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"Fragmentos". Heráclito
Categoría: Historia de la Filosofía el día 2010-02-02 19:15:27
"30.-Este mundo, que es el mismo para todos, no lo hizo ningún dios ni ningún hombre; sino que fue siempre, es ahora y será fuego siempre viviente,que se prende y apaga medidamente.
43.- Conviene más extinguir la insolencia que un incendio.
44.-El pueblo debe luchar por la ley como por sus murallas.
45.-No hallarás los límites del alma, no importa la dirección que sigas, tan profunda es su razón.
52.-El tiempo es un niño que juega con los dados; el reino es de un niño.
58.-El bien y el mal son uno.
61.-El mar es el agua más pura y la más impura. Para los peces es potable y buena; para los hombres, impotable y fatal.
124.-El orden cósmico más bello como basura esparcida al acaso".
"Humano, demasiado humano". Friedrich Nietzsche
Categoría: Ética el día 2010-01-30 18:03:09
Lo que se puede prometer
"Podemos prometer actos, pero no sentimientos, ya que éstos no son voluntarios. Quien promete a otro amarle, odiarle o serle fiel eternamente, promete algo que no está a su alcance; lo que se puede prometer son actos que por lo general derivan del amor, del odio o de la fidelidad, aunque pueden deberse también a otros motivos, ya que móviles y caminos distintos conducen a un mismo acto. La promesa de amar siempre a alguien significa, pues: mientras te ame, te daré pruebas de amor; si dejo de amarte seguirás recibiendo, sin embargo, de mí los mismos actos, aunque por otros motivos, de forma que en la mente de los demás persistirá la apariencia de que el amor es inmutable y siempre igual. Por tanto, cuando, sin cegarse a uno mismo, se promete a alguien amarle eternamente, lo que se promete es la persistencia de la apariencia del amor".
"El hombre y lo divino". María Zambrano
Categoría: Ciudadanía el día 2010-01-27 19:58:58
Los males sagrados
"Existen males sagrados, antiquísimos males que azotan al cuerpo humano. La lepra, la epilepsia y algunos otros que la medicina científica no ha logrado todavía reducir al concepto de enfermedad, sustrayéndolos de ese territorio en que el alma humana siente la maldición, el estigma. No son simplemente enfermedades, sino señales, marcas de algo que parece no puede hacerse visible sino de esta horrible manera. El estigma parece ser a veces huella y efigie de un objeto lejano y amado que ha descendido a dejar su impresión como prenda cierta de semejanza en el ser en que ha caído, quien queda así sustraído a lo común. Los males sagrados son estigmas, porque señalan y mantienen aparte al ser hollado por ellos.
Y este apartamiento de quien sufre un mal sagrado le señala como algo o alguien de otro mundo. La barrera que le separa de los demás no es una cualidad, sino la señal de que algo de "otro mundo" le posee y, como no puede enteramente no estar en éste visible, se descompone. Como si en tales males se mostrase la lucha incesante de los modos de ser en una misma existencia, ninguno capaz de vencer; seres arrebatados a la vida por algo o alguien que, no pudiendo hacerlo por completo, se contenta con marcarlos.
Tales enfermedades parecen tener un transunto en la vida moral. Podemos reconocerlos en diversos caracteres. El primero parece ser el del respeto que inspiran, repeto que traza un círculo de silencio en torno. Este vacío es la primera manera de padecimiento exasperante para quien lo sufre. Pues no es sentido como un simple padecer, sino como condena.
La envidia corresponde, sin duda, a esta clave de males. Siempre se produce un círculo de silencio en torno suyo cuando aparece. Impone respeto e imprime carácter, y como ningún otro mal sitúa lejos y aparte a quien la padece".
"Ética". José Luis L. Aranguren
Categoría: Ética el día 2010-01-23 09:08:56
El talante
"Talante y carácter son, pues, los dos polos de la vida ética, premoral el uno, auténticamente moral el otro. Pero importa mucho hacer notar que sólo por abstracción son separables. Se trata de dos conceptos-límite que no pretenden reproducir la realidad tal cual es, sino esquematizarla para su comprensión, separando idealmente lo que en realidad se da junto. No hay estados puramente sentimentales sin mezcla de inteligencia, puesto que inteligencia es "estar en realidad", y este estar en es anterior (lógicamente) al estar cómo (triste, alegre, desesperado, confiado). El hombre es "inteligencia sentiente", y nunca pueden presentarse separadas estas dos vertientes de su realidad. El hombre constituye una unidad radical que envuelve en sí sentimientos de inteligencia, naturaleza y moralidad, talante y carácter. Por eso cuando algunos moralistas predicaron una moral del carácter (por ejemplo, los estoicos, Calvino, Kant, Nietzsche en parte), y otros una moral del talante (por ejemplo, el Calicles de Platón, Lutero, Nietzsche en parte, Klages), si en vez de conformarse con pedir que predomine uno u otro, el dominio de sí mismo o, al revés, la espontaneidad, el entusiasmo y la vida apasionada, demandan un carácter que haya suprimido todo impulso natural o, al contrario, un talante puro, lo que en realidad piden es el absurdo de luchar sin fuerzas contra la fuerza del alma para lograr un modo de ser inanimado o el del regreso a la naturaleza animal (en la que ya ni siquiera cabría hablar de talante, puesto que éste hemos dicho que es la apertura inteligible al tono vital)".
"Carta a Heródoto". Epicuro
Categoría: Filosofía el día 2010-01-21 08:58:58
"Epicuro a Heródoto, salud.
Para aquellos que no pueden, Heródoto, estudiar con detenimiento cada una de las obras que he escrito sobre la naturaleza, ni tan sólo examinar las más importantes de las que he compuesto, para éstos precisamente he preparado un compendio de toda mi doctrina a fin de que puedan recordar sus principios fundamentales, y en los momentos precisos, con ayuda de las reglas más importantes, atenderse a sí mismos en la medida en que posean la ciencia de la naturaleza.
Pero es necesario también que aquéllos que se encuentran ya suficientemente avanzados en el estudio de toda mi doctrina recuerden el esquema de su contenido, reducido a sus principios esenciales. Pues a menudo necesitamos una comprensión del conjunto, pero no tenemos igual necesidad de la de sus particulares.
Así pues, debemos acudir continuamente a la doctrina entera, recordando lo que nos es necesario para alcanzar a comprender la realidad en lo fundamental. Podremos, de este modo, obtener un conocimiento exacto de los detalles, después de recordar y tener bien comprendidas las estructuras más generales. Porque el fundamento de un conocimiento preciso, para quien ha alcanzado la madurez, reside en saber utilizar con rapidez las aprehensiones, reducidas a fórmulas sencillas y a máximas elementales.
Puesto que no es posible que posea una suficiente comprensión de la teoría quien no sea capaz de resumir en su mente, mediante sencillas máximas, aquello que ha conocido en sus aspectos particulares. Por tanto, si este método es útil para quienes practican la ciencia de la naturaleza, yo, que recomiendo el ocuparse plenamente en esta investigación y en la parte de estos conocimientos que nos reportan una vida serena, he preparado para todos un compendio y resumen de sus principios fundamentales.
En primer lugar, Heródoto, debe mostrársenos con claridad el significado básico de las palabras, a fin de que, cuando nos refiramos a ellas, seamos capaces de emitir un juicio en materias discutibles, en las investigaciones o en los casos de duda, y evitar que todo nos resulte confuso si procedemos hasta el infinito en las demostraciones, o que no obtengamos más que palabras vacías.
Porque hay que percibir el significado básico de cada palabra sin necesidad de otra demostración si queremos tener un punto de referencia en nuestras investigaciones, en nuestras opiniones e incluso en nuestras dudas".
"De los delitos y de las penas". Cesare Beccaria
Categoría: Ciudadanía el día 2010-01-17 10:01:49
Capítulo 45: Educación.
"Finalmente, el más seguro, pero más difícil medio de evitar los delitos es perfeccionar la educación, objeto muy vasto, y que excede los límites que me he señalado; objeto (me atrevo a decirlo) que tiene vínculos demasiado estrechos con la naturaleza del gobierno para permitir que sea un campo estéril, y solamente cultivado por un corto número de sabios. Un grande hombre (1), que ilumina la misma humanidad, que lo persigue, ha hecho ver por menor cuáles son las principales máximas de educación verdaderamente útiles a los hombres, esto es, basarse menos en una estéril muchedumbre de objetos que en la elección y brevedad de ellos; en sustituir las copias por originales en los fenómenos así morales como físicos que el accidente o la industria ofrece a los tiernos ánimos de los jóvenes; en guiar a la virtud por el camino fácil del sentimiento, y en separar del mal por el infalible de la necesidad y del inconveniente en vez de hacerlo por el incierto del mando y de la fuerza, por cuyo medio se obtiene sólo una ficticia y momentánea obediencia".
(1) Se refiere a J.J. Rousseau y a su obra L'Emile.
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