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"Internet. Una indagación filosófica".- Gordon Graham

Categoría: Ciudadanía el día 2010-10-15 19:30:55

          Las ventajas del correo electrónico y el poder de la página web

  "El correo electrónico -e-mail o "emilio"- resulta atractivo para muchos usuarios porque combina los beneficios del teléfono, de la carta y del fax, sin gran parte de las desventajas correspondientes. Por ejemplo, un emilio cumple exactamente la misma función que una carta, pero evita el engorro de ponerle un sello y echarlo al buzón. Sin duda ésta es la razón por la que mucha gente está ahora mandando emilios a periódicos, radio y televisión. Hasta el presente, actuaban como frenos algunas leves pero importantes condiciones, como el hecho de comprar o tener sellos, papel y sobres. Hoy día, si estoy sentado en mi escritorio y tengo un momento libre, me es mucho más fácil expresar mi opinión en el foro público de la radio o de la prensa de lo que lo era hace muy poco.

  El correo electrónico posee también la inmediatez del teléfono. Permite la comunicación con cualquier parte del mundo con mucha más celeridad de lo que podría hacerlo una carta, tan rápido como el teléfono. Pero tiene ventajas sobre éste. Por una razón, permite mucha menos exposición personal y, como resultado, lo que se dice en un emilio, a pesar de su rapidez y de su inmediatez, puede ser meditado. Permite responder muy rápidamente, pero a diferencia del teléfono, no obliga a hacerlo ni a pensar sobre la marcha. Por las mismas razones, la persona con la que se comunica tampoco está forzada a dar una respuesta sin meditarla. Además, tanto el "emilieador" como el "emilieado" pueden escribir y responder de una manera muy limitada, más limitada creo yo, que a través del teléfono, la carta o el fax. Es algo frecuente, por ejemplo, que la gente envíe respuestas o preguntas de una sola línea, porque hacerlo es fácil y barato. Rara vez sucede que la gente descuelgue el teléfono, llame a la otra parte del mundo, diga una sola frase y cuelgue de nuevo. Menos aún se toma la molestia de escribir y echar al buzón una carta para hacer sólo eso.

  La inmediatez del teléfono tiene desventajas debido a la presión con que obliga a dar respuestas sin meditarlas antes, y el correo electrónico evita asimismo tales desventajas. Si yo quiero comunicar con usted por teléfono, usted debe estar en un lugar específico en un momento específico cuando lo llamo, es decir, al otro lado de la línea. De otra manera, la comunicación no tiene lugar. Pero incluso si lo hago, a no ser que posea un complicado y probablemente secreto sistema de grabación, no quedará huella de lo que hablemos. Una carta, por el contrario, aunque más lenta y menos inmediata, puede ser leída cuando le convenga al receptor y retenida para una futura referencia. En estos aspectos, el correo electrónico combina la inmediatez del teléfono con las ventajas de una carta: si usted se encuentra presente al recibirlo, podrá responderlo; si no, mi mensaje le esperará y usted podrá imprimirlo para sus archivos, y lo mismo podré hacer yo con su respuesta.

  Un punto adicional importante es que tales ventajas no son individuales, sino que abarcan a grupos. La facilidad, el bajo precio y la conveniencia con que los individuos pueden comunicar entre sí mediante el correo electrónico se aplica a la comunicación entre grupos de gente, lo que da lugar a una mayor facilidad en la organización y en la gestión de grupos. Hoy es, por ejemplo, mucho más simple y más barato hacer circular un mensaje (el aviso para una reunión, digamos) a un gran número de personas interesadas que telefonear o escribir a todas ellas una carta". 


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"Mi visión del mundo".- Albert Einstein

Categoría: Filosofía el día 2010-10-12 23:33:42

                                           Producción y trabajo

 "Los inconvenientes de una libertad ilimitada en el mercado de trabajo se vinculan con los adelantos extraordinarios de los métodos de producción. Para fabricar lo imprescindible, no es necesario emplear a todos los trabajadores disponibles. Con ello se da la consecuencia de mayor paro, de competencia malsana entre los asalariados y, como agregado, la disminución del poder adquisitivo y una asfixia insoportable de todo el circuito vital de la economía.

  Sé que los economistas liberales opinan que el aumento de las posibilidades compensa cualquier ahorro de mano de obra. Yo no lo creo. En primer lugar, porque aunque fuera cierto, esos factores conducirían a que una parte importante de la humanidad vería rebajado su nivel de vida en forma artificial.

  Creo sin embargo como usted, que ha de procurarse por todos los medios la participación de los jóvenes en el proceso de producción. También habría que excluir a los mayores de ciertos trabajos -que llamo trabajos no cualificados-. Como indemnización percibirían una pensión dada, por haber dado previamente sus esfuerzos a la sociedad.

  También soy partidario de la abolición de las grandes ciudades. Siendo al mismo tiempo enemigo de la idea de instalar una determinada categoría de ciudadanos, por ejemplo los viejos, en una ciudad dada. Debo decir que me parece una idea terrible.

  Pienso asimismo que debería evitarse la fluctuación del valor del dinero, sustituyendo al oro como patrón monetario por el precio de una serie de artículos, tal como fue propuesto ya por Keynes hace tiempo. Con ello podría permitirse cierta "inflación" al valor del dinero, siempre y cuando el Estado se mostrara capaz de usar con inteligencia de lo que para él sería un auténtico regalo.

  Los puntos débiles de su planteamiento son, según veo, su escasa atención a los aspectos psicológicos. Si el capitalismo ha traído consigo los adelantos de la producción pero también los del conocimiento, no es por azar. El egoísmo y la competencia siguen siendo (¡por desgracia!) fuerzas más poderosas que el altruísmo y el sentido del deber. En Rusia no es posible obtener ni siquiera un buen trozo de pan. Quizá sea algo pesimista, pero no espero resultados muy buenos de las empresas nacionalizadas. La burocracia es la muerte de todo rendimiento. He visto demasiadas cosas tremendas, incluso en la relativamente ejemplar Suiza.

  Me inclino a creer que el Estado puede beneficiar al proceso productivo sólo si actúa como factor regulador. Tiene que ocuparse en asegurar que la competencia entre las fuerzas ddel trabajo se mueva sobre bases humanas, a asegurar una educación sólida a todos los niños, a garantizar salarios suficientemente altos como para que los productos puedan ser adquiridos. Tal función reguladora puede ser decisiva si sus medidas de control pasan por las manos de especialistas políticamente independientes".


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"Eros y civilización".- Herbert Marcuse

Categoría: Ciudadanía el día 2010-10-05 21:09:54

                                           IV.-La dialéctica de la civilización

  "Antiguamente, la familia era la que, para bien o para mal, criaba y educaba al individuo, y las reglas y valores dominantes eran transmitidas personalmente y transformados mediante el destino personal. Con toda seguridad en la situación edipiana, se enfrentaban uno a otro no individuos sino "generaciones" (unidades del género); pero con el tiempo y la adquisición por herencia del complejo de Edipo, ellas llegaron a ser individuos y el conflicto continuó dentro de la historia de la vida individual. A través de la lucha con el padre y la madre como objeto de ataque personal del amor y la agresión, la joven generación entraba a la vida social con impulsos, ideas y necesidades que eran en gran parte propias. Consecuentemente, la formación del superego, la represiva modificación de sus impulsos, su renunciación y sublimación eran experiencias muy personales. Precisamente por esto, su adaptación dejaba dolorosas cicatrices, y la vida bajo el principio de actuación conservaba todavía una esfera privada de anticonformismo.

  Ahora, sin embargo, bajo el mando de monopolios económicos, políticos y culturales, la formación del superego maduro parece omitir el estado de individualización: el átomo genérico  llega a ser directamente un átomo social. La organización represiva de los instintos parece ser colectiva, y el ego parece estar prematuramente socializado por todo un sistema de agentes y agencias extrafamiliares. Desde el nivel preescolar, las pandillas, la radio y la televisión; las desviaciones del modelo son castigadas no tanto dentro de la familia como fuera de ella y en su contra. Los expertos en los medios de difusión masivos transmiten los valores requeridos; ofrecen perfecto entrenamiento en eficiencia, tenacidad, personalidad, sueños, romances. Contra esta educación, la familia ya no puede competir. En la lucha entre generaciones los bandos parecen haber cambiado: el hijo sabe más; representa el principio de la realidad madura frente a sus formas paternales obsoletas. El padre, el primer objeto de agresión en la situación edipiana, aparece luego como un blanco bastante inapropiado para ella. Su autoridad como transmisor del bienestar, el conocimiento, la experiencia, es reducida grandemente; tiene menos que ofrecer, y por tanto, menos que prohibir. El padre progresista es el enemigo menos adecuado y el "ideal" menos adecuado -pero igualmente lo es cualquier padre que ya no determina el futuro económico, emocional o intelectual del niño-".


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"Tratado teológico-político".- Baruch Spinoza

Categoría: Ciudadanía el día 2010-09-24 20:40:50

                  Capítulo XVI: Del fundamento del Estado. Del derecho natural y civil del individuo y del derecho del soberano

  "Así, cualquiera que esté obligado a vivir bajo el único imperio de la naturaleza, tiene el derecho de realizar lo que juzga útil, ora sea llevado a la satisfacción de este deseo por la sana razón, ora por la violencia de sus pasiones. Tiene el derecho de apropiarse, por todos los medios, sea por fuerza, sea por astucia, sea por súplicas, o por todos los demás que juzgue más fáciles, lo necesario para la satisfacción de sus deseos, y a tener por enemigo a aquel que se lo estorbe.

 Se sigue de todo esto que el derecho de la naturaleza, bajo el cual nacen todos los hombres, y bajo el cual vive la inmensa mayoría, no les impide sino lo que cada cual no desee o escape a sus medios de acción, no les prohíbe ni la cólera, ni la astucia, ni la violencia, ni nada de aquello que su apetito natural les aconseje.

  Y esto no debe sorprender, porque la naturaleza no se encierra en los límites de la razón humana, que sólo atiende al verdadero interés y a la conservación de los hombres, sino que está subordinada a un sinfín de leyes que abarcan el orden eterno de todo el mundo, de que el hombre es una pequeña parte. Sólo por la necesidad de la naturaleza son determinados los individuos, de un cierto modo, a la acción y a la existencia.

  Todo, pues, lo que nos parece en la naturaleza ridículo, absurdo o malo, procede de que desconocemos en parte las cosas e ignoramos en su mayor parte el orden y enlace de la naturaleza entera. Quisiéramos hacer reflejar sus leyes por las de nuestra razón y, por lo tanto, lo que ésta nos dice ser un mal, no lo es respecto a las leyes de la naturaleza universal, sino solamente en relación a las leyes de nuestra naturaleza propia".


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"Fragmentos".- Heráclito

Categoría: Historia de la Filosofía el día 2010-09-21 20:44:36

  16.- "¿Cómo puede uno ponerse a salvo de aquello que jamás desaparece?"

  29.-"Los mejores prefieren a todo una cosa, el honor sempiterno a lo mortal. Los más se hartan como animales"

  32.-"Lo uno, el único sabio, quiere y no quiere llamarse con el nombre de Zeus"

  35.-"Los hombres que aman la sabiduría deben estar familiarizados con muchas cosas"

  43.-"Conviene más extinguir la insolencia que un incendio"

  49a.-"Entramos y no entramos en los mismos ríos, somos y no somos"

  60.-"El camino hacia lo alto y hacia lo bajo es uno y el mismo"

  102.-"Para el Dios todas las cosas son hermosas y buenas y justas; pero los hombres sostienen que algunas cosas son injustas y otras justas"


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"El perdedor radical. Ensayo sobre los hombres del terror". Hans Magnus Enzensberger

Categoría: Ética el día 2010-09-17 21:29:21

 

                                                                    III

 "Quien desee entender al perdedor radical tal vez debería profundizar más en las cosas. El progreso no ha eliminado la miseria humana, pero la ha transformado enormemente. En los dos últimos siglos, las sociedades más exitosas se han ganado a pulso nuevos derechos, nuevas expectativas y nuevas reivindicaciones; han acabado con la idea de un destino irreductible; han puesto en el orden del día conceptos tales como la dignidad humana y los derechos del hombre; han democratizado la lucha por el reconocimiento y despertado expectativas de igualdad que no pueden cumplir; y al mismo tiempo se han encargado de exhibir la desigualdad ante todos los habitantes del planeta y en todos los canales de televisión durante las veinticuatro horas del día. Por eso, la decepcionabilidad de los seres humanos ha aumentado con cada progreso.

 «Cuando los progresos culturales son realmente un éxito y eliminan el mal, raramente despiertan entusiasmo», observa el filósofo. «Más bien se dan por supuestos, y la atención se centra en los males que continúan existiendo. Así actúa la ley de la importancia creciente de las sobras: cuanta más negatividad desaparece de la realidad, más irrita la negatividad que queda, justamente porque disminuye.»1

  Odo Marquard se queda corto; pues no se trata de irritación sino de rabia asesina. Lo que al perdedor le obsesiona es la comparación con los demás, que le resulta desfavorable en todo momento. Como el deseo del reconocimiento no conoce, en principio, límites, el umbral del dolor desciende inevitablemente y las imposiciones del mundo se hacen cada vez más insoportables. La irratibilidad del perdedor aumenta con cada mejora que observa en los otros".

1.-Odo Marquard: Filosofía de la compensación: estudios sobre antropología filosófica, Barcelona, Paidós, 2001, pág. 41.


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