Pocos personajes históricos han sido tan prolíficos en la historia de la literatura como el Cid; claro ejemplo del hermanamiento de estos dos pilares de nuestra cultura que siempre han caminado parejos ya sea sirviendo la historia de modelo a la literatura o creando esta una narración que no siempre coincide con la realidad, pero bebe tanto de sus costumbres y tipo de vida que es el más certero de los reflejos que poseemos de una época lejana.
En esta tierra donde señoreó el Cid literario, pero que nunca pisó el Cid real vemos un claro ejemplo de cómo la literatura ha influido en las tradiciones y leyendas de la zona que van desde la localización de peñas pisadas por tan ilustre personaje en Villel hasta bellos romances que nos hablan de jóvenes moras que sienten un amor de oídas por nuestro héroe en la zona de la Sierra de Albarracín. El cantar ha hecho incluso que los estudiosos del tema buscasen el campamento del Campeador en territorios del Jiloca, cuando el Cid real nunca pisó dichos lares.
¿Qué extraños encantamientos llevan a crear esta literatura popular y engañan a los estudiosos? Pues los más certeros de todos, la verdad, pues esta es la que llena todo el cantar, qué importa que yerre el camino o que haga que arcángeles se aparezcan al héroe; la más absoluta de las verdades es la que nos muestra una forma de vida, la del guerrero que de otra forma no la conoceríamos. Los héroes actuales vivirían en una película de acción, no así en el siglo XII, época en la que el héroe victorioso protagoniza la primera obra maestra de nuestra literatura. Analicémosla.
El Cid como héroe de acción:
No tenemos mejor forma de conocer el mundo de frontera en el siglo XII que el Cantar de mío Cid obra que junto con los romances desgajados del supuesto Cantar de los infantes de Lara nos presenta un tipo de vida que sin ellos nos sería desconocido, nos hablan de alianzas con el enemigo, de grandes amistades y de traiciones sin par que plasman a la perfección la vida de unos seres que vivían más para el medro y ensalzamiento de su honra como guerreros y hombres de pro que para la vida relajada que un periodo de paz podría aportarles.
Dicen que la ambición mueve al mundo y no era menos en esa época en la que se urdían traiciones para conseguir las metas y así se refleja al inicio de nuestra obra. El motivo de su destierro no es otro que el odio que le profesa una poderosa familia leonesa, se le acusa falsamente de robar las parias por él cobradas en Sevilla. Nos encontramos ante el primer enfrentamiento entre dos clases, una que empieza a decaer en esta época, pero que aún en la actual sigue mostrando su decadencia, la alta nobleza y otra que lucha por alcanzar un lugar en la historia, la baja nobleza; los unos son odiados por el pueblo como opresores que son, los otros queridos, pues ya en aquellas épocas la gente soñaba con un futuro mejor plasmado en un héroe que tenía todo para triunfar: era un ser real, de una clase que se suponía cercana a la mayoría de la población, puesto en una situación que si se emulaba podía ofrecer grandes beneficios a quienes lo hicieran.
Así se llegan a perpetrar grandes obras como anhelo de limpiar aquello que para un hombre del medievo era lo más importante, su nombre y con él su honra ¿pero no era el ansia de obtener beneficio lo que hacía que tantos valientes soldados le acompañasen? ¿Siendo reconocido amigo y aliado en etapas anteriores de importantes familias árabes no presentaba ya su honor perdido como caballero de fortuna? ¿No se abría una nueva posibilidad para ganar nuevos privilegios para él y para quienes le acompañasen? Muchas importantes preguntas que desde nuestra óptica actual no podemos contestar sin hacer uso de la historia.
El Cid en su relación con la sociedad feudal:
Hemos tratado ya un tema importante, la relación de Cid con la alta nobleza, pero no hemos dicho nada de su relación con el rey. Como personaje desarrollado en una época feudal encontramos que reproduce la escala piramidal que dicha sociedad adoptaba con su rey en la cúspide. El rey es la persona elegida por Dios a quien todo el mundo rinde pleitesía y respeta, ni la realidad era esta ni así actuó el Cid histórico, pero cuando se reproducen sus hechos en un texto literario sí que se mantiene la estructura que se considera ideal. No ocurre lo mismo con el segundo estrato de esta pirámide social, puesto que la alta nobleza es tratada con poco respeto, incluso con ironía tratándolos de cobardes y poco dignos, dos ejemplos el Conde de Barcelona, quien es tratado como un niño y se muestra avergonzado por la baja alcurnia de sus vencedores y los Condes de Carrión capaces de ser valientes hiriendo, no la curtida piel del valiente árabe valenciano, sino la delicada persona de las hijas del Cid.
La sociedad sigue siendo feudal, pero presenta ya grandes fisuras, la nobleza de sangre se ve poco a poco sustituida por la ganada con la espada. Incluso las leyes germanas que las respaldaban se ven sustituidas por el derecho romano como las vindicaciones judiciales del Cid frente a los Condes de Carrión presentan, la nueva legislatura solicitada por el héroe, la vieja y solo a ellos favorable esperada por la alta nobleza.
Esta obra es pues reflejo de una nueva era que está dando sus primeros pasos.
El Cid en sus relaciones familiares, la vida cotidiana:
También nuestra obra es un magnífico reflejo de la vida cotidiana, al comenzar su destierro conocemos los enseres de la casa cidiana, sus mantos, sus halcones, vida de rico, como corresponde al esposo de la sobrina del rey, pues esa era Jimena.
No solo es rico en los detalles de la casa también en las muestras de cariño hacia sus familiares, también en este caso literarios, no reales, pues sus hijos eran tres: María, Cristina y Diego. El Cid besa, abraza, pasea bizarro ante los suyos, haciéndose humano, dejando por un breve lapso de tiempo al héroe dejando paso al hombre.
Sin esta humanidad nunca comprenderíamos el gran amor que muestra por los suyos, la defensa de sus hijas no sería nada más que otra muestra de su habilidad para ganar en todos los campos de batalla, por algo es el Campeador.
Categoría: Presentación el día 2011-11-28 11:52:36
A veces se necesita un pequeño empujón para comenzar una actividad, el curso que ahora inicio es el empujón que necesitaba para realizar algo que en la actualidad es necesario para interactuar con nuestros alumnos y con sus familias.
El mundo ha cambiado y la enseñanza debe abrir nuevos caminos adaptándose a estos cambios. Desde aquí pretendo crear un instrumento educativo abierto a todos los alumnos, a fomentar sus inquietudes artísticas, a resolver dudas entre todos, a potenciar la investigación y la documentación utilizando los amplísimos fondos que Internet nos brinda.
No debemos dar la espalda al futuro, pero esto y no es futuro, es presente y como presente debemos plantearnos qué cambios debemos asumir para conseguir una enseñanza acorde a las necesidades de nuestros alumnos, capaz de motivar y que nos ayude a obtener nuestros objetivos. Afortunadamente tenemos cursos como “Aprendizaje colaborativo desde las TIC”, un soplo de aire fresco en una institución educativa que se debate entre la enseñanza tradicional y una dotación tecnológica que realmente no sabemos explotar, es necesaria una reeducación práctica del profesorado, pues teoría ya sabemos bastante. Pero no nos confundamos, también nosotros vamos a tener que reeducar a nuestros alumnos, mostrarles que Internet es un instrumento educativo y que no solo es un elemento de ocio. Ellos tienen mucho que enseñarnos en este terreno, pero también nosotros, los docentes tenemos mucho que ofrecer.
Para terminar están los padres, elemento sumamente importante en la comunidad educativa, por fin van a poder acceder en directo a la enseñanza de sus hijos, y por qué no, ayudarnos a formar la escuela que todos queremos, una escuela de calidad que no es la escuela del futuro, sino del presente, un presente de grandes retos que vamos a asumir y salir vencedores y más sabios del desafío que suponen.