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Categoría: PRESENTACION el día 2008-11-29 16:31:00
Entre el 7 y el 10 de Mayo de 2009, viajé con un grupo de alumnos del IES 'Mar de Aragón' a Linz (Austria) para visitar el campo de concentración de Mauthausen. También vimos el crematorio del campo anexo de Gusen, el castillo de Hartheim y la gruta de Ebensee.
Los alumnos eran: Rubén Sanz, Óscar Tena, Borja Villacampa, Darío Villagrasa y Néstor Pallarés, los tres primeros de Caspe y los dos últimos de Bujaraloz. Todos excepto el último de 1º de Bachillerato.
Agradecemos calurosamente esta inolvidable oportunidad a la Amical de Mauthausen y al Programa 'Amarga Memoria' del Gobierno de Aragón.

Esta es la estación de Mauthausen. Para miles de deportados (incluidos los españoles) era el final del un duro viaje y el comienzo de una vida atroz en el campo de concentración y la cantera anexa. Ironías de la historia: algunos de los ex-deportados españoles que nos acompañaban fueron homenajeados allí mismo, 68 años después, por el actual alcalde de Mauthausen.

Al lado del campo se encuentra la tristemente famosa cantera de granito. Fueron los deportados españoles los que construyeron buena parte de los muros de piedra del campo, así como los 186 escalones que tenían que subir los presos con las piedras al hombro. Fue una tarea titánica y mortal. Esa escalera está regada con la sangre de los españoles aunque la belleza del paisaje casi impide creerlo.

Gusen era un campo anexo a Mauthausen del que sólo queda un pequeño memorial y los hornos crematorios. Todo el lugar está lleno de emotivas placas y recordatorios de los que allí murieron. Muchas de esas placas y recuerdos están en español....
Cámara de Gas de Mauthausen. No es necesario explicar lo que sucedía allí dentro.
El Castillo de Hartheim es uno de los centros donde las autoridades nazis comenzaron a gasear (en secreto) a alemanes deficientes mentales o físicos. Fue un 'ensayo' del Holocausto y muestra claramente la indecencia de este régimen y esta ideología.

Esta es una vista de la gruta de Ebensee, que los prisioneros picaron y donde fueron obligados a trabajar hasta la extenuación en la fabricación de armas para el Reich. Todavía hoy impresiona el frío húmedo que te golpea la cara y el cuerpo nada más entrar... También aquí hay vestigios de españoles republicanos...
Rubén Sanz compuso un RAP a la memoria de los deportados de Mauthausen que cantó en el patio del castillo de Hartheim. A pesar de lo arriesgado de la apuesta, fue muy felicitado, no sólo por los jóvenes, sino también por los ancianos ex-deportados...
Escúchalo en su página: http://www.myspace.com/palabrasmayores
LETRA
Joven y currante a principios del siglo XX,
campo de batalla, una España de antecedente
a Europa de un fascismo y comunismo emergentes,
esfuerzo perdido en Cataluña cayó el frente.
Desterrado a Francia la deuda queda pendiente,
mismos objetivos, dictadores diferentes,
Mussolini, Hitler, Franco, hijos de la muerte,
avalan el odio, dejando a un lado la mente.
En combate en Nantes por nazis fui detenido,
la suerte de mi lado, por lo menos, sigo vivo,
herido, depresivo, la vida aguarda un destino,
a aquel frustrado andante al que eligieron el camino.
¿Cuál será mi sino si por poco no respiro?
Me asfixio entre individuos en un tren fui conducido,
a aquel lejano infierno en un invierno, sin abrigo,
rodeado de dolor, impotencia junto a vómito,
trayecto fatídico acabé junto a un andén,
tormento en un letrero con un nombre Mauthausen,
la sed de odio saciada por un pueblo con poder,
que escupen a la cara a los que excluye el gran Führer
(ESTRIBILLO):
Sufro, con el recuerdo del pasado,
debido al fanatismo de los jefes de estado,
sufrimiento sin más,
que jamás se repita ni en el bando enemigo ni en aliado.
Hombres con los hombres, a otro lado las mujeres,
ancianos, niños, bebés, disyunción frente a los débiles,
fuertes ante endebles que confunden con placeres,
martirio, humillaciones, frustraciones permanentes.
Nueve meses dentro con un pijama perpetuo,
trabajos inhumanos, sobrevivo entre excremento,
entrego cuerpo y alma a un esfuerzo y sin aliento,
rezando porque el fin, pueda esperar un momento.
Lento es el proceso en el que ha menguado mi cuerpo,
delgado, apocopado, por la falta de alimento,
predigo que mi tiempo es escaso, y es el viento,
de cambio, de progreso, el que consigue mi sustento.
Dentro de mí, recuerdos de una antigua España ,
la patria perdí, apátridas ahora nos llaman,
mi fin ya esta aquí, pero perduran mis hazañas,
engañas a las masas, luego aclamas tus matanzas.
(ESTRIBILLO):
Sufro, con el recuerdo del pasado,
debido al fanatismo de los jefes de estado,
sufrimiento sin más , que jamás se repita
ni en el bando enemigo ni en el aliado
Un espejo, un reflejo, símil a esqueleto,
siento el miedo, cuento cientos de hombres ya sin rostro,
miro el cielo, entro dentro de un búnker siniestro,
sabiendo que de tópico existe un distanciamiento.
Luchas, muchas, cuento, escuchas, nunca contra duchas,
sucia, injusta, modo, asusta ¿leyes que son justas?
Mudas bocas, noche y sombras, todo por torturas,
duras decisiones, hombres esperando tumbas.
Asfixiante gas, que has dejado doscientas almas,
apiladas ya montañas de distintas razas,
las recordarán los hijos de la democracia,
víctimas que olvidan palabras como VENGANZA.
Esta es la colaboración de Néstor Pallarés:
Antes de pasar a relatar el viaje, quisiera agradecer a mi profesora de Ciudadanía y de Francés de 3º de ESO, Pilar Moreigne Ferrer. Si no me hubiera mandado ese año un trabajo sobre los deportados de Bujaraloz, este viaje no lo hubiese podido hacer. También quiero dar las gracias a la Amical de Mauthausen, por la gran labor que están realizando para que esta parte de la historia no se olvide y por supuesto, a Javier Barrado, por acompañarnos y a todos los participantes del viaje que sin ellos no habríamos pasado tan buenos momentos.
Nada más aterrizar en Múnich y coger el autobús rumbo a Mauthausen, me sorprendió la belleza del lugar, todo verde, lleno de árboles. Entonces pensé que cómo en un lugar como este podía haber ocurrido tal atrocidad como fue el holocausto. Al llegar al campo, sentí nerviosismo al estar en el mismo lugar dode mataron a tanta gente y donde cluso hubo paisanos míos. Durante el recorrido por las distintas dependencias del campo, me iba sorprendiendo cómo pudo haber allí tanta gente a la vez, me daban escalofríos cuando los deportados que nos acompañaban, nos iban contando sus vivencias Sobre todo José Alcubierre, que con 14 años tuviese que pasar por esa experiencia, que su padre dejase la vida allí y cómo contaba el momento de la separación de ellos, justo en el lugar donde ocurrió.

Al bajar los 186 escalones de la cantera, me entró una sensación de angustia al pensar la cantidad de personas que habían subido y bajado dicha escalera, con piedras, hasta la muerte. Lo que me ha llamado la atención, es la entereza que han tenido los deportados durante el viaje, sabiendo todo lo que han sufrido allí y la valentía de hacer todo lo que antiguamente estaba penado con cárcel al expresar un sentimiento tuyo. Me siento privilegiado de haber convivido estos 4 días con 3 personas que dada su edad avanzada, dentro de algunos años, su presencia allí será impensable y de las que tanto podría aprender de ellas la sociedad, por su lucha, su convicción y sus “narices” de ir a un lugar donde lo pasaron tan mal, para enseñar a jóvenes, sus viviencias.

Un momento muy emotivo, fue cuando Rubén, cantó el rap que había compuesto para la ocasión en el Castillo de Hartheim, donde tantas personas sufrieron las locuras nazis. Una imagen que nunca olvidaré, el abrazo de Esteban Pérez a Rubén al acabar la actuación, en agradecimiento.
Durante el homenaje, hubo innumerables muestras de cariño a los españoles, puesto que este campo era llamado el de los españoles. Franceses, organizaciones austriacas y personas anónimas rindieron culto a los caídos.
Juan Camacho, otro de los deportados que nos acompañaba, lo conocí en Caspe el años pasado, en una conferencia que ofreció junto a Juan Calvo. Por desgracia, ya no está tan fuerte como el año pasado, pues en este viaje ya tenía que utilizar muchas veces, silla de ruedas.
Una anécdota durante este viaje, es que el sábado 9, era el cumpleaños de José Alcubierre y le quisimos hacer un regalo. Como sabíamos que le encantan las jotas, puesto que su padre era de Tardienta, unas chicas de Sariñena y yo, le cantamos dos. Él hombre nos lo agradeció por la noche comprándonos una caja de bombones.
Por último, me siento muy satisfecho de haber realizado este viaje y espero que esto sirva para concienciar a los más ciegos, que todas estas acciones que se llevaron a cabo durante esa época, son una atrocidad para el ser humano y sobre todo para la LIBERTAD.
Esta es la colaboración de Darío Villagrasa:

Esta foto me parece una buena imagen para explicar el contexto en el que se desarrolló el campo de Mauthausen. Esta escultura con su alambrada, con sus pinchos y su alambre de espino representa una frontera. Una frontera real y física entre lo que era el horror del campo y el resto del país. Dentro del campo, la más cruel faceta del nazi dominaba y doblegaba a todos los reclusos, y fuera del campo, todos soldados que allí trabajaban eran considerados personas normales, amables y buenas, con sus esposas y sus hijos. La alambrada es el contraste de una realidad y otra que, siendo, paralelas eran totalmente distintas. La gente que vivía fuera del campo conocía lo que allí se hacía, la gente veía el humo salir del crematorio y callaba. Es más, en algunos casos además de callar la población fue excesivamente cruel y egoísta delatando a los huidos del campo y reclutando mano de obra en el campo de concentración. Lo que me resulta más triste de esta foto es ver como todos estaban allí sufriendo, y en cambio la población no hizo nada. Me produce una gran decepción, pues en esta foto se ve reflejada una y otra realidad, y lo peor de todo una lección más de lo perjudicial que puede a llegar ser el silencio.

Esta mirilla, situada en la cámara de gas me provocó el más profundo horror. Esa pequeña ventana refleja una vez más la crueldad del campo. ¿¿Para qué estaba esa mirilla? ¿ Acaso había algo agradable que ver? ¿Acaso los captores ser divertían viendo aquello? Creo que a todos nos pasó lo mismo que nos quedamos petrificados pensando para qué habría podido servir esa mirilla. Quizás sirvió para saber cuando habían perdido la vida las víctimas, pero es una estampa tan cruel que es inimaginable dentro de la razón humana.

El campo de Gusen era un campo anexo al de Mauthausen, utilizado frecuentemente para realizar las labores de exterminio masivo. En este campo, murieron gran parte de los españoles que entraron en el campo de concentración. Murieron, fueron quemados en el crematorio, y posiblemente sus cenizas quedaron esparcidas por el paradisíaco paisaje que contrasta con la crueldad con la que el hombre actuó en aquel lugar. Austria erró en el pasado, pero una vez liberados los campos de concentración volvió a equivocarse estrepitosamente. El gobierno austriaco parceló los campos de concentración y los vendió a un precio realmente barato, para que la gente fuese allí, construyera y a poder ser que quedara borrada la huella que había dejado los nazis. Me quedé decepcionado cuando me dijeron que esta había sido la reacción por parte del gobierno, y pienso que es triste que en tu tierra hayan ocurrido cosas así, pero todavía es más triste intentar borrarlas de un plumazo por vergüenza. La vergüenza no sirve de nada, y estos lugares deberían de conservarse para aprender, rememorar y concienciarnos de lo que pasó , que las personas que allí perdieron la vida fuesen reconocidas. No hay que actuar como niños, hay que ser sensatos y usar la razón. Por suerte, la zona del crematorio fue comprada por un señor, que posteriormente hizo un memorial. Gracias a gente como esta se pudo conservar un poco de nuestro pasado. Es un poco chocante ir a ver el campo de Gusen y tener al lado un señor cortando el césped en su chalet con piscina, pero es la realidad. En Gusen pudimos vivir momentos emotivos cuando Angelita, la corresponsal de la Amical en Asturias hizo un breve discurso, cuando sonó el himno de riego y cuando bajo la música del violín pudimos reflexionar y pensar. Pensar en aquello que había ocurrido, que teníamos que recordad, y que debíamos de luchar para que no volviera a pasar más.
Las flores con la bandera de la República me parecen un buen símbolo de la experiencia que vivimos allí en Mauthausen. También sale la placa en recuerdo de los españoles, tantos y tantos que cayeron, bajo un único ideal, la defensa de la libertad. Para todos ellos, Honor y memoria.

Esta foto corresponde al homenaje del último día en el monumento republicano. Un homenaje al que también acudieron los franceses y otras instituciones. Aquel día decidí no grabar mucho con la cámara de vídeo. Prefería vivir ese momento histórico. Durante todas las intervenciones pude comprobar el mismo sentimiento, el orgullo de haber defendido la libertar y la necesidad de la memoria justa. Es triste pensar que muchos de estos españoles al terminar su sufrimiento en los campos de concentración, no pudieron volver a casa. Desgraciadamente en España todavía nos quedaban 30 largos años de amarga dictadura. Para mí este fue el día que más me emocioné. Cuando citaron a España en el homenaje final dentro del campo de Mauthausen fue el momento que más me llegó. Bajo la música de “Yo te nombro libertad” los deportados españoles hicieron su homenaje...
Ya me perdonareis pues es muy difícil explicar todo lo que allí vivimos, todos los valores que aprendimos, todas las visitas que tuvimos y a toda la gente que conocimos. Personalmente catalogo esta experiencia como única, ya que es la máxima expresión que he vivido de los valores que más importan y que cada día algunos parecen tener menos en cuenta. La libertad, la solidaridad, la igualdad y la justicia, la lucha por el bien común y la necesidad de conseguir la libertad, son algunas de las lecciones que he podido reafirmar. Un viaje inolvidable. Tal y como dije en la charla, ahora nuestro deber es informar, explicar y difundir todo lo que allí ha pasado, todo lo que ocurrió y entre todos poder llegar a la conclusión del verdadero valor de la libertad, de que es necesario recordar aquellos que lucharon por ella y aprender de lo que en un pasado hizo al hombre un lobo para el hombre. Hemos de tener la conciencia moral y no negar lo que allí ocurrió, entre todos tenemos que aprender. Yo he tenido la oportunidad de ir a este viaje y de comprobarlo por mí mismo. Un viaje empapado del espíritu de la lucha por la libertad.
Han pasado muchas anécdotas, también alguna graciosa, como la del hombre con la bandera, pero lo verdaderamente importante del viaje es la lección que hemos aprendido. Me gustaría agradecer a todos y cada uno de los que lo han hecho posible y que sin duda, sin ellos en escena no habría sido lo mismo. Mi más sincera enhorabuena para todos: la Amical, los deportados, los periodistas, acompañantes y los alumnos de otros institutos, que gracias a ellos hemos dejado los libros por unos días para poder vivir una experiencia única. Y para mis compañeros de viaje, Néstor y su emotiva carta, Rubén y su exitoso rap, Borja con su apoyo moral, Óscar con su saber estar y sus ánimos y Javier por su excelente aportación a lo que ha sido nuestra educación, que además de historia ha sabido transmitirnos los valores que realmente importan.
Como ya he dicho, un viaje inolvidable, cargado de sentimiento, de reflexión, de conciencia y sobre todo cargado de libertad.
Esta es la carta que leyó Néstor Pallarés en la estación de Mauthausen:
Carta leída el 08-05-2009 en la estación de Mauthausen.
Jamás imaginé estar en este lugar donde se rompieron todas vuestras esperanzas de quedar libres y donde muchos visteis por última vez a vuestras familias. Quisiera tener una palabra para cada uno de vosotros, pero eso no me es posible, perdisteis la vida tantos… Por eso, si no os importa, me voy a dirigir a los tres fallecidos de mi pueblo: Agustín Ferrer Samper, Luis Calvete Aguilar y Antonio Calvete Postigo.
Hasta el año pasado, no supe de su existencia, pero a raíz de un trabajo que me pidió Pilar, mi profesora de Ciudadanía, ya no los he olvidado. A veces, cuando pienso en ellos, los imagino andando por las calles de mi pueblo, porque usted, señor Agustín, llevaría a María a bailar la Plaza Mayor de Bujaraloz para las fiestas de San Agustín, donde se sigue haciendo ahora. Porque el señor Antonio, cruzaría el Arco de Santa Ana, para venir a festejar con Tomasa, que sepa que ella al morir, ya con muchos años, todavía tenía su foto encima de una cómoda. Tomasa vivía en mi calle. Al señor Luis, lo imagino encogido cruzando la “Güera” esos días de cierzo helador en invierno, igual que hacemos ahora. Luis también vivía en mi calle. Todavía tiene parte de su familia allí. Los tres dejaron las tierras de los Monegros y ya no les dejaron volver más, ¡pagasteis tan caro pensar diferente a como lo hacían los que mandaban entonces y que lo hicieron durante tantos años!
Os lo hicieron perder todo antes de mataros: la familia, la salud, las pertenencias, la ilusión, la esperanza y la vida. Quizás Dios estaba ciego y sordo y no se enteraba de lo que en lugares como estos ocurría. De otra forma no se explica que todos menos vuestras familias, en la distancia, se olvidaran de vosotros. Para colmo, todavía salen figuras de la Iglesia negando la existencia del Holocausto, pero ya se sabe que el hombre puede ser muy bueno y muy malo.
Que yo sepa, jamás se os hizo un homenaje en el pueblo, ni vuestros nombres figuran en ningún monolito. Los más conservadores siguen pensando que hay que olvidar, pero la mayoría de ellos seguro que tienen a sus muertos recogidos y les han podido rendir homenaje durante décadas. Vosotros también luchasteis por vuestro país, por un país libre.
Ahora, os deseo que donde estéis nadie os prive de nada, que no os obliguen a bajar vuestro puño en alto y sobre todo, que no os roben la LIBERTAD.
Néstor Pallarés Lupón

Pedro Aparicio, poeta caspolino y exalumno del instituto, ha querido participar con el siguiente poema inspirado indirectamente en nuestro blog, viaje, fotografías y otras noticias de actualidad. ¡Gracias, campeón!
No leía bien
porque las gafas se me habían roto
pero pudo entender
que un ciclón, "Nargis" le llamaban,
había matado a más de veintidós mil personas
y otras cuarenta y dos mil habían desaparecido.
Sería un desastre natural
si fuera natural este desastre
en pleno siglo XXI,
pero no.
Ya en casa, en mi mesa,
con mis gafas nuevas,
leo la prensa para enterarme
de que el presidente de Birmania,
general Than Shwe
"ha resistido sin inmutarse todas las presiones".
Es más, sabía que el ciclón amenazaba
pero él estaba fuera de peligro,
abrazado a su arca de oro.
Más tarde, en televisión,
veo imágenes devastadoras:
niños deambulando con ojos de miedo,
cadáveres flotando descompuestos.
otras personas sentadas en la inmundicia,
en silencio, con la voz cosida,
chabolas aniquiladas,
hambre, sed, impotencia.
Son, apenas, unos minmutos de imágenes,
unos minutos de vergüenza humana.
Entonces, sin inmutarse -como Than Shwe-,
el locutor pide tiempo para enseñarnos
las hamburguesas triples de Mc Donald,
el placer inigualable de conducir un BMW
y hasta un banco me dice
que si no dispongo de dinero es porque no quiero.
¿Puede ocurrir todo esto?
Se me agitan los muertos en el vientre,
los ojos profundamente negros de los niños me arañan,
azoto, entonces, a la iglesia católica, apostólica y romana,
a todas las iglesias del mundo,
fundo el oro de sus cruces, de sus símbolos,
de sus altares, de su historia,
me armo con la espada de la verdad y la evidencia
adentrándome, violento, en Washington,
(por cierto, ¿hay petróleo en Birmania?),
en Roma, en Moscú, en París,
Bruselas, Madrid, Berlín y hasta en la ONU.
Grito, grito.
Río abajo, dije un día, acechan las serpientes.
Estoy vomitando.