Escribo para ti, escribes para mí

El abrazo de las palabras

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AMISTAD

Categoría: Relatos 02 el día 2010-01-07 21:13:00

La historia que voy a contaros ocurrió hace mucho, mucho tiempo en una aldea escondida entre grandes montañas, a lo lejos se podía oir un tintineo de gotas; un arroyo que bordeaba una pequeña cabaña parece que aún puedo ver al viejo Sr. Ami en su destartalada mecedora del porche. El Sr. Ami era un aciano regordete con pelo y barba larga y canosa, ojos hundidos y grandes surcos en la cara por el paso del tiempo. Se sentía muy solo, él había cuidado siempre de sus padres hasta que fallecieron hace muchos años. Aunque en muchas ocasiones había ido a visitar la aldea para hablar con los habitantes y de este modo vencer su soledad tuvo que desistir del intento porque siempre se burlaban de él, quizá por su aspecto físico o quizá porque el Sr. Ami había olvidado como hablar con las personas, ya que hacía mucho tiempo que no hablaba con nadie, y tenía una forma de hablar casi personal, o de hablar consigo mismo.
 Al señor Ami le encantaba pasear todas las tardes, se ponía su viejo sombrero y cogía su usado garrote y anda horas y horas por el bosque un día le sorprendió una grandísima tormenta, el Sr. Ami aceleró el paso buscando un lugar donde refugiarse y escondida entre la maleza divisó una gran grieta en una roca, corrió más o menos como pudo hasta ella y se refugió.
 La pequeña cueva que había en la grieta era muy acogedora y tenía aspecto de bodega. Y digo esto porque dentro había una especie de mesa de madera y cientos de toneles. El Sr. Ami sacó una cajetilla de cerillas del bolsillo y encendió una vela que estaba en un rincón, cogió la vela y se acercó a los toneles, en una especie de vaso hecho con la mitad de un coco vertió el contenido del tonel. Era un vino excelente, así que se bebio uno y otro vaso, hasta que consiguió calmar los tiritones que tenía por llevar las ropas empapadas. Rendido y un poco acalorado por el vino, cayó dormido sobre la mesa.
 Abrió los ojos y un dolor de cabeza espantoso le atormentaba, encima de la mesa un personaje tiraba de la manga del jersey, el Sr. Ami no podía creer lo que veía se frotó con los puños los ojos para comprobar que no estaba soñando. El personaje seguía allí y en voz “alta” le reprochaba el haberse bebido su vino. El Sr. Ami le explicó lo sucedido y observando como la cara del personaje iba cambiando de malhumorada a comprensiva. De repente el Sr, Ami quedó sorprendido, lo cual quiere decir que el personaje le estaba entendiendo, a pesar de que la gente de la aldea se burlaban de su forma de hablar.
 Cuando acabó su relato el personaje le preguntó como se llamaba y si quería otro vaso de vino.
- Ami, ¿y tú? – le preguntó el Sr. Ami.
- Mi nombre es STAD, pero todos me llaman Duende Borrocho – contestó el duende.
- ¿Y porque te pusieron ese nombre tan raro? –volvió a preguntar el Sr. Ami.
- Mis padres decían que de todos los hijos yo era el más inquieto que nunca paraba y que siempre me estaban diciendo ¡¡estate quieto!! Y por este motivo acortando me quede con STAD.
 



Publicado por: José Ramón Olalla | Comentarios (0) Leer comentarios | Exportar PDF | Escuchar este post

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