ARDEN LOS MONTES ....
Categoría: Diario el día 2009-08-03 09:32:40
Asistimos a una oleada de incendios forestales en los montes de la península Ibérica. En Aragón, se han producido en los montes de Valtorres (Calatayud), Valmadrid (cerca del Huerva) y sobre todo en la sierra de El Pobo, en Alloza (sierra de Arcos), Valldetormo (Matarranya) y, el más extenso, en Aliaga-Ejulve.
¿Por qué se está produciendo este fenómeno? Hay varias razones.
Algunas son de fondo y se deben a la naturaleza de los ecosistemas mediterráneos. El clima propio de estos territorios se caracteriza por que durante los veranos las precipitaciones son muy escasas, las temperaturas son las mayores del año y la humedad relativa del aire es mínima. Estas condiciones provocan la evaporación del agua acumulada en el suelo y fuerzan la transpiración en los vegetales reduciéndose la humedad en sus tejidos. Es decir, el humus del suelo está seco y las plantas arden con más facilidad, sobre todo las hierbas y los pequeños matorrales.
En algunas jornadas de veranos pueden producirse vientos intensos, lo que favorece la propagación del fuego al aportar más oxígeno a la combustión de la biomasa vegetal. Esos días es fatídico el inicio de un incendio.
Pero, ¿qué puede iniciar un incendio? En condiciones naturales serían las tormentas estivales, ya que muchas vienen acompañadas por numerosos rayos y casi no traen precipitaciones. Pero no debemos olvidar que, desde el Neolítico, el ser humano lleva habitando estos montes y, que cada vez somos más y accedemos facilmente a cualquier rincón.
Entonces podemos pensar que los incendios han sido históricamente algo habitual en nuestros montes. Pues sí.
Pero precisamente por eso los seres vivos y, en especial, las plantas de estos ambientes presentan adaptaciones al fuego. Las grandes especies forestales de hoja plana (carrasca, rebollo y marojo) rebrotan desde sus raíces, lo que también le ocurre a numerosos arbustos (escaramujo, espino albar, aladierno, etc.). En otros casos, se activa la germinación de las semillas, muchas de las cuales disponen de resistencia al fuego e incluso algunas activan su germinación. Así, al cabo de unos quince años suelen estar presentes las mismas especies que había antes del incendio.
Pero hay más. Los bosques mediterráneos maduros son capaces de limitar la propagación del fuego. Un carrascal, un robledal o un alcornocal maduro es una masa forestal cerrada capaz de crear un microclima húmedo en su interior al no permitir el caso de la luz, al reducir la evaporación del agua del suelo y al impedir el efecto desecante del viento sobre el humus. Los árboles mantienen más humedad en sus tejidos y son mucho más resistentes al fuego.
Pero tras siglos de explotación pocos son los bosques maduros que hoy pueden encontrarse.

Cuando desaparece el bosque, como sabemos, se despliega la sucesión ecológica. Los eriales, pastizales y matorrales se establecen en el terreno produciéndose una evolución y una sustitución de unas formaciones (etapas) por otras hasta alcanzar, al cabo de bastantes decenios, el bosque maduro correspondiente. Ello siempre que no se produzca otra perturbación por medio que interrumpa el proceso.

Pero las especies (y las comunidades que constituyen) y que forman los eriales, pastizales y matorrales, como por ejemplo las estepas (o jaras), los pinos, los enebros, las aliagas o el espliego son especies incapaces de crear ambientes umbríos bajo la planta, sus restos se descomponen con dificultad y sus órganos aéreos son bastante combustibles. Resulte difícil que lleguen a permitir su tránsito hacia los carrascales y robledales maduros originales.
Es decir el fuego es un elemento clave para entender el funcionamiento de nuestos ecosistemas mediterráneos. Forma parte de su naturaleza y sin él no sería como es.
Pero, ¿por qué hay más incendios ahora que hace cincuenta años? Muy sencillo. Por que los matorrales y los bosques ocupan una superficie mucho mayor que entonces, bien por la implantación de pinos en extensas campañas bien por los procesos naturales de sucesión ecológica al reducirse el pastoreo y la extracción de leña por la despoblación de las zonas rurales de montaña.

Aspecto de los montes de Bádenas a mediados del siglo XX
Antes el monte estaba tan limpio de pastos y matorrales que no había incendios. Pero sí se producían importantísimos procesos de erosión, avenidas e inundaciones en las riberas, falta de recarga de acuíferos y ausencia de ecosistemas forestales.
Entonces, ¿que podemos hacer para evitarlos? Se puede trabajar a varios niveles para intentar reducir su número y extensión, aunque será imposible que lleguen a desaparecer si el bosque continúa su recuperación. Además, las previsiones para el clima del futuro en la zona mediterránea apuntan a una reducción general de las precipitaciones del 18%. Ambiente más seco, más incendios.
La prevención mediante trabajos forestales (cortafuegos, pistas auxiliares, aclarados, etc.) tienen eficacia ante incendios de baja intensidad pero no cuando se asocian a vientos intensos, como ha ocurrido estos días. Entonces, las llamas saltan los cortafuegos. Estas técnicas, además, son muy costosas y entrañan también impactos ecológicos.

Tal vez deba fomentarse el pastoreo en los montes. El ganado puede reducir las hierbas que se secan en verano, pero el ganadero necesita el fuego para evitar la entrada del matorral lo que conlleva riesgo de incendio y erosión. De alguna forma, sería volver a los montes de nuestros antepasados. Tal vez pudiera oportuno en ciertas zonas de cada término. Por otra parte, esto es difícil en nuestros tiempo por la baja rentabilidad económica y por diversas cuestiones sociales.

Las técnicas de extinción son importantes para intentar controlar pronto los incendios antes de que sea imposible. Se ha avanzado mucho en los últimos años aunque a costa de un fortísimo esfuerzo económico, lo que está parando otros programas de mejora ambiental que carecen de financiación.
Tras los incendios, la sociedad exige soluciones rápidas. Hay que reforestar y restaurar ya. No terminamos de entender la naturaleza de nuestros ecosistemas. Lo que de nuevo se engulle los presupuestos de los MInisterios o Departamentos de Medio Ambiente. Costosos programas para retirar madera quemada, crear nuevas pistas, labrar los montes y plantar de nuevo.... pinos para acelerar un proceso para el que la Naturaleza está preparada pero que exige mantener su ritmo.

Hace unos años ardió el monte de pinar y marojal en Salcedillo. Pocos años después los marojos tenían rebrote de casi tres metros y cubrían buena parte del suelo. Pese a ello, entraron los tractores oruga y abrieron bandas arrasando la vegetación natural para labrar el terreno y plantar pinos. Es un ejemplo cercano.
Hay muchos científicos investigando en el tema. Los responsables políticos deben tener muy en cuenta sus conclusiones en el manejo de los montes antes y después de los incendios. Y hace falta mucha educación ambiental para ver al fuego como algo más que el enemigo. Hay que seguir insistiendo en evitarlos pero comprender que es un fenómeno natural más al que tendremos que adaptarnos modificando nuestros hábitos (las quemas agrícolas y ganaderas son la principal causa de ellos en la península Ibérica).
En fin. Ante los incendios forestales hay que controlar la emoción y favorecer la razón, justo al revés que los medios de comunicación más dados al sensacionalismo que al análisis.














