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PELMAZOS CLASIFICADOS
Categoría: DE TODO UN POCO el día 2013-11-12 11:16:46
Por Guillermo Fatás, Heraldo de Aragón
Los griegos de la Antigüedad nos dejaron hechos los deberes en un sinfín de materias. Plutarco, por ejemplo, aun sin ser un portento, dejó un sugestivo ensayo clasificando a los charlatanes y pelmazos.
Laconismo o locuacidad
El amor a la palabra en tanto que manifestación del pensamiento y el raciocinio (“logos”) era muy vivo en la cultura griega y el trato que se le daba definía por sí solo a una sociedad, según educase a los suyos en la exuberancia o, al contrario, en la economía verbal. El paradigma de la parquedad fue el estado militarizado de los espartanos, que se educaban en hablar lo mínimo posible. Como vivían en Laconia, aún llamamos laconismo a la concisión expresiva. El laconismo auténtico no es hablar poco, sino hablar poco diciendo mucho, lo que requiere entrenamiento e inteligencia. Los espartanos llegaron a la proeza del discurso monosilábico. El poderoso Filipo II de Macedonia le dijo a uno, para concluir una perorata: “Si invado Laconia, os echaré de allí”. La cumplida y eficaz respuesta fue una conjunción condicional: “Si”. Es difícil ser tan breve y tan agudo a la vez y preludiar tan perfectamente la propuesta de Gracián de que “lo bueno, si breve, dos veces bueno”.
Al contrario, lo fácil es hablar sin parar y no decir cosa de sustancia. La verborrea es una forma detestable de incontinencia, propia de gárrulos y charlatanes. En realidad, la sentencia gracianesca alude a esta contingencia, porque tiene una segunda parte, menos citada: “Y aun lo malo, si poco, no tan malo”.
[...]
Halloween en la Biblioteca
Categoría: SUCEDE EN EL JIMENO el día 2013-11-07 13:30:04
La víspera del día de Todos los Santos fuimos a la biblioteca del centro. Leímos los relatos de terror de nuestros alumnos de 1º y 2º de ESO. Esta es la reseña de una alumna de 1º, Cristina Garde Villuendas:
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El pasado jueves 31 de octubre los alumnos de 1º y 2º de E.S.O visitamos la biblioteca de nuestro centro. Allí leímos, unos relatos de terror que el departamento de lengua y literatura nos había propuesto escribir con motivo de la festividad de Todos los Santos en España y de Halloween en países anglosajones.
Y este, el relato que nos leyó:
LAS NIÑAS DIABÓLICAS
Cada vez que hay luna llena, yo cierro las ventanas de mi casa porque oí por la televisión una historia de miedo que os contaré ahora.
Erase una vez, en Noruega, un matrimonio que vivía con sus dos hijas. Cada noche cuando se iban a dormir el marido decía: “Mirad debajo de la cama “ o “ mirad dentro del armario “, pero siempre era para asustar. Pero una noche no fue así.
La madre se fue a tumbar en la cama para leer y coger el sueño, pero de repente una mano negra, marrón y con sangre le tocó. Al principio pensó que era su hija Sara disfrazada, pero se asomó y vio a una niña diabólica con unas enormes ojeras, con dientes negros, un camisón blanco pero estaba gris de lo sucio que lo llevaba y con un peluche al que le faltaba un ojo y gritó: “¡Socorro, sacad a esta niña de aquí por favor!“. Sólo su marido le oyó y acudió a ver qué ocurría. Intentó convencerla de que podían ser las niñas que les estaban gastando una broma y el padre fue a verlas. Ellas solo estaban en su habitación jugando con una muñeca que se habían encontrado. El padre les preguntó que de dónde la habían sacado y Sara le respondió: “La hemos encontrado en el armario que hay enfrente de la cocina “y seguidamente Julia añadió: “Es verdad, y a juego también había una gran muñeca que casi no cabía en el armario“.
Entonces el padre sospechó y fue a comentarlo con su esposa. Entre ellos decían que no podía haber entrado nadie porque todo estaba en perfectas condiciones, que antes se habían asegurado que no había nadie dentro de su casa sino ellos…
Luego, después de haberlo hablado todo, el padre y la madre se encaminaron hacia el armario en el que las niñas habían cogido la muñeca.
No podían contener los nervios y entre los dos abrieron la puerta del armario. Dentro de ella no vieron nada, pero al darse la vuelta unas horribles y sucias manos tocaron las pálidas caras del matrimonio. Ellos se dieron la vuelta pensando que se había caído alguna chaqueta y al ver a esa niña tan desgraciada, fueron corriendo al cuarto en el que estaban las niñas. El matrimonio se preguntó cómo había salido, porque al ir a ver no había nadie, tan solo los abrigos y chaquetas de verano.
Junto a los abrigos descubrieron un libro con el relato de una historia similar a lo que ellos estaban viviendo y decidieron leer el final para intentar averiguar lo que ocurriría al final y comprobar si ellos podían hacer algo y ponerle fin.
Descubrieron que la muñeca era el vínculo de las niñas y que si las muñecas se rompían, las niñas acabarían por extinguirse.
Fin
Ahora no quiero que tengáis miedo ni nada, pero os pido que antes de iros a dormir, miréis debajo de la cama, que cerréis las ventanas, que reviséis los armarios y no soñéis con esta terrible historia.
DÍA DE TODOS LOS SANTOS
Categoría: DE TODO UN POCO el día 2013-10-29 11:03:08
Heraldo de Aragón, 28 de octubre de 2013
Necesitamos, al menos una vez al año, celebrar el lugar que los muertos ocupan entre los vivos. A lo largo de la historia, los días de difuntos han existido en civilizaciones diversas y sin contacto entre sí. En la antigua Roma, los muertos se convertían en espíritus o manes, una divinidad colectiva que abarcaba el duelo de todos. Tenían un árbol consagrado, el ciprés. Durante una festividad llamada Parentalia, cada familia rendía homenaje privado a sus muertos, incorporados ya a la compañía de los antiguos manes. En esos días de luto, los templos permanecían cerrados y no se celebraban bodas. Los manes eran espíritus inmortales gracias a sus descendientes, capaces de recordarles año tras año. Se cuenta que los bitinios, habitantes antiguos de la actual Turquía, cuando sepultaban a los muertos, les suplicaban que no los abandonasen del todo y que volviesen alguna vez a visitarles. En un cuento inolvidable de Faulkner, un joven negro pierde a su mujer poco tiempo después de casarse. Durante el entierro, sus familiares más viejos le advierten: “Será mejor que no vuelvas solo a casa. Ella todavía estará caminando por allí”. A pesar de los avisos el viudo regresa al hogar donde vivían juntos hasta la víspera y, a la hora en la que muere la última luz del día, la ve junto a la puerta de la cocina. La contempla con los ojos fijos, ensordecido por los latidos de su corazón. Los ancianos del clan tenían razón. Mientras haya quien llore por ellos, los muertos tardan en marchar.
HÉROES DE AYER Y DE HOY
Categoría: DE TODO UN POCO el día 2013-10-15 10:53:55
Arturo Pérez Reverte, XLSemanal, 14-10-13
Hoy querría hablarles de héroes. Conocí a los primeros en las historias que me contaban mis padres y mis abuelos, en los cuentos y en los tebeos. Eso incluía al Guerrero del Antifaz, al Capitán Trueno y al Jabato, y también aquellas historietas semanales, publicadas en México por la editorial Novaro, que todavía Javier Marías y yo intercambiamos con guiños cómplices: Batman, Superman, El Llanero Solitario, Roy Rogers, Gene Autry, Red Ryder, Hopalong Cassidy. Al mismo tiempo, con los primeros libros leídos, otra clase de héroes se fue asentando en mi imaginación. Fue el turno de los mitos clásicos o protagonistas de hechos históricos como Hércules, Aquiles, Ulises, Eneas, Jasón y sus compañeros, Leónidas, El Cid, Cortés, Pizarro, Blas de Lezo, Napoleón. A eso hay que añadir el cine, decisivo para una generación que, como la mía, asistió a los estrenos de Río Bravo, Ben-Hur o El día más largo, por citar sólo tres de innumerables películas espléndidas. Y así, poco a poco, las historias de hombres extraordinarios enfrentados a sucesos extraordinarios cedieron lugar a las de hombres ordinarios enfrentados a sucesos inquietantes, excesivos, peligrosos. Ordinarios, también. Fue la época fecunda de los libros, desde Moby Dick a James Bond, los detectives de Conan Doyle o Agatha Christie, los personajes de Stevenson, Verne, Cooper, Dumas o Kipling, y los marinos de Joseph Conrad. Viajes, intrigas y aventuras donde es fácil la identificación del lector ávido con los personajes zarandeados por el azar, el peligro, el amor, la guerra. Otra clase de héroe se asentó a partir de entonces en mi imaginación. Ojo de Halcón, Rupert de Hentzau, fueron los primeros, entre otros, que me hicieron asomar al lado oscuro del héroe. Al ángulo turbio de la vida.
Dijo el coronel Lawrence -yo ignoraba, al leerlo, que un día tocaría con mis manos los restos de los trenes volados por él en el desierto- que todos los seres humanos sueñan, pero no del mismo modo. Y es cierto. Yo tuve mi modo: me eché la mochila a la espalda y fui a la isla de los piratas en busca de héroes, intentando hacerlos míos. Confirmar su existencia. Tuve suerte, porque los conocí. A todos. De algunos, incluso, fui y sigo siendo amigo. Descubrí que su existencia era real, y no imaginación de escritores o guionistas. Volví con sus historias en la mochila, y eso hago ahora: contarlas a mi manera. Pero en el viaje hasta ellos descubrí importantes modificaciones en la imagen del héroe original. Ningún rastro hallé -ignoro si fui infortunado o afortunado en eso- de los héroes primeros de corazón puro. Dicho en clásico, conocí a menos Héctores que Ulises. Y así comprendí, también, que tiene poco mérito ser héroe a la vista del mundo y de la Historia. Que eso lo puede ser cualquiera, puesto por el azar en el sitio adecuado. Que lo difícil, lo heroico, es ser Odiseo peleando solo, enfrentado al dolor, al fracaso, intentando volver a casa con sangre en las uñas y la memoria, sin otras armas que la astucia y el valor, en un paisaje hostil y bajo un cielo sin dioses.
Por eso los héroes de mis novelas son como son. Corazones -en alusión melvilliana- hechos de húmedos y goteantes noviembres. Héroes cansados. Y, lo más paradójico de todo es que descubrí, al caminar hasta ellos, que no hace falta viajar a la isla de los piratas para encontrarlos; quizá porque en esa isla, que está aquí mismo, vivimos todos. Puede que ese largo y azaroso viaje que en otro tiempo hice me sirviera para comprender. Para reconocerlos. Para saber, como sé ahora, que no hace falta embarcarse en el Arabella con el capitán Blood, ni alistarse en la legión con los hermanos Geste, o arponear ballenas con el joven Ismael. A menudo, para conocer a un héroe, hombre o mujer, basta con acercarse al bar de la esquina, pedir un café y observar en torno. Caminar por la ciudad atento a los rostros, a las miradas, a la manera de situarse, también aquí, bajo un cielo del que los dioses emigraron hace tiempo, dejándonos la fría y dura soledad del hombre moderno, o del que siempre hemos sido. Quizá, si esos muchachos que buscan en un juego de ordenador o en una película de vampiros a los héroes de hoy estudiasen la expresión de su padre cuando, derrotado, vuelve a casa tras verse rechazado para un trabajo, la de su madre reventada tras lidiar afuera y adentro con la vida, la del hermano mayor que hace la maleta para jugársela lejos, allí donde consiga un trabajo y un salario dignos, comprenderían que los héroes no han muerto, sino que siguen vivos, muy cerca. Entre nosotros. Esperando una palabra de reconocimiento y el afecto de una sonrisa.
AURORA EGIDO, MEDALLA DE ORO DE LA CIUDAD DE ZARAGOZA
Categoría: DE TODO UN POCO el día 2013-10-15 10:45:25
Aurora Egido, catedrática de Literatura y profesora en la Universidad de Zaragoza, recientemente designada como académica de la RAE ha recibido la Medalla de Oro de la ciudad de Zaragoza. Se trata del máximo galardón que entrega el ayuntamiento y distingue a las personas que constituyen un ejemplo por su trayectoria humana y profesional.
El acto de entrega del reconocimiento tuvo lugar el pasado sábado 5 de octubre, día del pregón de las Fiestas del Pilar. En su discurso dijo que la educación es "la columna vertebral de la sociedad"
Nacer en una localidad de Guadalajara llamada Molina de Aragón es como un presagio en la biografía de Aurora Egido, vinculada intensamente a esta comunidad autónoma. Su reconocimiento se debe no solo al haber desarrollado su carrera en Zaragoza, sino a su predilección por los autores de esta tierra. Máxima autoridad en Gracián, José Manuel Blecua dirigió su tesis sobre La influencia de Góngora en la poesía aragonesa del siglo XVII. Quizá por todo ello estaba destinada a ocupar en la RAE el sillón dejado por otro aragonés, el cineasta José Luis Borau.

300 AÑOS DE LA R.A.E.
Categoría: DE BIBLIOTECAS Y LIBROS el día 2013-10-01 10:54:26
Tres siglos de trasiego de palabras
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