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José Ramón Olalla
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Los tres deseos

Categoría: Otro contenido el día 2007-12-14 18:20:59

Este es el cuento de los tres deseos ¿puedes cambiar su contenido?

Hace ya muchos años, en la época en que Dios y los Santos andaban por el mundo, había un matrimonio muy pobre, pero muy feliz. Vivía en
una casita en medio del bosque, donde se mantenían con el trabajo del esposo, que era leñador.

lenador.jpg

Aunque el matrimonio era muy pobre, siempre estaba dispuesto a brindarle ayuda a los que llamaban a su puerta, y a compartir con ellos lo poco que tenían. Los esposos se querían mucho y se sentían felices con la vida que llevaban. Todas las noches, antes de comer, daban gracias a Dios por la felicidad que dentro de su pobreza gozaban.

Un día, mientras el leñador trabajaba en lo más remoto del bosque , apareció en la casa un viejito que dijo que se había perdido en el bosque y hacía días que no probaba bocado. La mujer del leñador tenía muy poco para comer pero siguiendo su costumbre, le dio al viejito gran parte de su comida.
El viejito comió todo lo que le sirvieron, y al terminar le dijo a la mujer que él era un enviado de Dios y que la había visitado para probar su bondad y que en premio a su bondad les concedería una gracia especial”. Por eso desde este momento se les concederán tres deseos . Las tres cosas que ustedes pidan les serán concedidas. "
Al escuchar las palabras del viejito , la mujer del leñador, llena de alegría dijo: “¡ Ay , si mi marido pudiera estar aquí, para escuchar lo que usted dice !”
No había terminado la mujer de pronunciar estas palabras, cuando se apareció en la casa el leñador, todavía con el hacha en las manos. Se había cumplido el primer deseo.
El leñador no comprendía lo que había sucedido; cómo era que, estando en el bosque cortando un árbol se encontraba ahora de pronto en su casa.
La mujer al verlo le abrazó y le contó lo que había ocurrido. El leñador se quedó un rato pensando en lo que su mujer le había dicho, mientras
miraba al viejito, que seguía allí sin decir palabra.
Muy pronto el leñador se dio cuenta de que su mujer, sin quererlo, había expresado uno de los tres deseos, y pensando en las otras cosas que hubieran podido pedir en el primer deseo, se puso furioso con ella. Era la primera vez que se enojaba con su esposa y eso a causa de que ella había malgastado uno de los tres deseos. La ambición de poseer riquezas
lo trastornó de pronto, e insultando a su esposa, entre otras cosas le dijo:
” ¡Parece mentira que seas tan estúpida. Hemos perdido uno de los tres deseos y ahora no podremos pedir nada más que dos cosas! ¡Eres una idiota!
¡Ojala te salgan orejas de burro!”
Tan pronto dijo estas palabras, las orejas de su esposa comenzaron a crecer hasta convertirse en unas orejas puntiagudas y peludas, como las de los burros.
Cuando la mujer se tocó las orejas y comprendió lo que había pasado, se puso a llorar. El leñador al darse cuenta de que su maldición se había cumplido, avergonzado y arrepentido de su actitud, se abrazó a su esposa.
El viejito, que hasta entonces había observado todo sin hablar, se les acercó y les dijo:
” Hasta el presente ustedes habían sido felices y nunca se pelearon; sin embargo, ahora, de solo saber que podían adquirir riquezas y poder, han cambiado. Pues bien, solo les queda un deseo por expresar. ¿Cuál es?"
El leñador miró al viejito y le dijo:
” Sólo queremos la felicidad que teníamos antes de que a mi esposa le salieran esas orejas de burro”.
No bien había dicho estas palabras, cuando todo regresó a la normalidad.

Antes de irse y en prueba del arrepentimiento que el matrimonio había tenido el viejito les concedió La dicha de tener un hijo que les nacería pronto. Meses después nació el niño y la familia vivió feliz por el resto de sus vidas.


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Estructura de Propp

Categoría: Propp el día 2007-12-14 18:04:20

propp.jpg


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Respondo y cuento

Categoría: Preguntas el día 2007-12-14 17:58:36

preguntas.jpg

¿Quién es? - ¿Cómo es? - ¿Qué hace? - ¿Dónde? - ¿Cuándo? - ¿Por qué?

 

 


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Narro con respuestas

Categoría: Preguntas el día 2007-12-14 17:57:37

hechaslaspersonas.jpg

Artículo y adjetivo masculino
 
Nombre masculino (propio, profesión...)
 
Añade al verbo un artículo y un adjetivo femeninos
se encontró
Nombre de mujer
 
Lugar de encuentro
 
¿Qué hacen?
 
Él le dice
 
Ella le responde
 
Conclusión
 
 


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Protagonistas, antagonistas...

Categoría: Barajas y fichas el día 2007-12-14 17:37:19

 protas.jpg

Pega las imágenes que has utilizado como protagonistas de tu cuento y cuélgalo.


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El tamborilero mágico

Categoría: Finales y ... el día 2007-12-14 17:11:10

Lee el cuento del tamborilero mágico e invéntale un final.

 
tamborilero.jpg Érase una vez un tamborilero que volvía de la guerra. Era pobre, sólo tenía el tambor, pero a pesar de ello estaba contento porque volvía a  casa después de tantos años. Se le oía tocar desde lejos: barabán, barabán, barabán…
Andando y andando encontró  a una viejecita.
- Buen soldadito, ¿me das una moneda?
- Abuelita, si tuviese, te daría dos. Incluso una docena. Pero no tengo.
- ¿Estás seguro?
- He rebuscado en los bolsillos durante toda la mañana y no he encontrado nada.
- Mira otra vez, mira bien.
- ¿En los bolsillos? Miraré para darte el gusto. Pero estoy seguro de que… ¡Vaya! ¿Qué es esto?
- Una moneda. ¿Has visto cómo tenías?
- Te juro que no lo sabía. ¡Qué maravilla! Toma, te la doy de buena gana porque debes necesitarla más que yo.
- Gracias, soldadito –dijo la viejecita-, y yo te daré algo a cambio.
- ¿En serio? Pero no quiero nada
- Sí, quiero darte un pequeño encantamiento. Será este: siempre que tu tambor redoble todos tendrán que bailar.
- Gracias, abuelita. Es un encantamiento verdaderamente maravilloso.
- Espera, no he terminado: todos bailarán y no podrán pararse si tú no dejas de tocar. tamborilero3.jpg
- ¡Magnífico! Aún no sé lo que haré con este encantamiento pero me parece que me será útil.
- Te será utilísimo.
- Adiós, soldadito.
- Adiós, abuelita.
Y el soldadito reemprendió el camino para regresar a casa. Andando y andando… De repente salieron tres bandidos del bosque.
- ¡La bolsa o la vida!
- ¡Por amor de Dios! ¡Adelante! Tomen la bolsa. ¡Pero les advierto que está vacía!
- ¡Manos arriba o eres hombre muerto!
- Obedezco, obedezco, señores bandidos.
- ¿Dónde tienes el dinero?
- Lo que es por mí, lo tendría hasta en el sombrero.
Los bandidos miran en el sombrero: no hay nada.
- Por mí lo tendría hasta en la oreja.
Miran en la oreja, nada de nada.
- Os digo que lo tendría incluso en la punta de la nariz, si tuviera.
Los bandidos miran, buscan, hurgan. Naturalmente no encuentran ni siquiera una moneda.
- Eres un desarrapado –dice el jefe de los bandidos-. Paciencia. Nos llevaremos el tambor para tocar un poco.
- Tomadlo –suspira el soldadito-, siento separarme de él porque me ha hecho compañía durante muchos años. Pero si realmente lo queréis…
- Lo queremos.
- ¿Me dejaréis tocar un poquito antes de llevároslo? Así os enseño cómo se hace ¿eh?
- Pues claro, toca un poco.
- Eso, eso –dijo el tamborilero-, yo toco y vosotros (barabán, barabán, barabán) ¡y vosotros bailáis!
  Y había que verlos bailar a esos tres tipejos. Parecían tres osos de feria.
 Al principio se divertían, reían y bromeaban. 
- ¡Animo, tamborilero! ¡Dale al Vals!
- ¡Ahora la polka, tamborilero!
- ¡Adelante con la mazurca! 
Al cabo de un rato empiezan a resoplar. Intentan pararse y no lo consiguen. Están cansados, sofocados, les da vueltas la cabeza, pero el encantamiento del tambor les obliga a bailar, bailar, bailar…
- ¡Socorro!
- ¡Bailad!
- ¡Piedad!
- ¡Misericordia!
- ¡Bailad, bailad!
- ¡Basta, basta!

tamborilero2.jpg


- ¿Puedo quedarme el tambor?
- Quédatelo… No queremos saber nada de brujerías…
- ¿Me dejaréis en paz?
- Todo lo que quieras, basta con que dejes de tocar. 
Pero el tamborilero, prudentemente, solo paró cuando los vió derrumbarse en el suelo sin fuerzas y sin aliento. 
- ¡Eso es, así no podréis perseguirme! 
Y él, a escape. De vez en cuando, por precaución, daba algún golpecillo al tambor. Y enseguida, las ardillas sobre las ramas, las lechuzas en los nidos, obligadas a despertarse en pleno día… 
Y siempre adelante, el buen tamborilero caminaba y corría, para llegar a su casa.


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