Escribo para ti, escribes para mí

El abrazo de las palabras

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LUCRECIA

Categoría: Relatos 02 el día 2010-01-07 21:21:46

A veces sin pensarlo mucho, nos sentimos felices en nuestra monótona vida. Así se sentía Lucrecia  en su vida cotidiana. Había terminado el Instituto y decidió no estudiar más. Durante aquel verano mantuvo la relación con sus amigas de clase como otro verano cualquiera, pero cuando terminó se dispersaron, las que siguieron estudiando tuvieron que marchar a otras ciudades y las que no se pusieron a trabajar y poco a poco se fue quedando sola.
 
 Lucrecia encontró pronto trabajo en una peluquería que era lo que a ella le gustaba, y estuvo muy contenta pues era una chica tranquila y bastante conformista. Además era muy familiar, vivía con sus padres y un hermano menor, una familia trabajadora, buena gente.

 Así pasaron los años, iba y venía al trabajo, siempre contenta, aunque no llegó a tener amigas íntimas; algún domingo iba al cine con alguna compañera del trabajo y de vez en cuando acudía a alguna fiesta a la que le invitaba alguna clienta, por que era muy amable con todo el mundo.

 Lucrecia se acordaba bastante de su amiga Helena, que era la mejor amiga que tenia en el colegio pero había decidido estudiar Magisterio en otra ciudad y había perdido el contacto con ella. Pero Lucrecia era feliz con su vida cotidiana.
 
 Un día fue de compras a unos grandes almacenes y tuvo una gran sorpresa, se encontró con su amiga Helena, de forma que se alegraron mucho las dos, se sentaron en la cafetería y contándose sus cosas se olvidaron hasta de las compras, pues habían pasado muchos años sin verse.
 
 Helena ya había terminado su carrera y trabajaba de maestra en un pueblecito de montaña, según ella muy bonito, con la gente muy amable, contaba y no acababa, pues a ella le gustaba mucho la naturaleza y estaba muy contenta.
 
 Sin darse cuenta se les pasó el rato y tuvieron que separarse, pero antes se prometieron no volver a perder el contacto nunca más.

 Lucrecia llegó a casa ese día mas contenta que otros días, y  contó a sus padres el encuentro que había tenido con Helena y a partir de entonces parece que su vida cambió un poco, pues se llamaban por teléfono, se escribían, se contaban todas sus cosas, y alguna vez Helena la invitó a pasar algún fin de semana con ella para que conociera aquellos parajes que eran tan bonitos para Helena.
 
 Pero Lucrecia no lo tenía fácil para ir a ver a Helena pues no había transporte para ir a aquel bonito pueblo y no tenía coche, pero ya tenía en mente comprarse uno.
 
 Mientras , el tiempo iba pasando y Lucrecia seguía su vida como siempre, contenta, feliz y amable. Cuando ya tuvo el coche se puso como loca de contenta y pronto empezó a organizar el viaje para ver a Helena. Convenció a su hermano para que la acompañara, ya que era el primer viaje que hacía y estaba un poco nerviosa.
 
 Llegó el día y se dispuso a viajar con su hermano, tomaron primero la autopista, luego una carretera secundaria con muchas vueltas y revueltas que iban quedando atrás pero cuanto más se alejaban más bonito era el paisaje, con grandes bosques, aguas claras, grandes praderas con los animales pastando tan tranquilos como si no existiera nada más que ellos en una palabra, un remanso de paz y un regalo para la vista.
 
 Cuando ya llegaron al pueblo, Helena les esperaba dispuesta a que pasaran una buena estancia. Les enseño el pueblo, que aunque pequeño tenía de todo, en un extremo del pueblo había una iglesia pequeña pero muy antigua, ya que databa del siglo XII y estaba muy limpia y cuidada. Había también un campo de deporte y un salón multiusos que usaban para hacer teatro, baile y fiestas populares. Recorriendo las calles llegaron a la plaza, no era muy grande pero estaba bien aprovechada, tenía una fuente de agua , sus pequeños parterres con flores y el ayuntamiento al fondo, en un lateral la tahona y una tienda  de ultramarinos y mientras recorrían la calles les iba presentado a sus amigos que eran muchos, pues parecía que todo el pueblo lo  fuera.  

 Después almorzaron en la intimidad, pero para la noche les había preparado una pequeña fiesta con unos pocos amigos; lo pasaron muy bien pero decidieron no acostarse muy tarde.

 Por la mañana fueron a hacer una pequeña excursión por los alrededores, pues la ilusión de Helena era enseñarles todo, pero el tiempo se les hizo corto. Por la tarde tenían que volver a la casa  de Lucrecia, pero se lo habían pasado tan bien que ella y su hermano quedaron con Helena en que volverían con más días, en vacaciones.

 Como Lucrecia tenía pocas vacaciones en su trabajo, aprovechaba para ir a ver a Helena en cuanto tenía dos días de fiesta, y con el tiempo convenció a sus padres para que fueran a pasar unas vacaciones a Rubedillo, que así se llamaba el pueblo, para que vieran lo bonito  y tranquilo que era. Lucrecia estaba ilusionada y con el tiempo conoció a un chico, que pronto le pidió para casarse; montó una peluquería y vivió el resto de su vida muy feliz.

Ángeles Cubero Martínez
 Castejón de las Armas
 


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EL NIÑO Y EL PATO

Categoría: Relatos 02 el día 2010-01-07 21:20:33

Érase una vez un niño, que amaba mucho a los animales.

Vivía en un pueblecito muy pequeño y como se sabe en todas las casas, había corrales con animales: patos, gallinas, conejos etc.

Un buen día cogió un huevo de pato, le puso calor y al cabo de un tiempo salió un patito.

Como es de suponer se hizo grande; y el niño y el pato se hicieron muy amigos, ya que pasaban mucho tiempo juntos. El niño soñaba con un futuro en el que compartirían grandes espacios y alegrías, que son más reales que fantásticas. El pato creció y andaba de abajo arriba detrás del niño por toda la casa poniendo nerviosa a la madre.

Un día la madre ordenó a su hijo que se llevara el pato de casa, y que hiciera lo que quisiese con él. El niño obediente cogió al pato y lo sacó de la que había sido su casa hasta ese momento.

El niño pensaba dónde podía haber un lugar en el que no se sintiera solo y pudiera traer amigos. En el pueblo había un estanque con animales, y entre ellos patos. Y así fue que una mañana llegaron juntos al estanque. Un lugar apropiado para la vida de un pato, con otros amigos patos, a los que la gente quiere y alimenta, estando cuidados y a la vez libres.

 El niño, después de darle consejos, miradas tiernas y una larga conversación, se despidió y regresó a casa y el pato se quedó a vivir en el estanque. Cada sábado iba el niño con su bicicleta a visitarlo, le silbaba de un modo característico y al momento un pato blanco nadaba hasta la orilla y se acercaba al niño. Éste le cogía con mucho cariño, y el niño delante y el pato detrás, andaban hasta un banco donde se sentaban a conversar. El niño por amor a todos los patos, se cuidaba de que en cada uno de los nidos escondidos entre los matorrales nunca faltase la comida. Hacia el medio día el niño regresaba con el pato al estanque, y dejandolo en él tomaba su bicicleta, silbando y diciéndole adiós con la mano se marchaba hasta el sábado siguiente.

 Y así termina este cuento 
        Flor   
 


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EL REENCUENTRO 33

Categoría: Relatos 02 el día 2010-01-07 21:19:39

No habiendo trascurrido ni un año de la ruptura de su matrimonio Laura Fine recibió en el buzón de su casa una carta procedente de Maryland; la carta era breve pero concisa, habían revisado su currículum y les había entusiasmado. Puesto que la plaza de trabajo que en la carta le ofrecían había de cubrirse de inmediato, si ésta aceptaba debía de presentarse lo más rápido posible.

Laura descolgó el teléfono para ponerse en contacto con quien se le indicaba al final de  la carta, su decisión era unánime quería dar un cambio a su vida: los últimos meses habían sido muy amargos para ella. Cuando se casó con Jhon el  que hoy era su ex marido era una muchacha joven, extrovertida, y muy bonita a juzgar por los numerosos pretendientes que  la halagaban en el instituto.

Tal era así que Jhon tuvo que luchar por ella, no fue  fácil puesto que Laura estaba perdidamente enamorada de Bul un chico de clase. Los dos eran tremendamente parecidos tenían las mismas aficiones, disfrutaban el uno del otro estando juntos; aun sin hablar mirándose a los ojos ya sabían lo que querían decirse.

Soñaban con estar siempre juntos y habían hecho muchos planes para el futuro, pero este se vio suspendido porque Bul tuvo que alistarse para hacer el servicio militar; así que Jhon muy perspicaz fue poco a poco ganándose el cariño de Laura y cubriendo la gran ausencia de Bul.

El tiempo lo cura todo, tal es así que cuando Bul regresó Laura estaba bastante comprometida con Jhon hasta el punto que ya habían fijado fecha para su boda. Bul desapareció de su vida sin despedirse sin ni siquiera una dirección, un teléfono para saber como estaba; tal vez fuera mejor así, pero cuando su matrimonio iba haciendo aguas ella pensaba cada día más y más en Bul, la idea de que podría haber sido su mujer y no la de Jhon, y de cómo su vida hubiera sido  junto a él la atormentaba.

Próxima estación, Maryland, anunciaba la megafonía del tren. Laura Fine se despidió de la gente que junto con ella habían compartido vagón, fueron muchas horas de viaje, muchas conversaciones, vidas que se entrecruzan unas con otras. Recogió sus maletas y desde el anden de estación observó con tristeza como el tren se alejaba  rumbo a otro destino. Quizá nunca más se cruzaría en su vida toda aquella gente, pero muchas de sus historias la habían ayudado a superarse, y a afrontar el nuevo  reto que el destino la había deparado.

Todavía el tren no se había perdido de su vista una mujer se le acercó y le preguntó:
¿Es usted Laura fine?
La misma respondió
Permítame que me presente soy Sofía Berman, la directora del colegio donde usted va a impartir clases.
Muchísimo gusto, contestó Laura.
¿Qué tal el viaje? Supongo que estará cansada y deseando llegar a casa, tengo el coche en el aparcamiento de la estación. Por favor déjeme que le ayude con su equipaje.

Laura agradeció la amabilidad y el acogimiento de Sofía y se dispuso a seguirla pensando que éste podría ser un buen comienzo para una larga amistad entre ellas.

El coche circulaba a buen ritmo, Laura y Sofía iban conversando de unas cosas y otras; Sofía a su vez mostraba a Laura el discurrir del camino. El paisaje era de ensueño, la carretera bordeaba casi toda la costa, el mar a lo lejos parecía el cielo y al otro lado de la carretera numerosas casitas de playa asomaban a su mirada.

Laura sentía una sensación jamás conocida, una euforia plena y el casi convencimiento de que su vida iba a cambiar por completo.
Bueno ya hemos llegado, dijo Sofía esta será su nueva casa espero y deseo que todo esté a su gusto.

Por favor, contestó Laura si vamos a estar todo el día juntas tutéame, si eres tan amable y por supuesto todo esta perfecto.
Sofía sonrió amablemente.

Vamos te ayudaré con el equipaje y te mostraré la casa por dentro.

Ambas cogieron las maletas y entraron en el interior. Sofía iba enseñando a Laura la casa a la vez que contándole cual iba a ser su nuevo trabajo. Juntas fueron resumiendo sus vidas y tan amena discurrió la tarde que cuando quisieron darse cuenta la luz que entraba por las ventanas se había apagado por completo.

Se me ha hecho un poco tarde dijo Sofía en tono irónico.

Si a mi también, rió Laura, pero lo he pasado muy bien. Se despidieron con un beso.
¡Hasta mañana!
¡Adios! Y no olvides la paciencia en casa, río Sofía mientras se alejaba en su automóvil.

Sofía le había contado su nueva tarea, un aula de veinte niños entre seis y ocho años la esperaban con ansia. Sofía junto con el profesor llegado hace unos años llevaban el colegio, pero la población fue creciendo y ellos dos no podían hacerse cargo de todo por eso decidieron contratar una nueva profesora.

Laura deshizo el equipaje como pudo, cenó un poco de lo que había traído preparado y se metió en la cama dispuesta a descansar pensando que al día  siguiente la esperaban otras nuevas emociones.

El reloj sonó a las siete en punto, Laura se levantó sobresaltada, no quería hacer tarde en su primer día y por supuesto quería estar impecable para afrontarlo. Se duchó y se arregló mientras el olor a café impregnaba toda la casa. Era hermoso madrugar en ese lugar << se dijo>>.

Saboreó el desayuno con gusto y salió de su casa dándose un ultimo vistazo.

Permanecía impasible ante el espejo cuando el ruido del claxon la hizo reaccionar. Sofía había quedado en pasar a recogerla.
¡Bonito día! Dijo al verla ¿Qué tal has descansado?
De maravilla contestó Laura este lugar es especial hace que te sientas feliz, estoy segura de que aquí voy a pasar una larga etapa de mi vida.
Sofía sonrió a la vez que arrancaba el pequeño automóvil.

El trayecto no fue muy largo, casi podía hacerlo a pie todos los días y así se alimentaría del sol y del hermoso paisaje.
Ya  hemos llegado querida, antes de nada te enseñaré el colegio y conocerás a Paul  el profesor.

Había oído Paul y el corazón le dio un vuelco, su cuerpo era un torbellino, su cabeza un volcán.
¿Podría ser él? Se preguntaba una y otra vez. Dios mío que ironías del destino y sí fuera él realmente, encontrase años más tarde después de vidas separadas.
¿Estaría casado? ¿Tendría hijos? Pero ¿por qué todo aquello y solamente se llamaba como él?.

Era una tonta, una ingenua, pero no podía engañarse a sí misma, jamás le había olvidado.

Sofía tocó a la puerta del despacho de Paul, nadie respondía y esta abrió la puerta.

Que extraño se le había echo tarde replicó; iré a ver sí tiene su coche fuera.

Laura mientras tanto ojeaba la pequeña pero completa biblioteca de aquel despacho. Permanecía de espaldas junto a la ventana ojeando uno de los libros cuando una voz la paralizó totalmente.
Perdone ¿Qué desea?.
Laura tenía verdadero pavor a darse la vuelta.

Sí era él, sin duda, quería correr para besarle, abrazarle, las lágrimas corrían por su rostro cuando sintió el calor de una mano que posaba en su hombro. No hizo falta más, ni una sola palabra, al fin  estaban juntos y eso era lo que realmente importaba.  
 


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RAQUEL Y LA ABEJA

Categoría: Relatos 02 el día 2010-01-07 21:19:08

Un día del mes de Julio, cuando el calor aprieta, todo huele a seco, y es necesario dormir la siesta porque el cuerpo parece que no va a resistir hasta que venga la luna, la mayoría de la gente que habitaba el pueblo dormía la siesta.
Yo que gran parte del verano, lo pasaba con  mi abuela materna, no dormía la siesta. La casa de mi abuela tenia un patio grande y fresco, además tenia dos puertas. Una daba a la calle principal, y otra a una calle que no tenía salida. En esa calle el sol no entraba hasta las cinco de la tarde. Yo jugaba sola con cualquier cosa,, sin nadie con quien habla. Un día vi un montón de abejas que se acercaban a unas clavelinas que mi abuela tenía en el solanar, todas entraban muy ordenadas, repartiéndose uno a uno sus claveles y su néctar..
Yo miraba y miraba, una después de otra hasta que refirmada en la puerta, los ojos se me iban cerrando. Enseguida un largo y feliz sueño me embargó.
En la misma calle donde estaba jugando, de repente algo maravilloso sucedió, una abeja vino y me dijo:
- ¿Quieres venir conmigo?.
Yo sorprendida le dije.
- Tú eres pequeña, tienes alas, y puedes volar, yo soy pequeña pero mi tamaño es mil veces mayor  que el tuyo, no tengo alas, tengo piernas que sirven para andar no para volar.
- No te preocupes yo lo puedo solucionar. Te reduciré tu tamaño, te cambiaré tus pies por alas y juntas podremos conocer mi mundo. Si te das cuenta yo, una abeja, conozco tu mundo. Tan pequeña me introduzco en tu mundo y vosotros tan grandes y poderosos jamás podríais introduciros  en el nuestro de no ser con nuestra ayuda.
Yo al oírla, no tuve más que decir, me pareció perfecto. Podría introducirme en un clavel, conocer su interior, y algo tan especial como saborear su néctar. Sin darme cuenta, en un instante, era como un cabeza diminuta, tenía unos brazos minúsculos y las piernas como trozos de alfileres, pero yo estaba volando. Me invito a ir a su colmena y una vez allí fue enseñándome sus costumbres y sus obligaciones, me preguntó.
- ¿Cómo te llamas?
- Raquel.
- ¡ Yo Lupa¡.
Lupa me dijo:
- Ya somos una niña y una abeja, a partir de ahora seremos Raquel y Lupa, dos amigas que juntas vamos a vivir una aventura.
Cuando Lupa me iba enseñando su colmena, me quedé sorprendida  pensando como en una casa que vivían mas de mil personas, en este caso abejas, podría haber tanta organización.
-¡Raquel¡ Te voy a enseñar como es mi casa, se llama colmena y todas abejas juntas formamos un enjambre. Las abejas obreras son las que se encargan de la manutención del enjambre y de todos los trabajos de la colmena. Ellas van en busca del néctar de las flores, con el que fabrican la miel. Es el alimento de las larvas, defienden la colmena de los intrusos, fabrican la cera con la que después construyen el panal, compuesto por muchos agujeritos todos exactamente iguales, hexagonales, se llaman celdillas. Dan de comer a las crías y también cuidan a la reina, alimentándola y limpiándola con esmero de los millares de huevos que va poniendo en cada celdilla.
- ¡Para, para un momento Lupa que ya no puedo más!, que de tanto que trabajan las abejas obreras, yo me estoy cansando.
- Todavía me quedan cosas que explicarte. ¿Pero, no podemos esperar un poco? Yo no estoy acostumbrada a volar y ya llevamos un buen rato.
- No tenemos mucho tiempo y todavía tengo cosas que contarte.¡Raquel, vamos a volar!.
- Lupa, ¿cuántas reinas hay?.
- Una.
- ¿Por qué hay una?.
- No lo sé.
- ¿Y zánganos?.
- Varios.
- ¿Y qué hacen?.
- Nada, ¡Nada!, ¡Nada!, ¡Nada!.
- Bueno, son los que fecundan a la reina para que luego ponga los huevos.
- ¿Dan miel?.
- No, los zánganos no dan miel y tampoco tienen aguijón. Además, cuando hay escasez de alimentos, existe un cuerpo especial de obreras encargadas de  reducir su número, matándolos sin contemplaciones velando así por la buena marcha de la colectividad.
- Bueno esta es mi casa, ¿te gusta?.
-  Mucho, es muy curiosa, es algo inimaginable, pero ya es muy tarde. Tendré que marcharme, mi abuela se preocupara, no sabe donde estoy.
- Un momento,  ya nos vamos.
Cuando de repente oí que alguien me llamaba:
- ¡Raquel! Raquel!.
Era mi abuela.
- ¡Sube a merendar!.
- Un momento, ya subo.
¡Me había quedado dormida!, pero cerca de mí una abeja me dijo
- Adiós Raquel pronto nos veremos.
Este cuento está dedicado a mi abuela y a todas las abuelas del mundo.
Sabrosa
 


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PEPO Y EVA.

Categoría: Relatos 02 el día 2010-01-07 21:18:22

Se llamaban Pepo y Eva, eran dos hermanos huérfanos que se querían mucho, pero también eran muy pobres. Vivían en una casa que por las rendijas del techo se veía el cielo. La ciudad donde nacieron era grande, pero ellos vivían a las afueras, en un barrio de gente humilde. Mientras el tiempo era bueno no les faltaba de nada, pues salían a las huertas y cogían de todo lo que les hacía falta para comer, de todas clases de hortalizas, y lo que la huerta cría, y nadie les decía nada, por lo que se sentían  felices pues jugaban en la calle con otros niños de su edad.
 
Pero pasó el verano, y cuando llegaron los fríos sus vidas cambiaron, pues no tenían nada para comer, y las gentes de aquellos barrios eran también pobres, apenas les daban algunas sobras, o algún mendrugo de pan duro.
Dormían en un jergón de paja, dormían junticos para darse calor, porque cuando se apagaba la lumbre, que hacían en una lata  grande que les hacía de hogar, tenían mucho frío.
 
Por la mañana, Pepo le dijo a su hermana: --Mira Eva, no podemos quedarnos mas aquí, pues nos vamos a morir de frío y hambre, yo recuerdo lo que nos dijo mamá antes de morir, que tenía una hermana, y que si nos  viéramos en algún apuro que la buscáramos, a lo mejor ella nos podía ayudar.
Eva se lo quedó mirando y le dijo:--Si Pepo,  pero nosotros aun somos muy pequeños y no sabemos trabajar, pero tienes razón, si te parece bien podemos salir a buscarla mañana.

Aquella  noche, ninguno de los dos durmió mucho, por la mañana salieron a la calle y buscaron a un hombre que conocía a su familia, le explicaron lo que pensaban hacer, y el hombre les indicó donde podían encontrar a su tía, pero les dijo:- Está al otro lado de la ciudad, y a lo mejor os vais a perder.

Pero los chicos tenían tanta necesidad, que no les importó lo lejos que estuviera, y empezaron a andar, al principio iban  deprisa pero poco a poco se fueron cansando, además tenían hambre, Eva dijo, por estas calles pasan gentes muy bien vestidas, ¿y si les pidiéramos una limosna?, a lo mejor nos daban algo. Y así lo hicieron, una señora que pasaba que se suponía iba a misa, les dio unas monedas ¡qué contentos se pusieron!, entraron en un bar y se tomaron un vaso de leche y un bollo que les regaló el camarero, ¡con que gusto se lo comieron!. Le dieron las gracias al camarero  salieron a la calle y siguieron andando, dijo Pepo,- ahora aunque andemos todo el día, ya vamos bien comidos. Cuando llegaron a la calle donde les había indicado el hombre, ya casi era de noche, ya no podían más y se sentaron en un portal, estaban muy cansados y tenían hambre, pronto empezaron a brillar las estrellas en el cielo.

Eva le dijo a su hermano:  -Pepo, ¿cómo sabrá el chocolate?, ¡debe saber tan rico!.
Pepo se la quedó mirando y le dijo:- Cuando yo sea mayor y gane dinero te compraré todo el chocolate que quieras, y además churros para que los mojes en él. 

Se pusieron junticos y se quedaron dormidos. Se despertaron pronto pues tenían frío, cuando se hizo de día se pusieron a rezar a sus padres como cada mañana, ellos no rezaban como lo hacemos nosotros, sólo decían a su madre:- Mamá como estarás en el cielo y allí está el niño Jesús, le pides que no nos separemos nunca. Aquella mañana también le pidieron que encontraran a su tía.
 
Preguntaron en un portal dando las explicaciones que ellos sabían, que su tía se llamaba Florencia, que era una señora gorda, que no tenía hijos. La señora que los atendió, les dijo que más abajo vivía una señora que reunía esas condiciones.

Se pusieron muy contentos, y bajaron corriendo a la calle de más abajo.
Cuando llegaron a la casa, llamaron a la puerta, tardaron un poco en abrir, cuando lo hizo salió una señora gorda con el pelo casi blanco. Cuando vio a los  niños se quedó sorprendida: ¿quién sois vosotros? les  preguntó.
Mire señora, nuestra madre se llamaba Emilia, nuestro padre Juan, dijo Pepo con un hilo de voz. Nuestra madre antes de morir nos dijo que tenía una hermana que se llamaba Florencia, y que si nos veíamos en algún apuro, que la buscáramos, pues usted era una persona buena y nos ayudaría.
La señora los volvió a mirar, era verdad que ella tenía una hermana que se llamaba Emilia, pero se casó con un hombre malo, y ya no había querido saber nada de ella.

Pero ahora al ver a los niños supo que le decían la verdad, y algo en su interior le dijo que esos niños eran sus sobrinos.
-Entrar, les dijo, yo también vivo sola, tengo una casa muy grande y os podéis quedar a vivir conmigo. Supongo que tendréis hambre, pero antes pasaréis por la bañera.

Cuando los niños se vieron dentro de la bañera, con el agua  calentica, y su tía frotándoles con la esponja y jabón, ellos creían que su madre los acariciaba desde el cielo.

Cuando bajaron a la cocina su tía les preguntó: -¿qué queréis para desayunar?, leche o chocolate. Los niños se miraron a los ojos y dijeron a la vez, ¡¡Chocolate!!
 


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MI PERRO

Categoría: Relatos 02 el día 2010-01-07 21:17:13

EL relato que voy a contar  es referente a un perro que tuvimos en casa durante doce  años.

Nunca en casa  éramos partidarios de tener perro, nuestra hija pequeña es muy amante de los animales, tenía entonces quince años y toda su ilusión era tener un perro.

Unos amigos tenían una perra que  había parido cuatro cachorros, me llamó y me dijo: "Matilde, -como sé  que a tu hija le gustan los perros, tengo uno, ven a por el que se pondrá muy contenta".
 
En casa lo comenté,  pero empezó la polémica, ¿Quién se irá a encargar  del perrito?.

La familia la componíamos cinco personas, mis tres hijos, Julia, Javier e Inés,  mi marido Luis y Yo.

Los tres hijos en seguida se comprometieron para cuidar al perro,  Julia sacarle a pasear, Javier de la comida y la pequeña de bañarlo.

Al final nos decidimos, Ya que todos pusimos nuestra ilusión  en el cachorrito y a si fue, en cuanto lo destetaron, mi amiga Loli llamo y me dijo. "Ya podéis venir a  por el perro". Era de la raza Tekel, tenia solo quince días cuando nos lo llevamos a casa.

 Por tal motivo le tuvimos que alimentar las primeras semanas con biberón. Lo cuidamos y empezó a ser uno mas en la casa, el tenia su cesto para dormir, pero nos tenia que seguir por toda la casa,  ya que si le dejábamos solo lloraba, le pusimos de nombre  Hator.

Un día lo llevamos al campo, era muy pequeño y lo poco que anduvo, las patas se le pusieron en carne viva, Ya que era verano y hacía mucho calor. Todos hicimos de enfermeros vendándole las patas con una crema para que se le pasaran las molestias al animalito.

Lo que más le gustaba era que jugáramos con el y si no lo hacíamos, venia el a buscarnos.

Muchas veces comentábamos todos, solo le falta hablar. Inés era la que lo bañaba. Cuando tenia que hacerlo era muy gracioso, Hator se escondía para que no lo bañase, había veces que tardaba en encontrarlo, ya que tenia distintos sitios para esconderse. Cuando lo encontraba no hacia resistencia, se dejaba que lo cogiesen y hasta que le secaran con el secador. Hator, nos cuidaba muy bien la casa ya que en cuanto oía algún ruido extraño enseguida ladraba,  y Ya sabíamos que el que venia no era de casa, nos sentíamos muy protegidos con el.

Julia, nuestra hija mayor se caso y nos decía que lo echaba mucho de menos los ratos que pasaba sacándole a pasear.

Recuerdo que cuando me veía  Hator con la fregona lo que más le gustaba era venir detrás de mí a pisar lo que estaba mojado, y le mandaba que se fuera a su cesto y como estaba mojado daba unos resbalones que parecía hacia patinaje y todos nos reíamos mucho.

Javier, cuando le ponía la comida iba detrás de el dando saltos de alegría. Un día que Javier estaba comiéndose un helado y a la vez viendo la televisión se encontraba tan entretenido, que no se dio cuenta de lo atento que estaba Hator, y cuando menús lo esperaba dio un salto y le quitó parte del helado, ya que el dulce le gustaba mucho. Se quedo atónito y a la vez se asusto, pero inmediatamente reaccionó y le entro una risa grandísima de experimentar la rapidez de Hator.

Julia nuestra hija nos dio la noticia de que iba a ser madre y nos  preocupaba de la reacción de Hator ya que por lo general todos los perros son un poco celosos.
Nació una preciosa niña que le pusieron de nombre Noelia .

Noelia fue creciendo y cuando venia, al pobre Hator le tenia acribillado, no le dejaba tranquilo, siempre corriendo detrás de el .

Un día que estaba Noelia entre nosotros y nos encontrábamos en el campo, de repente echamos en falta a Hator, lo buscamos por todas partes y Hator no aparecía. Ya cansados de buscarlo lo dimos por perdido y cual fue nuestra sorpresa que cuando mi hija Julia se marcho y ya no estaba Noelia, vemos que Hator sale por debajo de donde teníamos almacenada la leña. Nos dimos cuenta de que tantas travesuras le hacia Noelia, que se refugio para que  no le encontráramos y estar tranquilo de todos.
El día que Hator murió nos costó llorar, ya que enfermó del corazón y se fue agotando poco a poco.

Podía contar muchas mas cosas de Hator pero no quiero cansaros     
                                                                                  LIBRA
 


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