El Colpbol es una nueva modalidad deportiva creada por el profesor de Educación Física Juanjo Bendicho, que en los últimos 14 años se ha consolidado como un nuevo referente deportivo, innovador e integrador, y con unas grandes potencialidades educativas.
El Colpbol nace a través de un proceso de investigación-acción en la práctica diaria de las clases de Educación Física. Su génesis es la búsqueda de un deporte de equipo que supere las limitaciones educativas de los deportes tradicionales. Es decir, un juego colectivo que fomente la máxima participación posible de todos los jugadores, sea cual sea su nivel fisicomotor y sus condiciones; que reduzca al mínimo las diferencias individuales y exija una imprescindible colaboración y comunicación colectiva para lograr el objetivo final del juego, el gol; es decir, un verdadero y auténtico JUEGO DE EQUIPO.
Surge en el año 1997 en Valencia donde se afianza como una nueva modalidad deportiva a través del trabajo escolar, como un nuevo contenido dentro la área de Educación Física a Primaria y Secundaria. Esta dinámica se extiende posteriormente a otros ámbitos deportivos con las primeras competiciones locales y comarcales y su vertiente puramente recreativa en niños y adultos.
"OCURRIÓ ESTE INFAUSTO ACONTECIMIENTO EN 1217, SIENDO JUEZ DE TERUEL DON DOMINGO CELADAS"...
Cuenta la tradición que por aquel entonces vivían en Teruel los jóvenes Juan Diego Martinez de Marcilla e Isabel de Segura, descendientes de familias muy principales. La vecindad de ambas casas y el trato constante desde la infancia se convirtieron con el tiempo en un profundo amor mutuo; entonces Juan solicitó a D. Pedro Segura, padre de Isabel, la mano de su hija.
Este, aunque estimaba las nobleza y las dotes del pretendiente, rehusó aceptar excusando su escasez de fortuna por tener hermano mayor que heredaría a su padre, según el derecho foral aragonés, en tanto él podía dotar a su hija con generosidad. Informado Juan de esta dificultad, resolvió pedir a su amada un plazo para obtener la hacienda necesaria al deseo de su padre.
Isabel le concedió cinco años y él partió a la guerra, donde combatió valerosamente en la batalla de “Las Navas de Tolosa” (1212) y “Muret”(1213).
Durante su ausencia, D. Pedro intentó con ahinco que aceptara a otros pretendientes, pero Isabel, fiel a su promesa, no aceptó a ninguno. Llegado a su fin el plazo y como Diego de Marcilla no regresaba, Don Pedro apremió a su hija para que se casara, y ésta, viendo que el plazo de los cinco años había pasado sin saber nada de su amante, aceptó. Enseguida su padre concertó la boda con un señor de Albarracín, el señor de Azagra.
Entonces regresó Juan cargado de honores y riquezas, cuando Isabel pertenecía a otro señor ante Dios y los hombres.
El amante, desesperado, se reunió con su amante para despedirse de ella, rogándole, que en prenda de su imposible amor, le diese un beso con lo cual se daría por satisfecho.
Isabel, invocando su honor, lo negó y entonces, tras intentarlo de nuevo, Diego cayó muerto a sus pies.
Enterado el marido de cuanto acababa de ocurrir, decidió
llevar el cuerpo del amante a la puerta de su casa, donde al amanecer lo descubrió su padre, Don Martín de Marcilla, quien luego del natural sobresalto, transido de dolor, dispuso el entierro de su hijo en la Iglesia de S. Pedro.
Durante la celebración litúrgica, todos los asistentes vieron acercarse al cuerpo inanimado, a una dama encubierta que, llegando hasta él, descubrió su cara y le besó, quedando allí reclinada hasta que en el momento de iniciarse el entierro, fueron a apartarla y descubrieron que era Isabel de Segura, quien no obedecía a los ruegos de que se apartara porque estaba muerta. Ante el asombro de los presentes, y después de que el novel marido relatara lo acontecido, se decidió enterrar juntos a los dos amantes que desdichados habían sido en vida.