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RUFO
Categoría: Relatos 02 el día 2010-01-07 21:26:59
Rufo vio entrar en casa a su padre con cara de disgusto, pero no le quiso preguntar nada, pero luego oyó cómo le contaba a su madre que se había cerrado la mina donde trabajaba, y que por lo menos en un par de meses no tendría trabajo, y como eran pobres también escasearía la comida.
Su madre muy triste le dijo: - No te apures, que ya trabajaré yo para que no nos falte comida y Dios nos ayudará.
Y su padre furioso dijo: -¿Es que esperas que baje Dios a ayudarnos?.
Rufo se tapó los oídos, aquellas palabras le sonaban a blasfemias.
Puso su madre la cena en la mesa, pero él estaba tan asustado que dijo que tenía que hacer los deberes, y se fue a su cuarto, había visto cómo a su madre se le llenaban los ojos de lágrimas, su padre también salió dando un portazo.
Cuando su madre subió al cuarto de Rufo, éste estaba llorando, lo acarició y le dijo:- Tu padre es muy bueno y le preocupa lo que ocurre, porque nos quiere mucho, tu no te preocupes que a lo mejor esto se arreglará pronto.
El sabía que no era así, pero no dijo nada, hubiera querido ser mayor para decir a sus padres: -¿Esto os apura? Pues no os preocupéis, yo trabajaré lo que haga falta, para que en casa no falte de nada.
Pero sólo tenía 9 años y no sabía hacer otra cosa que ir a la escuela y jugar con sus amigos. Pero sentía mucha rabia por no poder quitarles a sus padres esa preocupación.
Cuando su madre salió de la habitación, él se arrebujó entre las ropas de la cama, y no paraba de pensar en el problema de su casa. ¿Por qué harían huelgas los hombres?. Estaba seguro que su padre no la había provocado, pues era un hombre formal y bueno.
Y, empezó a hablar el solico, ¡Dios mío¡ ¿con qué hará mi madre la comida?. A mí no me importa, pues soy pequeño y poco necesito, ¿y pan, tampoco tendremos pan?. Daba vueltas en la cama pero no podía dormir, y empezó a rezar, y rezando, se quedó dormido.
A la mañana, por la ventana entraba un rayo de sol, era como si Dios lo quisiera saludar. Rufo, se tiró de la cama en un brinco, pues debía de ser tarde y tenía que ir a la escuela.
Cuando estaba lavándose la cara, su madre lo llamó; -Rufo date prisa que se enfría el desayuno¡. El desayuno, entonces ¿tenían ya que comer?.
Su madre le estaba dando vueltas al vaso de leche, pero él le notó una expresión nueva en la cara, le preguntó; ¿que pasa?.
Tu padre ha encontrado trabajo, es poca cosa, pero nos dará suficiente hasta que vuelva a trabajar en la mina.
Mientras bebía la leche, daba gracias a Dios, porque los rezos de la noche anterior habían sido escuchados.
Salió corriendo con su cartera camino de la escuela más contento que unas pascuas.
Aquél día su clase le pareció distinta, más grande... más alegre, cuando salieron al recreo, corrió y jugó como hacía tiempo que no lo hacía.
Cuando acabó la clase, tenía ganas de llegar a casa, para decirle a su madre que si quería, que le ayudaría a tender la ropa, o ir a algún recado ¡estaba tan contento¡.
Pero al salir a la calle, algo pasó cerca de él que le llamó la atención, un hombre con ropas muy grandes y desgarbadas, llevaba un anuncio, mientras su cara, embadurnada de negro bajo un sombrero. Los chicos le rodeaban y se pusieron a hacerle burlas y a reírse de él, un chico le gritaba un mote que se inventó. ¡Mamarracho! ¡Mamarracho!
Rufo, también gritaba y se reía de aquel hombre que llevaba el anuncio.
Su madre le abrió la puerta, él al verla supo que algo pasaba, ¿Crees que está bien lo que habéis hecho?, os he visto y he sentido vergüenza, ¿cómo te has atrevido a reírte de un hombre que se gana así el pan?.
Rufo, bajó la cabeza pero aún tenía ganas de reír al acordarse de aquél mamarracho, todos nos hemos reído, dijo.
Y tú también ¿verdad?, pues sigue riéndote, y cogiéndole del brazo lo llevó a la cocina. Allí sentado en una silla, vestido aún con las grandes y feas ropas, con la cara casi despintada, en la que se veía una expresión dolorosa, estaba el hombre del que se habían reído.
Rufo, sintió tanta vergüenza, que llorando sólo pudo decir. ¡¡Padre!!.
MI VIDA
Categoría: Relatos 02 el día 2010-01-07 21:25:49
Mi nacimiento
Cuando yo nací para mis padres fue la mayor alegría porque después de tener cinco hijos por fin tenían una pequeña, mi madre tenía 46 años. Mis hermanos me recibieron con mucha alegría, vino todo el pueblo a conocerme y mi madre tan contenta. Solo tuve un hermano que estuvo sin conocerme 20 días y no era por no quererme, era por vergüenza, pues él ya tenía 19 años, que ignorancia, ¿verdad?.
Llegó el día de mi bautizo y mi madre le escribió a la que se supone tenía que ser mi madrina, pero la carta no fuer recibida a tiempo y no pudo venir. Cuando vino, ya me habían bautizado, mi madrina pienso yo que no fue ni soltera ni casada ni viuda, pero yo la quería muchísimo, se llamaba Teresa. Como dinero no había mi madre tenía preparados cascabelillos, nueces, almendras y alguna moneda de 5 ó 10 céntimos. Entonces había en el pueblo 50 ´0 60 chicos y chicas que esperaban a ver lo que echaban y se tiraba a ver quien cogía más.
Mi niñez
Lo que voy a relatar les ocurría a muchos niños, pero lo cuento porque nos pasó a mis hermanos y sobre todo a mi. Como ya sabéis éramos seis hermanos y para mi madre era mucho trabajo. Solo trabajaba mi padre de jornalero en el campo. Yo como era la más pequeña y chica, tenía que ayudar a mi madre.
Empecé a ir a la escuela a los seis años, ya me sabía la primera cartilla porque mis hermanos me enseñaban. Mi primera maestra se llamaba doña Loreto, pero yo era una niña que no tenía tiempo para jugar porque cuando salíamos al recreo, mi madre, que era la mejor del mundo, me esperaba la media hora que teníamos para jugar para que le ayudara a hacer la comida, porque éramos ocho personas para comer. ponía unos pucheros en el hogar de seis u ocho litros y había que pelar muchas patatas.
Mi comunión
Llegó mi primera comunión, todo era alegría porque para todos era la chica. Mi madre me compró un vestido que para mí era el más bonito.
Comulgamos ese día veintidós chicos y chicas, fue un día muy bonito y feliz. Tenía nueve años y era fuerte y bien hermosa no era guapa, pero sí muy simpática, quién lo diría ¿verdad?.
Como no tengo abuela, me alabo yo, entonces lo harían mis abuelas. Ahora también yo soy abuela, tengo tres nietas, una tiene diez años y otra nueve. La mayor ya hizo la comunión y este año la tomará la otra en mayo, ¡parecen princesas!. Y me queda la pequeña que tiene tres años. ¡Tres nietas y tres soles!
Mi juventud
Fueron pasando los meses y yo seguía trabajando, tenía once años y ya iba a lavar al lavadero, yo no llegaba y mi madre me ponía una piedra en los pies para que pudiera mojar la ropa en el lavadero. También me enseñó a amasar el pan, ella me echaba las cosas en el agua y yo amasaba hasta veintidós pares que son cuarenta y cuatro panes, ayudaba a zurcir la ropa y a todo lo que podía.
Mis historias.
Uno de mis cinco hermanos, cuando tenía quince o dieciséis años se fue a un pueblo del Jalón a servir al campo como de criado. Un día me dijo mi madre:
- Vamos a ver a tu hermano.
Estuvimos dos días, la dueña tenía una hija de mi tiempo que se llamaba Rosita, quería que me quedara allí, que fuera con ella a la escuela, y así lo hice de momento, pero cuando se fue mi madre me dice la dueña:
- Coge la escoba y barre la escalera que baja al corral.
Yo pronto y bien mandada le contesté:
- Coja la escoba y la barre usted que yo solo soy criada de mi madre.
Eché a correr hasta la estación, el tren no se había marchado aún. ¡Qué alegría cuando me vio mi madre!. Una pasajera que iba en el tren le dijo:
- Si fuera mi hija le pegaba una paliza.
Yo le contesté:
- Si tiene una hija, le pegue la paliza a su hija, que mi madre a mí, no me la da.
Recuerdo también una historia que me paso con mi hermano que me lleva cuatro años. Como teníamos cuatro hermanos mayores que nosotros, algunos estaban en edad de ir a la “mili”. Teníamos un pariente en el Ejército y mi madre creía que, dándole algo, mis hermanos estarían mejor. La pobre mujer hizo unos mantecados para regalárselos, pero como teníamos catute, esto es ganas de comer, mi hermano y yo, que nos llevábamos muy bien, íbamos al baúl donde los tenía envueltos en un paño de lino y nos los íbamos comiendo poco a poco. Pasaron los días, cuando mi madre fue a prepararlos para regalárselos, nosotros ya nos los habíamos comido. Tan grande fue la sorpresa que nos cogió por su cuenta, ninguno de los dos habíamos sido, así que nos dio una panadera que jamás se me olvidará.
Yo no entendía que hicieran o tuvieran cosas sólo para regalar. Cuando llegaban las fiestas amasaban tortas para los huéspedes, sólo para las fiestas y luego en todo el año, nada. Qué diferencia de vida, ¿verdad?, ahora nos las traen a la puerta de casa y aún nos quejamos.
Siguieron pasando los años y yo trabajaba en todo, iba a cavar cebollas, a arrancarlas, a escular remolacha, y a todo, honradamente, con orgullo y muy contenta.
Conocí a mi novio, salimos de pareja foral el día de los reyes Magos, ese fue mi regalo, yo le quería desde la adolescencia y con él me casé. Tenía veintidós años y hoy me volvería a casar con él porque es una persona buen, nunca hemos discutido, ni nada parecido. Dios quiso que tuviera un hijo a los dos años y medio de casada que fue una bendición. Estuve muy enferma y no debería haber tenido más hijos pero antes no se sabía tanto como ahora y a los dos años y medio tuve una hija, otra bendición, se criaban como dos soles. Pasaron cuatro años y tuve a mi segunda hija, una nueva bendición y así siguen de hermosos.
Ya se han casado los tres con quien ellos han querido y mi marido y yo somos dichosos de verlos a ellos tan felices con sus hijos.
Rosario Pablo López
Velilla de Jiloca
ENTRE MIS RECUERDOS, MIS CONSEJOS
Categoría: Relatos 02 el día 2010-01-07 21:25:30
Quisiera escribirles unas líneas y no se como. Quisiera daros unos consejos y tampoco sé hacerlo, pero sí os digo que los consejos que os voy a dar, no son publicitarios, son de una mujer que sufrió mucho por culpa del alcohol, y del tabaco.
También fui muy feliz, con mi novio, y por supuesto, después con mi marido. No ha habido otro hombre en mi vida. Aún recuerdo su primer beso, fue robado. Ese roce de su mano con la mía cuando me acompañaba, a por agua a la acequia y a la fuente y a repartir la leche, con un cántaro en la cabeza y otro en el ancón, teníamos vacas. Esas caricias tan hermosas... y cuando se marchó al servicio militar, a Tetuán. Fue el último reemplazo, la última quinta que fue destinada a Tetuán. Cuantas cartas de amor nos escribimos, las guardaba todas, y cuando mis hijas se hicieron mocicas, me deshice de ellas para que no las leyeran. Hoy me pena mil veces no haberlas guardado para haberselas enseñado a mas nietas. Tantas cartas de un amar tan limpio y tan puro, nos hemos querido muchísimo y sin embargo por culpa del alcohol, lo pasamos muy mal.
Cuando van bebidos, no saben lo que hacen ni lo que dicen. Al principio, ellos lo pasan muy mal pero cuando ya están alcoholizados no se enteran de nada, solamente piensan en estar cerca de la bebida. La enfermedad se les apodera, empiezan a hacerse pipi, en la cama, van perdiendo la vista, les ataca al hígado, empiezan las diarreas, no tiene apetito, pierden peso, les tiemblan las manos y las piernas.
Recuerdo cuando era niña que mi padre, que iba borracho, se cayo por unas escaleras, sólo se mordió la lengua, pero yo que le vi echando sangre por la boca, no se pueden imaginar lo que me asusté, pensé que mi padre, se había matado así que no les den esos sustos, ustedes, a sus hijas no se lo merecen.
Por eso os aconsejo en especial a los jóvenes que tengáis mucho cuidado con el alcohol, os lo podéis pasar muy bien con una buena música, simplemente con un tocadiscos y una coca cola o un buen vaso de agua.
A los abuelos les pediría que por favor no les den una gota de alcohol a sus nietos que el mío lo hacia de tanto que los quería, y por hacer gracia, y así se han pagado las consecuencias.
Del tabaco, que os podría decir, que no lo probéis, porque ese si que mata. Si eres alcohólico puedes ir a un buen medico, como por ejemplo, el doctor Valero Martínez, está o estaba en Sanidad en Zaragoza. Es una curación dura, pero si se tiene fuerza, se cura. Pero el cáncer de garganta y de pulmón, ese si que es malo, no os discuto que hay mucha gente que se cura pero conozco a muchísimos que se han ido, y no sabéis los años que se pasan de sufrimiento con las operaciones, la radioterapia, la quimioterapia y tantas cosas más. Para después quedarte sola o solo con tu dolor y tus recuerdos, por eso, si queréis escucharme, y tenéis conocimiento, no queráis pasar tanto mal, y hacer sufrir a vuestra madre, mujer, e hijas en general toda la familia paga las consecuencias de estas dos enfermedades. Yo se lo que es estar por los hospitales y lo que es el sufrimiento al ver a un ser tan querido, que se te va.
Por favor, escuchadrme, y evitaros tanto dolor. Bailar, cantar, y reíros muchísimo, que es muy sano, y portaros bien con vuestras chicas, y a vosotras con vuestros chicos, y si lo hacéis así veréis que bien os lo pasáis, que felices sois. Vosotros, echarles piropos a las chicas que aunque os parezcan “chorradas” como decís ahora, un buen piropo siempre sienta bien.
Este relato tan triste se que no es apropiado para mandarlo, pero solamente con un joven que se diese cuenta del daño que hace el tabaco, y algunas personas bebedoras, que no quieren reconocer que son alcohólicos hasta que no están perdidos.
Si alguien leyera mis consejos y tuvieran un rato de lucidez y pidieran ayuda para curarse. La mayoría no se dejan ayudar, y esto es una enfermedad y grande, necesitan mucha ayuda, mucho cariño, y mucho amor, y a veces las personas mas cercanas tienen que ponerse firmes, aunque les duela, para que se den cuenta que se están destruyendo ellos y a toda la familia, y puedan reaccionar pero con mucho cuidado y mucho tacto, y sobre todo, con cariño. Solamente, con una persona que se diera cuenta, con eso, ya me daría por satisfecha.
Felicidad Castellano Lallana
Morata de Jiloca
MICKY Y MANCHAS
Categoría: Relatos 02 el día 2010-01-07 21:24:28
Micky y Manchas son dos perros preciosos. Micky no es de una raza concreta. Su madre es husky y su padre, pointer. De su padre ha heredado el pelo y las manchas que tiene en el lomo. Lo llamamos Michy porque tiene una que parece la cabeza del famoso Michy de Disney. De su madre ha heredado los ojos, los tiene azules claros que le da un rasgo peculiar y bonito, es cariñoso y muy extrovertido.
Manchas es de tamaño más pequeño, sus padres eran setters. Tiene el pelo largo con manchas marrones por todo el cuerpo, de ahí su nombre. También es extrovertido por eso son muy amigos. Todos los días se juntan, juegan, corren todo el pueblo y le encanta ir al río.
Un día decidieron irse al bosque, cual no sería su sorpresa al escuchar unos gruñidos y chillidos que salían de un matorral. Se acercaron, y vieron a un jabato que se había caído en el. El pobre jabato cuando los vio se puso a temblar. Su madre siempre le decía que cuando viese u oyese ladrar a los perros corriera a esconderse. Micky y Manchas se dieron cuenta de que estaba asustado y trataron de tranquilizarlo, le decían:
- No te preocupes, vamos a ayudarte.
Tan asustado estaba que no les entendía, cada vez se metía más hondo y se hacía más heridas. Micky sacó su vozarrón, dio un fuerte ladrido y el jabato dejó de moverse y gemir.
- No te asustes -le dijo Manchas- te vamos a ayudar.
Poco a poco fueron retirando ramas y hojas secas, le hicieron camino para que pudiera salir y el jabato, que todavía tenía cara de susto, les daba las gracias. Le lamieron las heridas para limpiárselas e intentaron curárselas.
- Jabato, ¿cómo te llamas?
- Me llamo Siena y quiero ser vuestro amigo. Y vosotros, ¿cómo os llamáis?
- Nosotros somos Michy y Manchas, también a nosotros nos gustaría ser tu amigo.
Siena les invitó a conocer el bosque. Corrían, cruzaban barrancos, subían y bajaban laderas llenas de tomillos, hinojo, espliego, aliagas…¡Que bonito y que bien huele el bosque! Sin parar de jugar y ver cosas se le hizo de noche.
- Que lejos estamos de casa y ¡tan cansados!… ¿Qué hacemos? -dijeron los perros.
- No os preocupéis -les dijo Siena- los tres dormiremos en una cueva.
Cuando empezó a amanecer Siena los despertó:
- ¡Despertad! –dijo- veréis el amanecer, cuando sale el sol está muy bonito el cielo.
- Estamos muy cansados, ¡déjanos dormir! Dijeron sus amigos.
- ¡Dormilones, no os lo perdáis!
Tanto insistió que se levantaron
- ¿Veis que bonito?, ¿a que no habéis visto nunca nada parecido?
De nuevo pasaron la mañana jugando y corriendo. Llegado el mediodía los perros empezaron a sentir hambre y sed. Siena los condujo hasta una fuente donde bebieron agua.
- Oye Siena, ¿tu que comes? –preguntaron.
- Los jabatos comemos raices, hongos y semillas que encontramos en el bosque.
Como la comida de Siena no les gustaba decidieron volver a su casa para comer.
- ¿Volveréis? –les dijo Siena- no os he presentado a mis amigos. Son muy divertidos y juntos os enseñaremos muchas mas cosas del bosque.
Así Micky y Manchas hicieron nuevos amigos en el bosque. Muchos días los pasan junto a ellos.
María Luz García Marco
Morata de Jiloca
CANDILES, TRÉBEDES,Y LA VIDA DE ENTONCES
Categoría: Relatos 02 el día 2010-01-07 21:23:30
María y Pedro son un matrimonio mayor que vive en un pueblo pequeño de la provincia de Zaragoza. Sus hijos se marcharon del pueblo cuando eran jóvenes a trabajar en la ciudad, porque en el pueblo, había poco trabajo y la calidad de vida no era muy buena. Allí se casaron y formaron su hogar. Con el tiempo Pedro y María fueron abuelos.
Ahora en el invierno no queda nadie en el pueblo y Pedro y María se van a pasar los meses de más frío con sus hijos, pero en el buen tiempo, regresan al pueblo y en el verano, para las fiestas, vienen sus hijos y nietos.
Sus nietos mientras que fueron pequeños se lo pasaban bien y disfrutaban jugando con otros niños en el pueblo, pero ahora que se han hecho mayores, se aburren y no quieren ir.
A Sergio, que es el nieto mas pequeño, todavía le gusta ir al pueblo a pasar el verano en casa de sus abuelos porque se lo pasa bien.
Un día Sergio les dijo a sus abuelos que le contaran como era la vida de entonces. María, la abuela, le cuenta que cuando ella nació no había luz en las casas ni en las calles.
- En casa nos alumbrábamos con candiles.
Sergio le pregunta a su abuela qué son los candiles y ella se lo intenta explicar lo mejor que puede. Le dice que son unos recipientes de metal con forma de pico y con un mango hacia arriba para colgarlos. Dentro llevan aceite y una mecha que se enciende para tener luz .
Sergio le dice a su abuela que le cuente más cosas. María le dice que en las casas tampoco había agua y tenían que ir al río y a las acequias a fregar y lavar la ropa. Entonces tampoco había productos de limpieza como hay ahora. La ropa se lavaba con jabón de pedazo. Se hacía en casa con grasas, sebos y sosa. Las mujeres, llevábamos en la cabeza, sin sujetarlos, los baldes con ropa, con vajilla, y los cántaros de agua que llenábamos en la fuente o en el río. En las cocinas, para guisar y calentarnos, teníamos un hogar con leña. Sergio le pregunta a su abuela:
- ¿Sólo eso teníais en la cocina?.
María le dice que no, que también tenían dos bancos de madera uno a cada lado del hogar; una mesa de madera grande y debajo otra mas pequeña que les servia para comer en el hogar.
La vajilla, la guardábamos en armarios empotrados en la pared o en aparadores. La comida la hacíamos en pucheros de tierra y porcelana y en sartenes de hierro con tres patas, y si no tenían patas, las colocábamos encima de unas trébedes , que son un aro de hiero con tres patas.
El pan, no se comía tierno todos los días, porque se amasaba en casa, Nos levantábamos a las cuatro de la mañana, encendíamos el fuego y calentábamos el agua para amasar el pan. Se amasaba en una artesa, que es un cajón de madera largo y ancho por arriba y estrecho por abajo.
La masa se hacía con harina, agua caliente y levadura, cuando teníamos la masa hecha, la poníamos en una cesta, la tapábamos y la dejábamos reposar para que creciera. Después, hacíamos los panes y los llevábamos al horno. Ahora, se hacen las barras largas pero entonces, se hacían panes redondos, más grandes que los panetes que se hacen ahora para celebrar la fiesta de Santa Apolonia y Jueves Lardero.
Por las tardes, salíamos a tomar el sol a la calle todas las vecinas y hacíamos ganchillo, media, encaje, apañábamos la ropa y también nos bordábamos la ropa de cama y las mantelerías.
María le dice a su nieto que ahora le pida a su abuelo que le cuente mas cosas. Pedro le cuenta que antes, para trabajar en el campo, no tenían tractores, ni atomizadores, ni remolques, ni cosechadoras. Teníamos pocos árboles frutales y viñas. Sembrábamos trigo, cebada, maíz, remolacha, patatas, judías y hortalizas. Para sembrar el trigo y la cebada, en el otoño se labraba la tierra con una herramienta llamada arado que se enganchaba a dos burros o dos mulas; luego se echaba la simiente con la mano por todo el campo.
Para el verano, cuando llegaba el tiempo de la siega, lo hacíamos con una hoz o un machete y una “zoqueta” que nos poníamos en la mano izquierda para no cortarnos los dedos. La mies la replegábamos en fajos y los cargábamos en los burros o mulas. Los llevábamos a las eras y los extendíamos, era lo que llamábamos echar la parva. Luego la dejábamos secar y después se trillaba. Para trillar se enganchaban las mulas o burros a un trillo y se daban vueltas alrededor de la parva. Cuando éramos niños, nos hacía ilusión montarnos en el trillo y dar vueltas. El trillo es un tablón de madera ancho y debajo tiene unas sierras largas y unas piedrecillas pequeñas, muy finas. Cuando ya estaba machacada la parva se hacía un montón y se barría la era para replegar bien todo el trigo. Al día siguiente, si hacía aire, se aventaba para separar la paja del grano con una horca y una pala de madera y cuando ya estaba casi limpia se cribaba. Cuando ya estaba todo el trigo limpio, se llenaba en sacos para llevarlos al molino y molerlo para hacer la harina.
Sergio les dice a sus abuelos que se va a jugar con sus amigos y que otro día ya le contarán más cosas.
Isabel Temprado Cortés
Morata de Jiloca
EL RETO DE LA VIDA
Categoría: Relatos 02 el día 2010-01-07 21:22:46
En un pequeño pueblo vivía un matrimonio muy humilde con sus hijos: tres eran mujeres y tres varones. Como se ganaba muy poco, tuvieron que marcharse fuera para vivir mejor, sin embargo siempre que podían volvían al pueblo. Un día para fiestas la madre le compró, al hijo menor, un traje de pana y como para una madre su hijo es el más guapo, así lo hizo saber a sus vecinas, les dijo:
- ¡ Mirad a mi hijo, esta más guapo que las pesetas!
Desde entonces, se quedaron con el apodo de “ las pesetas” y son ya tres generaciones a los que se les conoce por ese apodo, siendo una familia muy querida en el pueblo.
Pasaron unos años, los hijos se fueron casando, uno de ellos que no tenia hijos pensó en adoptar uno y así lo hizo, les dieron un niño de muy pocos días. Estaban muy contentos con el, después de siete años tuvieron una hija natural pero nunca hubo diferencia entre ellos, pues jamás le dijeron que era adoptado. Pero llego el día en que el niño se hizo mayor y tuvo que ir al servicio militar. Fueron a Zaragoza al sorteo de reclutas, el padre le acompaño. Cual no seria su sorpresa que cuando nombraron su número lo hicieron con unos apellidos distintos a los suyos y por lo tanto él no contestaba. Volvieron a nombrarle y entonces el padre no tuvo mas remedio que decirle la verdad.
- Ese eres tú, pues nosotros te adoptamos.
Entonces el hijo miró fijamente al padre y le dijo:
- ¡Tú siempre serás mi padre!
Por la tarde, cuando regresaron a casa, la madre y las hermanas salieron a la puerta a recibirles, entonces el hijo se abrazó a su madre y le dijo:
- ¡Tú siempre serás mi madre!
Desde entonces nunca se habló del tema y todos siguieron tan felices.
Cuando se casó y tuvo hijos, tanto su mujer como los hijos siempre les dijeron abuelos, como todos los demás.Pero no todo era felicidad, la hija pequeña, Pilar, se puso enferma. Se hizo novia de un chico del mismo pueblo pero los padres de él no la querían porque ellos tenían mejor posición económica. Sin embargo, el joven la quería mucho y para demostrárselo llamó a la madre de la novia y le dijo:
- Señora, yo a su hija nunca la voy a dejar.
Ella marchó a Barcelona y volvió ya curada, se casaron y tuvieron tres hijos.
Los padres de él se hicieron mayores y necesitaron cuidados. Pilar los atendió con cariño y nunca pensó en el sufrimiento que ellos le causaron.
Le gustaba a este matrimonio mucho el pueblo y los padres de él decían que en su casa siempre tendrían un sitio como hijos que eran.
El trabajaba de camarero y tenía bastante relación con las mujeres, cosa que a Pilar le costó bastantes enfados. Con el paso del tiempo, afortunadamente, todo pasó y él le compró una pequeña casa para darle el capricho a Pilar. La restauró totalmente como vivienda para ella, sus hijos y nietos. Todos vienen en vacaciones y son inmensamente felices.
Pilar ya no se acuerda de lo que sufrió por él y siempre que puede aconseja a los jóvenes que tengan paciencia el uno con el otro,pues en su caso mereció la pena.
Pilar Algarate Herrero
Morata de Jiloca
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