.
Unos la hacen con una condición, por obligación, otros por voluntad. Pero para cada persona hay un momento de mareo, la mitad exaltación, la mitad miedo. El acto de “desplegar las alas” merece y el inevitable.
“Despliega las alas”- palabras bonitas llenas de miedo y coraje.
La vida es bonita, no es negra o blanca, sino maya, de un gris indefinido.
¿Qué es adolescencia?. Un tiempo, el berrido de los filamentos de arena. S la vuelta que da la luna alrededor de la tierra, alrededor del sol. Es la naturaleza que muere e cada invierno y que renace en cada primavera.
Es la mirada de una madre, es a la vez de un padre. Es una caja de recuerdos de unos años que permanecen en tu corazón. También es el impulso y la pena, la esperanza y la melancolía.
Lamentamos a menudo los años de la adolescencia. Nos acordamos de ellos de vez en cuando lloramos o reímos.
¡No intentéis saltar sobre las estampas de la vida!. ¡Dejad que los años lleguen a vosotros con el cargamento de recuerdos predestinados para que maduren!.
¡No le deis prisa al tiempo!. Porque seréis adultos hasta el final de los días. Pero la adolescencia y la infancia nunca volverán, solo en recuerdos.
Cuando quieras implorar el tiempo no volverá nunca más. La adolescencia ha sido bonita y hemos aprendido muchas cosas de ella. Nos ha enseñado que la vida s fantástica y hace falta vivir.
¡Muchas gracias adolescencia!
UN VERANO FELIZ
Categoría: Relatos 02 el día 2010-01-07 21:13:23
Al principio del mes de Julio empecé unas vacaciones en Santander, pues mandaron una circular al servicio dónde trabajaba mi padre, que decía que podíamos asistir a un veraneo gratuito, de una duración de veinte días, los hijos en edad escolar cuyo padre trabajase en el servicio eléctrico del ferrocarril.
Llego el día señalado nos reunimos en la estación del Norte en Madrid, cada uno acompañado de su padre, nos juntamos entre chicos y chicas un colectivo de veinte personas, la despedida fue un poco triste pues íbamos a pasar un tiempo fuera de nuestras familias.
Ya en el tren nos fuimos conociendo pues cada uno veníamos de pueblos diferentes, en el viaje charlamos, jugamos a las prendas y a los acertijos y alguna cosilla más, el tren que estaba dividido en compartimentos paraba en todas las estaciones por lo que el viaje duró desde las nueve de la mañana hasta las nueve de la noche, cuando ya faltaba poco para llegar a Santander, había que pasar muchos túneles y empezaron a comentar algunos chicos que el diablo se escondía en aquellas montañas santanderinas.
Dicho comentario nos produjo cierto temor, nos quedamos un buen rato acobardados en el tren ¡por fin llegamos a Santander¡ nos esperaban, Doña María Dolores con dos ahijadas que tenía (Angelines y Laura), Doña María Dolores era una señora viuda, arrogantona, bastante gruesa y de mediana edad. Angelines y Laura tenían aproximadamente veinte años.
Nos llevaron a la casa dónde íbamos a pasar las vacaciones, una casa majestuosa, en la calle Bonífar nº 8 próxima al puerto, en ella había un salón que era un aula escolar, una capilla dónde se celebraba misa todos los domingos, un teatro, y un salón con un piano y otros instrumentos musicales, dónde se celebraba algún concierto, nosotros solo íbamos allí a cenar y a dormir, el dormitorio de las chicas era el salón donde estaba el piano y el de los chicos el salón escuela, aquí había en un armario con vitrina un esqueleto humano de tamaño natural, cosa que intranquilizaba bastante a los chicos que tenían que dormir allí.
A la mañana siguiente, tempranito, junto al puerto nos esperaba un tranvía y bastantes chicos y chicas santanderinos de familias humildes y todos fuimos trasladados a Muriedas un pueblo cerca de Santander donde había casas de campo, con praderas y grandes vallados dónde pacentaban vacas, a nosotros nos habían destinado una pradera vallada pero sin vacas, pasamos allí el día, jugamos, comimos, y dormimos la siesta en hamaca.
Regresamos a Santander en nuestro tranvía, llegamos a casa, cenamos y a dormir.
Pero una noche apareció el demonio, ese que se escondía en las montañas santanderinas que había entrado en nuestra casa, iba por el pasillo y el gato jugaba con el rabo, nos asustamos mucho, incluso uno de los chicos aterrorizado se arrojo por una ventana, que gracias a que había poca altura no se hizo mucho daño, se armó un gran alboroto y cogieron al diablo que resultó ser Angelines, Doña María Dolores la castigó duramente.
Nos llevaron también durante nueve días a la playa del Sardinero, madrugábamos y hacía fresquito, pero el agua del mar estaba muy buena, nos cuidaba un señor “el bañero” lo pasamos muy bien y nos daban un sabroso bocadillo después del baño.
La víspera de irnos nos llevaron a un bazar de juguetes de precio reducido y compramos un regalito para cada uno de nuestros familiares.
Nos despedimos de todos y nos subimos en el tren que nos llevaba de nuevo a Madrid, donde nos esperaba nuestro padre.
AMISTAD
Categoría: Relatos 02 el día 2010-01-07 21:13:00
La historia que voy a contaros ocurrió hace mucho, mucho tiempo en una aldea escondida entre grandes montañas, a lo lejos se podía oir un tintineo de gotas; un arroyo que bordeaba una pequeña cabaña parece que aún puedo ver al viejo Sr. Ami en su destartalada mecedora del porche. El Sr. Ami era un aciano regordete con pelo y barba larga y canosa, ojos hundidos y grandes surcos en la cara por el paso del tiempo. Se sentía muy solo, él había cuidado siempre de sus padres hasta que fallecieron hace muchos años. Aunque en muchas ocasiones había ido a visitar la aldea para hablar con los habitantes y de este modo vencer su soledad tuvo que desistir del intento porque siempre se burlaban de él, quizá por su aspecto físico o quizá porque el Sr. Ami había olvidado como hablar con las personas, ya que hacía mucho tiempo que no hablaba con nadie, y tenía una forma de hablar casi personal, o de hablar consigo mismo.
Al señor Ami le encantaba pasear todas las tardes, se ponía su viejo sombrero y cogía su usado garrote y anda horas y horas por el bosque un día le sorprendió una grandísima tormenta, el Sr. Ami aceleró el paso buscando un lugar donde refugiarse y escondida entre la maleza divisó una gran grieta en una roca, corrió más o menos como pudo hasta ella y se refugió.
La pequeña cueva que había en la grieta era muy acogedora y tenía aspecto de bodega. Y digo esto porque dentro había una especie de mesa de madera y cientos de toneles. El Sr. Ami sacó una cajetilla de cerillas del bolsillo y encendió una vela que estaba en un rincón, cogió la vela y se acercó a los toneles, en una especie de vaso hecho con la mitad de un coco vertió el contenido del tonel. Era un vino excelente, así que se bebio uno y otro vaso, hasta que consiguió calmar los tiritones que tenía por llevar las ropas empapadas. Rendido y un poco acalorado por el vino, cayó dormido sobre la mesa.
Abrió los ojos y un dolor de cabeza espantoso le atormentaba, encima de la mesa un personaje tiraba de la manga del jersey, el Sr. Ami no podía creer lo que veía se frotó con los puños los ojos para comprobar que no estaba soñando. El personaje seguía allí y en voz “alta” le reprochaba el haberse bebido su vino. El Sr. Ami le explicó lo sucedido y observando como la cara del personaje iba cambiando de malhumorada a comprensiva. De repente el Sr, Ami quedó sorprendido, lo cual quiere decir que el personaje le estaba entendiendo, a pesar de que la gente de la aldea se burlaban de su forma de hablar.
Cuando acabó su relato el personaje le preguntó como se llamaba y si quería otro vaso de vino.
- Ami, ¿y tú? – le preguntó el Sr. Ami.
- Mi nombre es STAD, pero todos me llaman Duende Borrocho – contestó el duende.
- ¿Y porque te pusieron ese nombre tan raro? –volvió a preguntar el Sr. Ami.
- Mis padres decían que de todos los hijos yo era el más inquieto que nunca paraba y que siempre me estaban diciendo ¡¡estate quieto!! Y por este motivo acortando me quede con STAD.
EL VIEJO CASTILLO
Categoría: Relatos 02 el día 2010-01-07 21:12:02
Voy a contaros, la historia de un viejo Castillo, les dijo una abuela a sus nietos.
Hace muchísimos años, unos geniecillos que vivían en unos lejanos bosques, pensaron conocer el mundo.
Se prepararon para recorrerlo y poder conocerlo. Empezaron el viaje, que iba a ser larguísimo. Como no habían salido del bosque, ignoraban todo lo que estaban viendo y fueron conociendo las costumbres que tenían en cada sitio (que ellos se aprendían).
Una de las cosas que mas les llamaba la atención, eran unos edificios grandísimos y bonitos que se enteraron, los llamaban Castillos.
Recorriendo Europa llegaron a España y en España también había muchísimos Castillos.
Un día llegaron a un pequeño pueblo, que esta en Aragón, allí sus habitantes (del pueblo)los recibieron muy bien, y ellos que iban cansados de tanto andar decidieron quedarse unos días a descansar.
Los vecinos del pueblo los obsequiaban con lo que tenían, se hicieron muy buenos amigos.
Por las noches que eran frías, pues estaban en invierno, se reunían y al calor de la lumbre del hogar, pasaban largos ratos charlando y jugando, ya que a todos les gustaban los juegos.
Llego el día, que decidieron marchar y seguir el viaje.
Pensaron dejarles un regalo para que siguiesen acordándose de ellos y así lo hicieron.
Cuando los vecinos del pueblo se levantaron se encontraron que los geniecillos ya no estaban se habían marchado sin decirles adiós, pero se quedaron admirados de lo que veían. Tenían en el pueblo un hermoso Castillo que les habían dejado de recuerdo.
Abuela ¿al Castillo quien se fue a vivir?
En aquellos tiempos había unos Señores que eran los amos del pueblo y todo su territorio, tenían sus criados, hombres que les cultivaban los campos y cuidaban los ganados. Como comprenderéis fueron los Señores los que fueron a vivir al Castillo.
Como el castillo tiene tantísimos años por el ha pasado muchísima gente. Se cuenta que vino un señor de la capital de España. Estaba solterón y se enamoro de la señora que estaba viuda. Se casaron en la Capilla (es muy bonita) lo triste fue que ese matrimonio duro poco tiempo. El se marcho a seguir escribiendo, era muy famoso por sus poesías, y se llamaba Francisco de Quevedo.
También vivió en el castillo un joven que estuvo de criado, para los señores un corto tiempo, se marchó a un convento y llegó a ser Santo, su nombre era San Juan Lorenzo.
Ahora es tan viejo el Castillo que se ha quedado solo, nadie vive en el, su puerta esta cerrada no recibe visitas, su muralla se cae a trozos y tiene una gran pena. Espero que algún día vuelvan otros geniecillos y lo dejen como nuevo, se vuelva a abrir su puerta y que todos que quieran lo puedan visitar y conocerlo por dentro.
Ya veréis cuando esto ocurra y lo podáis visitar. Desde sus ventanas se ve todo el pueblo, y casi hasta los pueblos vecinos.
¿Os ha gustado?. Gracias
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