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El Marqués de Leganés quería el patio del palacio y la esposa del dux de Valencia; entonces propusieron una batalla y de nombre le pusieron “la batalla de Orán”; las normas eran obtener un ejército de lo que fuera; entones empezaron.
El Marqués de Leganés se fue al bosque a buscar minotauros, hombres lobos, el ave fénix, centauros, dragones, basiliscos…….
Y el Dux de Valencia encontró los mismos seres extraños .
El Marqués de Leganés decía a los campesinos que quien se juntara le daría veinte euros si ganaban y el Dux de Valencia decía que pagaría diez euros si ganaban.
Tanto como el Marqués como el Dux tenían un ejercitos de miles de seres extraños y personas.
Entonces un día fueron a luchar al bosque y hubo muchos muertos.
La mayoria eran seres extraños, pero antes de seguir matando el Marqués de Leganés y el Dux de Valencia dijeron que por qué no se quedaba la esposa y otro con el patio del palacio; entonces los campesinos dijeron:
- nosotros queremos la recompesa que nos prometisteis.
Y el Dux de Valencia y el Marqués de Leganés dijeron:
- tomad vuestra recompensa y sed felices con vuestra familia.
Entonces los campesinos se fueron con sus familias. Las familias de los campesinos no paraban de hacerles preguntas. Y los campesinos respondían a todo.
Entonces el marqués de Leganés se quedó con el patio del palacio y vivió muy contento con el servicio y el Dux de Valencia se quedó con su esposa y con sos hijos y con el dinero que tenían se compraron otro palacio mucho mejor, más grande y con mejor servicio que el otro palacio y vivieron felices y comieron perdices.
ANTONIO IGLESIAS ROMÁN
Categoría: CREACIÓN LITERARIA el día 2010-02-02 12:18:46
Hace mucho tiempo, en un país muy lejano llamado Orán, habitaba un pobre ganadero llamado Ramón. Ramón vivía en una aldea al lado de la costa del mar Navajo con su mujer y sus dos hijos y junto con su querida espada azul, y salía a pasear con sus ovejas todas las mañanas.
Aquel domingo, Ramón salió al mercado a comprar algo de calabaza para cenar. Caminando hacia el puesto de la verdura, pasó por uno lleno de gente. Ramón se acercó y vio a un hombre ya mayor advirtiendo de que al cabo de un tiempo vendría el ejército de Calormen a invadir el reino. La gente no se lo creía, pero Ramón dudaba. ¿Y si era verdad?
Un día, como de costumbre, Ramón salió con sus ovejas a los prados cercanos a las costas y, mientras esperaba tranquilo la hora de irse a casa, vio, a lo lejos, una galera negra que surcaba las aguas a gran velocidad.
-¡Una galera negra, no puede ser! –dijo extrañado Ramón.
Rápidamente, metió a sus ovejas en una gruta cercana, tapó la entrada con unas enormes rocas para que los animales no se escaparan y salió corriendo hacia la costa para observar lo que pretendían aquellos desconocidos y, con un poco de miedo, empuñó su espada azul. Al llegar allí, encontró un gran barco amarrado en la blanca arena de la playa y de él comenzó a salir un gran ejército de guerreros bien armados que empuñaban una gran lanza en su mano derecha.
Ramón no se atrevió a atacar, ya que era uno contra cien o doscientos, pero tuvo el valor de seguirles entre los arbustos y matorrales por el claro del bosque que ellos recorrían. Al cabo de un tiempo, los guerreros llegaron a una especie de campamento donde había muchos más hombres listos para luchar. Parecía que estos esperaban a alguien. De repente, de entre los árboles salió una hermosa carroza dorada y, en ella, un hombre repleto de joyas y con un traje muy exotico. Todas las personas allí presentes se arrodillaban ante él
Ramón agitaba nerviosamente su espada. Ya se había dado cuenta de que….. ¡Eran los guerreros de Calormen de los que había hablado el hombre que se encontró en el mercado! Y, aquel de la carroza era su rey.
- Tengo que avisar al rey de este ataque, o podría ser peor –se dijo éste.
Rápidamente, corrió a su casa, cogió su burro y salió disparado hacia la capital. Al llegar allí, informó a su majestad el rey con todo detalle y este mandó preparar inmediatamente las tropas del país. Ramón se ofreció voluntario ya que él había estado en el momento de la llegada de los invasores.
El ejército, preparado para la batalla, se instaló en unas montañas dela coordillera navaja y, un día inesperado, los calormianos atacaron el campamento, entonces, con su espada azul, Ramón se lanzó a pelear.
Lucharon durante días y noches sin parar hasta que, al final, los invasores cayeron vencidos. Los pocos supervivientes se transladaron a la capital, donde fueron homenajeados con un gran banquete. Pero, entre ellos no estaba Ramón. Había muerto en aquella dura batalla. De él, solo encontraron, su bonita espada azul.
ANDRÉS MARTÍN MEGINO
Los lunes no hay visitas de público en ningún museo. Después de terminar la limpieza de los suelos, de los baños, etc, las personas encargadas de cuidarlo se van y comienza el día libre de la semana para los protagonistas de los cuadros y esculturas, que aprovechan para dar una vueltecita, hacer amigos y meterse los unos en los cuadros de los otros.
El cuadro de Picasso “Busto de Caballero” es de formas geométricas irregulares, representando una cara deforme y triste. Su protagonista es muy curioso; al salir del cuadro quiso meterse en otro llamado “La Batalla de Orán” de Antonio Acisclo Palomino y Velasco. Hacía tiempo que le rondaba por la cabeza que a simple vista se le veía una situación sangrienta y violenta; los personajes eran soldados luchando y el Caballero quería saber por qué lo hacían. Con el miedo en el cuerpo intentó preguntarles, pero no se ponían de acuerdo:
· “¡Por la libertad!, ¡para defender la ciudad!- decían unos.
· “¡Para conquistar la ciudad y sus riquezas!- decían otros.
El Caballero pensó que estaban bastante locos por hacerse matar y morir, no tratando de solucionar los problemas hablando.
Decidió conocer la ciudad de Orán, pese al desastre de los heridos y muertos, protegiéndose de los caballos y las espadas. Le pareció una ciudad que tuvo que ser muy bella; sus calles y plazas, sus casas, su puerto y los barcos....Se enteró que Orán es una ciudad del Norte de África a orillas del mar Mediterráneo. Como es muy curioso, en la biblioteca del museo leyó que actualmente pertenece a un país llamado Argelia y se enteró que su población era una mezcla de andaluces y bereberes del desierto. Después de socorrer a algunos heridos y consolar a niños llorando, estaba tan triste que tuvo que marcharse.
Se fijó en un cuadro que parecía un paisaje otoñal, tranquilo y atardeciendo. Se titulaba “Paseo de los Plátanos” de Santiago Rusiñol. Lo primero que le extrañó es que no había plátanos; eran unos árboles de copas altas que tenían una especie de vainas secas y marrones. Recordó haberlos visto en otros parques de distintas ciudades. Estaba tan cansado y el paisaje era tan acogedor que se quedó dormido en un banco del parque justo debajo de un árbol.
Estaba anocheciendo y el susurro del viento lo despertó.
-”Me quedaría aquí para siempre, pero mañana a primera hora los vigilantes pasaran su ronda y abrirán las puertas al público. Debo irme a mi cuadro.
ALEJANDRO SAMITIER
Había una vez, un príncipe que quería irse de viaje a una ciudad que estaba en guerra, pero su padre no le dejaba ir, así que intentó convencerlo diciéndole:
-por favor, padre, déjame ir a Villamil y te dejaré que cojas mis cosas.
-bueno, vale, te dejaré ir.
-¡bien!
-marcharás mañana por la mañana.
Y así, se hizo, el príncipe, marchó. Tras un par de horas de viaje, el príncipe, llegó a la ciudad. Cuando llegó, se fue enseguida a su hotel, se dio un buen baño y se fue a dormir. Por la mañana, le despertaron dos cañonazos: eso significaba, que ¡estaban en guerra!; el príncipe miró por la ventana y se encontró con unos 1500 hombres con cañones, caballos, espadas, etc.
El príncipe se alborotó y se fue corriendo al ayuntamiento. Cuando llegó al ayuntamiento, se plantó delante del presidente y le dijo:
-¡Mire, yo soy el príncipe de China, así que más te vale que no muera o si no, mi padre te machacará!
-Tranquilízate un poco, la ciudad está en el centro de cinco montañas, entonces tendrán que escalarlas, así ganaremos un montón de tiempo. Pero tendremos que convencer al niño celeste para que nos ayude - dijo el presidente
-¿Qué tiene de especial ese niño?
-Que controla cualquier criatura voladora
Se fueron a la casa del niño y le dijeron que si le ayudaban. El niño cedió a ayudarles y entonces mandó a los pájaros que mataran a los enemigos y así lo hicieron. De repente todos los pájaros se abalanzaron sobre el enemigo.
-Creo que no volverán- dijo el presidente
-Entonces me iré
El príncipe se marchó y los enemigos no volvieron nunca.
Alejandro RUIZ LAVILLA
Habia una vez, en la torre más alta de un castillo, un espejo misterioso.
El espejo se llamaba el espejo de la muerte. En el pueblo se comentaba que una vez una niña, llamada Montserrat Casas, cuando tenia 3 años entró al espejo de la muerte y no volvió a aparecer más.
Se dice, que en el espejo de la muerte una vez que entras ya no sales.
Cada año en el pueblo todos los familiares van al castillo a echar flores a todos los soldados y soldadas que entraron y no salieron. Un día se empezaron a escuchar, gritos que venian del espejo. ¡Era la voz de una mujer viva ¡ Todo el pueblo se puso alegre.
¿Pero quién la iba a sacar de ahí?. Tardaron un rato en decidirse, hasta que de repente una voz joven se ofrecio. Era la voz del mensajero.
El mensajero era un chico delgado con pelo castaño y ojos verdes. Esa misma noche el mensajero entró al castillo. Todo estaba muy oscuro. Al cabo de un rato escuchó unos gritos.
El mensajero había encontrado a la chica. Entró en el espejo sileciosamente y se la llevó. Cuando salieron del castillo, el mensajero le preguntó cómo se llamaba y dijo que se llamaba Monserrat Casas. Entonces el mensajero se puso muy contento porque además no solo salia Montserrat sino todos los jovenes y soldados que se habían quedadao atrapados.
Al cabo de un rato destruyeron el espejo de la muerte para que ya no hubiera más problemas.
Al final todos podían estar felices sobre todo el mensajero porque había salvado a Monstserrat.
Alba PELET
Hace muchos años, cuenta la leyenda que en un pueblo hubo una maldición.
Una vieja hechicera castigó a sus incrédulos vecinos provocando un profundo sueño a una inocente niña. (“Virgen niña dormida”).
Este hecho provocó una profunda tristeza en el hogar de la niña, que se dejó notar hasta en la naturaleza que rodeaba a la casa, que parecía estar muerta. (Naturaleza muerta).
Todos estos sucesos llegaron a los oídos del Príncipe. Él decidió ir a la aldea para conocer todo lo que allí había ocurrido.
Antes de partir, el Príncipe escogió unas hierbas, para poder preparar una pócima con la cual librar a todo el pueblo y en especial a la inocente niña del terrible maleficio que la hechicera había producido.
El príncipe llegó a la aldea (El viaje del príncipe) y se encontró unas imágenes muy tristes.
Se dirigió a la casa de la niña. Cuando la vio sacó de su enorme zurrón el frasco de la pócima, le dio de beber y la niña despertó de su largo sueño.
Antes de partir el príncipe castigó con el destierro a la malvada hechicera.
Todos en la aldea celebraron con una gran fiesta el final de la maldición.
MARÍA BORRAZ
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