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En Sevilla había pobreza, las calles estaban sucias, las ratas deambulaban, la gente vestía con harapos; las gentes que ya no era gente eran mendigos, casi no tenían ni para alimentarse.
Esta pobreza se debía al mensaje traído por Fray Juan Ricci, un mensajero. El mensaje explicaba la impresionante caída de la bolsa madrileña.
El Ayuntamiento de Sevilla contrató al economista, José Torres Fernández, pero este resultó ser un embaucador, y se le castigó con la expulsión de la ciudad de Sevilla.
Unos meses antes de la expulsión de José Torres Fernández, llegó a la ciudad un hombre con riquezas pero sencillo. Para sorpresa de la gente, se instaló en la parte pobre de la ciudad; pero eso sí, con una buena casa. El hombre en cuestión se llamaba Don Valentín Ruíz Senén.
Don Valentín Ruiz Senén era amigo del rey, por lo que pudo conseguir ser como una especie de virrey pero en Sevilla. Don Valentín consiguió dinero, con el que se realizaría una estación de ferrocarriles.
José Torres Fernández pidió volver a Sevilla a cambio de dar dinero para el proyecto del ferrocarril. La decisión se aprobó y empezaron a trabajar.
Con el dinero reunido que tenían Don Valentín y Don José Torres se pudo hacer el ferrocarril.
Sevilla se convirtió en una ciudad comercial ya que todo lo que venía de América pasaba por aquella ciudad. Además con el ferrocarril se transportaban todas las mercancías que venían de las Américas pero iban a distintas partes de España: Madrid, Aragón, Cataluña, Comunidad Valenciana etc.
El ferrocarril también dio puestos de trabajo a mucha gente y con los productos y riquezas que venían de las Américas, ya no recordaba aquella ciudad con mendigos en las calles.
Sin embargo, el siglo acabó con la Guerra de la Independencia cubana y en puerto no dejaba de repetirse la imagen de soldados heridos y otros que nunca volvieron…
Esto es un cuento de historia española, mezclando datos, personajes, ambientes etc. Pero podría haber sido una gran verdad.
RAYMOND YANES TORRENTS
Un día Isabel se quedó dormida mientras leía su libro favorito. Soñando con las aventuras que ocurrían en la novela, apareció en otro mundo.
Se encontró en un pueblo nevado con un bonito puente . Caminó hasta las afueras del pueblo y vio una casa antigua.
Extrañamente la puerta estaba abierta, entró y lo único que encontró fue un extraño espejo .
Al mirarse en él ocurrió algo muy raro, pues el cristal empezó a volverse de color negro.
De repente aparecieron unas imágenes, apareció un bodegón con frutas, comida y papeles. Del susto, Isabel se despertó.
Cuando ella contó lo ocurrido, nadie creyó que hubiera soñado eso.
Ella decepcionada quiso volver a ese mundo y no consiguió conciliar el sueño.
Al día siguiente Isabel lo volvió a intentar y esta vez lo consiguió. Pero apareció en la casa .
Al mirarse en el espejo ocurrió lo de la última vez, pero no se asustó, en esta ocasión decidió no contárselo a nadie .
Al despertar siguió creyendo en ese mundo solitario con su casa.
Un día en el colegio se lo comentó a su mejor amiga, la única que le creyó.
Así siguió creyendo toda su vida y visitando aquel mundo perdido en sus sueños, cuando tuvo a su única hija .
Ella también le creyó.
LUCÍA SANCHO LLEIDA
Había una vez un obispo llamado Pastoretti que era un poco gordoy que llevaba siempre colgando una cruz y un libro en la mano y siempre vestía con sotana.
Vivía en una hermosa ciudad llamada Seitaridis. Era una ciudad muy alegre, en la que los niños estaban siempre jugando al balón y al escondite. Los abuelos echando migajas de pan a las palomas y el obispo guiando y predicando a los feligreses de su diócesis.
En 1953 hubo una guerra en la ciudad, la destrozaron completamente, todas las personas que vivían en Seitaridis se fueron a otras ciudades que no eran tan bonitas como Seitaridis.
La volvieron a construir, pero más bonita que la antigua. Ahora se llamaba la nueva Seitaridis, construyeron más cosas como: templos, más casas, restaurantes, bares etc.
La gente que se había ido volvió, incluso vino más gente.
Y había gente que no estaba casada, pero se querían casar y le preguntaron al obispo si les podía casar y dijo que sí y les recomendó que lo celebraran por todo lo alto ya que era la primera pareja que se casaba en la nueva Seitaridis.
Cuando les casó, hicieron una gran fiesta en la ciudad, todos los habitantes estaban invitados. Hicieron un banquete con todo tipo de comida, entremeses fríos y calientes, caldos, arroz, pescados de todo tipo, langostinos, cangrejo y carne con champiñones, también había muchísimas bebidas, vino, coca cola, naranjada, limonada gaseosa, cerveza y agua. Y de postre tarta .Todo el mundo comió muchísimo y estaban todos muy contentos. Con el café empezaron a cantar y a reír.
Después se pusieron a bailar y así se pasó todo el día. A las doce de la noche encendieron una hoguera muy grande de la que salía mucho humo; todo el mundo siguió bailando a su alrededor.
El humo era tantísimo que se extendió por todo el mundo, llegó a las tribus de los indios, a ciudades inglesas, francesas, americanas, australianas y africanas.
Todos pensaron lo mismo, eso era una señal de guerra.
Entonces cogieron las armas, espadas, escudos, pistolas, navajas, lanzas, arcos y flechas, y todo lo que encontraron, algunos se montaron en sus caballos y otros fueron a pie hacia donde veían la señal de humo.
Cuando llegaron, unos se vieron a otros tan armados, que empezaron a luchar, hubo muchísimos muertos de todas las ciudades, pero en Seitaridis no hubo ningún superviviente, la nueva ciudad quedó destruída totalmente por segunda vez.
A nadie le interesó construir una nueva ciudad allí en Seitaridis, toda la gente de los alrededores pensó que era una ciudad maldita por lo que le había pasado en dos ocasiones y nadie quería saber nada de allí.
Cincuenta años después, unos monjes pasaron por allí, porque habían leído la historia de la ciudad maldita del obispo Pastoretti y se quedaron tan encantados de las ruinas y el paisaje que decidieron construir un monasterio para que todo el mundo recordara al obispo y a la ciudad Seitaridis.
RICARDO SANCHO BIESA
Un día normal y corriente en el colegio le dieron una noticia maravillosa a Pablo, un niño de diez años. Esa misma tarde iban a ir a ver una exposición de cuadros.
A Pablo le encantaba la pintura, era lo que más le gustaba después de la tortilla de patata que hacía su madre .
Al llegar, sus compañeros se alegraron , a pesar de las quejas del camino, ya que había ido la televisión a hacer un reportaje. Todo el mundo quería aparecer en él, menos Pablo al que le daba igual . Y ¡qué casualidad! los cámaras de televisión se acercaron a él y le preguntaron:
-¿Cuál es el cuadro que más te gusta?
La mayoría de su clase le susurraba:
-“Pintura”, “Pintura”,… Es lo más moderno hoy en día, y otros:
-“Homúnculo”, “Homúnculo”,… Millares es muy famoso.
A Pablo le gustaban todos, pero el que más “Altos hornos de Bilbao”, aquellos colores y el paisaje que se veía eran preciosos.
Pablo no sabía qué decir, no quería que sus compañeros se enfadaran con él, cuando, de repente, a lo lejos, vio “Virgen niña dormida” y se puso a imaginar qué soñaba aquella preciosa chica…
Era una noche oscura y cálida, soñaba que un día tenía que elegir entre tres cuadros para un concurso muy importante. Debía elegir entre “Pintura” de Antoni Clavé, “Homúnculo” de Manolo Millares y “Altos hornos de Bilbao” de Darío de Regoyos.
A ella le gustaba aquel paisaje, pero resultaba que Antoni Clavé y Manolo Millares eran sus tíos, uno por parte de padre y el otro por parte de madre. Estaba en una situación muy difícil. Eligiera lo que eligiera se iban a enfadar con ella: si elegía el de uno de sus tíos, el otro se enfadaría y viceversa, y si elegía el del paisaje colorido que a ella tanto le gustaba se enfadarían los dos. Hasta que una vocecita le dijo:
-Haz lo que te diga el corazón, y ella respondió en voz alta y clara:
-No ha sido fácil, son todos muy bonitos pero quien de verdad merece ganar es Manolo Millares.
Nadie se enfadó porque, como dicen en su pueblo, para gustos están los colores. Y siguió soñando toda la noche…
Entonces, Pablo, como en el sueño de la Virgen, contestó lo que a él le gustaba:
-Todos son muy bonitos, pero el que más me gusta es “Altos Hornos de Bilbao”. Me encanta ese paisaje y esos colores llamativos.
Y continuó tranquilamente su visita a la exposición.
Manuela Berdún
Categoría: CREACIÓN LITERARIA el día 2010-02-01 15:59:28
Había una vez un señor llamado Jacopo Robusti, un famoso ilustrador del siglo XX, viudo, cuya mujer se llamaba María del Carmen, que murió en un accidente de tráfico. Su hija era agradable, simpática y siempre tenía una bonita sonrisa; se llamaba María Robusti.
Era el primer día de colegio para María, y tenía muchas ganas de conocer a sus compañeros y profesores. A María le encantaba pintar, era su gran afición, todos sus compañeros y compañeras se burlaban de ella porque a ellos solo les gustaba jugar a las videoconsolas y ver la televisión.
María el primer día de clase se hizo amiga de otra chica muy alegre que se llamaba Marta, a las dos les gustaba pintar. Casi todas las tardes quedaban para pintar juntas, sobre enormes lienzos y sus resultados eran fabulosos, normalmente pintaban paisajes y retratos.
Cuando sus padres vieron las maravillosas obras de arte, solo pensaban en vender los cuadros y así ganar mucho dinero. Pero María y Marta disuadieron a sus padres para que no lo hicieran. Lo consiguieron.
Y decidieron hacer una exposición en un museo, para que la gente opinara y disfrutara tanto como ellas.
Un día el encargado de vigilar el museo, limpiarlo y abrir y cerrar las puertas principales se dio cuenta que faltaba un cuadro. Inmediatamente de lo ocurrido llamó a Jacopo, María, Marta, los padres de Marta y a la policía para que intentara resolver el caso.
Cuando María se informó de lo ocurrido llamó a su amiga Marta para comentarle si hacían otro cuadro nuevo que se pareciera y olvidaban lo que había pasado, pero para que no volviera a pasar, contratarían más vigilantes y colocarían cámaras espías en el interior del museo.
Como María pensó, no volvió a pasar nada parecido. Fue de país en país exponiendo los cuadros que había trabajado desde la infancia con su amiga Marta.
Cuando se hicieron mayores fueron grandes pintoras, tuvieron mucha fama por todo el mundo y sus pinturas siguen siendo recordadas en el museo de “El Prado” en Madrid. Tienen muchas seguidores, como por ejemplo el Rey Juan Carlos y la Reina Sofía.
Sus padres estaban muy orgullosos de su profesión.
Marta Pintanel Raymundo
Categoría: Salidas el día 2010-01-19 12:18:46
Los alumnos de 4 y 5 años de Educación Infantil fuimos el jueves, día 14 de enero, a la sala del teatro Arbolé, sita en el Parque del Agua, para ver una representación del tradicional cuento "La Caperucita Roja" y ¡Sorpresa! ¿Sabéis lo que más nos gustó? pues que el lobo era bueno, no así el cazador.
La pena fue que la mañana estaba lluviosa y no pudimos disfrutar del parque.
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