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Sobreproteger a los niños: causas y consecuencias

Categoría: ARTÍCULOS DE INTERÉS /Sobreteger a los niños. el día 2011-06-16 19:02:37

 

Las prisas, el deseo de que los niños disfruten de su infancia, el afán de perfeccionismo... llevan a los padres a anticiparse en la satisfacción de las necesidades de sus hijos y a evitarles cualquier contratiempo.

El niño necesita sentirse querido y cuidado por sus padres para tener un buen desarrollo emocional. Sin embargo, si se le protege en exceso, se le puede perjudicar más que beneficiar. No se puede mantener al niño permanentemente en un invernadero, convirtiéndolo en el centro de todas las atenciones y ocultándole de todos los peligros. Los padres tienen que dejarle evolucionar para no entorpecer su desarrollo.

Cómo comienza la sobreprotección

Hay padres que desconocen lo que se le puede exigir al niño y fomentan conductas más infantiles de lo que le corresponde por su edad. En otras ocasiones, no dejan que el niño haga determinadas cosas porque a ellos, evidentemente, les sale mejor y lo hacen en menos tiempo.
Otros piensan que es mejor hacerles la vida “más fácil” y procuran anticiparse a cualquier necesidad y demanda de su hijo antes de que él mismo lo pida.
Los hay que prefieren evitar enfrentamientos porque no les resulta fácil mantenerse con firmeza en situaciones estresantes o incluso simplemente porque el niño tiene una cara encantadora que “camela”.

Consecuencias

Si en lugar de apoyar al niño, sugerirle y guiarle para que aprenda por sí mismo, le imponemos, vigilamos y le damos todo solucionado, lejos de ayudarle a crecer, el niño tendrá un escaso desarrollo de sus habilidades (vestirse, comer...) y adoptará una postura de pasividad y comodidad, ya que interiorizará que sus padres, de los que tendrá una gran dependencia, siempre están dispuestos a ayudarlo.
Su autoestima será baja y tendrá poca seguridad en sí mismo, creyéndose incapaz de resolver sus dificultades. Le costará mucho tolerar frustraciones, posponer las gratificaciones y no sabrá valorar lo que tiene.

Rehuirá los problemas en vez de tratar de enfrentarse a ellos y no sabrá cargar con las consecuencias de sus propios actos... En resumen, será una persona inmadura y débil que podrá dejarse llevar con más facilidad por las malas amistades o por el ambiente que le rodea.

 

Ideas que ayudan

Si supiéramos lo importante que es para el desarrollo de su personalidad que los niños logren hacer las cosas sin ayuda, les dejaríamos actuar solos en más ocasiones.

• Cuando el niño nos pida ayuda, lo esencial es darle las sugerencias con las que solucionar el problema él mismo, con sus propios recursos.

• Es normal que el niño cometa errores, pero no nos anticipemos para evitar el tropiezo. Lo positivo es hacerle ver que cada vez le van saliendo mejor las cosas.

• Si se quiere realmente ayudar al niño, hay que preguntarle a él si nos necesita y, en el caso de que reclame nuestra ayuda, conviene averiguar qué es lo que realmente precisa.

• Hay que tomarse el tiempo necesario para permitir que el niño se desenvuelva solo.

• Debemos explicar al niño las razones de nuestras acciones, de modo que pueda actuar por sí solo, aun cuando no haya un adulto a su lado que le indique cómo hacerlo.

• No le ahorremos sacrificios razonables: el niño puede perfectamente colaborar en tareas domésticas como poner la mesa, hacerse la cama, recoger su cuarto, sacar la basura o aprender a no dar excesiva importancia a una situación de escasez o incomodidad.

Ante un niño tímido, los padres deben procurar que salga más de casa, que abra más su círculo de amistades, que comparta sus cosas, etc., pero no forzándole, sino dándole ideas y predicando con el ejemplo, de lo contrario, con los años puede acabar siendo una persona temerosa, solitaria, arisca o desconfiada.

• Frente a situaciones que les puedan resultar complicadas, en lugar de evitarlas debemos prepararlos a través del diálogo.

• Debemos protegerle de los peligros verdaderos, pero sin llegar al extremo de convertirle en una persona débil y temerosa.

Éxitos y fracasos, alegrías y penas

El niño necesita probar, saborear sus éxitos, tratar de mejorar y alcanzar metas difíciles, competir, superar sus fracasos... y poder entender los sentimientos de los demás. Hay que prepararle para que pueda participar en la sociedad y para ello no hay que disimularle la realidad cotidiana, hay que permitirle que descubra el significado de los triunfos, de las decepciones, de los gozos y de los desconsuelos, propios y ajenos.

Sentimiento de triunfo

Si le facilitamos la suficiente confianza en sí mismo para que pueda pensar y sentir por sí solo y le dejamos enfrentarse a las dificultades propias de su edad, podrá extraer recursos y estrategias que le harán sentirse triunfante y le servirán para arreglárselas sin sus padres en un futuro.

 

Virginia González
Psicóloga y profesora de Educación Infantil


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¿Está vuestro hijo preparado para ir de campamento?

Categoría: ARTÍCULOS DE INTERÉS /Ir de campamentos. el día 2011-06-16 19:02:05

 

Dudáis ante la posibilidad de enviar a vuestro hijo a un campamento, porque no sabéis si está realmente preparado para ello. Los consejos de Valérie Giaccone-Marcesche pueden ayudaros a tomar una decisión y a escoger el momento más adecuado para esta gran aventura.

¿Cuál es su grado de madurez afectiva?

Antes de los 6 años, los niños son demasiado pequeños para ir de campamentos: no dominan bien el lenguaje y están centrados en sí mismos. A partir de los 6 ó 7 años, adquieren autonomía y se abren al mundo que los rodea. Las condiciones son entonces más favorables. Pero, a pesar de ello, ¿están preparados para alejarse de su familia?

En casa, observad de qué modo maneja el niño las separaciones: ¿le cuesta separarse de la familia o dejar su casa? ¿Le gusta dormir en casa de los abuelos o de un amigo? Hay que averiguar su madurez afectiva.
 

¿Está preparado para lo desconocido?

En un campamento hay mucha gente y muchas cosas desconocidas: monitores, niños, lugares... ¡todo es diferente! No todos los niños tienen la misma facilidad de adaptación. Fijaos en cómo se comporta vuestro hijo en el exterior, en un medio conocido (en el colegio) y en un medio que descubre (una fiesta de cumpleaños o una nueva actividad).

¿Es un niño solitario o tiene un grupo de amigos? ¿Es más bien emprendedor? ¿Le gusta lo nuevo? ¿Va hacia los demás de forma espontánea? ¿Es bien aceptado? Todos estos factores os darán pistas sobre su capacidad de adaptación social.
 

¿Cuál es su contexto familiar?

El niño crece en un contexto familiar fluctuante. Hay años complicados, porque los padres están muy ocupados con su trabajo, porque ha nacido un hermanito, porque ha muerto una abuela... Cuando un niño ha vivido acontecimientos difíciles durante el año, puede que necesite unas vacaciones en el seno de la familia, con los abuelos o los tíos.

La experiencia del campamento puede ser ideal para un niño de 10 u 11 años que va a entrar en 6.º de Primaria si queremos que se haga un poco más autónomo. En cambio, puede ser inadecuado para un niño de 7 años que acaba de terminar un curso de 1.º de Primaria difícil... Somos los padres los que tenemos que valorarlo, según el caso.
 

¿Cómo escoger un campamento?

Es difícil para un niño proyectarse en una experiencia desconocida, sobre todo si es su primer campamento. Por eso tenemos que decidir por él el tramo de edad (si el niño es más bien tímido y reservado, conviene escoger un grupo en el que sea de los mayores) y la duración de la estancia (para los niños de 7 u 8 años, basta con una semana; entre los 9 y los 11 años, pueden marcharse 15 días).

Escoged con ellos el programa, en función de sus gustos, su personalidad y sus deseos. Podéis optar por una estancia vinculada a una actividad que conoce y que le gusta. Si el niño es curioso, se puede aprovechar la ocasión para que descubra una actividad nueva.

Giaccone-Marcesche. Entrevista para la revista Astrapi de: S. Coucharrière.
 


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El arte de volar.

Categoría: ENTRETENIMIENTO /Vídeos. el día 2011-06-10 18:57:56

 

EL ARTE DE VOLAR:

http://www.artofflightmovie.com/#ooid=VnbGoxMjq2IzGmoavTVBskp9uSJBHEyN

 


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Los peligros de la calle.

Categoría: ARTÍCULOS DE INTERÉS /Los peligros de la calle. el día 2011-06-10 18:55:51

 

Hacia los 8 años los niños tratan de conseguir de sus padres dosis cada vez más altas de independencia. Para ellos, la calle es aventura, para nosotros, una puerta abierta a un sinfín de riesgos que tenemos que enseñarles a advertir y prevenir.

Moverse en la ciudad

Un niño de 7 años no es un adulto en miniatura. Para empezar, su campo visual es del 50%. No ve más que lo que está delante de él, y ve, sobre todo, los detalles. A esa edad, calcula mal el origen de los ruidos, la distancia, la velocidad. Es demasiado pequeño para ser visto entre los coches y para ver entre los obstáculos de la calle. Un balón perdido bastará para distraerlo. Acompañarlo no es suficiente: el 25% de los accidentes ocurren en presencia de un adulto.

¿Qué hacer?

• Acompañarlo en los primeros trayectos al colegio, imaginando lo que veríamos desde la altura de sus ojos.

• En los semáforos, enseñarle a cruzar solo cuando la luz esté verde, sin olvidar mirar antes a ambos lados.

• Adelantarse hasta el punto en que el niño vea la calle con claridad.

• Advertirle que tiene que tener cuidado en las salidas de garajes.

• Explicarle el peligro de cruzar entre dos coches aparcados (él puede ver llegar los coches, pero éstos no lo ven a él).

• No dejarle ir solo al colegio si va con retraso (muchos accidentes ocurren cuando un niño sale corriendo porque tiene prisa por llegar a algún lugar).

• Si, por alguna razón, tiene que caminar junto a una carretera a la caída de la noche, pegarle bandas fluorescentes en el anorak o jersey para que pueda ser visto.

 

La agresión

Puede ocurrir que un niño se vea agredido por otros niños, adolescentes e incluso por adultos que intentan robarle. Hay que explicarle que no tiene sentido defenderse o discutir bajo la amenaza de un cuchillo. En cambio, hay que enseñarle a analizar el peligro y decirle que es su persona lo más importante, no su dinero, su anorak o su mochila.

¿Qué hacer?

• Acudir a la comisaría de policía con el niño para enseñarle que lo que le han hecho está prohibido por la ley y que él no tiene la culpa de lo que ha ocurrido.

• Escuchar al niño y hacerle hablar de su miedo.

• Acompañarlo hasta que haya recuperado la confianza y organizarse con otros padres para hacer los recorridos en grupo.

• Si es posible, aconsejarle que vaya por calles más transitadas.

 

El “valiente” del barrio

El niño también puede ser víctima del “chulo” del barrio o de clase, tanto por hurtos como por burlas o violencia física. En este sentido, hay que vigilar cambios en el comportamiento del chaval y decirle que los adultos están ahí para cuidar de su seguridad, que nadie le va a reñir porque revele el chantaje de que es objeto y que las promesas hechas bajo amenaza no tienen ningún valor.

¿Qué hacer?

• Tranquilizar al niño mediante el diálogo y la escucha.

• Dar parte a la policía o a la dirección del colegio.

 

Los abusos sexuales

Es difícil explicar a un niño que existen personas desequilibradas en el plano sexual. Los niños confían en los adultos y les cuesta entender que algunos no respeten a los niños e intenten hacer con ellos cosas que la ley no permite. Pero los niños deben saber que pueden decir NO a esas personas. Para que sepa que su cuerpo «es suyo», hay que respetar siempre su pudor en casa, sin por ello destruir su espontaneidad ni privarlo de las expresiones de cariño.

¿Qué hacer?

• Decirle al niño que no acepte jamás nada de desconocidos; que no se suba nunca a un coche sin que lo sepan sus padres; que no deje que nadie lo toque de forma extraña, aunque sea una persona conocida.

• Darle una tarjeta telefónica y los números de teléfono de personas a las que puede llamar en caso de urgencia: padres, abuelos, tíos, amigos...

• Acostumbrarle a encontrar soluciones para situaciones imprevistas. Preguntarle por ejemplo: “¿Qué harías si se te pierden las llaves?”

• Si alguna vez el niño es testigo o víctima de abusos sexuales, no deis sensación de pánico.
Escuchadle con calma, decidle que los niños no son nunca culpables y hablad con el médico de familia o un especialista. Guardar silencio es lo peor.

 

Marisol Guisasola

Extraído de la web: www.conmishijos.com

 


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¿Cómo motivar al niño en los estudios?

Categoría: ARTÍCULOS DE INTERÉS /Motivar en los estudios. el día 2011-06-10 18:52:55

 

Si vuestro hijo o vuestra hija va a clase a regañadientes o con falta de motivación, procurad analizar lo antes posible la situación con el equipo educativo del colegio. A continuación os ofrecemos algunos consejos.

Consultar al equipo educativo

Si vemos que el niño ya no está motivado y que su nivel baja, es importante reaccionar rápidamente y comunicar nuestra inquietud al profesor tutor o al coordinador del curso para intercambiar puntos de vista. Ellos tratan al niño cada día, en su condición de alumno, y tienen una percepción algo distinta de la vuestra.

Puede que los responsables educativos os digan que el niño es capaz de rehacerse (1.º de ESO es un obstáculo difícil y los niños pueden sufrir “bajones” a lo largo del curso). Y, si ven que es necesario actuar, os ayudarán a buscar soluciones (apoyo individualizado, ayuda para hacer los deberes...).

En ambos casos valorarán el hecho de que manifestéis vuestra inquietud -¡si está justificada!-, ya que demuestra que os implicáis en los estudios de vuestro hijo. Es algo positivo para todos.
 

Estar disponible para ayudar al niño

Paralelamente a este “aviso” al equipo pedagógico, debéis dedicar más tiempo al trabajo escolar de vuestro hijo: conviene que estéis presentes cuando hace los deberes (especialmente los fines de semana, si durante la semana os resulta imposible), que le preguntéis la lección, que repaséis y corrijáis sistemáticamente con él los ejercicios...

Hay que prestar una especial atención al inicio de 2.º de la ESO. Muchos profesores constatan una disminución de la atención y del nivel en ese momento: los alumnos ya se han acostumbrado al nuevo marco de vida de la secundaria, ya no son “los más pequeños”, se sienten más seguros... pero tienen que mantener imperativamente el esfuerzo para no perder pie.

Laure Dumont.
 

Extraído de la web: www.conmishijos.com

 


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La televisión y los niños.

Categoría: ARTÍCULOS DE INTERÉS /La televisión y los niños. el día 2011-06-01 12:45:20

Nuestro marco jurídico de protección a los menores con respecto a la televisión establece una serie de medidas que no siempre son respetadas. Algunas, además, resultan ineficaces debido a los propios hábitos de los niños españoles, que a un excesivo consumo televisivo añaden su preferencia por la programación que se emite más allá de las diez de la noche.

Sin lugar a dudas, la preocupación por la protección de los menores es un claro indicador del nivel de desarrollo social alcanzado por un país. En ella confluyen, además, un cúmulo de factores de carácter tanto científico (médicos, biológicos, psicosociológicos, etc.) como cultural: evolución histórica del concepto de infancia, modelos educativos, prácticas a seguir por (y con) los niños y jóvenes, etc.

Las relaciones que se establecen entre los menores y los medios de comunicación constituyen un aspecto importante de esta preocupación, muy presente en las reflexiones de las distintas administraciones públicas e instituciones; de las organizaciones sociales; de las asociaciones familiares y de padres, y de la ciudadanía en general. Unas relaciones que todavía mayoritariamente se vinculan a la televisión, pero que cada vez más se extienden a otros ámbitos audiovisuales como los videojuegos e internet.

 

La protección al menor

Como es sabido, la protección de los menores es un derecho fundamental de éstos reconocido en la Carta de los Derechos Humanos, en la Constitución Española y en las leyes específicas estatales y autonómicas.

La Constitución establece en su artículo 20.4 una limitación a la libertad de expresión cuando ésta entra en colisión con otros derechos, como los relativos al honor, a la intimidad y a la propia imagen o a la protección de la juventud y de la infancia.

El Estatuto de la Radio y la Televisión recoge, entre sus principios generales de programación, la protección y promoción de la juventud y de la infancia. Este principio se mantiene en las normas reguladoras de las diferentes televisiones autonómicas, de la televisión privada, de la televisión por satélite y cable, de la televisión local y de la televisión digital terrestre. Esta protección de la infancia está directamente relacionada con la asunción de la función de servicio público e interés general de la televisión, que obliga a ésta a cumplir una función social y no basarse solo en objetivos económicos o empresariales.

Además, la protección de los menores en relación a la televisión queda armonizada a nivel europeo por la conocida como “Directiva de la televisión sin fronteras”, que ha sido incorporada al ordenamiento jurídico español y al de los demás países miembros.

La “Directiva de la televisión sin fronteras” diferencia entre contenidos televisivos publicitarios y no publicitarios a la hora de plantear la protección del menor. La publicidad está sometida a un conjunto de limitaciones muy detallado atendiendo a la “especial credulidad” de los menores ante los mensajes televisivos. Así, se prohíbe utilizar a los menores como prescriptores de los productos o recurrir a testimonios de personajes populares para los niños y se extreman los requisitos de veracidad publicitaria.

Con respecto a la programación, se establece un horario de protección entre las 6,00 y las 22,00 horas, en el cual no podrían emitirse espacios susceptibles de perjudicar el desarrollo físico, mental o moral de los menores. Ello incluye también los avances de programación de espacios que vayan a ser emitidos fuera de ese horario. Además, la legislación española establece la obligatoriedad para las cadenas de un sistema orientativo de clasificación por edades, con su correspondiente señalización, y promueve la incorporación progresiva en los receptores de televisión de mecanismos automáticos de desconexión, que puedan ser activados a voluntad del receptor de acuerdo con códigos incluidos en sus emisiones por los servicios de televisión, “para la mejor protección de la juventud y de la infancia”.

 

El consumo televisivo

Visto este elenco de protecciones señaladas, cabría preguntarse si la preocupación ante las relaciones entre los menores y la televisión está razonablemente fundada o, por el contrario, es una respuesta alarmista de los adultos, fruto de una visión apocalíptica, pacata y excesivamente moralizante sobre los medios de comunicación.

Más que responder directamente a esta pregunta, expongamos cuál es la situación en nuestro país a la luz de diferentes estudios e investigaciones. Algunos datos tienen que ver con el entorno de consumo y ponen de relieve:

El progresivo incremento de la exposición de los menores a los medios audiovisuales. A causa del mayor tiempo de permanencia en casa (no se juega en la calle) y el equipamiento individualizado (posesión de aparato de televisión, videoconsola e incluso acceso a internet en el propio cuarto).

El alto nivel de accesibilidad de los menores a todo tipo de contenidos, no solo por el aumento de oferta, sino también por el hábito generalizado de acceder a esos medios de comunicación de forma individualizada o grupal (amigos), es decir, sin la presencia de adultos.

Otros datos se refieren a las características del consumo mediático, especialmente televisivo:

Los menores (segmento de edad entre 4 y 12 años) dedicaron en 2003 en torno a dos horas y media diarias a ver televisión. Hay que tener en cuenta que España es el cuarto país de Europa en consumo televisivo, con unas tres horas y media de exposición diaria al medio.

El alto nivel de accesibilidad de los menores a todo tipo de contenidos, no solo por el aumento de oferta, sino también por el hábito generalizado de acceder a esos medios de comunicación de forma individualizada o grupal (amigos), es decir, sin la presencia de adultos.

El espectador infantil no solo ve mucha televisión, sino que la consume además en buena parte a horas claramente inadecuadas a su edad. Se calcula que casi 700 000 niños ven la televisión más allá de las 10 de la noche y en torno a 150 000 ven la televisión más allá de las 11 de la noche. Ello hace que las restricciones horarias de protección del menor, aun en el caso de cumplirse, sean claramente ineficaces en España.

En consonancia con lo anterior, los espacios más vistos por la audiencia infantil no son propiamente infantiles, sino generalistas o dirigidos claramente a adultos: series de prime time, telenovelas, variedades... Baste señalar que de los 50 programas con más audiencia entre los menores en 2003 solo 6 pueden considerarse estrictamente programación infantil y que la serie de animación más seguida, a gran distancia del resto, es Los Simpsons. En todo caso, la exposición de los menores a contenidos inadecuados se ve potenciada en las diferentes franjas horarias por las enormes dosis de sensacionalismo, morbo y telebasura que caracterizan grosso modo la oferta televisiva en España.

 

Audiencia o mercancía

A lo anterior se añaden además las graves carencias de la programación infantil, que en buena medida son consecuencia directa del propio sistema o mercado televisivo. El negocio de la televisión es vender espectadores a los anunciantes, lo que convierte a estos espectadores no tanto en audiencia a satisfacer sino en mercancía a almacenar. Los menores son un target muy interesante para programadores y fabricantes como consumidores de productos específicos y como prescriptores de productos de gran consumo, pero precisamente por ello es mejor atraerlos a la programación generalista que proporcionarles contenidos específicos. La programación generalista (especialmente esas series con niño que ocupan nuestro prime time) cumple la máxima del marketing televisivo conocida como “mínimo común denominador” acumulando segmentos de audiencia, mientras que la programación infantil desaloja de la pantalla a otros targets juveniles y adultos y pierde rentabilidad.

Esta razón explica, además de la progresiva infantilización de la programación familiar, por qué cuando las privadas se deciden a dedicar alguna franja horaria a espacios específicamente infantiles, éstos acaban convirtiéndose en auténticos contenedores publicitarios, en ocasiones bastante agresivos, trufados de anuncios, patrocinios, promociones y emplazamiento de productos.

Y, finalmente, no hay que olvidar que en muchas ocasiones los programas infantiles son productos bienintencionados pero aburridos, faltos de novedad y variedad en formatos y géneros, y con escaso atractivo para sus potenciales receptores. La pobreza de contenidos contribuye también a la ausencia de una oferta infantil de calidad, que parece quedar (con la honrosa excepción de algunas cadenas públicas) como privativa de las televisiones temáticas de pago.

 

Un paso adelante

El panorama expuesto, más o menos desolador, no es responsabilidad, por supuesto, de solo una de las partes vinculadas. Existe una visión excesivamente mercantilista del medio televisivo, pero también existe una tendencia por parte de muchos padres a hacer dejación de su responsabilidad ante el consumo audiovisual de sus hijos, y cabe añadir al análisis una falta de celo de las Administraciones a la hora de hacer cumplir las normas legales anteriormente enumeradas.

El nuevo entorno de convergencia tecnológica, con la multiplicación de ofertas temáticas a través del desarrollo de la televisión digital, tampoco contribuirá a arreglar, por sí mismo, las cosas. Es cierto que pueden aumentar y mejorar los espacios infantiles, pero también lo es que la posibilidad de saber qué ven nuestros hijos se reducirá muy notablemente. Es necesario, por tanto, arbitrar medidas complementarias que pasen por aspectos tecnológicos (el control de contenidos en destino), reguladores (creación del Consejo de lo Audiovisual), formativos (educación en medios de comunicación para menores y adultos) y directamente políticos (una oferta pública y gratuita de programas de calidad). Todo ello con el fin de aprovechar las indudables ventajas que la televisión nos ofrece y minimizar al máximo sus efectos negativos.

 

Alejandro Perales
Presidente de la Asociación de Usuarios de la Comunicación (AUC)


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