Escribo para ti, escribes para mí

El abrazo de las palabras

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El pajarero

Categoría: Relatos 03 el día 2010-01-08 13:28:25


Lino era un muchacho que vivía en un pequeño pueblo de la ribera del Jiloca, su familia era bastante humilde pero muy honrada y trabajadora. Cuando Lino apenas había dejado de ser un niño tuvo que ponerse a trabajar, las cosas en su casa no estaban demasiado sobradas.
En aquel entonces en el pueblo había unos viveros y hacían falta peones para cuidar que cuando nacía el plantero de las semillas, no se las comiesen los pájaros, por eso su primer trabajo fue de “pajarero”. Había un pasillo en el centro de las piezas y Lino estaba todo el día espantando a los pájaros, gritaba, y daba voces y golpes con una tela.
Tuvo que dejar de ir a la escuela pero iba todas las noches al repaso. Madrugaba mucho, se levantaba cuando apenas se había hecho de día porque los pájaros también madrugaban mucho. Un día Lino estaba metiendo bulla como de costumbre: Ehhhhhh!, Ehhhhhhhhh! Cuando acertó a pasar por allí un señor con una jaula en la espalda y una especie de pito en la boca a cuyo sonido acudían los pájaros. El señor se quedó mirando a Lino, creía que el muchacho se había vuelto loco porque no paraba de chillar, de saltar y sacudir un trapo, el buen señor no entendía nada, así que después de observarlo un largo rato, se acercó y le preguntó:
- Oye chico ¿qué haces aquí?
- Trabajar
- ¿Trabajar, haciendo qué?
- Espantando a los pájaros para que no se coman los planteros, y usted, ¿qué hace por aquí?
- Llamar a los pájaros con este reclamo, cuando oyen el silbido, bajan hasta aquí, yo los atrapo y luego los vendo.
Lino se quedó muy sorprendido, ¡que cosas tenía la vida! el se ganaba la vida espantando a los pájaros y aquel señor, los llamaba para que acudieran. Bastante enfadado le dijo:
- Ande, váyase de aquí y búsquese otro sitio, con lo que me cuesta a mí espantarlos y usted con ese reclamo los atrae a puñados.
Lino tenía una hermana que se llamaba Rosi y que todos días iba a llevarle la comida, un día que iba por el camino del prado, Rosi iba bastante intranquila, se le había hecho un poco tarde y era justo la hora en que sacaban a los toros a beber agua en el pilón, oyó unos ruidos extraños, se revolvió y vio como venía hacia ella un toro, muy asustada dijo en voz alta:
- Y ahora, ¿qué hago yo?
Apretó a correr y vio una pared de unos dos metros, como había fiemo, blincó y allí se subió. Un joven que lo vio todo, echo a correr y atajó al toro que volvió con los demás. A Rosi no le pasó nada pero pasó tanto miedo que después aunque le mandaba su madre, no quería ir a llevarle la comida a su hermano. Por suerte el tiempo todo lo cura y todo volvió a ser igual, aunque desde entonces Rosi siempre tiene la costumbre de mirar hacia atrás.
Rosario Pablo López
Velilla de Jiloca
 


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Recuerdos, añoranzas, ilusión

Categoría: Relatos 03 el día 2010-01-08 13:27:53


Yo nací en el año 1927, eran otros tiempos muy diferentes, el trabajo que había era el campo, muchas horas y poco sueldo. Los que no tenían otra cosa lo pasaban muy mal porque todos los matrimonios tenían familia numerosa.
Mi padre era albañil, un trabajo duro porque los materiales que se usaban eran muy pesados y difíciles de colocar.
Mi padre edificó varias casas de piedra y otras de adobe. El adobe lo hacía con tierra y paja trillada, una vez mezclada la amasaban y la ponían en moldes de madera. Cada molde eran dos adobes, tenían que secarse bien para poder usarlos. El yeso también lo hacían en hornillos, los llenaban de piedras blancas, después los quemaban bien y una vez quemados lo extendían y con un cilindro de piedra redonda y la ayuda de una caballería lo apisonaban hasta quedar molido, después lo cernían para quitar la granza y que quedase bien fino.
Todo era transportado con caballerías, usando pedreras y seretas. Todos los trabajos eran con mucho sacrificio, yo conocí ganar dos pesetas a mi padre, cuando más llegó a cobrar fueron cinco pesetas y éramos siete de familia, pero teníamos unos corros de tierra que se administraban y algo ayudaba  con lo que se sembraba, como no conocíamos otra cosa éramos felices y lo pasábamos bien.
El pueblo siempre fue muy alegre. En fiestas era el mejor de la ribera; acudían familiares y amistades a mogollón. Siempre tuvimos la música de Maluenda tres días. Se celebraban corridas de pollos, y no es que corrieran los pollos, sino que al ganador le daban un pollo. También estaba la corrida de burros sin ronzal, con la albarda al revés y sin sujetar, el que se montaba tenía que agarrarse al rabo y pasar por el centro de los músicos, pero todos los burros se asustaban y solo ganó uno porque era sordo. También hacían partidos de pelota aquí había buenos pelotaris y otros que venían de fuera, era emocionante, parecía el pueblo más grande, hay que contar que por entonces éramos de vecinos seis veces más de los que ahora somos.
Hasta que estalló la guerra y todo cambió, pasaron cosas desagradables. Los militares de alto mando venían a los pueblos y se llevaban judías, patatas, de todo lo que se sembraba para mantener al ejército. Nos racionaron el pan y todas las cosas, aceite solo se usaba para que luciesen los candiles, solo teníamos el servicio de una bombilla y muchos días no llegaba la corriente. Cuando terminó la guerra se marcharon  del pueblo la juventud y familias enteras, unos por un lado y otros por otro a buscar trabajo, de momento les tocó de todo pero con el tiempo todo se fue arreglando. Aquí no había trabajo, ni lo hay ahora, quizás menos que nunca, pero se vive mejor.
El pueblo está muy arreglado con la ayuda de la mayoría de vecinos que aquí vivimos y de los que viven fuera, todos participan en lo que pueden, porque a todos les gusta volver a su pueblo  en vacaciones y fines de semana, unos han arreglado sus casas y otros  las han hecho nuevas y también hay  una Casa Rural donde quien quiera se puede alojar.
Para terminar mi relato os quiero contar algo que aprendí de muy joven, al lado del fuego y a la luz del candil, nuestros mayores nos contaban chascarrillos e historietas que sabían de su juventud, dice así:
Allá arriba en el cielo,
lo mismo que aquí en la tierra,
hay partidos políticos,
siempre están en continua guerra.
Las estrellas y luceros
que todos son republicanos
del partido socialista
son las nubes en verano.
Los meteoros son los fascistas,
los nubarrones los izquierdistas
y para que nada falte en esta corta revista
los rayos y las centellas
son en el cielo los anarquistas.
Unos que los liberales,
otros que los federales
y otros que los de la Unión.
Socialistas y carlistas
que de todos somos un poco
entre un partido y otro
al mundo volvemos loco.
En las cortes discutimos
y esto es un lío
y en esto queda
porque hay quien no lo comprenda.
Sufrimiento nos da bastante
y cada día el pueblo mas ignorante.
Un español subió al cielo
y le pidió con anhelo
a Dios nuestro Señor:
Señor mío Jesucristo,
vengo del suelo español
y a tu poder infinito,
vengo a pedirte un favor.
En la tierra ya no hay leyes,
vergüenza ni dignidad
y eres tú aquel que puede bajar
a ver si aquello se puede arreglar
¡Ahora marcha de aquí
yo no bajo al ignorante mundo,
no tengáis duda
porque sois muchos Herodes
y muchos Judas!
Tempo atrasado bajé por daros luz
y por buen pago me asesinasteis en una cruz
y ahora visto esto, lo que hay aquí,
menos ir a España con tanto pillo como hay allí.

Se llama “La Verdad en Broma”.
Manuela Catalán Serrano
Velilla de Jiloca
 


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Mi pueblo

Categoría: Relatos 03 el día 2010-01-08 13:26:44


Nací en el año 1943, mis recuerdos empiezan cuando yo tenía cinco o seis años, eran unos años malos y difíciles, pero peor fueron antes. Yo no llegué a conocer el hambre pero mis hermanos que por aquel entonces eran todos menores de edad, tuvieron que trabajar sin tener el tiempo. Mis padres tenían ovejas y cabras por eso mi madre nos hacía sopas de leche, arroz con leche, natillas... Teníamos de todos animales: tocinos con sus crías, incluso toros a los que engordaban y así teníamos para comer.
En esos años igual vivíamos 700 personas en el pueblo, estaban todas las casas llenas y también las cuevas y es que los matrimonios tenían muchos hijos, seis u ocho... y era otra vida, todo  era natural, todos vivíamos mejor o peor pero estábamos muy unidos, ahora no queremos ser menos que los demás.
Quisiera contar como es mi pueblo y empezaré por el campo que también pertenece al pueblo. Tenemos un campo que es precioso todo llano como la palma de la mano. Hay 326 hectáreas y 652 yubadas; cada yubada tiene 5000 metros, más todo el pinar que es precioso.
El campo es todo para cereal y recuerdo que antes, cuando nos casábamos nos daban cuatro yubadas que se labraban con mulas el que las tenía o con burros, luego llegaba la siega y... ¡a trillar, aventar y bajar el grano!. Ahora no administramos ni lo nuestro, se ha quedado todo medio yermo porque los jóvenes se marchan fuera ¡que pena!. Antes teníamos agua abundante, se regaba. yo me bañaba en el río, pero ahora llega abril y el río se seca y ya no podemos regar si no es con pozos  ¡y a seis euros la hora!. Pero, que vamos a hacer, nada, Velilla sigue siendo Velilla.
Todo el mundo que ha venido de fuera, ha dicho que somos muy buena gente y cuando se marchan, lo hacen muy contentos y satisfechos.
Ahora sigo con la vega que en otros tiempos estaba  todo sembrado y sacábamos alguna perra trabajando mucho, ahora la gente no quiere trabajar en el campo, dicen que es muy duro, pero yo pienso que trabajar, hay que trabajar en todos los sitios. Nosotros sembrábamos remolacha, trigo, patatas, alfalfe y judías, y de todo se cogía. Ahora nada, peras y manzanas si no se hielan y a pasar como Dios quiera. Si nos hubieran hecho el pantano en su tiempo, no se hubiera ido tanto personal de toda la ribera. El pantano estaba previsto para 1913 y hasta ahora. Dicen que lo van a hacer, yo hasta que no lo vea, no me lo creo, aunque mucho lo nombran.
Bueno, pasamos como podemos y repito, Velilla sigue siendo Velilla. A veces pienso que la gente que se marchó que bien hicieron porque se fueron para mejorar.
El pueblo es pequeño pero majo y tenemos muchas cosas. piscinas para bañarnos y tomar el sol en verano que es cuando viene mucha gente y nosotros tan contentos de tener de nuevo a los hijos del pueblo y decimos:
¡Ya no se tenían que marchar!
Pero en cuanto pasa el verano, nos quedamos solos otra vez. Al lado de las piscinas, tenemos el frontón y un lavadero, todo está muy limpio gracias a Toño. En la Plaza tenemos el Ayuntamiento y una preciosa fuente con agua. Antes no había agua corriente en las casas y aúna ahora, en verano como somos tanta gente, algún día nos falta agua, pero han hecho otro depósito muy grande, así con los dos no nos faltará el agua que es una de las preocupaciones del Ayuntamiento y de todos nosotros.
Las personas que vivimos aquí y muchos más, hemos creado una Asociación, somos más de 220 y hacemos muchas cosas: la matanza del cerdo para lo que nos juntamos casi 240 personas y lo pasamos muy bien, con lo que queda de longaniza y chorizo, celebramos Jueves Lardero. Ese mismo día antes de la merienda tradicional, los que tienen voluntad, pueden ir a poner pinos ya que también se celebra el Día del Árbol.
En agosto celebramos San Roque, subimos al Santo, oímos misa y luego el Ayuntamiento nos obsequia con galletas, anís y moscatel para todos los que quieran beber. San Roque es muy bonito metido en el pinar. Con los socios que tienen voluntad se hicieron mesas y bancos y allí se está de maravillas, todo gracias a los que están en la Junta que son decididos y también porque cuentan con la ayuda del Ayuntamiento que nos arregla los caminos y nos los han dejado como la misma carretera, da gusto ir a pasear.
También fue arreglada la ermita de Nuestra Señora de los Tornos que estaba en ruinas, la hemos pintado y está divina. Hacemos una romería a la Virgen de los Tornos y gracias a los voluntarios está arreglado el Santo y la Virgen ¡que nos den a todos salud!.
Ahora tenemos gimnasia y escuela de adultos donde aprendemos muchas cosas, vamos tan contentas. También jugamos a las birlas y a las cartas como a “la perejila” las pocas mujeres que nos juntamos.
Dicen que nos van a hacer una tienda, buena falta nos hace, sobre todo a los mayores. Tenemos unas fiestas que son las mejores de la ribera: las fiestas de San Juan Bautista.
También tenemos monte como en todos los pueblos, antes era todo viña pero dieron dinero para arrancarla y se arrancó toda. Ahora todo son almendros que se hielan casi todos los años así que no sabemos que plantar.
Aquí termina mi relato, animándoos a todos a que conozcáis mi pueblo.
Rosario Pablo López
Velilla de Jiloca
 


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Mula, mi pueblo

Categoría: Relatos 03 el día 2010-01-08 13:26:01


Os voy a explicar un poco cómo era  mi pueblo y sus habitantes, entre ellos mi familia. Mi pueblo es grande, cabeza de partido, es costero, en lo alto del cerro está el Castillo que se divisa desde todas partes, allí suben los mozos  el día de Martes Santo para tocar sin parar el tambor hasta el día siguiente, creo que esta tradición se remonta al año 1650, el sonido es tan fuerte que se oye desde todos los rincones. Bajando nos encontramos un convento de monjas de clausura, tienen una capilla donde está el Cristo de la Escalera que decían que era  muy milagroso. Seguimos bajando y nos encontramos el Palacio de los Marqueses de Menahermosa y continuando por sus calles recoletas y empinadas, características de los barrios barrocos, llegamos a la plaza del pueblo, es cuadrada y allí está todo el comercio, por ejemplo, hay bancos, zapaterías, mercerías, sastrerías y boutiques. En un lateral hay una iglesia preciosa que se llama San Miguel y enfrente el Ayuntamiento.
Ahora vamos hacia la carretera, hay una glorieta con sus jardines llenos de toda clase de plantas y flores de alegres colores. Seguimos hacia la Estación, recuerdo que allí íbamos en verano a ver como pasaba el tren y esto nos entretenía. Había siempre una señora que entonces nos parecía mayor pero que seguramente no tendría más de cuarenta años, que vendía agua a los pasajeros con un botijo, cada trago de agua costaba una moneda, unos cinco céntimos. Allí se pasaba el día, esperando siempre el siguiente tren, en aquella época los viajes en tren eran muy largos y muchas veces había que hacer trasbordo. Nosotros observábamos todo aquello y cuando el tren se marchaba le decíamos adiós con la mano. Bueno, sigo explicando cómo es mi pueblo. Pasamos la vía del tren y vemos la fértil huerta repleta de naranjos, limoneros y albaricoqueros. No sé, creo que sí; los limoneros de mi pueblo dan tres cosechas, esto os dará idea de su buen clima. La huerta la parte el río, a propósito, por si no lo había dicho, mi pueblo se llama Mula, provincia de Murcia, su acceso principal es a través de la carretera comarcal C-415 que la comunica con la Autovía del Mediterráneo y con la capital de la Región.
Aquí termina la descripción de mi pueblo y empieza un poco la historia de mi familia.
Mi padre era zapatero de los que arreglaban los zapatos. En aquellos tiempos la verdad no había muchos medios para comprarse unos zapatos nuevos así que la gente se los llevaba a mi padre y él les ponía medias suelas, tacones y punteras. Trabajo no le faltaba, el problema era que no le pagaban, entonces se llevaba todo “al fiado”. Recuerdo que tenía un letrero que ponía HOY NO SE FÍA, MAÑANA SI. Y así pasaban los años y cada vez las cosas iban de mal en peor. Nosotros somos tres hermanos y cada vez era más difícil mantenernos.
Un día al salir del colegio, entonces yo tendría unos ocho años, mi madre me dijo que no había nada para comer porque a mi padre no le habían pagado lo que se le debía. Yo vi la cosa tan negra que le pregunté a mi madre quien le debía y ni corta ni perezosa me fui a casa de la clienta en cuestión para que me pagara. Llegué a su puerta y muy educada le expliqué el motivo de mi visita, recuerdo que me dijo que no estaba su marido y por lo tanto no me podía pagar. Yo pensé, si no me paga, hoy no comemos así que me senté en la puerta dispuesta a esperar lo que hiciese falta. Por fin, la señora harta de que yo no me iba salió y me pagó. Años después oí que había un señor que a los que no pagaban los seguían y entonces pensé que, años atrás, eso lo había inventado yo.
Candelaria Ibáñez Moya
Velilla de Jiloca
 


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Mi primera comunión

Categoría: Relatos 03 el día 2010-01-08 13:24:23


Quiero contar un episodio que me pasó en mi infancia y que marcó toda mi vida.
La escuela a la que yo iba cuando era niña era de monjas, allí nos enseñaban matemáticas, las cuatro reglas y mucha religión, también nos enseñaban a coser y bordar, así pasábamos las horas. Yo iba muy contenta y procuraba estudiar mucho porque a las niñas que eran muy estudiosas, las monjas las llevaban a Mallorca aunque a cambio tenías que hacerte monja.
Cuando cumplíamos los siete años, nos preparaban para recibir la Primera Comunión, yo estaba muy contenta, no pensaba en otra cosa pero mis padres me dijeron que no podían comprarme un vestido blanco como era mi ilusión, que esperase al año siguiente, que ellos ahorrarían el dinero necesario para comprarme el vestido. Yo me quedé muy desilusionada pero tuve que conformarme.
Pasó un año y de nuevo el mismo problema, el negocio de mi padre iba de mal en peor y seguíamos sin dinero para comprarme el vestido blanco, y sin un vestido blanco, yo no podía comulgar.
Pasaron los años, cumplí los diez y seguía sin poder hacer la Primera Comunión, yo que siempre he sido muy decidida, ya había perdido toda la ilusión, veía en misa con envidia como mis compañeras pasaban a comulgar, pero yo tenía que seguir esperando.
Un día mi madre me hizo un vestido nuevo, me dijo que lo podía estrenar al día siguiente así que ni corta ni perezosa, me fui esa misma tarde a confesar y al día siguiente con mi vestido nuevo tomé yo sola la Primera Comunión.
Cuando llegué a casa estaba muy contenta, por fin mis padres no tendrían que preocuparse por el dinero, muy sonriente les conté lo que acababa de hacer pero ellos lejos de alegrarse, me echaron una bronca tremenda y me castigaron varias semanas sin salir, claro que esto no fue lo peor de todo, cuando las monjas se enteraron, llamaron a mis padres, no se lo que hablaron entre ellos, el caso es que ya nunca más volví al colegio, a mí no me importó mucho porque me llevaron a aprender un oficio.
Al tiempo me casé y ¡por fin! pude conseguir mi vestido blanco aunque esta vez tampoco me lo compró mi padre sino el que después sería mi marido. Compramos la tela y una amiga me lo hizo tal y como yo siempre lo había soñado, el cuerpo de blonda haciendo ondas, el cuello de barco y la falda de raso muy estrecha, de la cintura salía la cola que se unía al vestido con un lazo muy grande, en la cabeza un velo largo sujetado con una corona. ¡No os podéis imaginar lo feliz que fui ese día, por fin tenía mi vestido blanco! aunque no era de comunión sino de boda.
Candelaria Ibáñez Moya
Velilla de Jiloca
 


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En tu ausencia

Categoría: Relatos 02 el día 2010-01-08 13:23:59

Amor mío, no sé cuando iré a visitarte; espérame en la habitación de tu hotel, ya sabes que esa ciudad es muy grande y no te podría encontrar.
Te llevaré un ramo de flores, y haremos una fiesta muy hermosa; cantaremos y bailaremos, como cuando éramos jóvenes, mirándonos a los ojos. Nos daremos muchos besos, y haremos un viaje muy largo; celebraremos nuestras bodas de plata y las de oro, ya que no las celebramos antes. Iremos a Alemania, Bélgica, Australia, Francia; como de allí vienen los niños, aprovecharemos y compraremos uno. Como con los euros no tenemos que hacer cambio de moneda, nos viene todo como anillo al dedo.
Montaremos en avión, en barco, iremos en el AVE a Sevilla, y allí nos esperará toda tu familia. Procuraremos que sea en abril. Para entonces son las ferias, visitaremos todas las casetas.
Nos compraremos un barco para ir a alta mar y allí nos quedaremos a vivir un tiempo, en medio del mar, bajo el cielo azul.
Miro tu foto y te ríes; quisiera estar contigo y no me dejan. A veces te espero, y no llegas. Cuando regreses, ya tendré nuestras sábanas blancas bordadas; las bordaré con hilos de seda de colores. Y me acariciarás y no nos importará que nos vean darnos besos: luciremos nuestro amor.
Se acerca la Navidad; procura coger vacaciones. No puedo vivir sin ti, es tanto lo que te echo de menos... Como vendrás con mucha prisa, como haces siempre, apenas me creeré que has venido, te tocaré y ya no estarás.
Me iré de compras. Te compraré un traje azul con una camisa amarilla y una corbata rosa. Te pondrás los gemelos, aquellos tan bonitos de oro, regalo de boda. Yo me haré un vestido largo precioso, en color negro y rojo; luciré toda mi espalda y parte de mis pechos. Me pondré un sombrero precioso, y en el sombrero y el vestido, una flor de color rosa, para que haga juego con tu corbata. Luciré el collar de perlas que me regalaste, verás que guapos estamos.
En nochevieja iremos a cenar, a un cotillón, y bailaremos hasta el amanecer. Tomaremos champán, pero con cuidado, ya sabes que te hace daño la bebida.
Me decías la última vez que hablé contigo que me guardas un regalo muy especial; y qué más quiero que me compres, Amor mío, no necesito nada más que a ti, que estés a mi lado. El regalo que me guardas, estoy segura, será precioso.
¿Sabes que estoy estudiando? Cuando tú vengas, ya seré profesora, y con los conocimientos que tu tienes de medicina, nos iremos un año a África a curar y enseñar a los niños necesitados.
Nuestras hijas me dicen que no me quede sola; creo que tienen razón, pero aunque esté con cien personas sola estoy yo.
También me dicen que no pase frío; la estufa me da calor, pero si tu estuvieras, sería mucho mejor.
Si no consigues vacaciones, cuando Dios quiera iré a verte yo. Te llevaré los besos y los abrazos de nuestra Gloria y nuestra Flor, y también los de sus raíces, y junto a todos estos besos, irá contigo la Felicidad. Si va alguien a visitarte antes que yo, como el viaje es muy largo, no puedo mandarte nada, más que mi añoranza, mi cariño, y mi amor. Un abrazo muy fuerte.
Cariño, se me olvidaba decirte que este verano, Valero estuvo a punto de visitarte, y como es tan bromista a mitad del camino decidió volverse.

Felicidad Castellano Lallana
Morata de Jiloca
Primer Premio año 2002
 


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