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Los tres deseos
Categoría: Otro contenido el día 2007-12-14 18:20:59
Este es el cuento de los tres deseos ¿puedes cambiar su contenido?
Hace ya muchos años, en la época en que Dios y los Santos andaban por el mundo, había un matrimonio muy pobre, pero muy feliz. Vivía en
una casita en medio del bosque, donde se mantenían con el trabajo del esposo, que era leñador.

Aunque el matrimonio era muy pobre, siempre estaba dispuesto a brindarle ayuda a los que llamaban a su puerta, y a compartir con ellos lo poco que tenían. Los esposos se querían mucho y se sentían felices con la vida que llevaban. Todas las noches, antes de comer, daban gracias a Dios por la felicidad que dentro de su pobreza gozaban.
No había terminado la mujer de pronunciar estas palabras, cuando se apareció en la casa el leñador, todavía con el hacha en las manos. Se había cumplido el primer deseo.
miraba al viejito, que seguía allí sin decir palabra.
lo trastornó de pronto, e insultando a su esposa, entre otras cosas le dijo:
Antes de irse y en prueba del arrepentimiento que el matrimonio había tenido el viejito les concedió La dicha de tener un hijo que les nacería pronto. Meses después nació el niño y la familia vivió feliz por el resto de sus vidas.
Estructura de Propp
Categoría: Propp el día 2007-12-14 18:04:20

Respondo y cuento
Categoría: Preguntas el día 2007-12-14 17:58:36

¿Quién es? - ¿Cómo es? - ¿Qué hace? - ¿Dónde? - ¿Cuándo? - ¿Por qué?
Narro con respuestas
Categoría: Preguntas el día 2007-12-14 17:57:37

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Artículo y adjetivo masculino
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Nombre masculino (propio, profesión...)
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Añade al verbo un artículo y un adjetivo femeninos
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se encontró
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Nombre de mujer
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Lugar de encuentro
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¿Qué hacen?
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Él le dice
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Ella le responde
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Conclusión
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Protagonistas, antagonistas...
Categoría: Barajas y fichas el día 2007-12-14 17:37:19

Pega las imágenes que has utilizado como protagonistas de tu cuento y cuélgalo.
El tamborilero mágico
Categoría: Finales y ... el día 2007-12-14 17:11:10
Lee el cuento del tamborilero mágico e invéntale un final.
Érase una vez un tamborilero que volvía de la guerra. Era pobre, sólo tenía el tambor, pero a pesar de ello estaba contento porque volvía a casa después de tantos años. Se le oía tocar desde lejos: barabán, barabán, barabán…
Andando y andando encontró a una viejecita.
- Buen soldadito, ¿me das una moneda?
- Abuelita, si tuviese, te daría dos. Incluso una docena. Pero no tengo.
- ¿Estás seguro?
- He rebuscado en los bolsillos durante toda la mañana y no he encontrado nada.
- Mira otra vez, mira bien.
- ¿En los bolsillos? Miraré para darte el gusto. Pero estoy seguro de que… ¡Vaya! ¿Qué es esto?
- Una moneda. ¿Has visto cómo tenías?
- Te juro que no lo sabía. ¡Qué maravilla! Toma, te la doy de buena gana porque debes necesitarla más que yo.
- Gracias, soldadito –dijo la viejecita-, y yo te daré algo a cambio.
- ¿En serio? Pero no quiero nada
- Sí, quiero darte un pequeño encantamiento. Será este: siempre que tu tambor redoble todos tendrán que bailar.
- Gracias, abuelita. Es un encantamiento verdaderamente maravilloso.
- Espera, no he terminado: todos bailarán y no podrán pararse si tú no dejas de tocar. 
- ¡Magnífico! Aún no sé lo que haré con este encantamiento pero me parece que me será útil.
- Te será utilísimo.
- Adiós, soldadito.
- Adiós, abuelita.
Y el soldadito reemprendió el camino para regresar a casa. Andando y andando… De repente salieron tres bandidos del bosque.
- ¡La bolsa o la vida!
- ¡Por amor de Dios! ¡Adelante! Tomen la bolsa. ¡Pero les advierto que está vacía!
- ¡Manos arriba o eres hombre muerto!
- Obedezco, obedezco, señores bandidos.
- ¿Dónde tienes el dinero?
- Lo que es por mí, lo tendría hasta en el sombrero.
Los bandidos miran en el sombrero: no hay nada.
- Por mí lo tendría hasta en la oreja.
Miran en la oreja, nada de nada.
- Os digo que lo tendría incluso en la punta de la nariz, si tuviera.
Los bandidos miran, buscan, hurgan. Naturalmente no encuentran ni siquiera una moneda.
- Eres un desarrapado –dice el jefe de los bandidos-. Paciencia. Nos llevaremos el tambor para tocar un poco.
- Tomadlo –suspira el soldadito-, siento separarme de él porque me ha hecho compañía durante muchos años. Pero si realmente lo queréis…
- Lo queremos.
- ¿Me dejaréis tocar un poquito antes de llevároslo? Así os enseño cómo se hace ¿eh?
- Pues claro, toca un poco.
- Eso, eso –dijo el tamborilero-, yo toco y vosotros (barabán, barabán, barabán) ¡y vosotros bailáis!
Y había que verlos bailar a esos tres tipejos. Parecían tres osos de feria.
Al principio se divertían, reían y bromeaban.
- ¡Animo, tamborilero! ¡Dale al Vals!
- ¡Ahora la polka, tamborilero!
- ¡Adelante con la mazurca!
Al cabo de un rato empiezan a resoplar. Intentan pararse y no lo consiguen. Están cansados, sofocados, les da vueltas la cabeza, pero el encantamiento del tambor les obliga a bailar, bailar, bailar…
- ¡Socorro!
- ¡Bailad!
- ¡Piedad!
- ¡Misericordia!
- ¡Bailad, bailad!
- ¡Basta, basta!

- ¿Puedo quedarme el tambor?
- Quédatelo… No queremos saber nada de brujerías…
- ¿Me dejaréis en paz?
- Todo lo que quieras, basta con que dejes de tocar.
Pero el tamborilero, prudentemente, solo paró cuando los vió derrumbarse en el suelo sin fuerzas y sin aliento.
- ¡Eso es, así no podréis perseguirme!
Y él, a escape. De vez en cuando, por precaución, daba algún golpecillo al tambor. Y enseguida, las ardillas sobre las ramas, las lechuzas en los nidos, obligadas a despertarse en pleno día…
Y siempre adelante, el buen tamborilero caminaba y corría, para llegar a su casa.
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