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La influencia de los amigos en tus hijos.

Categoría: ARTÍCULOS DE INTERÉS /La influencia de los amigos. el día 2011-09-28 13:59:31

Una de las preocupaciones de los padres a medida que van creciendo los hijos es las amistades que van haciendo. Nos preguntamos qué tipo de valores tienen sus amigos y de qué manera influyen sobre nuestros hijos. Y, si esta amistad es fuente de conflictos, cómo intervenir. Aquí encontrarás unas pautas que pueden serte de utilidad.

¿Vuestro hijo o vuestra hija se desespera porque se ha peleado con sus amigos y no consigue arreglar las cosas? Desdramatizad la situación y ayudadle a encontrar una solución para que pueda resolver el conflicto de forma autónoma. Pero si los problemas se repiten o le hacen sufrir, debéis intervenir. Valérie Giaccone-Marcesche, psiquiatra infantil, os ofrece algunos consejos.

La amistad también requiere un aprendizaje

Al principio, escogemos a un amigo porque es un poco como nosotros y eso nos da seguridad (¡también a los adultos!). A los niños pequeños les gusta que su amigo haga lo mismo que ellos. Al crecer, descubren que el otro no hace siempre exactamente lo que queremos que haga. Tiene su propia vida, sus deseos y su forma de funcionar.

Hacia los 7 u 8 años, el niño está en pleno “aprendizaje” relacional: empieza a reconocer sus emociones, las emociones del otro... y comienza a aceptar que debe resignarse, aunque sea frustrante. Entonces, las relaciones de amistad fluctúan entre la armonía y los conflictos, ¡es normal!
 

Trampas que conviene evitar

En la amistad, hay que evitar algunas trampas. El “ménage à trois” es una de ellas (algo que, de hecho, hay que evitar a cualquier edad). En un grupo de tres amigos, siempre hay uno que se encuentra fuera de la relación.

A partir de los 8 ó 9 años, esas amistades “a tres” saltan fácilmente por los aires, especialmente entre las niñas. Y es que, cuando los niños aún van en grupo, las niñas ya empiezan a buscar relaciones más estrechas “a dos”, para poder constituirse una en espejo de la otra. Es algo que se hace aún más evidente en la adolescencia. Esa necesidad de establecer relaciones “exclusivas” a menudo provoca pequeños conflictos entre las niñas.
 

¿Qué pintan los padres en todo esto?

Las peleas en el patio de recreo son normales y forman parte de las relaciones sociales. No hay que dramatizar. Lo importante es estar ahí para que el niño pueda desahogar sus emociones cuando se ha peleado con otro. Aunque lo que exprese sea enfado, lo que siente más profundamente es tristeza.

Si lo escuchamos y hablamos con él, podemos ayudarlo a superar ese momento cargado de emoción, pero dejando que gestione solo la situación y su desenlace. No debemos intervenir hablando con el amigo con el que se ha peleado o con sus padres salvo en caso de conflicto grave o recurrente.

Entrevista de Sophie Coucharrière a Valérie Giaccone-Marcesche.


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Reglas de acentuación.

Categoría: LENGUAJE. /Reglas de acentuación. el día 2011-09-28 10:22:18

Esquema kidspiration.


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Los Demostrativos.

Categoría: LENGUAJE. /Los Demostrativos. el día 2011-09-28 10:11:10

Esquema Kidspiration.


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Adolescentes. Conflictos sociales y emocionales

Categoría: ARTÍCULOS DE INTERÉS /Adolescentes. Conflictos socia el día 2011-07-13 16:11:14

Los padres cuentan con tres herramientas educativas fundamentales para ayudar a sus hijos adolescentes a enfrentarse de forma constructiva a los conflictos.

El conflicto forma parte de la vida; es el motor de nuestro progreso. Sin embargo, en determinadas condiciones puede obstaculizar el desarrollo. Por eso, la educación debe proporcionar oportunidades suficientes para aprender a resolver conflictos de forma constructiva: favoreciendo la empatía y la capacidad de adopción de perspectivas, enseñando a pensar en el proceso de toma de decisiones, anticipando sus consecuencias y ayudando a detectar y a corregir las frecuentes distorsiones que se producen en situaciones muy estresantes. Se trata de tres herramientas básicas que los adultos pueden enseñar, desde la teoría y, sobre todo, desde la práctica cotidiana, proporcionando un modelo coherente con lo que pretenden que el adolescente aprenda.

Favorecer la empatía

Para explicar cómo llegamos los seres humanos a comprender el complejo mundo social y emocional, es necesario tener en cuenta el papel que en dicha comprensión tiene la empatía, una tendencia disponible a un nivel muy primitivo desde nuestra primera infancia y que nos lleva a sentir lo que siente el otro, proporcionándonos una importantísima fuente de información, así como una de las principales motivaciones para la solidaridad y la justicia.
En otras palabras: conocemos a los demás al ponernos en su lugar y nos conocemos a nosotros mismos al compararnos y diferenciarnos de ellos. Desde esta perspectiva, la calidad de la educación para favorecer el desarrollo del razonamiento moral depende, en buena parte, de la variedad de oportunidades para desempeñar distintos papeles y perspectivas y de la reciprocidad que permite dicho proceso. Dos de los principales antecedentes de la madurez moral, que contribuyen al desarrollo de un sentido de la justicia basado en el respeto a los derechos humanos, la expresión más elevada del principio de igualdad.
La capacidad para ponernos en el lugar de otras personas puede ser considerada, además, como un requisito necesario para aprender a resolver conflictos de forma inteligente y justa. Conviene recordar, en este sentido, que la mayoría de los conflictos que experimentamos implican, en mayor o menor grado, a varias personas y con gran frecuencia diversas perspectivas que es necesario considerar. Por eso, para enseñar a comprender y resolver los conflictos conviene estimular el desarrollo de la capacidad de adopción de perspectivas, a través de una serie de capacidades de complejidad creciente:
1.- Ponerse en el lugar de los demás (de las otras perspectivas implicadas en el conflicto) y comparar nuestra posición con la suya.

2.- Considerar las diversas perspectivas implicadas con un poco de distancia, pensando cómo las vería una persona que no estuviera afectada por el problema.

3.- Considerar las diversas perspectivas implicadas desde el punto de vista de la comunidad en la que se encuentran y teniendo en cuenta los diversos papeles que en dicha comunidad representan.

4.- Si en el conflicto se encuentran enfrentados varios derechos fundamentales, establecer una jerarquía de prioridades.

Enseñar a pensar

Los estudios realizados sobre este tema encuentran que los adolescentes con menor capacidad para autorregular su vida social y emocional suelen tener dificultades en todos los pasos a través de los cuales se interpretan y resuelven las situaciones conflictivas, ante las cuales:
1.- Ignoran la información necesaria para comprender el conflicto, reduciéndolo a alguno de sus aspectos, lo que distorsiona el sentido global de la situación.

2.- Interpretan el problema de forma muy negativa o fatalista, atribuyendo con frecuencia intenciones hostiles a los demás, lo cual puede llevarlos a responder con hostilidad, o creyendo que no puede hacerse nada para resolver el conflicto, lo cual los conduce a la pasividad.

3.- Tienen dificultades para reconocer que hay más de una solución, quedándose generalmente con la primera que se les ocurre.

4.-Anticipan peor sus consecuencias, creyendo que las soluciones más positivas no van a dar resultado, y prestando menos atención a las consecuencias en el momento de elegir una solución.

Como consecuencia de las deficiencias anteriormente expuestas, los adolescentes que las sufren suelen reaccionar en situaciones conflictivas de forma que tienden a obstaculizar no solo su propio bienestar sino también el de las personas que los rodean. Ayudarlos a descubrirlo y enseñarles modos sistemáticos para resolver de forma más inteligente y justa sus tensiones y conflictos puede ser, por tanto, un procedimiento muy eficaz, que conviene situar en todas las fases de dicho proceso:
1.- Definir adecuadamente el conflicto, identificando todos sus componentes e integrando en dicha definición toda la información necesaria para resolverlo.

2.- Establecer cuáles son los objetivos y ordenarlos según su importancia. Puesto que para resolver con eficacia los conflictos suele ser necesario considerar la globalidad de los objetivos implicados en la situación que los provoca.

3.- Diseñar las posibles soluciones al conflicto y valorar cada una de ellas teniendo en cuenta las consecuencias –positivas y negativas– que pueden tener para las distintas personas implicadas en la situación. La falta de consideración de las consecuencias que producen las soluciones más fáciles y disponibles, o la distorsión de las mismas (sobrevalorando sus efectos positivos e infravalorando los negativos) es una de las principales deficiencias que dificulta una adecuada solución de los conflictos.

4.- Elegir la solución que se considere mejor y elaborar un plan para llevarla a cabo. Es muy importante que dicho plan incluya una anticipación realista de las dificultades que van a surgir al intentar llevarlo a la práctica, así como de las posibles acciones que pueden contribuir o permitir superarlas.

5.- Llevar a la práctica la solución elegida. Cuando se anticipen dificultades importantes en esta fase del proceso, puede resultar conveniente que el adulto esté también aquí disponible para ayudar a superar los frecuentes obstáculos que surgen.
6.- Valorar los resultados obtenidos y, si no son los deseados, volver a poner en práctica todo el procedimiento para mejorarlos. En esta fase del proceso conviene ayudar a interpretar lo que se consigue de forma realista y con optimismo, concentrando la atención en los avances, en lo que puede ser modificado a través de la propia acción, y sustituyendo el concepto de fracaso por el de problema a resolver.
El hecho de ir escribiendo las distintas fases de todo este proceso puede facilitar su realización.
 

Corregir distorsiones

El adulto también puede ayudar al adolescente a resolver conflictos, enseñándole a afrontar situaciones estresantes a través de la detección y corrección de pensamientos distorsionados que, de lo contrario, contribuyen a que el estrés aumente y obstaculizan la puesta en marcha de soluciones inteligentes. Entre las distorsiones más frecuentes que se producen en situaciones estresantes cabe destacar:

· La visión de túnel, o tendencia a ver o recordar solamente un aspecto de la realidad, excluyendo el resto, centrándose en un detalle de la situación, que se exagera o distorsiona al no captar simultáneamente los otros aspectos que lo compensan o matizan. Sesgo perceptivo que se supera estimulando la descentralización, dirigiendo la atención a los aspectos de la realidad que pasan desapercibidos para llegar a entender, por ejemplo, el contexto en el que aparece el problema u otras explicaciones alternativas sobre la causa que lo origina.

· El pensamiento dicotómico, tendencia a percibir la realidad en términos dicotómicos (“blanco o negro”), pasando de un extremo al otro sin considerar posiciones intermedias. En relación a la misma cabe considerar también la tendencia a sacar conclusiones excesivamente generales (sobregeneralización), que se detecta por la utilización errónea de términos absolutos (todos, nadie, siempre, nunca). Para ayudar a superarla conviene sensibilizar sobre la relatividad de los acontecimientos, enseñando a limitar su generalización, sustituyendo los términos absolutos por términos relativos o parciales (algunos, a veces...).

· El fatalismo, percepción de falta total de control sobre los acontecimientos que se viven. Es el sesgo que subyace a la indefensión aprendida. Y genera una fuerte tendencia a la pasividad , el desánimo y el pesimismo, limitaciones que pueden ser consideradas como la antítesis del optimismo aprendido, destacado actualmente como una de las principales características de la inteligencia emocional. La superación de esta tendencia requiere ayudar a conceptualizar las dificultades como problemas resolubles, analizando qué variables pueden controlarse para avanzar en su solución y entrenando en pautas de auto-refuerzo que inmunicen contra la indefensión.

· La confusión de los pensamientos y de las emociones con la realidad, o tendencia a creer que lo que pensamos acerca de la realidad es la propia realidad y lo que sentimos como verdadero necesariamente lo es. Para superar esta confusión conviene proporcionar experiencias que permitan descubrir que el significado que damos a la realidad es algo que nosotros construimos de forma activa.

· Interpretación exagerada de la conducta de los demás como intencionada y negativamente dirigida hacia uno mismo. El egocentrismo del adolescente puede contribuir a este sesgo cognitivo. Para superarlo conviene activar explicaciones alternativas (accidentes, coincidencias e intenciones positivas).

Contextos familiares para mejorar la capacidad de resolución de conflictos

Para que los frecuentes conflictos que surgen en el contexto familiar contribuyan a mejorar la calidad de la educación, evitando escaladas de confrontación que la deterioran, y favorezcan la búsqueda conjunta de soluciones constructivas, conviene:

1.- Estimular la capacidad de los adolescentes para participar activa y responsablemente en decisiones familiares que los afecten, de forma que pueda favorecerse su capacidad para tener en cuenta distintas perspectivas y desarrollar el sentido de la responsabilidad.

2.- Evitar los monólogos, las lecciones y las riñas, sustituyendo dichas situaciones por conversaciones de doble dirección, en las que los adolescentes participen activamente y lleguen a sentir que los adultos se ponen en su lugar (que los escuchan, los entienden...) y se favorezca también la posibilidad de que los adolescentes se pongan en el lugar de los adultos.

3.- Incrementar las oportunidades de realizar juntos actividades gratificantes, en las que tanto los adultos como los adolescentes puedan compartir episodios positivos (en situaciones relajadas, no conflictivas), y disfrutar conjuntamente, puesto que dichas oportunidades mejoran la capacidad de resolución conjunta de conflictos.

4.- Establecer algunas costumbres diarias en las que poderse comunicar de forma normalizada las incidencias cotidianas. Y en las que cada uno se interese y escuche a los demás, para ayudarle a mejorar las pequeñas dificultades que pueda tener en su actividad cotidiana. Las comidas y las cenas pueden resultar adecuadas, en este sentido, siempre que no existan condiciones muy estresantes ni obstáculos que inhiban la comunicación, como la televisión.

5.- Evitar reñir continuamente a los adolescentes por conductas de escasa relevancia. Esas riñas continuas no suelen ser útiles y reducen la calidad de la comunicación. Para mejorar su conducta, en este sentido, suele ser más eficaz establecer un acuerdo o contrato (incluso por escrito), cuyo cumplimiento puede revisarse cada cierto tiempo en un momento de tranquilidad (revisión que también puede escribirse).

6.- Evitar expresiones que puedan ser vividas como un ataque o un rechazo a la posición de los otros, como las interrupciones, los gritos, las amenazas, los insultos, las críticas (que despiertan actitudes defensivas), así como la escalada de amenazas y expresiones agresivas que se producen en situaciones muy estresantes, deteniendo dichas situaciones (e incluso la comunicación en ese momento) y fijando otro momento (de mayor serenidad) para buscar conjuntamente una solución al problema que ha iniciado dicha escalada.


7.- Cuando resulte difícil llegar a un acuerdo en asuntos relevantes, puede ser necesario
elegir un momento de serenidad para todos en el que buscar soluciones consensuadas, intentando que cada parte se ponga en el lugar de la otra. Para favorecerlo cada uno puede expresar al otro cómo entiende su postura, tratando de encontrar una solución en la que se respeten al máximo las preocupaciones o intereses de cada uno, siguiendo los pasos anteriormente descritos sobre cómo enseñar a pensar para resolver conflictos.

María José Díaz Aguado. Catedrática de Psicología de la Educación.
 


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Verano ¿sin límites?

Categoría: ARTÍCULOS DE INTERÉS /Verano, ¿sin límites? el día 2011-07-06 12:38:38

 

 

El verano es un periodo para descansar, para olvidarse de las rutinas y del estrés de un año de trabajo y colegio. Pero todo tiene un límite. Para encontrar el punto medio no hay recetas universales. Dar consejos es más fácil que ser padres, pero quizá encuentres en algunos de éstos la ayuda que buscas para que en tus próximas vacaciones todos disfrutéis sin sucumbir en la desorganización familiar.

Cada situación es diferente y cada persona tiene sus propios criterios a la hora de afrontarla. Lo importante es que cada uno defina los aspectos que le parecen fundamentales y que los mantenga a la hora de tomar las decisiones. Ahora bien, hay aspectos no tan trascendentales en los que se puede aplicar cierta flexibilidad, y es ahí donde empiezan las dudas. Ser flexible no significa cambiar de opinión según convenga o nos presionen. Ser flexible significa que, sin abandonar nuestros valores, desde la reflexión, adaptemos algunas de las decisiones a las circunstancias particulares. De esta forma, los hijos tendrán clara la firmeza de nuestros criterios, sabiendo lo que es o no negociable, y a su vez se sentirán escuchados y respetados. Seguramente, esto hará más agradable la convivencia, pero aún así no se evitarán los conflictos.

No se levantan antes de las doce. ¿Les hago madrugar?

Cuando comienzan las vacaciones, se suele tener la idea de que las actividades debe hacerlas toda la familia junta. Este pensamiento, que puede ser realidad mientras que los niños son pequeños, comienza a convertirse en fantasía a medida que crecen. Las vacaciones son un periodo para descansar, para recuperar horas de sueño, para desconectarse del estrés del resto del año… Pero efectivamente deben dormir como mínimo 10 horas diarias, y la hora de levantarse tiene bastante que ver con la hora en la que se acuestan, que debería tener un límite para evitar que los hábitos de sueño se inviertan. Aunque por razones climatológicas es lógico que se acuesten más tarde, debemos evitar que se pasen las mañanas durmiendo, ya que la luz solar es muy importante para su bienestar.
Cuando ni aun así los planes coinciden, se puede pactar un horario y lugar de encuentro con el resto de la familia para quedar a comer, y de esta forma no habrá que renunciar a nuestras actividades matutinas. Y, por supuesto, en cualquier caso, hacia el final del verano es conveniente ir ajustando los horarios para que la vuelta al colegio no sea dramática.
 

Cuando acabamos de desayunar es la hora del aperitivo; luego no hay quien haga una comida en condiciones...

Es muy importante no descuidar la alimentación durante el verano, que debe ser sana, variada y equilibrada. Unir unas comidas con otras, picar entre horas o abusar de bollería o golosinas, desde luego, no ayuda. Si el desayuno se junta con el aperitivo es porque la organización de horarios no es la más adecuada. La ruptura con la rutina escolar y laboral suele ser beneficiosa pero, para no descolocarnos, sería aconsejable inventarse una nueva rutina para el verano que, aunque más flexible y adaptada al clima o a las actividades que se realicen, sirva de referencia. No obstante, las necesidades alimenticias se pueden cubrir a lo largo del día, distribuyéndolas según convenga. Y si, por ejemplo, vemos que dos comidas van a estar muy cercanas en el tiempo, se puede hacer la primera más frugal a base de alimentos fáciles de digerir (frutas y zumos, etc.), aunque no se debe quitar importancia al desayuno. Y no olvidemos que el ejercicio, además de entretener, abre el apetito y prepara para una hermosa siesta.

Durante las horas de la siesta, para que no molesten, ¿hay algún remedio además de la televisión?

Es necesario dedicar después de la comida un periodo de tiempo al reposo, en el que, aunque ellos no duerman, puedan reponer fuerzas. Las alternativas dependen de las preferencias y posibilidades de cada uno, pero en general dichas actividades no han de suponer esfuerzo físico, ya que están haciendo la digestión; han de estar protegidos del sol, para evitar los calores del mediodía y han de ser silenciosas, para respetar el sueño de los que duermen. Leer, dibujar, realizar manualidades, mirar fotos, estar con la pandilla en la sombra de la plaza, aprovechar para hacer los deberes estivales, escribir a los amigos, juegos de mesa pueden ser actividades adecuadas, pero también se puede ver un buen programa de televisión, que la televisión no es mala en sí misma. Si se establece un acuerdo con ellos sobre los programas que pueden ver (incluso se pueden seleccionar vídeos o DVD adecuados) y se sientan frente a ella exclusivamente durante el tiempo de siesta, no es excesivo. Ahora bien, hay que predicar con el ejemplo.

Cuando salimos por la tarde es casi la hora de la cena del más pequeño. ¿Qué hago?

Viajar con niños requiere un poco de sacrificio. Los más pequeños acusan mucho el cambio de rutinas, pero el secreto está en la planificación. Si se tienen en cuenta sus necesidades de alimentación, ejercicio, sueño... podemos programar las vacaciones de forma que resulten más agradables para todos. En este caso en concreto, se le puede dar la cena justo antes de salir, lo que le proporcionará energía para dar el paseo. No obstante, si vamos a llegar tarde a casa, no debemos olvidar un vehículo en el que el niño pueda descansar si el sueño le vence y una bolsa con cuentos o juguetes para que pueda estar entretenido si decide permanecer despierto durante nuestra cena...y, sobre todo, disfrutar de cada momento con tolerancia y mucho humor.

A las doce de la noche es cuando más les apetece a los pequeños jugar en el parque o subirse en las atracciones. ¿Es lo más adecuado?

El verano es una estación muy apropiada para el ejercicio físico y el contacto con la naturaleza. El niño debe moverse, salir y no permanecer pasivo en la casa. Andar en bicicleta, pasear, subir, bajar, nadar... es imprescindible, pero no se trata de hacer todo el ejercicio por la noche. Una cosa es que retrasen la hora de irse a la cama y otra muy distinta es que realicen actividades excitantes antes de acostarse. Su resistencia no tiene límites, pero seguro que podemos encontrar muchas formas de disfrutar del fresquito de la noche de forma relajada, con actividades que le predispongan a conciliar el sueño.

Viven de helados y refrescos. ¿Dónde está el límite?

Durante los meses de calor es primordial mantenerlos hidratados, sobre todo mientras realizan actividades físicas. Se pueden combinar desde líquidos (agua, zumos, batidos, granizados, etc.) hasta frutas, muy ricas en agua, vitaminas y fibra. Hay que tener cuidado con los refrescos y helados compuestos básicamente de azúcares, ya que su consumo, además de incidir sobre su obesidad y su salud bucodental, puede tener un efecto de desplazamiento de otros alimentos, ocasionando un desequilibrio en su dieta.
Y también hay que evitar el consumo de bebidas con sustancias excitantes y carbonatadas. Está bien tomarse un helado de postre, si es que suplimos el aporte vitamínico de la fruta en el resto de las comidas, o una bebida para combatir el calor del paseo, pero helados y refrescos no son imprescindibles en la dieta. Además es importante que el estómago descanse entre comidas y, también, el presupuesto familiar.

En el pueblo quieren salir solos a una edad en la que en la ciudad ni se me ocurriría permitírselo. ¿Los dejo?

Todo padre siente miedo por la falta de seguridad de su hijo. Tenerlo fuera del alcance de su vista puede hacerle sentir mal, pero no debemos permitir que el pánico nos domine. Primeramente hay que conocer el lugar y los alrededores para estar al tanto de los posibles peligros. El sentido común viene muy bien en estos casos. Ponerle límites de distancias o vetar ciertos lugares tampoco debe hacernos sentir unos ogros, ya que hay que hacerles entender que deben cuidarse de los posibles peligros del entorno. Pero a su vez es importante que el niño sienta que sus padres confían en él. Se puede empezar por hacerle pequeños encargos, como ir a por el pan a la tienda de la esquina, permitirle paseos muy cortos... y, a medida que vaya demostrando responsabilidad, los tiempos de ausencia se pueden incrementar. Jugar o hacer planes con sus amigos es una buena manera de permanecer al aire libre y alejarse de videojuegos y TV además de dar un respiro a los padres.

Adolescentes: quieren salir después de cenar. ¿Hasta qué hora?

Si los datos revelan que cada vez tienen menos edad los consumidores de tabaco, alcohol y drogas, y conocemos la inseguridad en las calles, la realidad no es muy alentadora para que un padre esté convencido de que a su hijo “no le va a pasar nada”. Salir y evadirse con sus amigos es fundamental para su socialización. ¿Qué hacer? Hay que darles un poco de libertad para impedir que el adolescente caiga en el descontrol. Pero no significa una libertad sin límites. Hay que establecer unas normas claras y pactar de antemano qué días salen, con quién, dónde irán, hasta qué hora y las consecuencias que tendrá si no cumple. Por supuesto, dependerá de lo responsable que sea el adolescente, de la seguridad del entorno, si hay adultos cerca, etc., y, por supuesto, de cómo afecte a la convivencia familiar. No debemos pasar las noches en vela para que ellos disfruten. Pueden existir distintas opciones, depende de la imaginación de cada uno. Una sería dejarles salir solo algunos días, en ocasiones especiales, y reservar los otros para estar en familia. Otra opción es que vuelvan pronto a casa de lunes a viernes y darles permiso los sábados para ir a la discoteca hasta más tarde. En cualquier caso, hay que velar por su descanso y no sucumbir ante sus insistentes protestas.

Todos estamos de vacaciones (yo también): ¿quién pone los límites?

Padre y madre son importantes e imprescindibles en la educación de los hijos. Ambos deben complementarse y organizarse para poder descansar el uno en el otro cuando la tarea sea larga o dificultosa, física o psicológicamente hablando. Cada pareja encontrará las fórmulas que mejor les convengan, pero ambos han de ponerse de acuerdo y establecer un plan claro y concreto que, en lo posible, se les dará a conocer a los hijos antes de que empiecen las vacaciones, para que vayan mentalizándose al nuevo estilo de vida. Normas, horarios, tareas en las que colaborarán, dinero disponible, amigos a los que pueden invitar, etc. A los niños les da seguridad saber de antemano cómo van a ser las cosas y los ayuda a organizarse y a autocontrolarse, aunque, por supuesto, no implica que vayan a desaparecer los problemas y las discusiones. Las vacaciones se anhelan durante todo un arduo año de trabajo y no debemos consentir que se conviertan en una pesadilla. Relajarse y disfrutar todos, procurar hacer las cosas que nos gustan pero sin excesos y no ceder en las cosas importantes.

Virginia González. Psicóloga
 


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¿Qué hacer con los niños en vacaciones?

Categoría: ARTÍCULOS DE INTERÉS /Las vacaciones. el día 2011-06-27 18:46:14

 

Cada verano, los padres se encuentran con el desafío de qué hacer con los niños, tanto tiempo de vacaciones. ¿Cómo compatibilizar casi tres meses de vacaciones infantiles con las jornadas laborales de los padres? ¿Y cómo conseguir que los niños aprovechen su tiempo libre, que no pierdan lo aprendido ni el hábito de trabajo y tampoco se aburran?

Descansar en vacaciones

Realmente, después del curso, los niños necesitan descansar de rutinas. No quiere decir que pierdan el tiempo, de hecho lo ganan descansando, ni que estén inactivos, sólo que no necesitan actividades muy estructuradas ni dirigidas, con horario fijo: pueden desarrollar actividades que surjan por su propia iniciativa, con su juego espontáneo, que también desarrolla la inteligencia.

Es el momento, por ejemplo, de que disfruten de ese montón de regalos y juguetes que han tenido que «aparcar» por los horarios, tan apretados ya desde pequeños.
 

Seguir aprendiendo en vacaciones

Esta época, más distendida, es propicia para los aprendizajes de autonomía, que requieren tiempo y dedicación (dormir y dormirse solo, utilizar el cuchillo, atarse los zapatos, lavarse bien los dientes, peinarse, vestirse, preparar algún postre...). Quizá los abuelos, que suelen tener más paciencia, puedan echar una mano.

Las vacaciones son también la ocasión de socializarse: visitar a parientes y amigos, conocer el barrio, las tiendas... Una idea que entretiene mucho a los pequeños es hacer su primer álbum de fotos de la familia y de los amigos. Otra posibilidad, muy práctica, es deshacerse de los juguetes o la ropa que ya no van a utilizar e intercambiarlos con otros niños. Son actividades en las que ellos pueden participar.
 

Actividades para niños en verano

Igualmente, es un momento adecuado para ganar independencia de los padres, para dejar que duerman algún día en casa de un amigo, por ejemplo.

El verano es óptimo para mejorar la psicomotricidad: aprender a nadar, jugar al tenis, montar en bicicleta… Se puede contar con primos o vecinos mayores que quieran ganarse un dinerillo acompañando a los niños al parque o al polideportivo. Además, seguro que allí conocerán a algún vecino que ampliará su lista de amigos.
También es una época ideal para beneficiarse del aire libre. Visitar una granja y participar en las tareas, ir de excursión a un pueblo y visitar el ayuntamiento, la iglesia...

En casa, es el momento de enseñarles a amasar, tender, doblar, coser..., en definitiva, hacer pequeñas labores que mejoran la habilidad óculo-manual necesaria para el aprendizaje de la escritura.

En la cocina, podemos enseñarles a clasificar los alimentos cuando los guardemos a la vuelta de la compra, y los cubiertos cuando los metamos en el lavavajillas. O iniciarles en el cálculo y las correspondencias, pidiéndoles ayuda para poner la mesa. A la vez, al nombrar, estamos categorizando, con lo que estimulamos el lenguaje.
En el momento de la siesta, podemos fomentar el hábito de la lectura, leerles, además de sus cuentos, los cuentos de cuando éramos pequeños: les encantarán. O inventar cuentos en los que ellos sean protagonistas para que construyan la historia, así desarrollarán la imaginación. También podemos escuchar canciones tradicionales infantiles, con ello mejoraremos el sentido del ritmo y la dicción.
 

Cuando los padres no pueden estar con los niños en vacaciones

En todo caso, es necesario que haya tiempo para el juego libre porque, mientras el niño juega, se representa y organiza el mundo, se lo adecua para comprenderlo. Cuando imita a los mayores, interioriza las normas, lo que está bien y está mal, empieza a ponerse en el lugar del otro, maneja valores como la tolerancia y la justicia. Desarrolla habilidades sociales importantes para el éxito personal.

Pero, si no se tiene el tiempo o la oportunidad de compartir todas las vacaciones de los hijos, puede ser necesario buscar alternativas más estructuradas y menos flexibles, como los campamentos de día o los talleres de los museos y las casas de cultura, los polideportivos y los colegios.

No hay que olvidar que las necesidades de los niños son diferentes a las de los adultos, que ellos siempre están aprendiendo, no sólo en situaciones estructuradas con horarios cerrados y actividades dirigidas.

María del Mar García Orgaz
Psicóloga infantil


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