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"Guía de perplejos". Maimónides

Categoría: Ética el día 2010-03-29 13:05:12

           El mal no superabunda al bien en el Universo. El hombre es el causante de gran parte de los males. Tres clases de éstos

   "Frecuente es la propensión entre el vulgo a creer que en el mundo hay más males que bienes, a tal extremo que la mayoría de los pueblos expresa este pensamiento en no pocos de sus dichos y poemas, afirmando que es raro hallar en el mundo cosa buena, en tanto que los males son numerosos y duraderos. Semejante error no es privativo del vulgo, sino también de algunos sedicentes sabios.

  En un famoso libro de Al-Razi, que tituló Al-'Ilahiyyat ("Cosas divinas o metafísicas"), colmado de extravagancias e inepcias, entre las cuales figura esta tesis: que el mal superabunda al bien y si comparas el bienestar y los placeres temporales del hombre con los dolores, graves sufrimientos, enfermedades, parálisis, contrariedades, penas y calamidades que le sobrevienen, hallarás que su existencia, la del hombre, es un castigo y un gran mal que le ha sido impuesto. Y va asentando esta teoría con el recuento de esos infortunios, a fin de opugnar lo que los partidarios de la verdad creen acerca de la bondad y munificencia de Dios, convencidos de que Él es el Bien absoluto y todo cuanto de Él emana es indudablemente el sumo Bien.

  La causa de este total error radica en que ese ignorante y sus congéneres del vulgo solamente consideran el universo a través del individuo humano. Todo iletrado se imagina que el universo entero únicamente existe para beneficio suyo, como si nadie hubiera más que él. En consecuencia, si lo que a él le sucede es contrario a sus deseos, forma el juicio tajante de que lo único real es el mal: pero si el hombre considerara y se representara el cosmos, percatándose de su insignificancia dentro del mismo, la verdad se le mostraría clara y evidente. En efecto, esa imponente locura que los humanos proclaman respecto al cúmulo de males en el mundo, no la reconocen respecto a los ángeles, ni a las esferas, ni a los astros, como tampoco respecto a los elementos, minerales o plantas que de ellos se componen, ni de las diferentes especies animales, sino que sus pensamientos se proyectan únicamente sobre algunos individuos de la especie humana. Si uno ingirió alimentos nocivos y es atacado de lepra, se asombran de que sea atacado de tan grave mal, y de que éste se produzca. Del mismo modo se maravillan si uno por excesos sexuales se queda ciego, y les resulta duro le haya sobrevenido la invidencia, y así otros casos similares.

  La verdadera tesitura es que todos los individuos del humano linaje existentes, y a fortiori los de las restantes especies animales, son como una cosa sin valor en el conjunto del universo permanente, [...]

  La mayoría de los males que recaen sobre los individuos se deben a ellos mismos, esto es, a los imperfectos miembros de la especie humana. Por nuestras deficiencias nos lamentamos e imploramos ayuda; por los males que nosotros mismos nos acarreamos, por propia voluntad, nos dolemos y los atribuimos a Dios [...]".


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"Humano, demasiado humano". Friedrich Nietzsche

Categoría: Ética el día 2010-03-26 17:11:08

                                       La riqueza, origen de una raza noble

   "La riqueza genera por necesidad una raza aristocrática, pues permite escoger las mujeres más hermosas y pagar los mejores maestros, proporciona limpieza y tiempo para ejercitar el cuerpo, y sobre todo logra evitar el embrutecimiento del trabajo físico. De este modo, suministra todas las condiciones que garantizan, al cabo de algunas generaciones, que los individuos presenten un aspecto, o mejor aún, que se comporten de una forma distinguida y hermosa: mayor libertad de conciencia y ausencia de esas miserables mezquindades que suponen el servilismo ante un patrón y el tener que mirar hasta el último céntimo. Estas cualidades negativas constituyen precisamente el legado más rico y afortunado que puede recibir un joven. En el caso de un individuo realmente pobre, la nobleza de sentimientos le lleva de ordinario a la perdición, no logra ni progresa lo más mínimo y su raza no es viable. Pero además hay que tener en cuenta que la riqueza produce los mismos efectos aproximadamente; cuando se dispone de trescientos o de treinta mil táleros para gastos anuales, ya no se produce ningún progreso real de las circunstancias favorables. Sin embargo, es terrible poseer menos y tener que mendigar y que humillarse durante la infancia: aunque éste puede ser un buen punto de partida para quienes cifran su felicidad en el esplendor de las cortes, en subordinarse a los hombres poderosos e influyentes, o para quienes quieren ser príncipes de la Iglesia. (De este modo aprenden a doblegarse y a penetrar así en los vericuetos subterráneos del poder)".


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"Defensa del sentido común y otros ensayos". G. E. Moore

Categoría: Filosofía el día 2010-03-23 18:27:41

                                                             Certeza

  "Como todos ustedes pueden ver, en este momento, estoy en una habitación y no  al aire libre. No estoy ni sentado ni tumbado, sino de pie. No estoy totalmente desnudo sino que voy vestido. Ni canto ni cuchicheo ni guardo un absoluto silencio, sino que estoy hablando en voz alta. En mi mano tengo algunas hojas escritas. Hay muchas otras personas en la misma habitación. Además, en aquella pared hay ventanas y una puerta en esta otra.

  Acabo de hacer cierto número de afirmaciones diferentes, con gran seguridad, como si no hubiese ninguna duda de su verdad. Es decir, aunque no he dicho expresamente que cada una de estas cosas distintas es no sólo verdadera sino también cierta, sin embargo, al afirmarlas tal y como lo hice he dado a entender que de hecho eran ciertas. Es decir, he dado a entender que en el momento de pronunciar aquellas palabras conocía con certeza que de hecho ocurría lo que afirmaban. No creo que se me pueda acusar en justicia de dogmatismo o exceso de confianza por haber afirmado estas cosas positivamente del modo en que lo hice. Por lo que respecta a cierto tipo de afirmaciones y en ciertas circunstancias, una persona puede en justicia ser acusada de dogmatismo por afirmar algo positivamente. Pero por lo que respecta a afirmaciones como las que he formulado, hechas en las condiciones en que las hice, la acusación sería absurda. Por el contrario, habría incurrido en un absurdo si, en estas circunstancias, no hubiese hablado positivamente sobre estas cosas, si es que he hablado sobre ellas después de todo. Supongamos ahora que en lugar de decir "Estoy en un edificio" dijese "Creo que estoy en un edificio, aunque tal vez no sea así, no es seguro que lo esté" o, en lugar de decir: "Voy vestido", dijese: "Pienso que voy vestido, aunque es posible que no". ¿No parecería más bien ridículo que ahora, en estas circunstancias, dijese: "Creo que voy vestido", o incluso: "No sólo creo que voy vestido, sino que además sé que es muy probable, aunque no pueda estar totalmente seguro"? Para algunas personas no sería en absoluto absurdo expresarse de este modo dubitativo en algunas circunstancias". 


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"Discurso sobre la educación popular". Pedro R. de Campomanes

Categoría: Ciudadanía el día 2010-03-21 19:30:39

                      Discurso sobre la educación popular y fomento de los artesanos

  "El aprendizaje de cada oficio ha de tener tiempo señalado, dentro del cual pueden enterarse los muchachos del conocimiento de los instrumentos de su arte, y en el manejo de ellos con igualdad y orden.

  Deberán sucesivamente ser instruidos en las operaciones más sencillas de su oficio, y pasar por grados a las compuestas.

  Los aprendices no deben ser tratados como sirvientes o criados de sus maestros, ni distraerse en ocupaciones algunas extrañas de su arte. [...]

  Han de tener señaladas las horas de trabajo por mañana y tarde: a las que necesariamente deben asistir, cuidando de ellos sus maestros en lugar de padres.

  Los padres, parientes o tutores no han de poder tampoco sacarlos de los obradores de sus maestros en días de trabajo, ni dispensarles arbitrios de holgar, a título de una compasión mal entendida, que les sería en adelante muy dañosa.

  [...]

  Y así conduce al acierto en la enseñanza fijar un método, progresivo de los rudimentos de cada arte y de las operaciones que se deben aprender una tras de otra, para que la enseñanza sea conocida y metódica en ellos, arreglada por unos principios constantes, que ahora faltan en el modo de enseñar las artes prácticas en el Reino. Porque las más se aprenden y enseñan en fuerza de una tradición de padres a hijos, destituida de teoría, instrucción y raciocinio.

  De aquí proviene que los oficios no se adelantan [...]"


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"Miseria de la filosofía". Karl Marx

Categoría: Ciudadanía el día 2010-03-19 17:39:32

                                           El valor constituido o el valor sintético

    "En el momento mismo en que principia la civilización, la producción empieza a fundarse sobre el antagonismo de las órdenes, de los estados, de las clases y, finalmente, sobre el antagonismo del trabajo acumulado y del trabajo inmediato. Sin antagonismo no hay progreso. Tal es la ley a que la civilización ha obedecido hasta nuestros días. Hasta ahora, las fuerzas productivas se han desarrollado merced a este régimen del antagonismo de las clases. [...]

   El precio de los víveres ha subido casi continuamente, mientras que el precio de los objetos manufacturados y de lujo ha bajado en la misma proporción. Sin salir de la industria agrícola, observamos que los objetos más indispensables, como el trigo, la carne, etc. suben de precio, al paso que el algodón, el azúcar, el café, etc. bajan continuamente en una proporción que sorprende. Y hasta en los comestibles propiamente dichos, los artículos de lujo, como las alcachofas, los espárragos y otros semejantes, están hoy relativamente más baratos que los comestibles de primera necesidad. En nuestra época, lo superfluo es más fácil de producir que lo necesario. Finalmente, en varias épocas históricas, las relaciones recíprocas de los precios son, no sólo distintas, sino opuestas. En toda la Edad Media, los productos agrícolas estaban relativamente más baratos que los productos manufacturados, y en los tiempos modernos están en razón inversa. ¿Ha disminuido, por esto, desde la Edad Media, la utilidad de los productos agrícolas?

   El uso de los productos se halla determinado por las condiciones sociales en que están colocados los consumidores, y estas condiciones, a su vez, descansan sobre el antagonismo de clases.

  El algodón, las patatas y el aguardiente son artículos de uso más común. Las patatas han engendrado los tumores fríos; el algodón ha acabado en gran parte con el lino y la lana, si bien el lino y la lana son, en muchos casos, de mayor utilidad, aunque no sea más que en el concepto de la higiene; y el aguardiente se ha sobrepuesto a la cerveza y al vino, aun cuando el aguardiente, empleado como substancia alimenticia, esté generalmente considerado como un veneno. [...]

   ¿Por qué, pues, el algodón, la patata y el aguardiente son los ejes de la sociedad burguesa? Porque, para producirlos, se necesita menos trabajo que para los demás artículos y están, por consecuencia, al precio más bajo. ¿Por qué el mínimum del precio decide del máximum del consumo? ¿Será, por ventura, a causa de la utilidad absoluta de estos artículos, de su utilidad intrínseca, de su utilidad en tanto que corresponden de la manera más útil a las necesidades del obrero como hombre y no del hombre como obrero? No, sino porque, en una sociedad fundada sobre la miseria, los productos más miserables tienen la prerrogativa fatal de servir para el uso de la inmensa mayoría.

  [...]

  En una sociedad venidera, en que el antagonismo de clases hubiese cesado, en que no hubiera ya clases, el uso no estaría determinado por el mínimum del tiempo de producción, sino que el tiempo de producción que se consagrara a un objeto se hallaría determinado por su grado de utilidad".

 


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"Cartas filosóficas y otros escritos". Voltaire

Categoría: Historia de la Filosofía el día 2010-03-12 20:09:27

                                                     Alma

  "De modo que el alma -en sentido general- se toma por el origen y por la causa de la vida, por la vida misma. Por esto las naciones antiguas creyeron durante muchísimo tiempo que todo moría al morir el cuerpo. Aunque es difícil desentrañar la verdad en el caos de las historias remotas, tiene visos de probabilidad que los egipcios fuesen los primeros que distinguieron la inteligencia y el alma, y los griegos aprendieron de ellos a distinguirla. Los latinos, siguiendo el ejemplo de los griegos, distinguieron animus anima; y nosotros distinguimos también alma e inteligencia. Pero lo que constituye el principio de nuestra vida, ¿constituye el principio de nuestros pensamientos? Lo que nos hace digerir, lo que nos produce sensaciones y nos da memoria, ¿se parece a lo que es causa en los animales de la digestión, de las sensaciones y de la memoria?

  He aquí el eterno objeto de las disputas de los hombres. [...]

  No contamos ni con un solo escalón donde afirmar el pie para llegar al vago conocimiento de lo que nos hace vivir y de lo que nos hace pensar. Para poseerlo sería preciso ver cómo la vida y el pensamiento entran en un cuerpo. ¿Sabe un padre cómo produce a su hijo? ¿Sabe la madre cómo lo concibe? ¿Puede alguien adivinar cómo se agita, cómo se despierta y cómo duerme? ¿Sabe alguno cómo los miembros obedecen a su voluntad? ¿Ha descubierto el medio por el cual las ideas se forman en su cerebro y salen de él cuando lo desea? Débiles autómatas, colocados por la mano invisible que nos gobierna en el escenario del mundo, ¿quién de nosotros ha podido ver el hilo que origina nuestros movimientos?

  No nos atrevemos a cuestionar si el alma inteligente es espíritu materia; si fue creada antes que nosotros; si sale de la nada cuando nacemos; si después de habernos animado durante un día en el mundo, vive, cuando morimos, en la eternidad. Estas cuestiones que parecen sublimes, sólo son cuestiones de ciegos que preguntan a otros ciegos: ¿qué es la luz?"                          


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