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La vida en el campo
Categoría: Relatos 04 el día 2010-01-28 19:47:45
La vida en el campo
Ahora que estoy jubilada y tengo mucho tiempo libre me gusta recordar lo que ha sido mi vida, la admiración que siempre he tenido por las personas que trabajan en el campo, porque un agricultor empieza las tareas de los frutales, sobretodo de la pera de agua, en noviembre. Se empieza por la poda del árbol que como está sin hojas parece que está muerto. la poda es quitar las ramas que le sobran a un árbol para que crezca mas fuerte. Los podadores pasan mucho frío porque trabajar en el campo es muy duro, siempre están trabajando de día y de noche porque a veces les toca regar los árboles también por la noche. También tienen que cuidarlos mucho todo el año y labrar la tierra para que la cosecha sea buena. Cuando llega la primavera, ya van brotando las hojas, después las flores y por último el fruto pero como en ese tiempo haga frío, adiós cosecha.
Siempre están mirando al cielo por si vienen las heladas. Cuando la fruta aún es pequeña les quitan ramas y frutos para que los que queden se hagan mas grandes. Para que el fruto sea bueno y para que esté en buenas condiciones tienen que sulfatarlos varias veces durante todo el año, eso les cuesta mucho dinero. Y por fin llega la recogida para últimos de agosto, se cogen los frutos con escaleras de hierro o de madera y hay que estar bajando y subiendo con un cubo que cuelgan en las ramas, cuando el cubo esta lleno tienen que bajar a vaciarlo en los pales y otra vez a subir al árbol para llenar el cubo, si donde han puesto la escalera hay frutos, tienen que cambiar la escalera de sitio, así hasta que terminan. La fruta es transportada por un agricultor que con el tractor va llevando la fruta recogida a los almacenes porque la tienen que pesar, pero deben descargarla ellos mismos, las pesan en la báscula, apuntan el peso en un papel para no equivocarse ninguno y si todo está bien meten la fruta en cámaras frigoríficas, claro que como no les ponen precio, se las pagan como quieren y cuando quieren, como pronto al año siguiente, casi cuando van a coser la próxima cosecha.
Cuando tienen buenas cosechas se ponen muy contentos y siempre están hablando de sus frutos, pero el pueblo baja mucho, la juventud se marcha a buscar trabajo en una fábrica o en otros sitios porque llega el mes y cobran un sueldo.
Como he dicho ya antes yo soy una jubilada que vive en el pueblo pero la jubilación no es del campo, es del Estado por eso me da tanta pena que los agricultores trabajen tanto para nada pues cuando se jubilan cobran una jubilación muy pequeña, por eso yo siempre digo con todos las palabras que el que más trabaja merece más jubilación para pasar mejor vejez pero mi opinión no cuenta, siempre harán lo que sea conveniente para todos pero sobretodo que sea para los jubilados del campo. esa es mi opinión de siempre y quisiera que se cumpliera para que ellos estuvieran más contentos y sus hijos se quedaran en el pueblo haciendo lo que a ellos les ha costado tanto sacrificio pues es muy triste que después lo vean todo sin trabajar y eso que todos comemos de las cosechas de la tierra pero los apoyan tan poco que no compensa que trabajen tanto en la juventud para que después se tengan que ir con los hijos fuera del pueblo o a parar a una residencia porque los hijos no tienen una habitación para recoger a los padres, dicen que los pisos son muy pequeños ¡pues que se vengan al pueblo! aquí las casas son tan grandes que cabrían todos.
Fulgencia Pelegrín Narvión
Morata de Jiloca
El Cristo de los zapatos
Categoría: Relatos 04 el día 2010-01-28 19:46:48
El Cristo de los zapatos
En un museo de arte sacro de una catedral, entre otras muchas reliquias, ofrendas y objetos religiosos se encuentran unos zapatos de plata que según consta en la inscripción pertenecieron a la sagrada imagen de Cristo Crucificado y cuya imagen aún se venera en una capilla de la misma catedral, al culto de sus muchos fieles y que en otros tiempos aparecía vestida y calzada con unos zapatos de plata.
Un día, entre los fieles que acudieron a pedir favores, estaba Maria, una pobre viuda madre de cuatro hijos que no tenía trabajo y por lo tanto nada con que alimentarlos.
Desesperada y con el estómago vacío le rogó a Cristo con mas fervor y necesidad, si cabe, que nunca:
- Señor, ¡socórreme!.
Enseguida ve que la imagen alarga un pie y deja caer en sus manos uno de sus zapatos de plata. Loca de alegría coge el zapato y sale hacia su casa gritando:
- ¡Milagro, milagro!
Pero nadie creyó que así fuera. Enterada la policía fue detenida y juzgada. Unos le tomaron por ladrona y caradura y otros por sacrílega. Al preguntarle el juez el por qué tenía en su poder el sagrado zapato explicó su historia, historia que nadie creyó ya que como único testigo presentó al propio Cristo.
La detenida suplicó angustiada al rey, autoridades civiles, militares y eclesiásticas. Hubo consultas con teólogos y jesuitas que motivaron muchas discusiones y ante el temor a que el reo fuese condenado a muerte por un robo sacrílego accedieron.
Acudieron a la catedral: la detenida, el juez, el fiscal, las autoridades eclesiásticas, muchos curiosos y desocupados y como único testigo, la sagrada imagen.
Todas la miradas estaban fijas en el Cristo y no por piedad, sino más bien con curiosidad morbosa.
De pronto, se hizo un silencio al ver que la imagen parecía moverse. En efecto estaba moviendo el pie que aún conservaba calzado y del cual, dejó caer su zapato ante el asombro de todos los allí presentes.
María fue indultada por el Papa y siguió acercándose a la capilla no a pedir sino a dar gracias por el segundo milagro que le había salvado.
María Pelegrín García
Morata de Jiloca
Vivir o morir
Categoría: Relatos 04 el día 2010-01-28 19:45:56
Vivir o morir
Luisa vive en una ciudad que no es en la que ella nació pero por circunstancias de la vida ha terminado allí, lejos de su familia, de sus raíces, acompañada por su única hija quien afortunadamente, hoy es una mujer felizmente casada y madre de dos chicos maravillosos.
Ahora que hace un repaso de su vida se da cuenta de que realmente aquí ha sido feliz al lado de unas personas que en un principio le resultaban extrañas pero que acabaron convirtiéndose en su verdadera familia, su apoyo en esos momentos tan dolorosos que para su desgracia, le tocó vivir.
Es la hora de la sobremesa, Luisa todos los días cumple el mismo ritual después de comer, se sienta en su sillón favorito, al lado del florido balcón de su cuarto de estar, baja ligeramente la persiana, lo justo para que los rayos de sol que penetran por ella no le impidan conciliar una siesta ligera. Hoy además ha tenido una jornada de trabajo agotadora, y precisamente por eso, por lo cansada que está no puede ni cerrar los ojos así que decide poner la televisión, es la hora en la que en todos los canales sólo hay noticias, se recuesta de nuevo en el sillón pero... una de las noticias de ese día le obliga a recordar, a recordar un pasado que trata con todas sus fuerzas de olvidar... “una nueva víctima... es la muerte de otra mujer... a manos de su marido... compañero sentimental...”
A Luisa le cuesta entender cómo es posible que todo siga igual o incluso peor que cuando le tocó a ella, ¿dónde estaba la evolución de la sociedad? Ella siempre pensó que con los años las cosas mejorarían para las mujeres pero cada vez que oye una noticia como esta no puede por menos que recordar…
Revivir esos recuerdos lejanos en el tiempo, pero cercanos en su memoria. El pensar en la indefensión de las mujeres en manos de sus maltratadotes hace que su agitación vaya en aumento, respira hondo tratando de sosegarse y de nuevo escucha atenta la noticia. Ahora siente un odio intenso, tan intenso que golpea su interior con una fuerza casi brutal y la misma impotencia que la martiriza a pesar de los años transcurridos le hace saber que sus recuerdos nunca la abandonaran. Luisa aunque sabe que está sola en la casa y nadie puede escudarla, hace una reflexión en voz alta:
- ¡Qué solas e indefensas estamos las mujeres en nuestra propia casa, que contrasentido que el ser que aparentemente más nos ha querido en nuestra vida de repente, o no tan de repente, se convierta en nuestro peor enemigo¡ ¡Qué poco se hace por solucionar este problema!
Su problema, afortunadamente ella puede hablar en pasado, se llamó Juan. Luisa no puede evitar sonreír amargamente, ella desde bien jovencita siempre soñaba con tener un novio que la quisiera toda la vida, su mayor ilusión era formar una familia y ser feliz, desde jovencita... a veces, se siente tan envejecida que le cuesta creer que algún día fue joven.
El día que conoció a Juan, sus ojos se le iluminaron y el corazón comenzó a latirle tan deprisa que más de una vez tuvo que apretar la mano contra su pecho para evitar que se saliese de él. Juan le parecía un hombre maravilloso, el hombre que siempre había soñado, al principio le costó que él se fijara en ella así que cuando por fin un día él le pidió salir, pensó que aquello era como tocar el cielo con sus manos. Transcurrido un año de relación, Luisa se lo presentó a sus padres, y estos no pusieron ningún impedimento, al contrario, estaban realmente contentos ya que Juan poseía una buena posición económica, estaba muy bien situado en su empresa.
Por fin llegó el gran día y se cumplió el sueño de Luisa, se casó con Juan. Ya antes de casarse, muy sutilmente Juan le obligó a dejar su trabajo en la fábrica, ahora su mujer solo trabajaba en su casa. Luisa se sintió halagada pensando que lo hacía por amor ¿Cómo distinguir la barrera que separa el amor de la posesión, el deseo de la imposición, el respeto de la tiranía?.
Escasamente llevaban un año de casados cuando empezaron los problemas, Juan ya no era tan amable ni tan cariñoso como al principio, incluso cuando Luisa se quedó embarazada y tuvo algún problema de salud él lejos de ayudarla y comprenderla, se quejaba por todo, si ella le decía alguna palabra cariñosa, él le contestaba que se dejara de ñoñerias que ya era una mujer casada, que su única obligación era cuidar de él que no le pedía mucho, sólo tener la comida hecha a su hora, la ropa limpia y planchada…pues para eso la mantenía. Sí, en eso se había convertido, en una mantenida, como si el trabajar en casa no fuera un trabajo.
Cuando nació su preciosa hija pensó que todo cambiaría y así fue pero para peor. Cada día Juan llegaba más tarde a casa, es verdad que trabajaba mucho pero también encontraba tiempo para estar con los amigos y otras compañías.
Una noche se armó de valor y esperó despierta a que llegase, Luisa pensó que era el mejor momento, su hija estaba dormida así que podrían hablar tranquilamente, que ella con su amor le haría recapacitar y Juan cambiaría de actitud, por ella y por su hijita. Por fin escuchó el sonido de la llave en la puerta, se levantó de un salto y corrió para darle un beso a Juan, como respuesta recibió su primera bofetada. Por no armar un escándalo ante los vecinos y por no despertar a la niña, se calló y ahogó sola su pena. Ante su reacción él se envalentonó y ella se acobardó ante los gritos y las bofetadas que cada vez eran más frecuentes.
Luisa perdió la alegría, se convirtió en una mujer asustadiza, todos le decían que la notaban rara, estaba como distante, ausente mas bien. Entonces Juan con un cinismo exacerbado comentaba que efectivamente, Luisa había cambiado mucho, que nuca tenia ganas de hacer nada, la casa la tenía en pésimas condiciones, y que tampoco cumplía con sus deberes de esposa. Al oír esto la familia lo compadecía y le pedían que tuviera paciencia e intentase comprenderla.
Un día ya no pudo aguantar más su tortura silenciosa y desesperada decidió hablar con sus padres, les contó todo lo que estaba pasando en su casa, su sufrimiento pero sus padres no la creyeron, ¿cómo un hombre de la posición social de Juan iba a ser un maltratador? Le aconsejaron por su bien que no le contase esto a nadie, que aguantara porque ¿donde iba a ser de ella sin un marido?, y además ¡vaya vergüenza para la familia!. Además en el supuesto caso de que fuese verdad, su obligación era aguantar ya se lo había dicho el cura el día de su boda “en lo bueno y en lo malo” Luisa no podía dar crédito a lo que estaba oyendo y totalmente hundida regresó a su casa, ahora sí que estaba sola, jamás podría acabar con esta pesadilla.
Juan no se como pero se enteró de la conversación que había mantenido con sus padres, cuando llegó a casa le dio tal paliza que la dejó tirada en el suelo, inconsciente. Con una frialdad absoluta se puso su chaqueta y salió de nuevo a la calle, Luisa piensa que creyó que la había matado.
Pasaron las horas y Luisa fue recuperando poco a poco la conciencia pero se notaba el cuerpo pesado y la garganta muy inflamada, apenas podía tragar la saliva. Desesperada se puso a llorar sin fuerzas para levantarse del frío suelo, pero de pronto escuchó el llanto de su hijita, como puedo fue a su cunita, la cogió y apretándola contra su pecho pensó: “vivir o morir” y decidió vivir, desde ese momento se hizo una mujer fuerte tenía que luchar, salir de ese infierno en el que se encontraba.
Llamó a Marina, una amiga casual que conoció en el parque un día en que no pudo o no quiso tapar los efectos de la violencia de su marido contra ella, Marina le había dado su teléfono pues ella también había sido una mujer maltratada y le dijo:
- Si algún día te decides a empezar de nuevo, llámame e intentaré ayudarte.
No hizo faltar explicar nada, Marina acudió rápidamente a su casa y así sin más equipaje que un bolso de mano, para no levantar sospechas en los vecinos, Luisa acabó con su tormento.
Marina la acompañó a otra ciudad bastante alejada de la suya donde ella tenía unos parientes, una pareja ya mayor que se encontraba bastante sola. Ellos le dieron el cariño y el amor que sus padres le negaron y Luisa se recuperó no sólo físicamente sino también curó las heridas del alma que son las que más duelen. No volvió a ver a sus padres ni a su familia, en su corazón no había sitio para ellos.
Cuando en 1981 aprobaron la Ley del Divorcio, por mediación de un abogado lo solicitó, por fin pudo cortar todos los vínculos que la unían a un pasado tan duro y tormentoso.
En momentos como este en los que sus recuerdos intentar minar su tranquilidad piensa en una frase de Benjamín Franklin que para ella resume su vida: “Un camino de mil millas comienza con un paso”
Manuela Beltrán Lallana
Morata de Jiloca
El fin de una ilusión
Categoría: Relatos 04 el día 2010-01-28 19:43:47
El fin de una ilusión
¡Tenemos que hacer la cena! ese fue el primer saludo de mi amiga Aurora cuando me la encontré comprando el pan como todas las mañanas.
- ¿Que cena? - pregunte yo.
Aurora casi me fulmino con la mirada
- ¡La cena! - me respondió con un tono de voz que tenia una mezcla de nerviosismo y de enfado.
Yo seguía sin entender nada pero notando la excitación de ella creí mas oportuno contestar:
- ¡Ah si, la cena!
Aurora por fin respiro aliviada y yo también aunque seguía sin saber de que me estaba hablando.
- Tenemos que reunirnos y pensar entre todas el menú, hacer la lista de la compra, buscar el lugar adecuado ¡fíjate para mas de 50 personas!...
“Vaya, -pensé para mi- sigo sin entender nada”, pero mi amiga que no podía parar de hablar enseguida me lo aclaró todo.
- Tenemos que quedar bien, ya sabes que de esta cena depende nuestro ingreso en Asociación, ¡ tanto tiempo esperando una respuesta y por fin nos han contestado!
- Bueno, ya se había resuelto el misterio, pero ahora la que empezaba a ponerse nerviosa era yo.
- ¿Hemos sido admitidas todas?
- Si las cinco que lo solicitamos.
- Que mezcla de alegría y de miedo sentí en ese momento, si la cena era un fracaso... no, teníamos que hacer todo lo posible para que fuera un éxito, si seria un éxito.
Una semana antes de la fecha nos reunimos en casa de Aurora, confeccionamos el menú, la lista de la compra y nos dividimos las tareas aunque sabíamos teníamos que estar muy bien coordinadas. El primer problema surgió:
- ¿Dónde hacemos la compra en la tienda de nuestro pueblo o en un supermercado en la capital?
Tras una breve reflexión nos decidimos por la tienda del pueblo, aunque costase un poco más caro como la cena era “a escote” tampoco podía suponer mucho y si nos quedásemos sin tienda en el pueblo... entonces si que nos íbamos a quejar.
Siempre contentas e ilusionadas seguimos adelante con los preparativos, que no eran pocos, nos juntábamos, tomábamos algún café y gastábamos bromas sobre cómo nos iba a salir.
Un día antes del esperado acontecimiento, limpiamos el comedor, montamos las mesas, elegimos la música ya que después de la cena a la gente sabíamos que le gustaba bailar. Y ¡por fin llegó el gran día! No es que estuviésemos nerviosas, no, estábamos al borde de la histeria. Afortunadamente poco a poco, nos fuimos calmando.
A primera hora de la tarde comenzó a llegar la gente, ya que era tradición de esa Asociación jugar a juegos tradicionales antes de cenar.
- ¿No se nos habrán olvidado los premios para los ganadores de los juegos?
- Pero ¿no te encargabas tú de ello?- me pregunto mi amiga Aurora.
Debí poner tal cara de susto que casi se atragantó al responderme.
- Tranquilízate, están en la habitación del fondo, separados del resto de los premios que sorteamos al finalizar la cena.
Así entre bromas, risas y juegos llegaron las nueve de la noche, el comedor estaba precioso, las mesas, elegantemente adornadas. Los comensales se fueron sentando mientras charlaban animadamente.
Pasó un rato y la gente comenzó a mirarse a los relojes. ¿Qué pasaba? ¿Por qué no se servia la cena?. De nuevo el nerviosismo se apoderó de nosotras.
- ¿Qué hacemos? Faltan tres personas ¿esperamos a que lleguen o empezamos a servir?
La gente se estaba impacientando y la cena enfriando.
- Presiento que esto va ser un desastre – dijo Aurora
- No seas agorera –le respondimos nosotras aunque en el fondo todas estabamos pensando lo mismo.
Por fin, a las diez menos cuarto llegaron las que faltaban y pudimos empezar, parecía que el ambiente era muy agradable, hubo quien contó algún chiste, se hicieron brindis... vaya que la noche se iba animando.
Terminada la cena empezó el baile, disfrutamos como nunca lo habíamos hecho, se entregaron los premios a los ganadores de los juegos, se sortearon los regalos que teníamos preparados con gran jolgorio por parte de los asistentes, todos parecían muy satisfechos, bueno, no todos, ya que siempre hay alguno que tiene que dar la nota.
A altas horas de la noche, terminó la fiesta no sin antes ser felicitadas con gran entusiasmo por parte de todos los asistentes.
Las cinco amigas estábamos muy cansadas pero contentas, habíamos cometido algunos fallos pero parecía que la gente no les daba mayor importancia, creíamos que era el merecido premio a tan gran esfuerzo. Muy satisfechas nos fuimos a descansar... pero ¡oh sorpresa!
Al día siguiente ¡qué desilusión, rabia, impotencia...! al enterarnos de que muchas de las personas que nos habían felicitado efusivamente, a nuestras espaldas nos iban criticando, despreciando nuestro esfuerzo, nuestro trabajo, incluso y creo fue lo más doloroso, dudaron de lo que nos habían costado las cosas. ¿Qué nos estaban llamando? Era humillante.
De nuevo la rabia y la impotencia se apoderó de nosotras, nos sentimos tan tristes, tan abatidas, toda la ilusión y la alegría de la noche anterior se había convertido en tristeza y desencanto.
Habíamos sido admitidas en la Asociación pero lejos de alegrarnos nos sentimos verdaderamente tristes. ¡Cuanta hipocresía!.
Isabel García Marco
Morata de Jiloca
Bello amanecer
Categoría: Relatos 04 el día 2010-01-28 19:41:29
Bello amanecer
Estas fueron las palabras que mi padre pronunció un día al levantarse por la mañana.
Yo nací en el año 39 justo al terminar la guerra civil española, me contaron que cuando yo nací, mi padre estaba en el frente, que vino con permiso para conocerme y justo en esos breves días acabó la guerra por lo que ya solo tuvo que volver para entregar la ropa. Al día siguiente de dar la noticia de que la guerra había acabado, mi padre, al levantarse por la mañana fue a la ventana, la abrió de par en par y dijo estas palabras:
- Bello amanecer, gracias a Dios que ya se acaba la pesadilla de la guerra.
Después fueron unos años muy difíciles para todos los españoles pero la verdad es que yo recuerdo mi niñez con mucho amor y mucho cariño.
Como en aquellos tiempos escaseaba el dinero mi madre me hizo una muñeca de trapo, ¡era preciosa! pues aunque después tuve otras muñecas compradas ninguna me gustaba tanto como aquella, su pelo estaba recogido en unas trenzas amarillas, de seda la boca, la nariz y los ojos bordados e incluso me hizo mi madre varios vestidos, yo me sentía feliz, también tenía un canastillo lleno de juguetes de arcilla que me habían traído de Villafeliche.
Recuerdo la primera vez que me llevaron a la feria de Calatayud, bajé con mis padres y se vino con nosotros una de mis amigas. ¡Íbamos tan contentas!
El viaje fue un poco pesado ya que bajamos en el carro del tió Blas “el romo” y como íbamos muchos chicos a ratos teníamos que ir andando. La inmensa mayoría de la gente bajaba andando por no gastar una peseta y cincuenta céntimos que costaba el billete de tren. Yo como varios meses antes de llegar estas fechas mis padres ya me habían prometido que ese año me bajarían a la Feria empecé a guardarme los 10 céntimos que mi abuela me daba todos los domingos para poder montarme más viajes en los caballitos. Recuerdo que íbamos todo el camino con una ilusión tremenda y deseando llegar, por fin ¡llegamos a Calatayud!
La primera parada fue en la Fuente de los Ocho Caños que estaba al lado del puente del río junto al matadero, todos los chicos echamos a correr empujándonos unos a otros y bajamos las escaleras que había para llegar a la fuente, todos queríamos beber agua ¡salía tan fresca! y allí mi madre nos lavó la cara y las manos para quitarnos el polvo del camino, después nos cogieron de la mano y fuimos a la “Confitería de Micheto” pues todos los años por esas fechas mi padre iba a pagarles el rento de unas tierras que ellos tenían aquí en el pueblo y que mi padre administraba, cuando ya nos íbamos a mi amiga y a mi nos abrieron la vitrina de los pasteles y nos invitaron a que cogiéramos uno, había tantos que no sabíamos por cual decidirnos, yo cogí un pastel y mi amiga cogió una breva porque le parecía mas grande. Allí nos guardaron el capazo que mi madre llevaba con la comida, después nos llevó mi padre al ferial, para nosotras aquello era impresionante ver tantas caballerías juntas pero pasamos un rato muy entretenidas.
A medio día recogimos el capazo de la comida y nos fuimos a comer a una chopera a la orilla del río, allí había muchos grupos de gente comiendo que igual que nosotros eran de los pueblos y habían acudido a las ferias.
Por la tarde nos llevaron a montarnos en las barcas y los caballitos pues eran las únicas atracciones que había, después fuimos al circo, nunca habíamos sido tan felices.
Finalmente fuimos a reunirnos con nuestros compañeros de viaje para volver a nuestro pueblo, la verdad es que cuando llegamos a casa ya de noche, estábamos muy cansadas pero felices, lo habíamos pasado muy bien y estábamos dispuestas a repetir al años siguiente.
Pilar Bendicho Pascual
Morata de Jiloca
Sólo una historia
Categoría: Relatos 04 el día 2010-01-28 19:40:38
Sólo una historia
María nació en un pueblo cerca de Tarazona, era la pequeña y la única chica entre cuatro hermanos por eso fue una niña muy mimada y en su casa era como una princesita. Su familia era de las llamadas acomodadas y ni en la posguerra tuvo que pasar fatigas porque nunca le faltó de nada, también eran muy religiosos y como a casi todas las chicas de entonces, la educaron para tener y cuidar de una familia.
Se casó y tuvo tres hijos dos niñas y en medio un niño, cuando fueron creciendo estaban todos muy unidos y compartían todas las cosas. Ella trataba de enseñar a sus hijos lo mismo que ella había aprendido, a tratar a las personas con cariño y mucho respeto tanto dentro como fuera de casa, María era completamente feliz en su trabajo de ama de su casa, siempre pendiente de su marido y sus hijos. No tenían mucho dinero pero tampoco les faltaba y eso para ella, era más que suficiente, estaba contenta y daba gracias a Dios.
Pero un mal día su hija mayor tuvo un fatal accidente y murió, a partir de esta desgracia todo cambió y tuvo que reunir fuerzas de donde no tenía para que no se hundiese el resto de la familia. Pero no fue suficiente, su marido no pudo soportar tanto dolor y cayó en una gran depresión Por si fuera poco, su hija pequeña un buen día desapareció sin dar ninguna explicación, para su marido fue otro golpe terrible y se puso peor, ella lloraba y rezaba para que Dios le diera fuerza para poder consolar al marido y al hijo que le quedaba porque ella estaba segura de que su hija, un día u otro, volvería de nuevo a casa. María nunca se quejó por su hija muerta decía que cuando Dios se la había llevado El sabría los motivos. Por la otra, rezaba y lloraba, esperaba que un día llamara a la puerta arrepentida y así su marido al verla, se recuperaría y volvería a ser el marido y el padre de siempre. Ella contemplaba a su hijo y sabía que sufría mucho, sobre todo por la desaparición de su hermana pequeña, aunque él nunca se quejó de nada, al contrario, delante de sus padres procuraba estar contento y darles ánimos, pero ella sabía que lo hacía por ellos. Un día un amigo le dijo que había visto a su hermana, le preguntó qué donde estaba, que quería ir a buscarla. Su amigo le dijo que no era tan fácil decírselo. El pensó que algo raro pasaba, pero que fuese lo que fuese lo importante era ir a por ella y después sus padres ya la cuidarían. El amigo le dijo que no estaba enferma, que quizás, para sus padres fuese mejor así, no saber donde se encontraba. El muchacho no comprendía nada pero insistió para que hablase de una vez. Su amigo al fin le dijo donde estaba su hermana, estaba trabajando en una “casa de citas”. El, incrédulo, dijo que era imposible, que de donde se había sacado una idea así, que seguro que se estaba equivocando. Su amigo muy preocupado por su reacción le contestó que a lo mejor la había confundido con otra persona. Pero por la cara de su amigo supo que en verdad era su hermana. Le pidió que le llevara hasta donde la había visto para poder hablar con ella, necesitaba saber que le había pasado e intentar ayudarla, pues seguramente el problema que tenia, los dos juntos podrían resolverlo mejor. Su hijo nunca se imaginó que aquella visita sería su ruina, cuando llegó a aquella casa, y vio a su hermana con aquellas pintas se quedó helado, le preguntó que es lo le había pasado para llegar a estar como estaba. Ella en lugar de sentirse avergonzada o arrepentida se echó a reír y a decirle a su hermano que de qué le había servido a su hermana ser tan buena y educada, que a ella no quería que le pasara lo mismo y quería disfrutar de la vida, que allí tenía dinero para todos los caprichos que quería. Entonces su hermano le preguntó si no le daba pena lo que sufrían sus padres al no saber nada de ella durante tanto tiempo. Pero ella se volvió a reír diciendo que no le importaba nada ni nadie, que lo único que quería era vivir su vida. El muchacho furioso le dio un par de bofetadas y le dijo que ojala nunca la hubiese encontrado, o mejor aún, que estuviera muerta, que así, por lo menos, el guardaría un hermoso recuerdo como de su otra hermana y así sólo sentía asco, que por el se podía quemar en los infiernos. Cuantas más cosas decía su hermano, ella más se reía, cosa que enfurecía más y más al chico que se olvidó de las buenas intenciones que tenía y sin pensar lo que decía le dijo a su hermana que para él estaba muerta. Entonces ella, llena de odio, le contestó que para demostrárselo que se acostara con ella, le contestó que si estaba loca, que eso jamás. Pero ella se volvió reír de tal manera que al final él, loco de rabia y odio hacia su hermana, lo hizo.
A partir de ese día, el chico cada día estaba peor de pensar en lo despreciable que había sido, se sentía más sucio y podrido que ella. Tanto lo sintió que tuvo que ser ingresado en un psiquiátrico, su amigo sospechó que algo había pasado el día que fue a ver a su hermana, pero el jamás le contó nada. Para poder averiguar lo que había pasado, su amigo fue en busca de la chica, pero le dijeron que hacía mucho tiempo que se había marchado de allí y nadie sabía su paradero.
El padre no pudo soportar tanto dolor y murió, María se sintió morir con él, pero pensó que su hijo le necesitaba más que nunca y que por él debía seguir luchando.
Con su amigo iba todos domingos al psiquiátrico para verlo y darle fuerzas para salir de allí, su amigo seguía pensado que algo pasó entre los dos hermanos, pero no podía imaginar el motivo. Este amigo nunca lo abandonó y tampoco le preguntó nada de su hermana, pues tenía miedo de su reacción.
Un día su amigo por casualidad se la encontró en la calle y ella se acercó a preguntarle por sus padres y su hermano. Le dijo que su padre había muerto y que su hermano a partir del día que la había visitado se puso enfermo y estaba ingresado en un psiquiátrico. Ella se puso a llorar amargamente y le dijo que al día siguiente tenía el día libre, que la esperase para ir a visitar a su hermano y pedirle perdón por el daño que le había causado. Su amigo pensó que el perdón era por la vida que había llevado.
Cuando al día siguiente vio a su hermano en las condiciones que se encontraba se puso de rodillas llorando y suplicando perdón. Pasaron la tarde juntos, se contaron muchas cosas, ella le dijo que a partir de la tarde aquella se marchó de allí y había emprendido otra vida, la vida que siempre les habían enseñado sus padres. Desde ese día, su hermano volvió a tener ganas de vivir y de luchar para curarse. Hubiera querido decirle a su madre que su hermana había vuelto, pero ella le dijo que esperase a estar bien, que ella sola no se atrevía a presentarse delante de su madre, que sabía que la perdonaría, pero sola era demasiado difícil, que cuando el estuviera bien irían para quedarse siempre juntos.
Pasaron tres meses y una tarde cuando fue María a ver a su hijo le dieron una gran alegría, le iban a dar el alta y se marchaba a casa. Ella pensó en su marido, y su hijo empezó a hablarle de su hermana. Esto le extrañó muchísimo, pues el había dejado de hablar de ella hacía mucho tiempo, por eso le preguntó que si sabía algo que se lo dijera, que no podía ser peor que estar sin saber nada de ella. El entonces se dio cuenta de que no hacían falta muchas explicaciones, llamó a su hermana y le dijo que no esperase más y que el domingo fuese a comer a casa, ella estaba muy asustada, no sabía como pedirle perdón a su madre, no sabía que no le hacía falta, que los sentimientos dicen más que mil palabras. Cuando estuvo frente a su madre no pudo contenerse y se echó a llorar, su madre le abrazó muy fuerte llorando también.
Paso el tiempo y la hija se casó con el amigo de su hermano, le contaron lo sucedido y el dijo que no le importaba, que bastante habían sufrido y que el la quería desde que eran niños.
La boda fue muy bonita, y aunque María echó mucho de menos a su marido y a su otra hija, no dijo nada para no entristecerles ese día tan hermoso.
Luego tuvo tres nietos y eso la hizo olvidar sus últimos años de sufrimientos, pensaba que su marido y su hija los cuidaban desde el cielo, así que a ella ya no le importaba morir y una tarde del mes de mayo tranquila y apaciblemente se marchó. Sus hijos y nietos la extrañaron mucho, y también todos los que la conocían porque fue una mujer muy buena y cariñosa con todos.
María era mi vecina, la quise y la aprecié mucho, ahora a pesar de haber pasado muchos años, siempre tengo un recuerdo y una oración para ella.
Amparo Palacián Ferrando
Morata de Jiloca
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