CUADERNOS DE CAMPO

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LA COCINA ARAGONESA

Categoría: Gastronomía el día 2010-02-20 19:08:50

LA COCINA ARAGONESA

Extractado por Marianela

 

(Primera parte)

 

La cocina aragonesa, que ha recibido influencias de las vecinas, navarra  y riojana, también de las catalanas y valenciana y las ha devuelto a su vez, aprovecha fundamentalmente los productos de sus campos, y de sus ríos, amén de la cabaña ganadera. Como muchas peninsulares no tiene complicaciones  ni se pierde en barroquismo.

 

 Resulta sencilla, severa  y horada como el pueblo, que toma pan y bebe vino cultivando los signos del sagrado sacrificio. La uva y el trigo,, corta de especialidades, y estas poco generalizadas abundan en platos fuertes, destinados a estómagos sólidos hechos aquellos con recetas simples que rechazan, porque no las necesitan, alquimias guisanderas, pero que exigen productos auténticos y de calidad.

 

Hoy los frigoríficos y los congelados, la comercialización y los transportes, han  enmascarado la cocina genuina  e igualado lo que se come en el campo y en la ciudad con la ventaja para el medio rural, que aún puede abastecerse de la huerta y del corral propio.

 

Si bien la comodidad y la industrialización han apagado los hornos del pan cocer en las casas  labradoras, donde la matancia anual del cerdo ha dejado de ser un rito  porque ya no constituye una necesidad.

 

Al revés que los lustros atrás, en los que se aprovechaba el animal al máximo, los blancos, el tocino en media hogaza, era almuerzo habitual en el campo estirándolo con las bolas de sangre, que había que limpiar porque se florecían y con la conservación de lomos, costillares y embutidos en jarra con aceite.

 

Hace tres cuartos de siglo, el aragonés, más por pobreza y hábito que por virtud, era en la mesa, aparte acontecimientos familiares, fiestas locales y los días de matapuerco, sobrio y austero. Salvo en las localidades montañeras, no había leche, a lo sumo de cabra o de oveja. Por eso se desayunaba judías blancas o royas, patatas cocidas, farinetas, migas  o sardinas rancias. Al mediodía, todavía en las patriarcales y antiguas cadieras, al amor de la lumbre, se comía sota, caballo y rey un cocido compuesto de sopa, garbanzo y retajos de carne, que cansaba porque era el plato invariable del mediodía.

 

No se gastaba postre, sustituido en las zonas de regadío por la ensalada. Para cenar tomaban verduras, fritada, patatas con abadejo y huevos. Los días de repicar gordo se mataban pollos o conejos y escasas veces cordero.

 



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