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La vida sigue

Categoría: Relatos 02 el día 2010-01-08 13:20:43


Juan salió de la casa y se quedó contemplando el cielo. Hoy no llovería, el azul era intenso, ni siquiera se veía una pequeña nube. Movió la cabeza y fijó sus ojos en la lejanía; como la cosa siguiera así, los agricultores iban a tener mal año, el campo necesitaba agua y aunque estaban en primavera, no había caído ni una sola gota.
Su nieta, Paula, lo miró con cariño desde la ventana; a pesar de que tenía setenta y cinco años continuaba siendo un hombre apuesto; Alto, con un cuerpo atlético y se le veía lleno de energía. Pero Paula lo que veía no era sino a un gran hombre que había sido para ella como un padre ya que al suyo solamente lo recordaba por fotografía.
Juan se sentó en una silla en la puerta de su  casa y apoyó las manos en el bastón que llevaba cuando caminaba por el monte.
Paula, creyó que dormía; Miraba a lo lejos su tierra castellana desprovista totalmente de árboles, pero, con un encanto especial que le hacía amarla, no importaba que fuera árida ya que por muy seca que pareciera, era generosa, pues siempre había respondido y dado de comer al pueblo a pesar de la escasez de agua.
A lo lejos se había formado unas nubes que parecía rozar la lejana montaña. Apoyó la frente sobre sus manos y dos gruesas lágrimas cayeron de sus ojos; Aquellas nubes le hicieron recordar el día más triste de su vida. El y su esposa Elena habían ido a pasar las Navidades a la capital, con sus hijos y nieta. Aquellos eran días alegres y felices para todos.
Paula su nieta, era una niña de cuatro años preciosa, rubia con sus ojos azules como el reflejo del mar, cariñosa y como decía su abuela ¡ La más lista del mundo!.
Unos días antes de Reyes los padres de Paula salieron de compras, Juan y Elena empezaron a preocuparse por su tardanza, pues pasaban las horas y sus hijos no regresaban. Llamaron a la puerta y ahí empezó la pesadilla.
Habían tenido un accidente: Un camión al que le falló la dirección choco contra su coche. Quedaron destrozados. Ernesto, el padre de Paula, no tenía familia y Juan tuvo que ir a reconocer a él y a su hija Raquel.
Se marcharon al pueblo con su nieta Paula, que más que nieta se convirtió en su hija. Paula preguntó a sus abuelos ¿Dónde están mis papás? Elena le contestó que en el cielo ¡Esta muy alto! Dijo Paula y siguió ¿Podrán montarse en un avión? Elena sin saber que contestarle se quedó mirando, y Juan dándole un beso muy fuerte, le contestó. No pueden venir a casa porque las nubes no viajan y ellos están encima.
A los pocos días, Paula fue corriendo al encuentro de su abuelo ¡Abuelo, abuelo, corre que ya vienen mis papás! Juan intentó calmarla pero Paula tiraba de su abuelo llorando ¡Abuelo coge el coche y vamos a buscarlos! Pero ¿Dónde quieres ir a buscarlos? ¡Allí! Contestaba Paula. ¿No ves que las nubes ya han llegado a la montaña?. ¡Seguro que ahí están los papás!.
Paula, aquella noche se durmió llorando abrazada a la fotografía de sus padres. Los abuelos estuvieron casi toda la noche pensando en la forma de explicarle a su nieta lo que ocurría cuando una persona dejaba de existir.
Llegó la mañana. Elena y Juan estaban en la cocina cuando bajó Paula muy contenta.
Los abuelos se miraron perplejos, Elena, sentó a Paula en sus rodillas, le acarició su pelo rubio y sedoso, la abrazó y cuando empezó a hablarle de sus padres, Paula sonrió ¡Abuela, dejarán de quererme y vendrán a leerme un cuento cuando vaya a la cama! ¡Igual que siempre!.
Intentaron convencerla de que “aquello” había sido un sueño, pero Paula no los escuchaba, repetía una y otra vez que sus papás le leerían un cuento.
Al llegar la noche, Paula, subió a su habitación, la abuela la arropó y cuando iba a apagarle la luz la niña no lo consintió pues, sus papás “tenían” que leerle el cuento.
Elena bajó llorando, pensando que la niña necesitaba ayuda, quizá estuviese perdiendo la razón. Juan, subió a su encuentro y al explicarle lo que ocurría la abrazó amorosamente y volvieron los dos para entrar en la habitación de la niña.
La puerta estaba entreabierta y dentro , sentado en la cama estaba Ernesto, leyendo un cuento, mientras Raquel abrazaba a su hija.
Pasaron los años. Paula se convirtió en una joven preciosa y dulce que amaba profundamente a sus abuelos. Había olvidado por completo que en algún momento, sus padres, le leyeran nada por la noche. Juan y Elena se preguntaban si lo habrían soñado, pero, misteriosamente desde aquel día había un cuento en la habitación de Paula que nunca antes había estado.
Juan levantó la cabeza al escuchar los pasos de su esposa Elena. Se miraron a los ojos, en ese momento Paula, asomaba a la ventana, pensó que le gustaría encontrar un amor tan grande como el que se leía en los ojos de sus abuelos.
Elena entró en casa a por una chaqueta, al pasar delante de la chimenea, miró la fotografía de su hija Raquel y en ese momento algo pasó por su mente que hizo comprender que todo estaba bien así.
Ya casi anochecía y los tres estaban sentados hablando animadamente, eran una familia completamente feliz.

María Teresa Rodríguez Miguel
Calatayud
Primer accésit año 2002
 



Publicado por: José Ramón Olalla | Comentarios (0) Leer comentarios | Exportar PDF | Escuchar este post

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