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Categoría: Siglas el día 2010-02-11 09:49:30
ESO: Educación Soñadora y Optimista
OVNI: Objeto Ventoso No Identificado
AMPA: Asociación de Manatíes, Pitones y Aves
ITV: Inventos de la TeleVisión
DGA: Derechos de los Gatos Anormales
RAE: Real Academia de Elefantes
ONG: Organización de Narices Grandes
Sara Bescós
Categoría: Noticias el día 2010-02-10 21:14:33
EL JUEVES PASADO SE COMENZÓ EN EL COLEGIO EL PLAN DE CONSUMO DE FRUTAS Y HORTALIZAR PARA FOMENTAR SU USO ENTRE LOS ESCOLARES. LOS ALUMNOS CONSUMIERON MANDARINAS.
MAÑANA, DÍA 11 DE FEBRERO, SE REPARTIRÁN MANZANAS A TODOS LOS ALUMNOS DEL COLEGIO
Categoría: CREACIÓN LITERARIA el día 2010-02-10 21:09:15
Un día, en Zaragoza, exactamente un jueves a las diez cuarenta y cinco, los profesores decidieron dar mandarinas a los niños y niñas del colegio “Basilio Paraiso”.
Ángela, una chica de unos diez años, decidió pintar una cara de chino a su mandarina y llamarlo “Chino Mandarino”.
Pintó la cara solo para entretenerse, bajó al recreo y cuando fue a comérsela oyó una voz aguda que decía:
-Por favor no me comas, soy muy joven.
Ella no creía lo que oía, era su mandarina. Sin pensarlo se la metió en el bolsillo de la chaqueta y al llegar a casa quiso conocerlo, así que como para lengua, Jesús, su profesor, pidió hacer para casa un texto, lo hizo de su nuevo amigo Chino Mandarino.
Ángela GIMENO
Categoría: CREACIÓN LITERARIA el día 2010-02-10 21:01:43
Hace unas semanas Un niño llamado Juan Se encontró al terminar el colegio, en el banco de los “listillos”, un haz de pinturas agarradas con una goma elástica de color azul clarito. Las cogió y se las llevo a su casa. Las dejó en su habitación.
Al día siguiente se encontró sus deberes de plástica hechos y perfectos, cuando él odiaba la plástica.En el colegio todos admiraban su esfuerzo y trabajo. Pero Juan no sabía lo que ocurría.
Su madre se encontró las pinturas encima de la mesa y las metió en la mochila de Juan, mientras él veía la televisión. Cuando Juan volvió, su mochila y sus cuadernos estaban decorados. Se quedó alucinado de lo ocurrido. Cuando estaba mirando en el interior de la mochila vio el haz de pinturas en el interior de esta. Escuchó una pequeña vocecilla que decía:
-Somos las pinturas de los sabiondos - dice una pintura que sobresalía a las demás-.
Juan se quedó muy sorprendido y pensó: Por eso hacen todos los deberes de plástica perfectos.
La pintura, que era de color naranja, le dijo:
-Nos queremos quedar contigo porque los sabiondos nos maltratan, nos utilizan y nos obligan a hacerles la tarea todos los días.
Juan así lo hizo, se quedó con el haz de pinturas y la goma elástica y vivieron todas juntas, y felices.
Marta PINTANEL RAYMUNDO
Un día Apolo, el rey de las arnas, el sol y las artes, se encontró con Eros, el rey del amor y Apolo se metía con él.
Un día Eros le lanzó una flecha de oro y a Dafne, la hija del río Peneo, le lanzó otra de bronce para que Apolo se enamorara de Dafne pero Dafne no de él.
Apolo la perseguía y Dafne se convirtió en árbol de laurel.
MARTA PINTANEL RAYMUNDO
Antes de que digáis nada, os voy a aclarar una cosa: los ratones hablan. Sí, sí, los normales y corrientes que corren siempre con pequeños pasitos hacia el queso, pues esos. Esta es la historia de dos roedores que definitivamente, hablan.
Un hermoso manjar se posaba suavemente, como una pluma, en la punta más alta de la estantería más alta de la cocina de la familia Morgan. Parecía que se posaba en una especie de cama elástica (Estanque del Partal), mientras espolvoreaba su dulce olor con cada salto. Los dos animalillos estaban embelesados con aquel irresistible queso. Sus ojos brillaban intensamente, como en los dibujos de los cómics japoneses. Querían, deseaban, ansiaban probar un pequeño trozo de aquel alimento.
- Y… ¿Por qué no lo hacemos?- preguntó la ratona Peka al ratón Pake.
- ¿Hacer qué?
- Pues hombre, tú que crees ¡Ir a por el queso!
- ¿¡Estás loca!? ¡Es peligrosísimo adentrarse en la cocina de los Morgan!
- Uno: sí, estoy completamente loca, deberías acostumbrarte de una vez por todas; y dos… ¡QUIERO ESE QUESOOOO!
- Vale, vale…- dijo mientras se frotaba los oídos – pero… ¿Cómo lo haremos?
- Ya verás… -añadió con tono intrigante ella.
Durante los próximos días, la pequeña ratona estuvo encerrada en su ratonera todo el tiempo, intentando diseñar un plan magnífico. En su primer intento, cuando la niña de la familia Morgan estaba sentada en una silla, completamente absorta en sus sueños (Virgen niña dormida), cogió todos los dientes que le había regalado su primo Pérez, e hizo una escalera que llegaba hasta arriba de la estantería. Cuando estaba en la cima de su “Everest”, observó que el queso se encontraba custodiado por la señora Morgan, quien no le vio por un pelo. Asustadísima, la ratona abrió bien los ojos, y se tiró hacia atrás por el precipicio. Gracias a que Pake se puso justo debajo en el momento oportuno, se salvó de una muerte segura. Con este fracaso, la ratona se fue sin decir ni un “gracias” a su salvador.
En el segundo intento, utilizó una cuchara para propulsarse hacia su objetivo. Se puso unas gafas protectoras, un gorro, y con toda la ilusión del mundo, su amigo la lanzo con una fuerza que un ratón sólo podría hacer en cuentos, como los que una niña escribe cuando se aburre demasiado. Volaba, volaba, volaba… y se estrellaba. Un choque contra la estantería fue un golpe muy bajo para ella.
Desesperada, se sentó a meditar todos los planes que había probado… un total fracaso. Pensó que tal vez Pake tenía razón, que tal vez era imposible conseguir ese queso. Pero entonces, una paloma de estas que te dejan un regalito cuando menos te lo esperas, se coló por la ventana de la cocina. Nadie se dio cuenta excepto ella. Rápidamente se subió en el lomo del ave y se dirigió hacia la estantería. No había nadie allí, le parecía imposible. Bajó con su merecido premio por una especie de montaña rusa, con abundantes giros (Raíz), que había fabricado anteriormente para otro disparatado plan. Su compañero la recibió… bueno, recibió al queso con los brazos abiertos. Los dos estaban muy contentos de poder disfrutar semejante festín. En ese momento Peka le preguntó a Pake:
- Oye… ¿Los ratones hablan?
El ratón subió los hombros diciendo que no lo sabía, y continuó saboreando su pequeño regalo.
SARA BESCÓS RAMO
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