AMISTAD
Categoría: Relatos 02 el día 2010-01-07 21:27:16
La historia que voy a contaros ocurrió hace mucho tiempo en una aldea escondida entre grandes montañas, a lo lejos se podía oír un tintineo de gotas; un arroyo que bordeaba una pequeña cabaña parece que aun puedo ver al viejo Sr. Ami era un anciano regordete con el pelo y la barba larga y canosa, ojos hundidos y grandes surcos en la cara por el paso del tiempo.
Se sentía muy sólo, él había cuidado siempre de sus padres hasta que fallecieron hace muchos años. Aunque en muchas ocasiones había ido a visitar la aldea, para hablar con sus habitantes y de esta manera vencer su soledad tuvo de desistir del intento porque siempre se burlaban de él, quizá por su aspecto físico o quizá porque el Sr. Ami había olvidado como hablar con las personas, ya que hacía mucho tiempo que no hablaba con nadie, y tenía una forma de hablar casi personal, o de hablar consigo mismo.
Al Sr. Ami le encantaba pasear todas las tardes, se ponía su viejo sombrero y cogía su usado garrote y andaba horas y horas por el bosque un día le sorprendió una grandiosa tormenta el Sr. Ami acelero el paso buscando un lugar donde refugiarse, y escondido entre la maleza divisó una gran grieta en una roca, corrió más o menos como pudo hasta ella, y se refugio.
La pequeña cueva que había en la grieta era muy acogedora y tenia aspecto de bodega.
-Y digo esto – porque dentro había una especie de mesa de madera y cientos de toneles. El Sr. Ami sacó una cajetilla de cerillas del bolsillo y encendió una vela que estaba en un rincón, cogió la vela y se acerco a los toneles, en una especie de vaso hecho con la mitad de un coco vertió el contenido del tonel. Era un vino excelente así que se bebió un vaso y otro hasta que consiguió calmar las tiritonas que tenia por llevar las ropas empapadas.
Rendido y un poco acalorado por el vino, cayó dormido sobre la mesa.
Abrió los ojos y un dolor de cabeza espantoso le atormentaba, encima de la mesa un personaje tiraba de la manga del jersey, el Sr. Ami no podía creer lo que veía se froto con los puños los ojos para comprobar que no estaba soñando.
El personaje seguía allí y en voz “alta” le reprochaba el haberse bebido su vino. El Sr. Ami le explico lo sucedido y observando como la cara del personaje iba cambiando de malhumorada a comprensiva. De repente el Sr. Ami quedo sorprendido. Lo cual quiere decir que el personaje le estaba entendiendo, a pesar de que la gente de la aldea se burlaban de su forma de hablar.
Cuando acabo su relato el personaje le pregunto como se llamaba y si quería otro vaso de vino.
-Ami, ¿y tu? – le preguntó el Sr. Ami.
-Mi nombre es Stad, pero todos me llaman –Duende Borrocho- contesto el duende.
-¿Y porque te pusieron ese nombre tan raro?- volvió a preguntar el Sr. Ami.
-Mis padres decían que de todos los hijos yo era el más inquieto, que nunca paraba y que siempre me estaban diciendo ¡¡estate quieto¡¡, y por este motivo acortando me quedé con Stad.
Los dos rompieron a reír, brindaron con sus vasos y volvieron a reír. Como la lluvia no paraba estuvieron charlando largo tiempo.
Estuvieron hablando hasta que se hizo casi de noche, y tuvo que regresar a su casa.
Pero para el Sr. Ami nada volvió a ser igual, ya no se entretenía con el canto de los pájaros, ni cortando leña, lo que más le apetecía era volver a estar con aquel duendecillo y poder contarle lo que pensaba.
A veces le daba por pensar que todo había sido provocado por una fantasía provocada por el vino, la fatiga y el sueño. Ya no podía más y decidió comprobarlo volviendo al mismo sitio donde aquel día encontró al duende.
Caminó y caminó, hasta sentirse agotado y un poco desorientado, hacia mucho calor y se sentó bajo una encina para recobrar sus fuerzas.
De detrás de un matorral apareció el duende Stad que se colgó del cuello del Sr. Ami y le dio un fuerte abrazo.
Es Sr. Ami saco de bolsillo de su pantalón un pequeño porrón, tallado a la medida de Stad y se lo regalo, se fueron a la gruta y allí estuvieron charlando.
Desde aquella tarde, todos los días se reunían para hacerse compañía, y ninguno de los dos volvieron a sentirse solos.
Compartían sonrisas, secretos, abrazaos, chistes y todas esas cosas que comparten los amigos.
Una de aquellas tardes, el Sr. Ami le confesó a Stad que cada vez se sentía más cansado que le costaba mucho levantarse por la mañana y caminar hasta el lugar donde quedaban todas las tardes, prepararse la comida en fin, que después de haberle conocido, y saber lo maravilloso que era tener alguien en quien confiar, y con quien compartir todo, tenía miedo de quedarse solo.
El duende Stad le dijo que ni se le ocurriera volver a pensar eso, que el siempre estaría a su lado.
Si alguna vez pasáis por la pequeña aldea podréis ver bajo la encina un pequeño duende con una margarita, junto a una pequeña cruz donde yace su viejo amigo Ami, al que nunca dejó solo, porque como Stad le prometió la “AMISTAD” es para siempre.














