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EL HADA AZUL
Categoría: Relatos 02 el día 2010-01-07 21:10:33
Cierto día el Hada azul
Quiso a la tierra bajar
Y se mandó preparar
Su gran carroza de tul.
Diciendo:"A cada mujer
de sus distintas naciones
voy a otorgar tantos dones
como pueda conceder".
Bajó pues sin dilación
y entró en la tierra triunfante.
Reuniendo en un instante
una de cada nación .
Viendo a todas reunidas
se llenó de admiración.
Porque nadie en este mundo
puede venir sin un don.
Llamó y dijo a la Italiana:
"Tu tendrás ardientes ojos
y tendrás labios tan rojos
que parecerán de grana".
"Por tus nacarados dientes
-Le dijo a la Austriaca- luego
veras quemarse en el fuego
de amor a tus pretendientes.
A la mujer parisién
le dio suma distinción,
esbeltez, suma elegancia
y hasta corazón también.
Y así a todas repartió
Sus dones con tanto anhelo
a unas claro entendimiento
a otras, apasionamiento.
Dejando a todas contentas
creyendo que conformaba
a todas con galardones
quiso terminar sus dones.
Cuando al terminar salió
de entre todas las mujeres
una gallarda manola
muy joven, casi chiquilla.
Y que acercándose al hada
ruborosa dijo así.
Según veo para mí
no habéis reservado nada.
Mirando su rostro alegre
cubierto con su mantilla
destacaba entre aquel ruido
de toda la algarabía.
Quedose el hada un momento
suspensa de admiración.
Y fijando su atención
en ella con duro acento.
Dijo luego: "Y tú qué quieres:
Que yo te pueda otorgar
tienes algo que envidiar
a todas estas mujeres.
¿No tienes tu pelo negro
Abundante y hermoso?
¿No tienes tu porte airoso?
¿No tienes cutis de Raso,?
¿No hay en tu mirada clara
rayos de luz que fascinan?
¿No es tu sonrisa divina?
¿No es bellísima tu cara?
Más no quiero que al marcharte
tengas por qué lamentarte
De que no te he dado nada
Y mirando la manola
Dijo alzando más el tono:
! A ver que traigan un trono
Para esta mujer Española!
Y en este cuento me fundo
Si es que este cuento no engaña.
Para gritar que en España
está lo mejor del mundo.
LAS MONTAÑAS AZULES
Categoría: Relatos 02 el día 2010-01-07 21:09:42
En la soledad de las montañas azules y en las cuevas de paciencia, residía un leñador llamado Aro, y su hija Iris.
Una mañana, Aro se levanto antes del alba, y salió al aire libre, pensando que el frescor aliviaría su corazón, pues ya se sentía viejo, de pronto vio una paloma blanca, que se posaba en lo alto de la sierra, después cruzo el cerro del ramo, y pensó Aro, algo va a suceder, los ojos del viejo se humedecieron, y las lagrimas cayeron al suelo. Hija, la paloma nos trae algo, un mensaje de esperanza. Los cabellos rubios de Iris que apartaba con sus manos, caían por su cuerpo, era una niña muy guapa.
Aro y su hija recogían lirios y flores, que por aquellas montañas se cultivaban, con ellas hacían perfumes, trabajando mucho para poder comer, se llamaban las montañas azules porque crecían muchos lirios, un día, cuando llegó la primavera, Aro vio a lo lejos en las colinas, caballos cabalgando, mujeres y niños.
De pronto un caballo blanco se detuvo montado por un caballero. Se paró y una paz le invadió.
Descendamos aquí este es el lugar más hermoso. Aquí construiré mi castillo. Le dijo a su criado, este es el mejor valle que hemos visto nunca, hay abundante agua, caza: patos, gansos cervatillos, etc.
Allí descansaron. Así empezó todo, pasaron los días, y los años, y todo empezó a tener vida. El castillo ya tenia forma, Aro e Iris a lo lejos no salían de su asombro. Ellos seguían trabajando, cada día recogían mas flores. El viejo, se sentía muy cansado y le decía a su hija, siento dejarte sola en estas montañas. No temas padre, los animales del monte estarán conmigo, dijo su hija, no me abandonaran.
Mientras en el pueblo, en torno al castillo ya todo cobraba vida. Las mujeres cosían y tejían bonitas telas para los aposentos del señor, los comerciantes traían frutas y excelentes vinos, todo quedo terminado, que maravilla pensaron todos.
El vigilante de la torre, vio a lo lejos una luz en las montañas, hay alguien, bajo y dijo a su señor.
El dueño del castillo, mando a sus criados a las montañas, al llegar vieron a un señor mayor.
- ¿Quién sois? dijo Aro- Somos servidores del señor del castillo.
Apareció Iris y todos quedaron admirados de esta muchacha tan guapa, venid al castillo es peligroso que estéis en las montañas azules, pues andan malhechores y os mataran. Aro que ya se sentía viejo, le imploro a su hija, que abandonara las montañas, Iris no quería, pues estaba acostumbrada a vivir libre en las montañas, marchémonos con ellos al castillo, montaron los caballos, y llegaron al pueblo, ansiosos por ver el castillo, al llegar el señor quedo maravillado de tanta belleza, de la hija de Aro. Mando celebrar una fiesta en su honor, ordenó a los mas jóvenes, listos, y hábiles que tejieran un vestido, tan dorado como el Sol, y otro tan plateado como la Luna. El señor del castillo se enamoró de Iris, y le pidió que se casara con él. A la semana siguiente se celebró la boda. El padre de Iris no salía de su asombro, y estaba muy contento. Empezó el banquete, todos comieron y bebieron hasta hartarse. Iris vestida con su vestido dorado, estaba radiante, empezó él baile, abriéndole paso el señor del castillo, este pensó, nunca mis ojos han visto una mujer tan bella. Él la miro, mientras la luna se reflejaba en su cara, se miraron y se besaron y fueron muy felices. El viejo Aro, vio cumplido su sueño, y recordó a la paloma contento, de que su hija no volviera a las montañas.
El mendigo de las colillas de oro
Categoría: Relatos 02 el día 2010-01-07 21:08:56
Esta narración transcurre en un humilde pueblo por el cual deambulaba diariamente un mendigo. El mendigo no tenía mucha edad pero se sentía viejo, sobre todo en experiencias vividas. Había perdido su último trabajo y ello le había llevado a ser uno más de los sin hogar, pero en vez de quedarse en las grandes ciudades donde había vivido, marchó por los caminos hasta el lugar donde ahora se encontraba.
Este mendigo tenía la compañía de un pequeño perro vagabundo, con fea apariencia, de un tono marrón oscuro y palidecido, pero el cual tenía buen corazón y quería al mendigo. El aprecio del mendigo hacia el perro le llevó a darle el bonito nombre de “Sol”, ya que al no tener vivienda, la mayor cantidad de horas del día las pasaban ambos bajo el sol.
Su pasión era buscar por las plazas, calles, bares y todo tipo de lugares, incluso en la dehesa miraba al suelo por si algún campesino había tirado alguna colilla, ya que su mayor placer era hacerse cigarros con estas colillas, y disfrutar de su penetrante humo.
Todos lo conocían y hablaban de él; recogía frutas de los árboles, que le servían de alimento. De vez en cuando cogía a mano alguna trucha, carpa o barbo en el pequeño riachuelo, que luego asaba. Y también ayudado por el Sol cogían alguna pequeña pieza de caza, que devoraban ambos con prisa y ansia al comerla. Las verduras de las huertas crudas o cocidas en una sucia lata con agua del río, también le iban bien para alimentarse. Así su alimentación y su plácida vida le hacían ser el más feliz de la tierra, estando la naturaleza a su alrededor.
Para estar, cualquier porción de tierra le resultaba digna, y para dormir debajo de los chamizos de leña. Las mujeres del lugar le daban para vestirse ropa usada, que él llevaba encima del cuerpo hasta pudrírsele y cuando alguien se percataba de su mal aspecto, le daban otra vestimenta para cambiarse.
Amaba la vida, y a pesar de no tener nada los ancianos le querían. Hablaba con ellos, y los niños le buscaban para jugar con él. Su carácter era tan cordial y su comportamiento tan educado, que a su lado la paz era obligatoria. Así pasaba su día a día, sus creencias sólo debía saberlas él, y lo que sabían los de su alrededor, es que cuando veía el sol, su rostro se iluminaba y parecía tener más fuerzas para gozar de todo su entorno.
Al llegar el frío invierno, se dejaba ver menos y como fumar era lo que más feliz le hacía, los niños recogían las colillas que veían y las metían en una bolsa de plástico, iban a su encuentro para llevárselas y disfrutar de su agradable amistad. Jugaban, reían y él fumaba liándose las colillas, y les contaba anécdotas y leyendas que escuchaban con verdadera atención. Les decía siempre que tenían que saber mucho y ellos reían contentos, pues hubieran querido estar a su lado más que ir a clase; pero nunca les enseñaba nada perjudicial para su educación, y los aldeanos lo sabían.
Un día gris, llegando los pequeños junto al mendigo lo hallaron casi dormido, al despertarlo les dijo-“Quizás pronto no me volváis a ver, recordarme como soy, y cuando veáis el sol yo os estaré observando. Voy a pedirle a mi amigo sol una alegría para vosotros, que sois mis mejores amigos.”
De repente, apareció un rayo de luz desde lo alto del cielo penetrando entre los árboles y alcanzando su resplandor a las colillas que traían los niños, éstas al momento, se convirtieron en color dorado.
Los niños abrían los ojos sin creer lo que veían, ¿sería oro?. Dio las gracias al sol y les indicó a los chiquillos que las llevaran al tendero, las vendieran y compraran golosinas y globos para hacer una gran fiesta, y que luego avisaran a sus padres de que él iba a marcharse a un viaje sin retorno. Los niños entristecieron con la noticia pero cumplieron lo mandado por el mendigo, y las colillas de oro fueron vendidas y hubo una gran fiesta en la plaza del pueblo; donde todos fueron felices, reinó la paz y salió el sol.
Los niños recordaron a su amigo y jugando, reían; no lo olvidarían pues les había dado la mejor y más grande fiesta de su infancia. También Sol chupaba los caramelos que le daban, mientras movía felizmente su cola. Ellos no le volvieron a ver, pero él desde el sol sí les veía. Hacer el bien siempre tiene su recompensa, y tratar con amor y educación a las personas es una conducta que deberíamos de practicar más, no lo olvidéis nunca.
Recordad lo feliz que fue e hizo a los demás el mendigo de las colillas de oro.
SUEÑO DE AMOR
Categoría: Relatos 02 el día 2010-01-07 21:08:13
Fermín estaba sentado en su mesa de despacho acabado su trabajo del día, empezó a recordar los cambios que tiene la vida y lo transcurrido en sus últimos años.
Fermín juntó a sus amigos Daniel, Jaime, José María y Francisco (Los cinco magníficos) como solían llamarse ellos mismos, eran inseparables pues desde su tierna infancia habían compartido todos sus juegos infantiles, más tarde el bachillerato en el Instituto; sus primeros amores juveniles, en estos se encontraba Lourdes, chica preciosa donde las haya con diecisiete primaveras que junto a Eva, Laura, Conchita y Elisa. Formaban una cuadrilla de amigas que junto a Fermín y sus amigos, organizaban sus guateques en las casas todos juntos, como era costumbre en aquellos años.
Fermín y Lourdes eran inseparables. Pero no todo podía ser felicidad, los padres de Lourdes, Antonio y Asunción, no veían con buenos ojos esta amistad, por las diferencias sociales. Antonio era un abogado de gran prestigio en su ciudad, mientras el de Fermín era un enganchador de trenes de RENFE lo cual hacía que hubiera una gran diferencia social entre ambas familias.
Fermín recordaba como truncados sus amores pues los padres de Lourdes les prohibieron verse. Luchó con desesperación y con todas sus fuerzas, cursó estudios en Madrid, en la Facultad de medicina. Sacó toda su carrera con becas, y se doctoró en urología. Se hizo cirujano, su vida era vivir para el estudio, siempre ampliando sus conocimientos.
Por su parte Lourdes se quedó en su pequeña provincia, no había olvidado su gran amor. Se casó con un amigo de sus padres, que era veinte años mayor que ella, que no le dio la felicidad y el matrimonio terminó rompiéndose con un gran disgusto para los padres. Pasados unos años Lourdes enfermó de riñón. Consultados los mejores especialistas, todos coincidieron en que había que hacer un trasplante. Rápidamente empezaron las pruebas, resultando que Antonio el padre era el que tenía las mismas características que el de su hija por lo que decidieron ir a Madrid, les dijeron que el mejor especialista y cirujano era Fermín, así que concertaron una entrevista con él.
El encuentro de los dos, no ya tan jóvenes, fue impresionante, se fundieron en un largo abrazo. Celia la enfermera que había citado a Lourdes se quedó de piedra cuando vio al serio doctor abrazando a su paciente. Tras años sin verse la emoción fue tan profunda que no lo pudieron evitar, hablaron de sus vidas; él de su soltería y ella de su fracasado matrimonio. Cuando volvieron a la realidad, Antonio el padre de Lourdes, pidió perdón a Fermín, se había dado cuenta que en la vida no solo vale el dinero, sino el corazón y ahora su hija y él mismo estaban en sus manos y reconoció, aunque tarde, su error y vio cómo él amor si es verdadero perdura a pesar de las dificultades de los hombres.
Fermín llamó a Juan, el anestesista, y empezaron a preparar a Lourdes para la intervención quirúrgica. Puso su vida en ello. Todo fue perfectamente, tanto el padre como la hija estaban a salvo. La recuperación fue lenta, pues fue una intervención muy delicada. Pasado un tiempo y ya recuperada Lourdes, empezaron los preparativos para su boda.
Hoy forman un matrimonio ejemplar. Para Fermín, su espera tuvo su recompensa. Lourdes recobró su salud gracias al hoy su marido y su gran amor. Por fin vieron cumplidos sus ilusiones, habían recobrado con los años su gran sueño de amor.
LAS PELUSAS
Categoría: Relatos 02 el día 2010-01-07 21:07:46
La sensibilidad
Quiero hace un pequeño relato expresando multitud de sentimientos hacia algo que quizás para una mayoría de los humanos no les diga grandes cosas ni sientan ninguna emoción hacia “Las Pelusas”. Pero no dudo en pensar que no se han detenido en pensar ni un solo instante en contemplar, algunos seres que no parecen nada, pero que son muy grandes. El autor o autora de este relato no tiene léxico suficiente ni tampoco suficiente papel para hacer una descripción de lo que se siente hacia las pelusas, porque tienen algo, algo que te hace vibrar de emoción, es increíble, que algo que te parece tan insignificante para algunos, sea tan gratificante para otros, son seres pequeños, pero infinitamente grandes e incalculables de enumerar sus numerosos comportamientos.
La actitud de estos seres sólo se puede detectar cuando estas un día y otro en contacto con ellas, cada día descubres nuevas anécdotas; son seres increíblemente entrañables, cariñosas “Las Pelusas” ¿Que son las Pelusas? Al autor o autora de este relato le gustaría que el lector fuese enterándose poco a poco de los infinitos sentimientos hacia estos seres entrañables para el o ella aunque parezca una tontería para el que tenga a bien leer este relato.
Si miramos el pasado lejano vemos que el ser humano ha evolucionado y mucho, pero también sería muy importante, que creciéramos un poquito en sensibilidad., quizá no sea fácil, pero deberíamos intentarlo, respetando a algo que está vivo, que no tenemos ningún derecho para hacer de ello lo que nos venga en gana.
Hoy día lo que más nos mueve es él poder tener, él poder consumir, pero consumo, y aun así somos felices, pienso que es un error mas de los humanos. Hay cosas en las que deberíamos parar el reloj y contemplarlas un poquito, que merece la pena. Vemos las cosas pequeñas, y por el hecho de ser pequeñas no nos detenemos a mirarlas, porque vivimos en una constante aceleración y las cosas mejores, nos pasan desapercibidas, nuestros ojos, solamente contemplan las cosas ostentosas y no somos capaces de descubrir cosas que por muy pequeñas que parezcan, son lo mas maravilloso y gratificante que nunca puedes haber pensado, y con esto voy a entrar en el tema candente de la sensibilidad o debilidad por algo que antes no había descubierto.
Es increíble y muy curioso cuando pasas desapercibido de muchas cosas, y un buen día sin saber como ni porque contactas te relacionas con ciertas cosas y te quedas sorprendido /a tu mismo /a de tu propia actitud y te haces la pregunta diciendo ¡ pero bueno! ¿cuándo han podido estas “Pelusas” calarme tan hondo? Como somos los humanos siempre haciéndonos preguntas, difíciles de responder y ahí están en el aire sin respuesta.
Me gustaría que si este relato llegara a ser leído, los lectores pudieran entender la sensibilidad del autor o autora de este relato. La finalidad del autor o autora no es otra que descubrir lo que nunca jamás hubiera imaginado percibir al observar a estas Pelusas a pesar de que a simple vista suene a tontería. El autor o autora admira a algo vivo que ya ha comentado y que no tiene suficiente léxico y papel para describir. Son algo entrañable que te filtra hasta lo mas hondo de tu ser, hasta la médula, a pesar de que a alguien no les diga nada. Para el autor o autora, le es imposible describir, tendría que estar constantemente haciendo descripciones pues son una caja de sorpresas, cada día te sorprenden de alguna forma, es increíble.
Son seres adorables como ya he comentado son seres “adorables” los llamas, no vienen, los vuelves a llamar y se resisten a venir, pero al final vienen, moviendo su diminuto cuerpecillo y sus garrillas que parecen palillos, vienen moviendo su larga vestimenta de color negro azabache. Viene se pone frente a ti, se te queda mirando, se relame sus bigotillos, sigue mirando, sigue mirándote con sus diminutos ojillos negros, que parecen dos escarabajos y que apenas te puede ver por su abundante y larga cabellera que le tapan sus expresivos ojillos que parecen dos farolillos encendidos.
Pelusita hija, es muy movida, ágil, cariñosa en grado superlativo, tiene abundante pelaje en varias tonalidades, entre gris, marrón y negro como el azabache, igual que diría J .R. Jiménez describiendo a su dulce platero. Cuando le llamas y le dices ¡ven bonita ve a jugar con tu mami! Ella te entiende perfectamente, va corriendo, busca a su mami se le tira a la oreja, la zarandea y comienza el espectáculo durante un buen, rato hasta que les dices ¡vasta ya¡ ¡vale!.
Pelusita Mami, si tiene necesidad de algo viene se pone delante de ti, ronronea no le haces caso, se va, vuelve, repite el ronroneo, hasta que por último le sigues y te lleva frente a sus objetos preferidos, se queda allí, y te vuelve a mirar de nuevo, y le entiendes que te está diciendo vamos a jugar: le sacas sus juguetes de su cesto, te pones a jugar y se vuelve loca de contenta está plenamente feliz y el o la autora entusiasmada o entusiasmado viendo tan felices a las Pelusas. En el día a día les vas descubriendo nuevas actividades, todas ellas admirables que te llaman la atención una y otra vez.
Siempre que llegas a casa con la compra te reciben cariñosa y te husmean los paquetes, para ver si hay algo para ellas, si les traes algún muñeco, pelota, se vuelven locas hasta que consiguen destaparlo. Igual les ocurre cuando en casa ven una maleta saben que alguno de la casa se va de viaje; se les ve tristes, inquietas, y siguen tristes, inquietas, y siguen tristes hasta que su queridísimo y adorable dueño vuelve del viaje, e incluso presienten como se acerca el día de la vuelta. Cuando llega su dueño se vuelven locas alrededor de la maleta, hasta que consiguen un nuevo juguete y juegan con el hasta cansarse, y las ves todas entusiasmadas y tu ya no puedes sentir mas emoción en ese momento.
Pelusa mami se acerca a un sitio de la casa y allí se queda ronroneando más y más durante media hora, y te preguntas ¿qué estará pidiendo que no se va de ahí? Por fin vas y empiezas a buscar en el cesto o cajón y ves que allí donde ha estado media hora ronroneando están sus favoritos juguetes, sus pelotas de tenis. Te pide de una forma especial que se los saques y juegues con ellas, si no les haces caso, te vuelven a insistir en su propio código ya conocido. Todo esto referente a pelusita mami.
El autor o autora de este relato se siente muy agradecido y entusiasmado de poder participar en este Concurso Literario, para poder describir de forma breve y sencilla que teniendo al lado animalillos tan sumamente cariñosos e inteligentes y siempre dispuestos a seguirte a todos los rincones de la casa igual que si fuesen tu guardián.
En ningún momento, te puedes sentir aburrido o aburrida porque continuamente te están demandando que les prestes atención y que juegues con ellas pues aún siendo adultas, siguen siendo toda su corta vida como bebés siempre queriendo jugar.
Espero que no todos los que lean este relato les parezcan oportunas las palabras de alabanzas hacia unos seres tan entrañables, que tienen sus necesidades básicas como pueden ser; comer, pasear, aseo y afecto y por tanto hay que cubrir esas necesidades mínimas que no son nada comparadas con los buenos momentos que te aportan.
Quien lea este relato y no haya tenido nunca animalito de estos a su lado no puede entender nada al respecto, le parecerá una fantasía, pero no le ocurrirá igual a quien les haya tenido o les tenga.
Estos animalillos, los canes como dicen a quien no les hacen ni pizca de gracia y huyen cuando te ven incluso llevándoles sujetos con su correa. Todo es entendible y respetable tanto los que les adoramos, como los que le odian, pero nunca se pueden tener fobia o algo sino le has conocido previamente. No pensará igual a quien haya tenido alguna vez alguna fierecilla de este tipo.
NOTA : Las Pelusas son dos perritos hembras Tina y Dami.
LA ZORRA Y EL CARACOL
Categoría: Relatos 02 el día 2010-01-07 21:05:51
Cuando yo era niña, mi abuelo, como muchos otros, nos solían contar cuentos, En aquellos tiempos no había televisión por lo que además de los juegos nos entretenían mucho los abuelos con sus cuentos. Ahora soy yo la abuela y como vulgarmente se dice que nos volvemos como niños, os voy a contar un cuento que recuerdo con más frecuencia por habérselo hecho repetir y que como ya indico se titula “La zorra y el caracol”.
Erase una zorra que vivía pacíficamente en la sierra de Castejón, entre pinos y carrascas y que se dedicaba a cazar para vivir y cuando le faltaba la caza, también sabía dónde estaban las gallinas de algún que otro corral. Un buen día, se cansó de tanta monotonía y aburrimiento y sintiendo cierta curiosidad por lo que había por otros mundos decidió irse a la ciudad. Se levantó una mañana temprano y se puso en viaje no sin antes haberse preparado un buen bocadillo. Cuando llegó a Morata decidió que ya era hora de almorzar. Por lo que se bajó a la orilla del río y bajo el puente y a su sombra se comió el bocadillo. En esto que oyó que le saludaba, prestó atención, pero por más que miraba no veía a nadie, hasta que por fin vio a un pequeño caracol que le sonreía entre la hierba.
- ¡Ah, eres tú arrastradizo! – dijo la zorra despectivamente
- ¿Dónde vas señora zorra? – preguntó el caracol educadamente.
- Me voy a Calatayud y he parado a almorzar – contestó la zorra.
- Pues también yo quería ir, si quieres, hacemos el viaje juntos – dijo el caracol.
- ¡Qué disparate!, con lo despacio que tu vas, allí te esperaré.
Como le entraba sueño decidió dar una cabezadita ya qe se había levantado muy temprano y pensó que le vendría bien para hacer la digestión. Por lo que se tumbó tranquilamente. Mientras el caracol muy despacito se colocó muy repantigado en la cola de la zorra. Cuando despertó esta por más que miró no vió al caracol, por lo que pensó que se había marchado para adelantarse y se puso en marcha. Llegando a Velilla y creyendo que ya le habría pasado se volvió y gritó:
- ¿Arrastradizo, por dónde vas?
Y oyó que le contestaban:
- ¡Adelante voy!
- Pues si que he dormido rato - pensó la zorra
Apresuró el paso y cuando llegó a Maluenda, volviéndose preguntó:
- ¿Arrastradizo, por dónde vas?
Y otra vez le contestó por detrás:
- ¡Adelante voy!
Algo mosqueada, se puso a correr para darle alcance y llegando a Paracuellos gritó:
- ¿Arrastradizo, por dónde vas?
De nuevo, la misma respuesta:
- ¡Adelante voy!
En cuanto le oyó la zorra se puso a correr de tal forma que cuando llegó al puente del río jalón en Calatayud cayó exhausta y no se pudo levantar.
Entonces el caracol se bajo con su calma característica de la cola de la zorra y le dijo:
- Si no hubieses sido tan soberbia, no te habría pasado esto.
María Pelegrín García
Morata de Jiloca
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