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Categoría: Si fuera... el día 2008-05-06 18:48:28
Jerusalem Duart
C.P. Sáinz de Varanda
Si pudiera elegir mi nombre me llamaría Israel. Mi color favorito es el del cielo azul, si pudiera formar parte de un paisaje me convertiría en una cascada. ¿Y si fuese algún utensilio? Sería un sacacorchos. A mí me gusta mucho, mucho, la letra “S”. S de Samuel, de TomaS, de Israel, de Salem.
¿Y si me arañara un león? Me dejaría las cinco uñas marcadas.
Categoría: Si fuera... el día 2008-05-06 18:47:10
Jennifer Simón
C.P. Sáinz de Varanda
Si me hubieran dejado llamarme Saray pintaría mi nombre en amarillo y mi caballo (bueno, mi yegua) se llamaría Susana.
A Susana le gustaría el pastel que yo le haría en mi bizcochera de cuatro partes.
Una de ellas se llama pico, como la parte más alta de la montaña. Susana y Saray empiezan por “S”, mi letra preferida. Me gusta el cinco porque mi nombre tiene cinco letras.
Categoría: Si fuera... el día 2008-05-06 18:44:56
Iván Mendieta
C.P. Ramón Sáinz de Varanda
Mi color favorito es el azul, como el mar, tan tranquilo como el cielo cuando le sopla el aire.
Me transformaría en un león porque tiene cuatro letras, como mi número favorito, lo mismo que la palabra “olla”, que también tiene cuatro letras.
Pero me falta la letra. Ya se me ha ocurrido, he elegido “A” porque todas mis elecciones (menos el león) tienen esa letra, porque es la segunda vocal de mi nombre o porque es la primera letra del abecedario. No lo sé… ¡quizás sea un misterio!
Categoría: Si fuera... el día 2008-05-06 18:42:22
Ana Ester Lafuente
C.P. Ramón Sániz de Varanda
Si hubiera elegido mi nombre me llamaría Laura, que tiene cinco letras, y tendría una flor en la mano. Una flor de color fucsia, con cinco pétalos y sería fucsia porque es un color chillón y me encanta.
Si fuera un animal sería un conejo y viviría en un prado con muchas flores y una de ellas sería de color fucsia.
Siempre he querido llamarme Laura y tener un cuchillo de color fucsia. Laura tiene la letra “A”, de Amabilidad y Amistad.
Categoría: Leyendas el día 2008-05-05 18:52:04
Corre por el río Piedra la leyenda del “Pelao” de Ibdes. Este valiente personaje nació en una cueva, donde un enorme oso, que mató a su padre, mantenía encantada a su madre. Si sería dispuesto que nada más nacer, le preguntó a su madre qué hacían allí y al enterarse de su cautiverio, la liberó dando muerte al animal con una tranca que sería su compañera en adelante.
Dejó a su madre en Ibdes, donde recibió su apodo, por carecer de pelo, dado lo chico que era, y se fue a recorrer mundo, encontrando sucesivamente a tres gigantes con curiosos oficios, que le siguieron en su camino: Arrancapinos (que desarraigaba pinos de un tirón), Batemontes (curioso caminero derribador de montañas a puñetazos para hacer caminos) y Barbancha (pontonero de un río anchísimo).
Un día de tempestad, se refugiaron en un palacio abandonado y allí prepararon la comida, pero del humo salía la fantasmal visión de un viejo que se refugiaba en un pozo y que asustó a los gigantes, pero no al “Pelao”. Bajaron primero a explorarlo los tres gigantes, que, sin llegar al fondo y muertos de miedo, pidieron ser izados. Bajó después el “Pelao” y en el fondo encontró tres puertas: llamó a la primera, de bronce, donde había una bella dama prisionera de un león, al que venció de un trancazo. Tras mandar subir a la doncella, tocó en la segunda puerta, ahora de plata, y halló a otra mujer, hechizada por una serpiente de siete cabezas que sufrió la misma suerte. Puso a buen recaudo a la mujer y llamó a la tercera, de oro, y descubrió otra dama encantada por un diablo; esta vez, el Pelao erró el trancazo y sólo obtuvo como trofeo una diabólica oreja que guardó tras izar a la dama mientras el demonio se dolía. En esto, viendo los gigantes que disponían de una joven para cada uno, traicionaron al Pelao y se las llevaron con malas intenciones.
Nuestro héroe, en el fondo del pozo, sin nadie que lo subiera, acordó con el diantre la devolución de la oreja, sin la que no podía volver al infierno, a cambio de riquezas y de una boda real (así de bien negoció) Agarrado a la otra oreja del diablo, salió del pozo y vio cumplidas las promesas casándose con una preciosa infanta y siendo nombrado jefe de las tropas reales.
Categoría: Leyendas el día 2008-05-05 18:50:11
El Monasterio de Piedra es un lugar mágico y, como tal, recoge muchas leyendas y hechos fantásticos. No en vano allí vive el arcángel San Miguel que, muy cerca de allí, en Alhama de Aragón, comandó a las victoriosas tropas celestiales en feroz batalla contra las huestes infernales capitaneadas por Luzbel. Todavía pueden verse las huellas que el demonio dejó en la roca del Martillo del diablo, un cerro próximo a Alhama.
Hablando del demonio, parece ser que los exorcistas del monasterio tenían bien ganada fama. En mayo de 1427, llegaba al monasterio, desde Soria, Catalina Gómez, contumaz endemoniada que había pasado once largos años de exorcismo en exorcismo. Mucho esfuerzo debió de costarle al monje librarla de los demonios que la poseían, pues en el primer exorcismo (en la ermita de Nuestra Señora de la Blanca) recibió la noticia de que eran sesenta legiones de demonios las que atormentaban a la joven.
Si de algo sirvió el primer intento fue para enojar a los diablos que, ayudados por otros cientos de legiones, se propusieron destruir el monasterio; unos acarrearon leña para quemarlo, otros arrancaron un enorme peñasco de un monte cercano, para despeñarlo sobre el lugar. En eso estaban cuando el toque de maitines se adelantó milagrosamente a su hora y los rezos de los monjes consiguieron conjurar a los demonios y sus peligros.
El segundo intento de exorcismo (en el altar del Santo Sepulcro) dio noticia al monje de que sólo quedaba dentro de Catalina el demonio de la vanidad; era la hora de la verdad, y la vanidad diabólica fue expulsada ante el Santo Misterio de Dubio.
Este exorcismo podría considerarse uno de tantos si no fuera porque tiene un doble efecto colateral: según cuenta el cronista, la leña acarreada por los demonios abasteció durante cinco años las necesidades del monasterio, “y de los mejores pinos se labraron muchos puentes y maderos que sirvieron para varias obras”. Pero también se produjo un retoque paisajístico: el peñasco que cargaban los demonios puede contemplarse hoy, al pie de la ermita de la Virgen Blanca, en el mismo lugar donde los demonios lo soltaron camino del monasterio.
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