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La revolución educativa.
Categoría: ARTÍCULOS DE INTERÉS /La revolución educativa. el día 2011-02-11 18:25:11
Máquina de plegar camisetas.
Categoría: ENTRETENIMIENTO /Vídeos. el día 2011-02-11 18:10:25
El egoísmo en los niños.
Categoría: ARTÍCULOS DE INTERÉS /El egoísmo en los niños. el día 2011-02-10 23:58:50
Esto es mío
Antes de comenzar su vida social los niños son esencialmente egocéntricos. El niño es egoísta por naturaleza y no nos debe extrañar o preocupar que quiera lo suyo y lo de los demás, lo que no significa que sea incapaz de aprender a ser generoso.
Los padres debemos ayudar al niño a superar paulatinamente su egocentrismo para que pueda desarrollar las habilidades sociales que le ayudarán a adaptarse de forma progresiva a la vida en común, tanto de la familia como del centro escolar o su grupo de iguales. Si le proporcionamos seguridad afectiva, poco a poco, podrá ir adquiriendo una autoestima positiva y una autonomía suficiente que le permitirán cooperar y descubrir el valor de estar y compartir con otros.
Proceso lento y progresivo
Reconocer que también existen los demás sin perder la propia identidad es una tarea intelectual que
un niño de 2 años todavía no puede entender. Es un aprendizaje lento y progresivo cuyas claves no
empezará a descifrar hasta los 6 años. Durante los primeros seis años de vida sabe delimitar entre
“lo mío y lo tuyo” o actuar de forma que demuestre cierta consideración hacia la persona que está a su lado: puede entristecerse si ve triste a alguien e incluso intentar consolarlo, puede situar un cuento que esté viendo de manera que pueda verlo otro o incluso colaborar ante nuestras peticiones, pero no posee la capacidad suficiente para describir o darse cuenta del contenido de la perspectiva del otro.
Hasta que no pueda comprender realmente los valores que rigen su sociedad no podrá comportarse de acuerdo a ellos. Pero no es conveniente esperar tanto: hay que procurarle cuanto antes muchos contactos sociales y guiarlo para que aprenda a convivir y a compartir. Aunque no interiorice las normas y los valores hasta más adelante, sí irá adquiriendo el hábito.
Paso a paso
Cómo nos gustaría que no cogiese nunca pataletas al grito de “¡es mío!”. Es una expresión que indica que no le gusta que le priven de algo que él considera suyo y a estas edades es una situación bastante frecuente ya que todo había girado en torno a él y a partir de ahora deberá aprender a compartir. Es importante que respetemos el ritmo de cada niño para aceptar y comprender progresivamente cada una de las situaciones. No podemos pedir a los pequeños que se esfuercen más de lo que realmente les es posible. Es el niño quien tiene que adquirir el hábito y de poco vale obligarle a compartir.
Lo primero es ayudarle a distinguir entre lo suyo y lo que no lo es, marcando, por ejemplo, sus cosas con una señal y haciéndole ver también que hay cosas que son de todos y que hay que cuidarlas y dejarlas en su sitio cuando se terminen de usar. El siguiente paso sería enseñarle a intercambiar sus juguetes, que acepte prestar la pelota a cambio del cubo y la pala. Por supuesto, las primeras veces será una propuesta del adulto y más tarde partirá de él la idea. Una vez que sea capaz de desprenderse de sus cosas, aprenderá a prestarlas sin contraprestaciones por un rato o a pedirlas él. Éste será un buen momento para enseñarle a respetar turnos, en los que verá la ventaja de disfrutar de sus cosas y de las de los demás. Por último, aprenderá a regalar: haciéndole ver que dicha acción hace sentir mejor a los demás, interiorizará la grandeza de ser generoso y, lo más importante, a disfrutar con ello. Este aprendizaje le ayudará a relacionar generosidad con amor y alegría.
La generosidad
Ser generosos significa compartir voluntariamente lo que uno tiene: pertenencias materiales, tiempo, sentimientos, experiencias... Pero significa también aprender a recibir. Para poder compartir es importante aprender a apreciar el valor de lo que poseemos. ¿Qué “vale” más regalar un juguete caro o dos horas de mi tiempo? Para contestar a esta pregunta hay que considerar las necesidades de los demás, lo cual no es nada fácil para el niño, pero le será de gran ayuda si a lo largo de su infancia aprende a explicar lo que piensa, siente y desea en distintas situaciones, le hablamos de cómo se pueden sentir los demás y le proporcionamos modelos adecuados.
Algunos consejos útiles
• Déjale muy claro lo que es suyo, lo que es de todos, lo que no se puede tocar... Así irá interiorizando los límites.
• Hazle ver las ventajas de compartir: es más divertido jugar todos con todos los juguetes que cada uno solo con el suyo.
• Establece turnos claros y justos para evitar conflictos.
• Sugiérele distintos modos de compartir (intercambiar juguetes, prestar libros, repartir chuches...), eligiendo al principio los objetos por los que menos apego sienta.
• Déjale que se esfuerce: permite que de cuando en cuando tenga iniciativas generosas; más adelante, podrá hacer algún regalo con el dinero que ahorre...
• En las ocasiones en las que vosotros estéis compartiendo o cediendo, explicadle lo que estáis haciendo y lo contentos que os sentís al hacerlo (“le voy a dejar el último bombón a la abuela, ya veréis que contenta se pone”).
• Aprovecha las Navidades, su cumpleaños o alguna campaña, para que elija juguetes en buen estado y pueda obsequiar a otros niños que quizás no tengan su suerte.
• Cuando le cueste compartir, recuérdale lo contentos que se pondrán los demás y lo bien que te sentirás tú al saber que él va a disfrutar.
• Hazle saber si estás colaborando en labores sociales, formativas o benéficas (apadrinamiento de un niño, ayudas a la parroquia, voluntariado, etc.).
• Proponle “encargos” para favorecer que salga de su egocentrismo y se entregue a los demás aprendiendo a valorar y a compartir su tiempo y su esfuerzo.
• Ten constancia a la hora de fomentar su generosidad, aunque parezca que no se avanza nada. Son muchos pasos los que habrá de andar el niño: pedir las cosas por favor, devolver lo que le presten, dar las gracias, esperar su turno, intercambiar, prestar, regalar...
Predicar con el ejemplo
Todas las personas con quienes interactúa permanentemente el niño contribuyen a su desarrollo social: la familia, los compañeros, los profesores. Será mucho más fácil conseguir que el niño comparta si ve en dichas personas un buen ejemplo a seguir. En este sentido, un ambiente de generosidad en la familia será un modelo muy adecuado para el niño porque interiorizará esta virtud sin que sus padres tengan la sensación de estar enseñándola. De nada nos servirá que le digamos que preste su bicicleta si cuando él nos pide, por ejemplo, nuestra raqueta, nos cuesta dejársela.
Valorar sus esfuerzos
Compartir conlleva un esfuerzo. Si los padres sonríen o agradecen con entusiasmo las pequeñas iniciativas de sus hijos en este sentido, los estarán motivando a seguir teniéndolas, con ellos mismos en un primer momento y con los demás después. Hay que valorar cualquier pequeño esfuerzo, aunque en principio pueda parecer insuficiente. A estas edades lo que más le puede gustar a los niños es sentir que agradan a sus padres y a las personas que para ellos son importantes. No olvidemos tener siempre a mano un “¡muy bien hecho!” o “me ha gustado como has compartido tus galletas con tu hermano”.
Virginia González
Psicóloga y profesora de Educación Infantil
Leo, Alex y Sergio: Starwars
Categoría: ENTRETENIMIENTO /Vídeos. el día 2011-01-31 10:12:08
Hiperactividad y déficit de atención en los niños
Categoría: ARTÍCULOS DE INTERÉS /Déficit de atención. el día 2011-01-29 23:31:38
Algunos lo definen como “una de esas enfermedades de moda”, otros como “la consecuencia de una educación demasiado permisiva” e, incluso, como “una etiqueta para conseguir fármacos que liberan a los padres de sus responsabilidades”. La realidad esconde, sin embargo, un problema complejo que pone a prueba la paciencia de muchas familias y que precisa de un buen tratamiento y de información consistente.
Algunas enfermedades tienen realmente muy mala prensa. El Déficit de Atención con Hiperactividad (DAH) o trastorno de déficit de atención, como se denomina más comúnmente, es una de ellas. Cierta prensa contempla el problema como un diagnóstico “de moda”, un concepto etéreo importado de los EEUU, que en realidad esconde el comportamiento insoportable de unos niños cuya educación ha sido descuidada por sus padres.
La idea general, incluso entre algunos médicos de ideas tradicionales, es que (como decía una publicación seudomédica) “se trata de un recurso que utilizan algunos padres con escaso sentido de la responsabilidad para que a sus hijos les receten estimulantes potentes (como el Ritalin) con objeto de que ellos puedan seguir viendo tranquilamente la televisión y saliendo a cenar sin preocupaciones”.
Es, sin embargo, una percepción tremendamente peligrosa y que está haciendo muchísimo daño, especialmente a aquellas familias que se enfrentan a la costosa tarea de educar a un niño que se comporta de forma distinta a los demás, pero que, con la ayuda y el estímulo apropiados, podría alcanzar las mismas metas que el resto.
Muchos niños con el trastorno siguen sin estar diagnosticados, y un gran número de aquellos de los que se sabe que lo padecen viven estigmatizados o pueden no estar recibiendo el tratamiento que necesitan. Lo peor es que esa falta de tratamiento y atención puede convertirlos en adultos con dificultades para insertarse en la sociedad, con más problemas laborales y con peores relaciones personales y familiares.
No es un destino fatal. Muchos de los grandes triunfadores de la sociedad actual tuvieron problemas de atención e hiperactividad en su infancia. Lo que les ha convertido en personas de éxito es que alguien o algo, en el momento oportuno, consiguió canalizar sus energías de forma positiva e inteligente.
Aclarar errores
Un informe aparecido en la prestigiosa publicación British Medical Journal sugiere la necesidad de aclarar algunos aspectos básicos en torno al DAH. Estas preguntas y respuestas pueden ayudarnos a ello.
• ¿Qué es el DAH?
No guarda relación con tener malos o buenos padres: escáneres cerebrales de alta tecnología revelan que es un trastorno hereditario que tiene que ver con el funcionamiento cerebral.
• ¿Es únicamente un problema de hiperactividad?
No. La hiperactividad es solo una faceta del trastorno, y no todos los niños con DAH tienen ese problema concreto.
• ¿Son peligrosos los fármacos que se emplean habitualmente para el tratamiento del DAH?
No. Los estimulantes como el metilfenidato (Ritalin) son una parte esencial de una combinación de tratamientos. Son muy eficaces en lo que se refiere a la mejora de la concentración y la reducción de la hiperactividad y la impulsividad. Los efectos secundarios son leves, y las últimas investigaciones revelan que las preocupaciones de algunos padres respecto a la posibilidad de que sus hijos desarrollen una adicción a los mismos o respecto a la ralentización del crecimiento corporal son infundadas.
Los síntomas
A veces es difícil trazar la línea divisoria para el diagnóstico del DAH. Una de las pistas podría ser que un tipo de comportamiento problemático concreto se convierta en problema persistente. Los síntomas más habituales son:
• Falta de atención. El niño se aburre con facilidad. Pasa de un tema a otro y no acaba ninguna cosa. Tiene mala memoria de corto plazo.
• Impulsividad. El niño actúa sin pensar, tiene accidentes frecuentes, no valora las consecuencias de sus actos.
• Hiperactividad. El niño es inquieto, no puede estar tranquilo, ni quedarse quieto mucho tiempo en ninguna parte.
• Otros comportamientos típicos son: la insistencia (vuelve siempre sobre el mismo tema), la desorganización y el desorden, los constantes cambios de humor y de actividad, las relaciones problemáticas con otros niños y los problemas en el colegio, la extrema sensibilidad a la opinión ajena y la baja autoestima.
Problema complejo
Se conocen distintos tipos de DAH y el trastorno puede incluir problemas de lenguaje y aprendizaje. En algunos niños, puede coexistir con otros problemas psiquiátricos, como el “trastorno de oposición y desafío” y el “trastorno de conducta”, que pueden añadir más conflictos a una vida ya perturbada. Educar a un niño con DAH supone un enorme esfuerzo y desgaste personal y precisa la ayuda de especialistas y de otras personas.
Datos reales del DAH
• Uno de cada mil niños padece el trastorno en Europa.
• Los niños se ven más afectados que las niñas.
• No es consecuencia de una mala educación; sin embargo, los niños que padecen el trastorno tienen más probabilidades de tener familias problemáticas. La explicación está en que se trata de una dolencia de carácter hereditario. En muchos casos, los padres padecen el problema sin saberlo.
• Pruebas de escáner han revelado que la causa del DAH está en una pequeña disfunción cerebral que hace que el niño reciba un exceso de información que es incapaz de asimilar.
• El 60% de los niños con DAH sigue padeciendo el problema incluso cuando llega a la edad adulta.
• El tratamiento incluye técnicas conductuales, fármacos estimulantes, control del estrés y apoyo educativo.
Si quieres saber más del problema, puedes conectar con otros padres en: www.anshda.org
Marisol Guisasola
Extraído de la web: http://www.conmishijos.com/
Qué hacer si tu hijo dice palabrotas.
Categoría: ARTÍCULOS DE INTERÉS /Las palabrotas. el día 2011-01-23 15:02:39
Las palabrotas funcionan para los niños como «palabras mágicas» ya que que surten efecto en los padres, las incluyen en su vocabulario porque disfrutan observando la reacción que provocan.
Alrededor de los 4 años, los niños empiezan a asimilar las normas básicas de comportamiento: comida, sueño, higiene..., y ya están listos para entender algunas reglas sociales. A esta edad, pasan por una etapa en que quieren usar las palabras más fuertes que conocen, las que más ofenden, las que provocan a los mayores. El comportamiento rebelde y retador es normal en los niños de entre 4 y 6 años. Es raro que no utilicen palabras inapropiadas de manera ocasional.
Por qué dicen los niños palabrotas
Las palabrotas funcionan para ellos como «palabras mágicas» que surten efecto en los padres, los profesores, los vecinos... Los niños piensan que son palabras muy importantes y poderosas y, en consecuencia, les hacen importantes. Para ellos, utilizarlas también es una manera de expresar su independencia. Las incluyen en su vocabulario porque disfrutan observando la reacción que provocan. Sienten que les dan poder, les hacen ser el centro de atención, y los demás dejan de hablar para mirarlos y escucharlos. Consiguen causar sensación.
Claro está, lo normal es que los padres no quieran que su hijo diga palabrotas. Para conseguirlo, lo mejor es no extrañarse cuando lo haga, poner «cara de póquer» y no decir nada. Porque las palabras prohibidas atraen. Hay que pedir a los familiares y conocidos que finjan también que no han oído nada. Si no somos capaces, o prevemos que esta actitud puede generar problemas fuera del entorno familiar, conviene que la reacción ante la palabrota no sea desmesurada, sino de firme desaprobación. En la mayoría de los casos, conseguiremos que se extinga el comportamiento, al menos delante de los adultos y de manera frecuente.
Qué pueden hacer los padres
Si los padres ven que su hijo no se puede controlar, o les resulta muy difícil tolerar que el niño diga palabrotas, pueden hablarle del efecto que tienen sus palabras para otras personas. Explicarle que puede llegar a hacer daño si dice determinadas cosas, aunque no sea su intención. También le pueden advertir de las consecuencias negativas, como que los padres de sus amigos o de sus compañeros de clase no quieran que sus hijos jueguen con él.
Pero, sobre todo, deben dejar claro al niño que les desagrada ese comportamiento, que él no les gusta cuando dice palabras malsonantes, que se avergüenzan y que, por esa razón, no le harán caso. Que le prefieren cuando se expresa como un niño educado y entonces se sienten orgullosos de él y les apetece oírle, mirarle y estar con él. Por supuesto, los padres deben ser consecuentes y tampoco deben decir palabrotas.
Reacciones que funcionan
- Enseñar al niño alternativas a las palabrotas. Ayudarle a expresar lo que siente mediante frases. Puede funcionar pedirle que se invente una palabra que le sirva a él, en exclusiva, de válvula de escape.
- Cuando vayamos de visita o salgamos a algún lugar, anticiparle qué haremos si dice palabrotas, y cumplir lo acordado. La reacción debe ser proporcionada, no puede tener consecuencias más negativas que la palabrota. Por ejemplo, fuera de casa dejar de mirarle y dentro de casa, mandarle a un rincón en el momento. Decirle que intentamos ayudarle a controlarse y felicitarle si lo logra.
- Dejar que el niño dedique en casa 15 minutos a decir palabrotas. Que se transforme de niño en dragón en ese tiempo. Cuando se les da condición de esperables y predecibles, las palabrotas dejan de causar el efecto sorpresa
que las hacía tan emocionantes y divertidas. Y, como los padres lo han sugerido, pierden también el efecto de oposición, de rebeldía al adulto.
- Observar en qué momentos dice el niño las palabrotas, qué emoción expresa su cara: si se divierte, sufre o está enfadado. Preguntarle si tiene algún problema, si está triste o irritado por algo. A veces, las palabrotas surgen como síntoma de inseguridad o infelicidad, es una manera que tiene el niño, inhábil y desadaptativa, de pedir ayuda, de pedir que nos fijemos en él.
María del Mar García Orgaz
Psicóloga infantil
Extraído de la web: http://www.conmishijos.com/
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