<< < 0 1 [2] 3 4 5 6 7 > >>
Categoría: ¡Se hace saber...! el día 2009-08-04 18:09:58
Estas vacaciones me lo he pasado muy bien, he viajado hasta Rumanía. Para llegar pasamos por Francia, Italia, Eslovenia y Hungría. Vi a algunos amigos y a toda mi familia.
Categoría: ¡Se hace saber...! el día 2009-07-26 20:04:21
¡¡Chicas y chicos del colegio de Épila Larisa ha vuelto sana y salva!! El
sábado 25 de julio a la 1 del mediodía ya estaba en Épila.
Sus vacaciones han sido geniales. El primer día que fue a Rumanía, estuvo en casa de sus primas: Simona,Cristina y Mihaela. Se divirtió mucho, se metio al río y fue por muchos sitios.
Categoría: Juegos el día 2009-06-25 15:24:07
- Este banco está ocupado por un padre y un hijo. El padre se llama juan y el hijo ya te lo he dicho.
- Si un gallo pone un huevo en una montaña; ¿a qué lado caerá?
SON MUY FÁCILES
LA BIBLIOTECA
Mi madre, en los últimos momentos de su vida, me dio una llave muy extraña. Le pregunté para qué servía, pero no pudo contestarme porque, en ese momento, expiró.
Me olvidé de la llave hasta que un día, ordenando mi cuarto, la encontré en el fondo de un cajón. Le pregunté a mi padre, pero él no sabía nada. Decidí probar la llave en las cerraduras de la casa, pero no encajaba en ninguna. Me quedé pensando, no se me ocurría nada. Mi padre me decía que me olvidara de la llave, pero yo quería investigar, estaba obsesionada. Una noche soñé que había una puerta secreta en la biblioteca. Me desperté y me dispuse a ir al lugar del sueño. ¡Ciertamente! ¡Allí había una puerta! Antes de entrar le dije a mi padre que viniera y, cuando la vio, se quedó de una pieza. Probamos la llave y encajaba perfectamente. Entramos con mucha cautela. Había fotos de personas y, a su lado, estas mismas personas estaban disecadas.
Nos asustamos tanto que nos quedamos petrificados. No sabíamos qué hacer: llamar a la policía, enterrar los cuerpos o dejarlos. Y decidimos dejarlos, cerrar esa puerta para siempre.
Salimos de la biblioteca y me fui a mi habitación y, de repente, se oyó un disparo. Me asusté y bajé: mi padre se había suicidado. ¡Qué vida más cruel!
Ahora estoy en un hospital psiquiátrico, me estoy curando, incluso hago cursos y pequeños trabajos a modo de terapia. El médico me habla, pero no le escucho, sólo pienso que tengo que practicar el último cursillo que hice… el de taxidermia.
María Muñoz
Leer más [+]
Una fría tarde de invierno, estaba jugando con mi hermano al lado de un riachuelo situado en el bosque.
Las nubes empezaron a tapar el sol, todo se volvió oscuro, de repente empezó a llover bruscamente.
El bosque, que hacía unos momentos estaba iluminado por los rayos del sol y en el que se escuchaba el maravilloso canto de los pájaros, se volvió tenebroso por el escalofriante ulular de los búhos. Empezamos a caminar sin una dirección definida. Cayó un rayo tras nosotros e iluminó todo el bosque; en el suelo se proyectó una silueta, no se veía claramente quién o qué era, así que nos giramos para averiguar qué se ocultaba detrás de nosotros… pero no vimos nada. Seguimos andando con un paso no muy seguro, estábamos muertos de miedo. Mi hermano se entretuvo en el camino atándose el cordón de la zapatilla, yo me di cuenta y decidí esperar unos pasos más adelante. Me fijé en que tardaba mucho en venir. Me giré y vi que mi hermano había desaparecido. Volví a mirar a mi alrededor, no vi nada y seguí caminando aun más aterrorizada por todo lo que había sucedido.
Después de haber dado ya unos pasos, vi unas huellas que no eran de un animal ni tampoco de un humano. Me resultó extraño que en mitad de un bosque tenebroso hubiera unas huellas, así que guiada por la curiosidad continué andando, lo único que me preocupaba era mi hermano y volver a casa, sanos y salvos. Esas huellas me hicieron atravesar un bosque completo lleno de telarañas gigantes, murciélagos con ojos rojos y movimientos aterradores.
Llegué hasta un castillo gigantesco con la apariencia de estar abandonado por sus ventanas rotas movidas por el aire y las paredes grises llenas de moho. Estaba rodeado por un foso lleno de agua. Decidí adentrarme en ese siniestro castillo; llegué a la conclusión de que, para no perderme, haría marcas en las paredes, así que lo exploré. Tenía varios pisos muy grandes y extensos con cuatro habitaciones cada uno. De pronto, oí unos ruidos que parecían la voz de mi hermano; los seguí y me llevaron hasta un laboratorio.
Vi a mi hermano atado a una silla con una mordaza en la boca intentando gritar; a su lado había un vampiro con la piel tan blanca como la nieve, unas uñas negras muy largas, sus ojos pequeños eran rojos y tenía unos colmillos afilados que llegaban hasta la barbilla. Quería chillar, pero, por causa del miedo, no pude.
Tras unos segundos de silencio y después de haberme tranquilizado un poco, intenté hablar pacíficamente; funcionó y llegamos a un acuerdo: cada día le llevaría un poco de sangre, cosa fácil para mí porque vivo en un pueblo y tenemos una granja con muchos animales. Más difícil resultaría atravesar todo el bosque sin que nadie me viera y sin perderme. A cambio, él soltaría a mi hermano y nos dejaría marchar sin un solo rasguño. Me lo pensé durante un instante porque me pareció extraño hacer un trato con un vampiro como aquel, el vampiro más desagradable que había visto en mi vida. Pero, como lo que realmente me importaba era salir de aquel horrible castillo y llegar a casa, no me quedó otro remedio que aceptar.
Para no perdernos el vampiro nos dio una brújula. Nos liamos un poquito pero conseguimos llegar a casa. Cuando llegamos era de noche y estábamos muy cansados, así que nos echamos en la cama sin decir nada a nuestros padres. Al día siguiente me desperté e hice un día normal como si el día anterior no hubiera pasado nada, me olvidé de la sangre.
A la mañana siguiente me desperté parecía que no había nadie, me aseguré, mi familia no estaba. Me asusté mucho. Salí corriendo de casa a buscar ayuda. Cuando abrí la puerta, me encontré a mi querida familia le di un beso a mi madre, pero justo sentí que sus besos se transformaban en mordiscos.
El vampiro seguía suelto y... nosotros también.
Clara Pérez Navarrete
RECUERDOS
Mi hermana y yo habíamos decidido ir al parque de atracciones abandonado esa misma noche. No sabíamos por qué había cerrado, pues había ocurrido hacía ya años. No tenía miedo.
Oí ruidos y fuimos a ver qué pasaba sin perder la valentía. De repente, vimos que los vagones de la casa del terror se movían solos. Mi hermana tenía miedo, pero yo la convencí de que se quedara conmigo. Si hubiera hecho lo que me dijo… pero tenía curiosidad.
Nos montamos en uno de los vagones que iba y venía. Al principio, todo fue muy bien... hasta que giramos por la sexta curva. Me acuerdo perfectamente. El vagón se iba acercando a una puerta. Yo esperaba que se abriera, pero no pasaba nada. Me empezaba a poner muy nerviosa. Le di un golpecito en la espalda a mi hermana. Cada vez el vagón se acercaba más, así que decidimos saltar. Fue la mejor opción. La carretilla se estrelló contra la puerta rompiéndose. Me estremecí, ese podía haber sido nuestro destino.
Empezamos a buscar la salida. Oímos pasos. Corrimos. Pero los pasos seguían oyéndose. Por fin, encontramos la salida de emergencia. Salimos corriendo en dirección a la valla de salida, pero ahora los pasos se oían por allí. Dimos vueltas y vueltas hasta llegar al laberinto de los espejos. Pero el ruido de los pasos nos perseguía. Tac-tac, tac-tac. Vi una sombra. No lo pensé mucho, simplemente me metí en la boca del lobo. Y mi hermana conmigo. No encontrábamos la salida y una silueta se acercaba a nosotras.
Entre los gritos de terror y la tensión nos separamos. Ignoro si era su intención, pero segundos después oí un ruido. Un ruido aterrador. Mi hermana lanzó su último grito. Recuerdo que pensé que todo estaba perdido. Me quedé paralizada, no me creía nada. Ordené a mis piernas que corrieran. Con esa fuerza recuperada por la rabia, pensé como loca cómo podía escaparme de ese infierno. Gritaba y corría.
De repente, noté que me daban un golpe en la cabeza. Me desmayé. Cuando me desperté, estaba atada al vagón de la casa del terror. Un hombre entre la oscuridad me observaba, no podía vislumbrar su cara. Escuché aterrada su voz, que clamaba:
-Por fin. Me cansaba de esperar. Ahora, ¡Qué empiece el espectáculo!
Puso en marcha el artefacto y me di cuenta de lo que me esperaba. Moriría y nadie sabría la verdad. Y al mismo tiempo que cerraba los ojos vino la salvación. Unos policías habían acudido, oyendo mis gritos y los de mi hermana. Abrí los ojos y me di cuenta de que ya no me movía. El hombre escapó, ya no se supo más de él, nadie sabía quién era. Yo presté declaración, y mi hermana fue incinerada.
Pero aún sigo oyendo sus palabras en mis pesadillas:
-¡Qué empiece el espectáculo!
No puedo aguantar más. Solo usted me comprende, doctor.
- Vas avanzando, no te preocupes, todo acabará pronto. Seguiremos el próximo día.
Cuando me alejaba por el pasillo escuché la voz del doctor; una voz que, cuando gritaba, me recordaba a otra:
-¡Enfermera, que pase el siguiente paciente! Y… ¡Qué empiece el espectáculo!
Carmen Beltrán

Página anterior Página siguiente 