"La fuerza de existir. Manifiesto hedonista".- Michel Onfray
Categoría: Ética el día 2010-10-26 20:29:17
Una metafísica de la esterilidad
"La figura del soltero va acompañada de una metafísica real de la esterilidad voluntaria. En efecto, se considera que la subjetividad celosa de su libertad no le permitiría conservar su autonomía, su independencia, incluso su capacidad de poder hacer, aunque no hiciera nada, con un hijo a su cargo (la expresión le cae de maravilla...). Con mayor razón, varios.
La posibilidad fisiológica de concebir un hijo no obliga a pasar al acto, así como el hecho de poder matar no instituye de ningún modo el deber de cometer un homicidio. Si la naturaleza dice "tú puedes", la cultura no agrega forzosamente "luego debes". Pues podemos someter nuestras pulsiones, instintos y ganas a la tabla analítica de la razón. ¿Por qué tener hijos? ¿En nombre de qué? ¿Para hacer qué? ¿Qué derecho tenemos de traer de la nada a un ser al que sólo le proponemos, in fine, una breve estancia en la tierra antes de retornar a la nada de donde proviene? En gran parte, engendrar corresponde a un acto natural, a una lógica de la especie a la que obedecemos ciegamente, cuando semejante operación, pesada desde el punto de vista metafísico y real, debería responder a una elección razonable, racional e informada.
Sólo el soltero que ama en grado superior a los niños ve más allá de sus narices y mide las consecuencias de inflingir la pena de vida a un "no ser". ¿Es tan extraordinaria, alegre, feliz, lúdica, deseable y fácil la vida que les obsequiamos a los cachorros del hombre? ¿Es necesario amar tanto la entropía, el sufrimiento, el dolor, la muerte que, a pesar de todo, ofrecemos ese trágico regalo ontológico?
El niño que nada ha pedido tiene derecho a todo, en especial a que nos ocupemos de él de forma total y absoluta. La educación no es crianza, aquello que suponen los que hablan de educar a los hijos, sino la atención a cada instante y a cada momento. El adiestramiento neuronal necesario para la construcción de un ser no tolera ni un segundo de desatención. Destruiremos a un ser con un silencio, una respuesta diferida, un descuido, un suspiro, sin darnos cuenta, cansados de la vida cotidiana, incapaces de ver que lo esencial para un ser en formación se juega no de vez en cuando, sino permanentemente, sin tregua".
















