Escribo para ti, escribes para mí

El abrazo de las palabras

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Ausencia

Categoría: Relatos 04 el día 2010-01-28 20:04:18

 

“Ausencia”
El amanecer, hacia tanto tiempo de aquello, apenas si podía ver el horizonte las lagrimas llenaron sus ojos y a su cabeza acudieron recuerdos desde los mas recientes hasta los mas remotos que   pudiese recordar.
Había llegado al pueblo justo al anochecer, la casa que heredara cuando murió la abuela necesitaba algunos arreglos pero era el único lugar en el que deseaba ocultarse del mundo..
Cansada de conducir tantas horas solo pensó en acostarse ni siquiera había deshecho las maletas pero no importaba tenia todo el tiempo del mundo por delante y rendida se durmió.
Abrió los ojos como si alguien la llamase, totalmente relajada no sabia la hora que era ni tampoco se había quitado la ropa miro por la ventana y una sonrisa ilumino su cara estaba a punto de amanecer y no quería perderse ese momento corrió por la ladera hacia el acantilado como hizo durante años.
Y allí estaba sola, pero llena de paz esa paz que no se podía describir y que ahora no quería compartir con nadie.
El sol había salido y sus rayos se reflejaban en el inmenso océano tanto que hubo que apartar la vista, al girar la cabeza divisó la playa ahora desierta
A su mente acudieron recuerdos de cuando ella llego a este lugar con su familia, su padre era arquitecto y allí lo había enviado la empresa encargada de un gran hotel.
A mis padres les encantaba el mar, el clima era perfecto y decidimos quedarnos.
Por entonces contaba yo con dieciséis años andaba con un grupo de amigos y un par de aventuras ya había tenido pero mi corazón seguía libre.
En aquel fatal mes de mayo ,la abuela me dio la peor noticia de mi vida papa y mama habían perdido la vida en un accidente cuando regresaban de un viaje de negocios, fue muy duro superar aquello, pero el tiempo lo cura todo y la abuela y yo tuvimos que seguir adelante, yo empecé a frecuentar el acantilado sobre todo al amanecer , allí en la soledad encontraba la paz que tanto necesitaba y que me daba fuerzas para afrontar un nuevo día .
La abuela había comprado un local en el cual había abierto una tienda de regalos que gracias al turismo funcionaba muy bien y yo le ayudaba cuando terminaba las clase.
Recuerdo a Pablo, la ultima vez que le vi fue en el funeral de la abuela, de eso hacia ya seis años y en su mirada pude ver que seguía enamorado de mi, no se había casado ni tampoco se le conocía relación alguna, siempre fuimos muy buenos amigos, la verdad es que era un chico especial, todos decían que acabaríamos juntos y salimos durante algunos meses pero tuvo que marcharse a estudiar fuera del pueblo y decidimos dejarlo.
No se si llegue a enamorarme de él, pero para él no existía una persona tan especial como yo.
Pablo estudio la carrera de medicina y logro quedarse en el pueblo, la gente estaba muy contenta con el y decían que era   un buen medico. A su regreso yo trabajaba de relaciones   publicas en un hotel, mis compañeras decían que tenia un don especial para tratar con la gente.
Un día mientras trataba de explicarles a una pareja con su perro que en el hotel no se admitían mascotas, vi llegar un lujoso coche   del que salió un   joven que tras coger su equipaje se encamino hacia donde yo me encontraba, quizás   porque me vio con el uniforme me saludo muy amablemente.  
Casualidades de la vida siempre me solía encontrar   con Andrés que así se llamaba aquel joven que lleno un capitulo muy importante de mi vida.. había pasado una semana desde   que Andrés llegara al hotel   que una noche me invito a salir.  
Andrés era arquitecto como mi padre y estaba allí para hacer un proyecto de una gran urbanización, nuestras salidas se repitieron todos los días y a los dos nos encantaba la playa y pasear por la arena, le enseñe mi lugar secreto en el que yo me sentía viva “ el acantilado “.
Pero como todo llego el   día que tuvo que marcharse y me pidió que me marchase con el. “ Dios mío” había deseado tanto ese momento, pero tendría que dejar mi trabajo, mis amigos y sobre todo a la abuela que deseaba terminar sus días allí.
Andrés y yo decidimos darnos un tiempo pero Andrés regreso en navidad me dijo lo mucho que me quería, que no había podido olvidarme y que esperaría hasta que yo estuviese segura de ir con él, dejaba tantos recuerdos para empezar una nueva vida, pero la abuela insistió, sabia que al lado de Andrés no me faltaría nada y además estaba locamente enamorada.
Me case con Andrés en el pueblo, fue una ceremonia sencilla, ambos lo quisimos así, a la mañana siguiente nos levantamos temprano teníamos que marcharnos y yo quería ir al acantilado para ver el primer amanecer de mi nueva vida, sabia que pasaría mucho tiempo para poder verlo de nuevo.
Emprendimos el viaje y yo no pude evitar mirar hacia tras pensando en todo lo que dejaba, las lagrimas empañaron mis ojos.
Un día recibimos un telegrama con la noticia de la enfermedad de la abuela   decidí ponerme en camino pero cuando llegue ya había fallecido, sus amigos la cuidaron muy bien y por ello les di las gracias, después de ocuparme de todo el papeleo llego el funeral, fue precioso y al ver tanta gente supe lo mucho que la querían.
Me hubiera gustado pasar las ultimas horas con la abuela tenia tantas cosas que me quedaron por contarle, solamente me quede unos días para dejar todo arreglado, alquile la tienda y alguien me ofreció un buen dinero por la casa pero no la vendí algo en mi corazón me dijo que no lo hiciese.
Habían pasado cinco años desde la muerte de la abuela y no había un solo día junto a mis padres que no la recordara, faltaban unos    días para navidad había empezado a nevar y aquello prometía, me gustaba la navidad que tantos recuerdos traía de mi niñez, los villancicos, los regalos y toda la familia junta adornábamos la casa.
Decidimos colocar un gran árbol y sacamos todos los adornos, Andrés quiso colocar la estrella en lo mas alto y de pronto cayo desplomado al suelo con un fuerte dolor en el pecho,  fueron días   luchando por su vida pero Andrés no lo supero y falleció el día de navidad de un infarto, la misma navidad que un día lo trajo a mi lado ahora me lo quitaba, 
Llore por Andrés hasta que no me quedaron lagrimas, sentí que mi vida no tenia sentido sin el, ni siquiera habíamos tenido un hijo, algo suyo que me lo recordase siempre, ahora si estaba sola ni siquiera su familia ni amigos se interesaron por mi.
Tarde varios meses en recuperarme y no fue nada fácil tomar una decisión pero esta vez solo seguí a mi corazón,   busque un buen abogado que me ayudara con todo lo que tenia, vendí la casa, propiedades y el coche de Andrés guarde parte de sus cosas y   todo lo que me recordaba a el, todavía quedaban algunas cosas por solucionar cuando decidí marcharme por lo que le di al abogado una dirección para que me localizase.
Después de echar una ultima mirada a lo que habían sido los últimos años de mi vida subí al coche y salí a la carretera esta vez no llore y   sabia muy bien hacia donde me dirigía, en ese lugar encontraría la paz y alo mejor la felicidad que tantas veces había perdido.
Y allí seguía sola sentada en el bode del acantilado, tenia que regresar había tantas cosas que hacer, arreglar la casa y el jardín, abrir de nuevo la tienda,   visitar a los amigos, aunque muchos ya se habrían enterado al ver el coche en la puerta.
Me daba miedo enfrentarme a todo eso rehacer una vida no es fácil, pero una cosa tenia segura no volvería a irme jamás, quería que mis días acabaran allí y que mis cenizas fuesen arrojadas por el acantilado, creo que es la manera más bonita de sellar mi vida.
Los ladridos de un perro le hicieron girar la cabeza, miro el reloj apenas había pasado una hora pero tiempo suficiente para recordar toda una vida.
La figura de un hombre distorsionada por la luz apareció tras el perro, por un momento pensó que era Andrés, hasta ahora no se había dado cuenta de cuanto se parecían,   Pablo llego a su lado y con un abrazo le susurro “ BIENVENIDA A CASA”.
Mª Pilar Vivas Soriano
Alhama de Aragón


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A mi madre: el día de su cumpleaños

Categoría: Relatos 04 el día 2010-01-28 20:03:31

 

“A mi madre: el día de su cumpleaños”
Madre : cumplir un año más de vida es todo un acontecimiento de llegar a cumplir 93 años, porque a medida que vivimos aprendemos a amar con más intensidad, todo lo que nos rodea que esta fecha tan especial este llena de Felicidad.
Felicidades madre, fuiste niña, fuiste mujer, fuiste madre, abuela, bisabuela. Hoy celebramos su cumpleaños 93 años al lado de toda descendencia, que llevamos el apellido Mendoza, nuestra madre.
Que dios te de muchos años más de vida para estar cerca de todos la admiramos como madre, y como perfecta abuela para los niños de casa, familiares, amistades y vecinas.
Hoy todos juntos brindemos por la Reina Madre, más que reina, madre ha sido y es una santa.
Reina para los suyos nos ha guiado por el camino de la verdad y la honradez a su lado y al lado de nuestro padre Jesús. Nos hemos hecho hombres, que en la sociedad somos respetados por la humanidad y respeto hacia los demás, nuestro padre: Jesús Ruperez, su marido, que nos dejo hace 34 años, es mucho tiempo, tenia muchas cosas buenas, la honradez de su persona, el apellido Ruperez. Se nota en nuestro pueblo; el abuelo Eusebio, por su calidad de persona, al revisar su historia, encontré lo bien que lo hizo para los pobres de nuestro pueblo su pueblo. Eusebio Ruperez: padre de mi padre Jesús.
Por el apellido de usted madre Mendoza, Ilustre con la noble de Sisamon y la nobleza de Aragón.
Que lindas son las estrellas, que lindo es el sol, que lindo son tus ojos, cuando te miro Yo.
Que lindas que están estas mujeres y hombres, cuando han rebasado los 92 y 93 años.
Que lindo que es Dios, para recibir de su mano esta bendición. Esta bendición venerada, que a los cien llegareis de vuestros hijos acompañados.
Ya no tenéis miedo y tampoco odio, porque siempre Dios, me sigue donde quiera que estéis. Todos mis recuerdos se me aposan en la noche, los buenos se me pasan, y los malos reproches, con el tiempo nuestras vidas son cultivadas. Y con el tiempo por las colinas, somos perdidos y olvidados.
Con asombro de mirarles con admiración de oírles, ni se que puedo decirles, ni que puedo preguntarles, solo diré que a esta parte. Hoy el cielo les ha guiado para recibir este homenaje consolado y con todo consuelo, desde que son desdichados y desdichadas, de llegar a contar estos años.
Solamente hoy sol que nos ve, solamente un Dios que nos guía, solamente hay una luna que nos alumbra, solamente en tierra se camina y en el cielo las personas unidas.
Y así en nombre de nuestro pueblo, hijos, familiares y de amigos, Excelentísimo Ayuntamiento, orgulloso esta el pueblo de tener dichas personas que cuentan con todos estos años. Saludos a estas personas, salud para todos.
“Maria tu hijo te adora, de tu cuerpo al mundo vine y la vida me diste y de tus pechos leche me diste aliento y agua a beber. Madre estoy con usted”.
Jesús Rupérez Mendoza
Ariza


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Ilusiones rotas

Categoría: Relatos 04 el día 2010-01-28 20:02:39

 

Ilusiones rotas
El día amaneció nublado, el cielo era de un color plomizo y una ligera niebla empañaba el paisaje.
Sara miró por la ventana. Aquella noche apenas había dormido. Su mente se empeñó en recordarle las decepciones que había sufrido en su relación con su esposo. Intentó en vano llevar el pensamiento por otros derroteros pero fue imposible conseguirlo.
Se preparó el desayuno, limpió la casa, hizo la comida, salió a comprar... Todo en vano, su mente iba una y otra vez a machacarla con el mismo tema.
Cogió la labor que tenía empezada; estaba tejiendo unos visillos para la ventana de la cocina. Era una verdadera artista con el ganchillo. Lo dejó con rabia al ver que no podía concentrarse.
Puso música para relajarse y se sentó en su sillón preferido, no es que tuviese nada especial, pero su madre siempre que iba a su casa se sentaba en él. ¡Cuánto la echaba de menos!, desde que murió parte de su vida se marchó con ella.
Al pensamiento no hay quien lo detenga y ella lo dejó libre.
Recordó su niñez, feliz con sus padres y su hermano Arturo. Los hermanos se querían mucho, pero ahora ¡estaban tan lejos el uno del otro!. Arturo vivía en Alemania ¡demasiada distancia para poder verse!, se hablaban por teléfono, pero no era lo mismo.
A Sara -de niña- le encantaba subirse a los árboles, jugar a las canicas o al “Churro mediamanga mangotero ¡ di lo qué es!”
Eso no lo hace una señorita -le decía su padre.
Desde muy pequeña le gustó leer; leía todo lo que caía en sus manos. Como Arturo era mayor que ella, sus primeras lecturas fueron “El guerrero del antifaz”, “Roberto Alcázar y Pedrín” y un poco más adelante los “Cuentos de Calleja”.
Un día leyó un cuento de hadas. Le encantó; eran historias de príncipes que se enamoraban de plebeyas y terminaban viviendo felices en países llenos de fantasía.
En su adolescencia, Sara -como todas las niñas de su edad- comenzó a pensar en su “Príncipe Azul”. Sería moreno, con ojos verdes, alto, cariñoso, educado, inteligente... en fin, igual al último cuento que había leído, bueno ¡por supuesto que no sería príncipe!.
Con poco más de quince años conoció al que hoy era su marido. Al principio le pareció un chico normal, pero poco a poco su simpatía la fue ganando y se enamoró perdidamente de él. Había encontrado a su “Príncipe Azul”.
Por David -su esposo- lo dejó todo. Se fue lejos de su familia y empezó una nueva vida al lado del que había elegido por compañero para siempre. Con él hubiera ido al fin del mundo. Le entregó todo su cariño.
Tuvo que adaptarse a una vida muy diferente a la que estaba acostumbrada, al lado de una familia que no era la suya. Tenía poco más de veinte años cuando se casó y se encontró sola.
David era buena persona, pero...no era “su David”, no era aquel muchacho del que ella se enamoró; desapareció su simpatía, su ternura, su delicadeza, en fin era como si al salir de la iglesia se lo hubiesen cambiado.
En ese momento le hubiese gustado que David estuviese a su lado para preguntarle si le decepcionó su inexperiencia ¡en tantas cosas!.
Sara -al principio de su matrimonio- pensó que ella había fallado en algo y procuró esforzarse por ser la mejor esposa del mundo, pero todo continuó igual.
¡Cuántas lágrimas le costó el genio de David!, y recordó cuando de niña su madre la consolaba diciendo: “Si lloras porque has perdido el sol, las lágrimas no te dejarán ver las estrellas”.
En la vida de Sara apareció “su estrella”, Isabel -su hija. La vida se volvió maravillosa.
Cuando su marido venía de mal humor, ella se refugiaba en Isabel que con sus manitas se abrazaba a ella y le sonreía. La niña le hacía olvidar su desilusión.
El tiempo pasa, los niños crecen y su hija ya era una joven emancipada que vivía lejos del hogar.
Cuando David se enfadaba, Sara por no discutir callaba y pasaba días sin hablar, pero él nunca le preguntó por qué de su silencio y jamás le pidió perdón.
Intentó varias veces hablar con él y explicarle como se sentía; él la oía, pero ¿la escuchaba? ¿pensaba realmente sobre lo que Sara quería comunicarle? ¿se daba cuenta que le estaba pidiendo ayuda para seguir viviendo?. Incluso llegó a pensar en que quizá sería mejor desaparecer, total nadie es inmortal, ¿acaso importa marcharse antes?, además ya nadie la necesitaba y menos que nadie, David.
Sara compró -para el día del padre- a su esposo un pequeño detalle. Su hija estaba lejos y creyó que él se sentiría bien al ver que en “su día” tenía un recuerdo. David -sin abrir el regalo- se puso como una fiera y muy ofendido por semejante afrenta, ¿por qué?.
Aquello colmó el aguante de Sara y se quedó vacía. Algo murió dentro de ella.
Al pensar en todo esto reaccionó. ¿Qué estaba haciendo con su vida?. Tenía cincuenta años, todavía le quedaba mucho por vivir y ¡quería ser feliz!.
En ese momento se abrió la puerta y entró David. Sara le hizo sentarse a su lado y tuvieron una larga conversación. Ella le dio de plazo un año para cambiar, si volvía a ser “su David” serían un matrimonio feliz, si continuaba siendo como hasta ahora su relación acabaría.
David por primera vez le pidió perdón y reconoció que tenía un carácter “fuerte”, pero se reformaría. La quería demasiado para perderla.
Ha pasado un año. David y Sara cogidos del brazo, charlan animadamente camino del teatro. En los ojos de ambos se refleja la felicidad.
Sara ha recuperado a su “Príncipe Azul”.
María Teresa Rodríguez Miguel
   Calatayud


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Acordes en el tiempo

Categoría: Relatos 04 el día 2010-01-28 19:54:52

 

Acordes en el tiempo     
La comida transcurrió con una charla amena comentando, que temporalmente el ayuntamiento tenía la casa de los maestros vacía ya que era verano, y ellos la ocuparían, hasta que terminaran de preparar la casa que habían adquirido, también comentaron lo rica que estaba la comida de productos recién recogidos del huerto en esa fértil vega "maña", y el buen vino elaborado artesanalmente de las viñas centenarias del alcalde, que este explicó, las había comprado hacía 5 años, a la misma familia que ellos acababan de comprar la casa.
Por otro lado los niños enseguida se hicieron amigos, el hijo del alcalde le contó al niño nuevo, que él había entrado por un agujero a la casa esa, un día jugando, el otro niño respondió que él también quería ir a jugar allí, mientras… la hermana, les afirmó a los dos: - yo también quiero ir. Si no me dejáis ir con vosotros me chivaré a los papás. - Así que decidieron ir en cuanto terminara la comida.
El alcalde y el forestal comentaron, que bajaban al bar del pueblo para tomar un café. La mujer del alcalde explicó a su nueva amiga que ella haría un café mejor que el del bar para ellas dos, a lo que la amiga respondió: - mientras yo recogeré la mesa. Al poco estaban las dos contándose como era la vida allí, y la otra como había sido la suya hasta entonces.
Los niños dijeron que no querían echar la siesta y que se llevaban a José para que viera el pueblo, sus dos madres respondieron que hacía mucha calor en la calle, pero la alcaldesa rectificó - déjales que ellos ya son mayorcitos, y que se portarían bien, así nosotras estaremos un rato tranquilas charlando de nuestras cosas-.
El trío de niños saltó la tapia de los corrales de la antigua casa, a pesar de que tenía 2m. de altura no supuso dificultad, ya que se apoyaron en los resquicios de las piedras con la que estaba construida. Cruzaron los corrales corriendo, y entre las yedras y enredaderas que cubrían la pared de la casa que daba a los corrales, que estas a su vez, trepaban hasta los balcones, del piso de encima, tapando la casi la totalidad de un lilero. Pedro les enseñó un pasadizo entre las enredaderas, así, que, retirando con las manos la salvaje espesura de estas plantas y agachados, pasaron los 4m. de espesor, que tenía las enredaderas, para llegar a un desprendimiento de la pared, por el que acceder al interior. A pesar de estar toda la casa cerrada, se veía perfectamente y estaba totalmente ventilada por los múltiples agujeros en las paredes, techos y ventanas casi todas ellas rotas. En el piso de abajo no había gran cosa, excepto una puerta, por la cual bajaban unas escaleras a unos subterráneos o bodegas, totalmente oscuros, fríos y con mucha humedad, así que descartaron el piso ese, subieron al siguiente. En el que encontraron un gran salón, con una chimenea grandísima, en la cual había dos bancos laterales y todos los accesorios para atizar el fuego, en el otro extremo del salón, pasando entre la gran mesa y las múltiples sillas y sillones, una gruesa manta ocultaba algo que destaparon inmediatamente, allí estaba un piano de cola, el chico del forestal dijo que había estudiado ese instrumento, pero que no había visto uno tan antiguo, tenía labrados multitud de adornos en la magnifica madera, y ambos lados del soporte para las partituras, se desplegaban dos candelabros con sitio para 5 velas en cada candelabro, El hijo del forestal, abrió el piano, empezó a tocar una canción que sabía de memoria, que había tocado multitud de veces. Los hijos del alcalde se quedaron perplejos de ver como el piano en vez de sonar parecía que hablaba, al poco rato sin dejar terminar al joven músico, su amigo dijo: -vamos arriba a ver lo que hay. Su hermana, que estaba con la boca abierta, mientras que, su corazón se aceleraba, y... entusiasmada admirando el sorprendente chico, y la fantástica canción que salía de sus ágiles manos, no se retiraba del lado de este, pero el joven músico, al ver que su amigo Pedro se marchaba, al piso de arriba. Cerró el piano, fue detrás de él, a lo cual ella, bajó de la nube, mientras su corazón se ralentizaba, subieron las anchas escaleras.
Entraron en una habitación tres veces el salón, allí había de todo, desde herramientas de labranza en un extremo, seguidas de tinajas, terrizos, cazuelas todas ellas de barro, también vieron maquinas para la matanza, incluso un telar, devanaderas, y cosas relacionadas con la costura, que ellos desconocían, en el otro extremo, descubrieron 3 baúles. Abrieron el primero, éste contenía unas ropas antiquísimas, decidieron disfrazarse, poniéndose cada uno lo que cogía primero, calzas chalecos, camisas de fino lino con grandes mangas, mientras cada uno se reía, viendo el aspecto que tenían los otros. Abrieron otro baúl, en éste quedaron más sorprendidos, estaba lleno todo de metales, que al desenvolverlos de las telas que los protegían, encontraron dos corazas, para pecho y espalda, una de ella toda llena de bollos, la otra totalmente brillante, en la cual aún se leían las iniciales del herrero que las forjó, también había dos cascos, uno perfecto y el otro también con algunas abolladuras, mas abajo había dos escudos, ya en el fondo 4 espadas, metidas en sus vainas de acero, con las mismas iniciales del herrero, gravadas en el acero a lado de multitud de dibujos, adornando toda ella magníficamente. Cada uno cogió una espada, las de Pedro y José eran más grandes que la de Pili, aún quedaba otra en el fondo. Ninguno de los tres, podía desenvainar su espada, - Parece que están atascadas - decía José - Pedro tira de la vaina y yo tiro de la empuñadura, - seguían sin poder desenvainar, hasta que Pili golpeó con su espada envainada entre los dos justo en medio, ésta vibró del golpe, y con un chirrido metálico, casi como un silbido, salió la espada a la luz trastabillando los dos niños, los tres quedaron asombrados, tanto por el sonido al desenvainar, como por la luminosidad de esta arma, repitieron la operación con las 3 espadas, y estuvieron jugando hasta que se corto José en una pierna, -Perdona a sido sin querer, ¿te hace daño? - Dijo Pili asustada, dejando caer la espada al suelo y corriendo a ver la herida, de su amigo José. - No es nada, no te preocupes, pero yo ya no juego a las espadas - decía José apretando los dientes. Así abrieron el tercer y ultimo de los baúles, estaba todo lleno de carpetas, atadas con lazos, todas ellas eran de cuero unas mas oscuras y otras en tono mas claro, abrieron una al azar, de cuero oscuro, sacaron un papel, que les gustó mas por los dibujos que tenía en la parte superior, de los cuales no comprendían, ya que estos eran sellos insignias y membretes muy antiguos. Empezó a leer en voz alta el hijo del forestal. - no entiendo casi nada de lo que dice, pero mira lo que pone aquí abajo... 
A la atención de Vuecencia:
La corona de España, ordena al comandante Atilano Bermúdez, emprenda viaje sin demora, teniendo que presentarse en el puerto de Cartagena, para ponerse a las órdenes del almirante Francisco Pérez De Urtalza. Incorporándose, como comandante de tripulación, a la nave de su majestad, llamada, "Rosa Negra". En la que partirá, haciendo escala en Canarias, dirección a las Indias. Si por algún motivo, Vuecencia no pudiera cumplir esta orden, remita la presente, con los justificantes y pliegos que se lo impida a:
La Corona De España
Toledo 5 de Marzo de 1499
Pili rompió el silencio en el que estaban los tres chicos - no esperaba encontrar tantas cosas y tan antiguas aquí ¿hace cuanto descubriste este sitio Pedro? - su hermano le respondió - Hace unos pocos días, pero no había pasado de la primera planta, me daba miedo investigar, yo solo, lo descubrí persiguiendo al gato de los vecinos. Tenemos que irnos, ya casi no se ve
Al mes y medio de terminar los albañiles, después de toda una semana, limpiando, solamente la entrada y el piso de encima, donde estaban, cocina, baño, 8 habitaciones y el gran salón. Llevaron todas las ropas y maletas de la casa de los maestros, a la casa que deseaban entrar a vivir, lo antes posible, poco a poco irían adecentando el resto de la casa. La primera noche que dormían allí, despertó a Maria Jesús los acordes del antiguo piano, se levantó, entró en el salón. Estuvo varios minutos escuchando, unas canciones muy hermosas, que jamás había tocado su hijo, ya que conocía todo el repertorio del muchacho, no quería molestarlo, es mas, estaba orgullosa, de lo que había mejorado su hijo, desde que practicaba a ratos con ese piano. Al poco tiempo sintió el abrazo de su marido, éste, le susurró al oído - sino viera que es el niño, no me lo creería, suena de otra manera que cuando lo toca por el día, se pusieron ambos lados del niño, y se sorprendieron, que ni siquiera los miró, al poco, se dieron cuenta que estaba con los ojos cerrados. El niño estaba liberando del piano unos acordes que hacía muchos, muchos, muchos, años que no salían de esa caja de resonancia, los acordes y esa bella melodía, la cual punteaba su mano derecha, y a esta la izquierda respondía, subiendo y bajando, en un contrapunto en el tiempo, unas veces muy suave subiendo, y a saltos acentuando las notas dominantes cuando descendía. No querían despertarlo, ya creían que se había curado del sonambulismo, esperarían a que terminara, para, tranquilamente, con mucha suavidad, le dirían que regresara a la cama. Los acordes reverberaban en todo el salón, alcanzaban la libertad por el amplio balcón, abrazando a la luna llena y acariciando la noche, transportados de una época a otra, por las manos del inocente niño. El niño sentía la música muy lejana. Él veía la luna llena, pero no a través del balcón, sino lejos en el horizonte, donde acariciaba el mar al cielo, aspiraba el olor a salitre, que transportaba la humedad de la brisa marina, sentía bajo sus pies el pasar de las olas por el casco de la fastuosa nave, "Rosa Negra”. Cuando cesó de tocar, le dijeron -Pedro, vamos a la cama que es demasiado tarde - Sin abrir los ojos se dejó llevar por sus padres y estos lo acostaron.
Todas las noches, de luna llena, los dos primeros meses, y después todas las noches, sin tener relación con la luna, se levantaba el joven sin darse cuenta y tocaba y tocaba cada noche más y más tiempo y cada vez sonaba mejor el antiguo piano.
La luna y las estrellas no dejaban de mirar desde el firmamento a la nave "Rosa Negra" cada noche estaba más cerca de las Indias, dejaba una larga y brillante estela tras la popa. José le contaba estos sueños a Pili, en el escondite secreto que descubrieron, y esta, en el primer sueño un escalofrió recorrió todo su cuerpo, se abrazó a él suspirando, maravillada por lo que le hacía sentir en el corazón su amigo. Éste le dijo: - cuando sea mayor me casaré contigo iremos en barco siguiendo la ruta que hizo la nave "Rosa Negra" tocare el piano para ti todas las noches del viaje, mis acordes unirán el cielo con el mar, disfrutaremos del paraíso que veo en mis sueños, mientras nuestros corazones y cuerpos se funden en uno solo.
José Martín Franco Hernández
Calatayud


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Pablo

Categoría: Relatos 04 el día 2010-01-28 19:53:40

 

Pablo
Recostado en un nogal, Pablo estaba recortando -con una pequeña navaja- una caña para hacerse con ella una flauta.
No tardó mucho en terminarla. La miró complacido, le había quedado muy bien; los agujeros eran perfectos y la parte de la boquilla la cortó con sumo cuidado.
Se la llevó a los labios para probar su sonido. Los dedos los movía con gran destreza y tocó con ella una preciosa balada que había aprendido de su abuelo.
Estaba tan contento que reía y saltaba de gozo.
Su perro “Rudy” ladraba y movía el rabo alborozado mirando a su amo. Al cabo de un rato los dos terminaron rodando por la hierba y jugueteando como dos chiquillos.
María desde la ventana de la cocina miraba embelesada a su nieto. Un velo de tristeza pasó por su rostro, ¡qué feliz sería su abuelo si pudiera verlo!, pero Samuel había muerto hacía dos años. Movió la cabeza desechando la tristeza, ella tenía que darle gracias a Dios -aunque seguía añorando a su esposo-, tenía a su hija y nieto que eran la alegría de su vida.
Su hija Laura llegó en ese momento al lado de Pablo; éste al verla, se levantó del suelo y la abrazó. El perrillo izó sus patitas y Laura lo acarició sonriendo.
Madre hijo entraron en casa bromeando. María les salió al encuentro. Pablo la abrazó y le enseñó la flauta que se había hecho con la caña.
- ¿Te gusta, abuela?
- ¿Cómo no me va a gustar? ¡es la flauta más bonita que he visto nunca!
Pablo interpretó el estribillo de una conocida canción y ambas mujeres le aplaudieron entre risas.
Después de comer, el joven subió a su habitación a estudiar y mientras Laura recogía la cocina, María se acomodó en el sofá y cerró los ojos.
Se sentía feliz, ¡qué lejos quedaban aquellos tiempos en los que lo pasaron tan mal. ¡Cuántas lágrimas derramadas!.
Recordó a su hija; una joven sencilla y discreta llena de encanto, a la que tanto ella como su esposo adoraban. Vivían en un pueblecito no demasiado grande, allí todos se conocían. Laura -como todos los niños del pueblo- iba al colegio a una ciudad cercana. Un autobús los recogía por la mañana y cuando terminaban las clases los llevaba de regreso al pueblo.
Cuando Laura tenía quince años conoció a un joven. Se hicieron grandes amigos y poco a poco esa amistad se convirtió en amor.
Laura cumplió diecisiete años y lo celebró con sus amigos y amigas.
Pasados unos días María veía a su hija muy callada, algo que en ella no era normal, pues era una joven alegre y cariñosa.
- ¿Qué te ocurre, hija?- le preguntó María.
Laura se echó a llorar y le contó a la madre que el día de su cumpleaños se dejó convencer por Daniel y... creía que estaba embarazada.
María y Samuel -su esposo- pasaron la peor noche de su vida; sentados en la cama hablaron y hablaron durante horas pensando en cómo afrontar el problema.
Por la mañana fueron con Laura a la ciudad para hacerse la prueba del embarazo. Salió positiva.
Laura habló con Daniel y cual no sería su sorpresa cuando éste se desentendió de su responsabilidad. La única explicación que le dio fue que él tenía veintidós años y no estaba dispuesto a tener ninguna atadura.
Llegó a casa y entre sollozos les contó a sus padres lo ocurrido.
En el pueblo no faltaron los comentarios y las críticas a Laura por quedarse embarazada, pero María y Samuel iban con la cabeza “muy alta” y siempre defendieron a su hija.
Llegado el momento acogieron al niño con todo el amor del mundo, así que Pablo nunca echó en falta la figura paterna.
Laura intentó hablar en varias ocasiones con su hijo para explicarle quién era su padre, pero él no quería escucharla.
Era un joven bueno y obediente pero siempre que su madre o abuela intentaban contarle lo ocurrido se desentendía. Las abrazaba y les decía que para él “su papá” siempre sería su abuelo Samuel. ¿Para qué quería otro si había tenido el mejor del mundo?.
Pasado algún tiempo Laura se sentó con su hijo para explicarle todo lo concerniente a su nacimiento.
Pablo le contó por qué nunca quería hablar del asunto. Cuando él tenía ocho años, un amiguito del colegio le dijo que su padre era Daniel.
Pablo lo esperó a la puerta de su casa y cuando salió le preguntó:
- Señor, ¿es usted mi papá?
- ¿Quién te ha dicho eso, mocoso? ¡yo no soy padre de nadie!- contestó Daniel.
A partir de ese momento para él sólo contaba su abuelo Samuel.
Pablo estudió Medicina y se especializó en Cardiología.
Aunque por su trabajo vive en la ciudad, siempre que puede va al pueblo, donde siguen viviendo su abuela y su madre; allí es muy querido por todos pues siempre ha sido un joven muy cariñoso y respetuoso con todo el mundo.
A Daniel lo llevaron al hospital con un problema importante de corazón. Su estado era crítico.
Pablo al reconocer a su padre se emocionó. ¡Tenía que salvarlo!, y gracias a su rápida intervención quirúrgica consiguió arrancarlo de las “garras” de la muerte.
Daniel, cuando estuvo consciente y supo a quien le debía la vida, bajó la cabeza avergonzado.
¿Sería demasiado tarde para recuperar a un hijo al que nunca quiso reconocer como suyo?.
María Teresa Rodríguez Miguel
Calatayud


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En busca de la felicidad

Categoría: Relatos 04 el día 2010-01-28 19:52:56

 

En busca de la felicidad
La habitación del hotel Waldort Astória estaba en penumbra la gran diva Laura Francés dormía, la representación la noche anterior de la ópera “Tosca” en el Metropólitan de Nueva York había terminado muy tarde, como siempre Laura había triunfado, al final de la representación saliendo a saludar durante más de quince minutos, el público, su público, no paraba de aplaudirle y vitorearle.
Cuando hacía tres años atrás estando de gira por Europa, acababa de estrenar “La Traviata” de Verdi en París, con mucho éxito de crítica y público, se suspendió la función porque la protagonista no se encontraba bien, hacía tiempo que arrastraba una gran depresión que iba salvando gracias a las pastillas.
En su vida personal se sentía muy frustrada, ahora se daba cuenta que no era feliz, su matrimonio no era tan brillante como su carrera en el bel canto.
Se casó muy enamorada con Renato Salvatori, se habían conocido en un concierto de Wagner que Alfredo Kraus daba en el Conver Garden de Londres, un amigo común y luego su representante los había presentado.
Fue un flechazo, Renato era muy guapo y persuasivo, y ella, Laura, nunca se había enamorado, no tenía tiempo, su carrera era para ella lo primero, así que no lo pensó mas, se casaron en Roma, fue un gran acontecimiento social, las fotos salieron en todos los periódicos.
Al principio de su vida en común todo fue maravilloso, el hecho de que los dos pertenecían al mundo del bel canto les permitió compartir viajes, conciertos e incluso alguna vez fueron pareja en alguna ópera, que era la envidia en el mundo del espectáculo.
Varios años después, el matrimonio se fue distanciando y Laura se fue sintiendo cada vez peor, y acudiendo a las pastillas para todo, para dormir, para estar más alegre en la vida social que le tocaba representar y sobre todo acudía a ellas para poder brillar cada noche en cada función teatral, lo curioso del caso era que su voz no se resintiera, al contrario pareció que cada día cantaba mejor.
Renato por el contrario, estaba sufriendo un bajón en su carrera, la crítica lo estaba castigando y el público también se mostraba frío con él, lo que hizo que se fuera distanciando cada vez más de Laura, entre otras cosas empezaba a sentir celos profesionales de su propia mujer, poco a poco fue haciendo su vida fuera del matrimonio.
Fue entonces cuando Laura decidió dejarlo todo aunque fuera por un tiempo, no quería que su publico se diera cuenta de que ella no estaba bien, no podía defraudarles, cada noche en cada función le demostraban que estaban con ella, por eso se entregaba aunque por dentro algo se hubiera roto.
Por mediación de una amiga que le conocía bien, le aconsejo que cambiara de aires, que se fuera a un país en el que nadie la conociera y pudiera encontrar la paz que ahora tanto necesitaba.
Encontró un hotelito en una pequeña aldea al norte de Benarés, en la ribera del Ganges, no se lo pensó dos veces, sin decirle nada a nadie, cogió una pequeña maleta y el primer vuelo a la India.
Al llegar a Calcuta ya era noche cerrada, tenía reservada habitación en un hotel cercano al aeropuerto, para el día siguiente emprender camino hacia su destino.
Los primeros días que Laura pasó en aquel lugar no se atrevió ni a salir de la habitación, se lo pasó durmiendo y pensando que es lo que le había llevado a vivir esta situación.
Se dio cuenta que ni siquiera había llamado a Renato, pero qué le iba a decir ¿Qué se había ido a un lugar recóndito de la India para pensar? Seguramente creería que se había vuelto loca.
Cuando por fin se decidió a salir a la calle con un sombrero y unas gafas para protegerse del sol abrasador, lo que vio la deslumbró, el enorme colorido de las ropas de las gentes, de la tierra, de las calles y más allá un gran río lleno de vida, por todas partes multitud de niños, muchos niños y entonces mirando aquellas caritas, de mirada profunda, sintió que lo que ella necesitaba para ser feliz era ser madre. Lo había conseguido todo en la vida, fama, dinero, prestigio, pero no tenia hijos, ahora se daba cuenta de que todo su sufrimiento tenía una razón de ser.
Pasó toda la noche sin poder dormir, dándole vueltas en la cabeza a una idea que le rondaba desde que viera todos aquellos niños solos deambulando por las calles sin rumbo fijo.
Pero ahora sentía que había llegado el momento de hacer algo que diera sentido a su vida.
Se puso en contacto con el consulado de su país, en Calcuta, no creía que le fuera difícil, pues se consideraba ciudadana del mundo y así era reconocida. Gracias a su fama consiguió una cita con el cónsul directamente y tras exponerle su caso, éste la acompañó personalmente a un orfanato solventando la burocracia necesaria en estos casos.
Aquel lugar estaba regentado por religiosas, estaba muy limpio y trataba de ser lo mas alegre posible, pero aun así, los niños tenían los ojos tristes.
Se fijó en una niña de color azabache de mirada perdida, yacía en la cama, tendría unos cuatro años y le habían recogido en la calle desnutrida y deshidratada, nadie le había reclamado ni creían que fueran a hacerlo, cada día recogían niños en las calles sin que nadie fuera a por ellos.
Le planteó al cónsul la posibilidad de que ella adoptara esa niña, con ella iba a tener todo el amor del mundo. Quedaron que en unos días le darían la contestación, mientras preparaban todo el papeleo.
Los días que siguieron, fueron para Laura un sin vivir, haciendo planes para el futuro con su hija, ya la llamaba a sí. Llamó a su representante y a Renato, diciéndoles que pronto volvería con una sorpresa, que cambiaría su vida.
La reacción de Renato cuando regresó con la niña, no fue la que ella esperaba, se mostró un tanto frío, sobretodo porque en algo tan importante para su vida como adoptar un hijo, no le hubiera consultado, a él no le gustaban los niños, le parecían un incordio, cuando la vio sintió una especie de rechazo, ¿no podía haber elegido una niña rubia y de ojos azules, como él?,claro que en la India eso era imposible.
Qué pensaría su familia?, él pertenecía a una familia de la aristocracia italiana a la que no le gustaba alguien que no formase parte de su mundo.
Pasaron los años, parecía que su vida se había estabilizado y volvió a cantar.
Ya era media tarde, cuando la doncella de la suite del Waldort Astória, entró a despertar a Laura, la llamó, pero no contesto, cuando se acercó y la tocó, estaba fría, encima de la mesita, encontró numerosos envases de pastillas, todos vacíos.
Rosa Marín Gil
Calatayud


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