VIVENCIAS VIVIDAS HACE MUCHOS AÑOS
Categoría: Relatos 02 el día 2010-01-07 21:15:33
Corría el año 1944, como eran malos tiempos y escaseaban muchas cosas Jeremías decidió ir a los pueblos Aragoneses a comprar todo lo que pudiera encontrar. Salió de Madrid de la estación de Atocha hasta Calatayud. Se hospedó en el mesón de la Dolores y contrató el servicio de un carro y una mula para poder desplazarse a los pueblos más próximos.
Jeremías era muy curioso y quería enterarse de las costumbres que había en cada pueblo, por eso preguntando llegó a casa de Josefina y ésta le dijo:
- Mi madre amasaba el pan en casa y nos duraba toda la semana, hasta la otra masada. Por la noche hacía la levadura y se guardaba el “reciento” de una semana a otra. Al clarecer el día empezaba la faena, se ponía un delantal blanco y un pañuelo a la cabeza, y lista. Preparaba la artesa, harina, levadura, agua y sal, amasaba todo, bien trabajado, luego lo dejaba tapado para que subiera la mesa. Después hacía las hogazas o panes, y en un tablero ponía la tela de arpillera o saco, harina espolvoreada para que no se pegaran los panes, y los iba colocando muy bien puestos. Se hacía con un trapo enroscado como una “rosquilla” y se lo ponía en la cabeza, y encima el tablero del pan, y al horno. El panadero lo revisaba y si estaba listo lo metía al horno. Cuando estaba cocido, lo sacaba y con un trozo de pellejo untado en aceite, le daba por encima a los panes para que tuvieran más color. Los utensilios que se empleaban eran: la artesa, el tablero, los bancales y la panera.
Jeremías estaba gozoso de poder saber como se hacía el pan.
-También hacíamos jabón –seguía Josefina. Se compraba sosa cáustica y resina, se echaba sebo y aceites de deshechos, se ponía en un balde a cocer y con un palo largo se daba vueltas dos hors para que no entrase, cuando estaba casi echo poníamos un chorrillo de esencia de espliego para que oliera bien.
También le contó que cuando se echaban las gallinas “cluecas” les ponía su madre paja en una cesta con los huevos y estaban 21 días hasta que salían los pollos. Su madre la sacaba todos los días a la gallina para que hiciera sus cosas fuera de la cesta, y los últimos días le daba de comer pan remojado en vino y así conservaba el calor hasta que salían los polluelos.
María le dio a Jenaro unos trozos de jabón y unas hogazas de pan para que lo probara. Y se fue tan contento agradeciéndole su conversación y su regalo. Preguntando a unos y otros decidió ir a Montón de Biloca cogió su curro y se puso en camino. Al llegar se encontró con una mocita muy despierta, le preguntó que de dónde era.
- Soy de aquí de Montón de Jiloca, somos 150 vecinos, vivimos del campo y es muy duro. Mi padre se levanta al punto de la mañana a por paja y pienso para dar de comer a los animales y caballerías, y limpiar las cuadras, luego al campo a preparar la tierra. Según la época ¡así viene de fuera, no para en todo el día! Yo ayudo a mi madre, voy al río a jugar y lavar, a por agua con dos cántaros en las caderas y cantando.
“Chica si vas a la fuente ten cuidado del cántaro, que si se rompe, difícil será arreglarlo”.
- Bueno, Juanita, agradecido; me voy a Ruesca a comprar más vino.
- Hasta otra vez que vuelvas por estos rincones aragoneses.
Siguió preguntando y llegó a Ruesca. Le indicaron dónde podía alojarse; y allí se encaminó. Entabló conversación con la dueña preguntándole que quería saber cosas del pueblo. Y Maruja fue relatándole cosas que quería saber.
- Ruesca es un pueblecito agrícola. Tiene toda clase de animales.
- ¿Matan el cerdo?
- Sí
- Y ¿qué costumbres siguen ustedes?
- En primer lugar, el día antes de matar al cerdo, se cuece el arroz para que esté frío. Se corta la cebolla, se pelan los ajos y se corta el pan para las bolas. Por la mañana temprano viene el matachín…
- ¿Quién es ese?
- El encargado de degollar al cerdo. Se prepara una buena fogata, se lleva una caldera de agua para que vaya calentándose hasta que hierve. Luego entra el matarife y cuatro hombres tumban al cerdo (que pesa cerca de 150 Kg) a un banco que está preparado allí, le sujetan bien y le dan muerte.
- ¿Qué hacen con la sangre?
- Espera, no te adelantes. Como soy la mayor de las hijas me toca coger la sangre, que consiste en revolverla para que no cuaje.
- Luego con unos pucheros se coge agua hirviendo y se escalda, y con unas cazoletas, se lleva el matarife, lo rascan bien para que quede limpio.
- Y ¿ya está preparado?
- ¿Qué se lo cree usted? Después lo cuelgan y lo abren en canal, le sacan las tripas y le ponen un palo cruzado para que se oree.
- Luego los hombres se van a almorzar y las mujeres a lavar los anchos.
- Y los hombres ¿ya no participan en nada más?
- Sí. Los hombres despedazan el cerdo. Primero le quitan las costillas, luego el lomo, después le cortan la cabeza, la papada, los espaldares, los blancos, el espinazo y los jamones.
- ¿Y las mujeres?
- Van preparando lo que se tiene que capolar. Se quitan las mantecas, y con las cebollas picadas se regala la manteca, y se hace un refrito. Y con el arroz, sangre, canela, pimienta, piñones y sal. Se amasa bien toda la pasta y está toda preparada para embutirla en las anchas para las morcillas.
- Y a secar.
- No tenemos una caldera con agua hirviendo donde cocemos las morcillas. Una vez cocidas las subimos al granero para que se oreen. Con lo que se repliega el cebado y el barreño, el pan cortado y sangre se hacen unas bolas, ¡y que ricas están!
Después en la cadera se cuece la tripa, el corazón, el liviano, la lengua, los riñones y con magra del cerdo, se capola todo junto para hacer las güeñas.
- Y ¿la longaniza?
- Sí, también. Después con la cabezada del lomo y tocino entreverado se capola todo y se hace la longaniza.
- Pero todavía queda cerdo para rato.
- Pues sí. Da mucho de sí. Luego recortamos las paletillas. Compramos carne de toro si había, y si no, carne de novillo y hacemos los chorizos, con el arreglo correspondiente. En la misma máquina de capolar ponemos un embudo y llenamos las anchas con la masa, atamos las bocas de las rastras, las colgamos en barras para que sequen bien.
- Y fardeles ¿se hacen aquí?
- Sí, el hígado lo escaldamos bien picado magra, media docena de huevos piñones, miga de pan, canela y sal, y con la tela que cubre la tripa del cerdo lo cortamos a cuadros, lo rellenamos con la pasta y hacemos los fardeles. Los ponemos en cribas, colgadas para que no se agrien.
- Bueno ¿ya llegarán los jamones?
- Sí. Al salar los jamones hay que apretarles bien para que salga toda la sangre. Se salan, se les pone peso encima para que suelten toda la sangre y a los ocho días se les da la vuelta. Se pone pimentón bien por todos los rincones, por el “saltillo” y se cuelgan en el granero con las ventanas abiertas para que curen bien, dando de vez en cuando la vuelta.
- Bueno, ya estará.
- Pues sí. Por la noche una buena cena para toda la familia
- Y ¿ todo lo fabricado?
- Cuando esta todo seco, la longaniza, las güeñas, chorizos; lo cortamos a trozos, lo metemos en cazuelas de barro y las llenamos de aceite, bien tapado todo. También los lomos, costillas y morcillas. Así se conservaba todo el año hasta la nueva matanza.
Jeremías se fue encantado. Compró todo lo que pudo en Ruesca y se fue para la capital.
Un cuarteto.














