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Oda de Mecano
Categoría: Música y literatura /Recursos y canciones el día 2010-11-07 11:45:49
Mecano, en Hermano Sol, hermana Luna cantó lo que podríamos calificar como una oda que puede venirnos muy bien para introducir esta composición lírica y compararla con otras como el Himno al Sol de Esproceda o la oda al Sol de Neruda.
HIMNO AL SOL
ESPRONCEDA
Para y óyeme ¡oh Sol! yo te saludo
Y estático ante ti me atrevo a hablarte;
Ardiente como tú mi fantasía,
Arrebatada en ansia de admirarte,
Intrépidas a ti sus alas guía.
¡Ojalá que mi acento poderoso,
Sublime resonando,
Del trueno pavoroso
La temerosa voz sobrepujando,
¡Oh sol!, a ti llegara
Y en medio de tu curso te parara!
¡Ah! si la llama que mi mente alumbra
Diera también su ardor a mis sentidos,
Al rayo vencedor que los deslumbra,
Los anhelantes ojos alzaría,
Y en tu semblante fúlgido atrevidos
Mirando sin cesar los fijaría.
¡Cuánto siempre te amé, sol refulgente!
¡Con qué sencillo anhelo,
Siendo niño inocente,
Seguirte ansiaba en el tendido cielo,
Y extático te vía
Y en contemplar tu luz me embebecía!
De los dorados límites de Oriente,
Que ciñe el rico en perlas Oceano,
Al término asombroso de Occidente
Las orlas de tu ardiente vestidura
Tiendes en pompa, augusto soberano,
Y el mundo bañas en tu lumbre pura.
Vívido lanzas de tu frente el día,
Y, alma y vida del mundo,
Tu disco en paz majestuoso envía
Plácido ardor fecundo,
Y te elevas triunfante,
Corona de los orbes centellante.
Tranquilo subes del cenit dorado
Al regio trono en la mitad del cielo,
De vivas llamas y esplendor ornado,
Y reprimes tu vuelo.
Y desde allí tu fúlgida carrera
Rápido precipitas,
Y tu rica encendida cabellera
En el seno del mar trémula agitas,
Y tu esplendor se oculta,
Y el ya pasado día
Con otros mil la eternidad sepulta.
¡Cuántos siglos sin fin, cuántos has visto
En su abismo insondable desplomarse!
¡Cuánta pompa, grandeza y poderío
De imperios populosos disiparse!
¿Qué fueron ante ti? Del bosque umbrío
Secas y leves hojas desprendidas,
Que en círculo se mecen,
Y al furor de Aquilón desaparecen.
Libre tú de la cólera divina,
Viste anegarse el universo entero,
Cuando las aguas por Jehová lanzadas,
Impelidas del brazo justiciero,
Y a mares por los vientos despeñadas,
Bramó la tempestad; retumbó en torno
El ronco trueno y con temblor crujieron
Los ejes de diamante de la tierra;
Montes y campos fueron
Alborotado mar, tumba del hombre.
Se estremeció el profundo;
Y entonces tú, como Señor del mundo,
Sobre la tempestad tu trono alzabas,
Vestido de tinieblas,
Y tu faz engreías,
Y a otros mundos en paz resplandecías.
Y otra vez nuevos siglos
Viste llegar, huir, desvanecerse
En remolino eterno, cual las olas
Llegan, se agolpan y huyen de Oceano,
Y tornan otra vez a sucederse;
Mientra inmutable tú, solo y radiante
¡Oh sol! siempre te elevas,
Y edades mil y mil huellas triunfante.
¿Y habrás de ser eterno, inextinguible,
Sin que nunca jamás tu inmensa hoguera
Pierda su resplandor, siempre incansable,
Audaz siguiendo tu inmortal carrera,
Hundirse las edades contemplando,
Y solo, eterno, perenal, sublime,
Monarca poderoso dominando?
No, que también la muerte,
Si de lejos te sigue,
No menos anhelante te persigue.
¿Quién sabe si tal vez pobre destello
Eres tú de otro sol que otro universo
Mayor que el nuestro un día
Con doble resplandor esclarecía!!!
Goza tu juventud y tu hermosura
¡Oh sol!, que cuando el pavoroso día
Llegue que el orbe estalle y se desprenda
De la potente mano
Del Padre Soberano,
Y allá a la eternidad también descienda,
Deshecho en mil pedazos, destrozado
Y en piélagos de fuego
Envuelto para siempre, y sepultado
De cien tormentas al horrible estruendo,
En tinieblas sin fin tu llama pura
Entonces morirá. Noche sombría
Cubrirá eterna la celeste cumbre;
Ni aun quedará reliquia de tu lumbre!!!
HERMANO SOL, HERMANA LUNA
MECANO
Sol querido hermano sol
estatico señor
bombilla amarilla de calor
luna hermana la menor
lucero de amor
espia de las noches de pasion
hermano sol
hermana luna
que nada nunca me separe de los dos
hermano sol
hermana luna
que nada nunca me separe de mi Dios
hermano sol que cuece tu interior
que trae tanta explosión
pareces tan confuso como yo
luna blanca reflexión
helado corazón
sereno que me guardas del ladrón
hermano sol
hermana luna
que nada nunca me separe de los dos
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ODA AL SOL
PABLO NERUDA Hermosa tu mirada,
apenas
tocas
la rama
nace
la primavera,
apenas,
cola de ámbar,
tocas
los trigales
y se derrama el trigo
repitiendo
tu forma,
pan
pan del cielo
horno sagrado,
tu no fuiste
estrella blanca,
hielo,
diamante congelado
en la mirada
de la noche
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ODA A LA LUNA
PABLO NERUDA Luna de la ciudad, me pareces cansada, oscura me pareces o amarilla, con algo de uña desgastada o gancho de candado, cadavérica, vieja, borrascosa, tambaleante como una religiosa oxidada en el transcurso de las metálicas revoluciones: luna transmigratoria, respetable, impasible: tu palidez ha visto barricadas sangrientas, motines del pueblo que sacude sus cadenas, amapolas abiertas sobre la guerra y sus exterminados y allí, cansada, arriba, con tus párpados viejos cada vez más cansada, más triste, más rellena de humo, con sangre, con tabaco, con infinitas interrogaciones, con el sudor nocturno de las panaderías, luna gastada como la única muela del cielo de la noche desdentada. De pronto llego al mar y otra luna me pareces, blanca, mojada y fresca como yegua reciente que corre en el rocío, joven como una perla, diáfana como frente de sirena. Luna del mar, te lavas cada noche y amaneces mojada por una aurora eterna, desposándote sin cesar con el cielo, con el aire, con el viento marino, desarrollado cada nueva hora por el interno impulso vital de la marea, limpia como las uñas en la sal del oceáno. Oh, luna de los mares, luna mía, cuando de las calles regreso, de mi número vuelvo, tú me lavas el polvo, el sudor y las manchas del camino, lavandera marina, lavas mi corazón cansado, mi camisa. En la noche te miro, pura, encendida lámpara del cielo, fresca, recién nacida entre las olas, y me duermo bajo tu esfera limpia, reluciente, de universal reloj, de rosa blanca. Amanezco nuevo, recién vestido, lavado por tus manos, lavandera, buena para el trabajo y la batalla. Tal vez tu paz, tu nimbo nacarado, tu nave entre las olas, eterna, renaciendo con la sombra, tienen que ver conmigo y a tu fresca eternidad de plata y de marea debe mi corazón su levadura. |
Etiquetas: poesía , canciones , composiciones , oda , Mecano , Neruda , Espronceda ,
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