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Yo creo que sí es lo mismo que se metan contigo que te tengan manía, porque los insultos y los que no quieren jugar contigo se pueden incluir en tener manía.
Laura y Teresa opinan que no porque creen que los insultos están en lo que "todo el mundo se mete contigo", y los que no te quieren ajuntar en "tenerte manía". Opinan que las dos cosas son distintas, al contrario que yo. Jorge opina que sí, porque todo lo que hay en que se metan contigo es lo mismo que te tengan manía.
Por ejemplo, si tengo un enemigo y le insulto y le pego y no le ajunto, yo creo que es lo mismo, que le tengo manía y que me meto con él.
Tener manía a la gente y envidia es como si fueran las dos cosas del mismo grupo, porque esas cosas entran en el grupo de insultar, pegar, burlarse de la gente y muchas cosas más que son malas. Yo creo que son lo mismo.
¿Por qué Pixie no le quiere contar nada a Miranda sobre su criatura misteriosa?
Me ha sorprendido esa pregunta porque puede ser una criatura muy bonita, grande y brillante y preciosa para Pixie. Si se la enseña a Miranda puede romperla si la toca, y a Pixie le sentaría muy mal.
Yo pienso que no es lo mismo meterse con alguien (insultar, pegar patadas, puñetazos, empujar) que tenerle manía; por ejemplo, decirle a la gente que no jueguen con él, tenerle envidia a alguien, porque una cosa es meterse con alguien y otra tenerle manía.
Javier Sampedro publica en El País (31/10/2006):
«¿Cómo sabremos si un robot es consciente? Un programador le sometería al test de Turing, que consiste en parecer un humano por correo electrónico. Pero un zoólogo le pintaría un lunar sobre una ceja y le pondría ante un espejo: en el mismo instante en que robot se toque el lunar, demostrará que es consciente. Y más aún: autoconsciente, propietario de un yo.
La autoconsciencia es casi inexistente en la naturaleza. Haszta ayer sólo se conocía en los cuatro primates más cercanos a nosotros y en los delfines
(...)
Joshua Plotnik, de la Universidad de Emory, y Diana Reiss, del Aquarium de Nueva York, se han plantado en el zoo del Bronx neoyorkino con un espejo de 2,44 por 2,44 metros (...) y se lo han regalado a las elefantas asiáticas Happy, Maxine y Patty, que nunca habían visto un objeto semejante.
Sus reacciones han sorprendido a los científicos, pero no por insólitas, sino porque parecían calcadas de las que se habían descrito antes en chimpancés y delfines, que por otro lado son las mismas que van exhibiendo los bebés a medida que progresan: escrutar el espejo por delante y por detrás, y luego empezar a hacer el tonto para comprobar si el otro hace lo mismo (...)
Maxine y Patty llegaron hasta ahí. Happy resolvió además el problema de la marca en la ceja: ahasta 47 veces se la tocó con la trompa después de mirarse en el espejo.
Saber que el tipo al otro lado del espejo es uno mismo es una de las más altas funciones mentales de nuestro cerebro, y una de las más importantes. Los psicólogos la llaman MSR (por mirror self-recognition). El gran Locke se dio cuenta hace tres siglos de que, sin eso, no hay manera de hacer a nadie responsable de sus actos: sin espejos no hay moral.
(...)
La sociedad sería imposible sin la empatía, nuestra capacidad para ponernos en la piel del otro, y mal podríamos hacerlo sin ponernos antes en la nuestra.
(...)»
Foto: © El País S.L. | Prisacom S.A.

Podemos huir de los demás porque podemos tener vergüenza, nos da miedo si son más grandes que nosotros, nos pueden pegar, y si son más pequeños pueden tener ellos la razón igual que los grandes.
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