HISTORIAS REALES DE MARGARITA
Categoría: Relatos 02 el día 2010-01-07 21:01:17
Estábamos un día mi hija y yo, cuando ella me dijo:
- Mamá, cuéntame alguna historia de cuando eras niña.
- Pues sí hija, te la voy a contar.
Tenía seis o siete años y yo era una niña muy bajita, muy pequeña de estatura, y mis amigas por el contrario eran muy altas. Lo pasaba muy mal, pues íbamos a coger frutas al campo y yo nunca cogía porque no llegaba a las ramas de los árboles. Ellas siempre me tenían que dar, y a algunas niñas les sabía mal que yo no cogiera y ellas las tuvieran que repartir conmigo. Un día mi amiga que me quería y veía que sufría por ser bajita, me dijo:
- Oye Margarita, ¿por qué no haces una cosa que yo te voy a decir?
Yo le dije:
- Habla que yo te escucho.
- Mi papa echa abonos a los árboles para que crezcan, ¿por qué no te pones abonos tú a ver si creces más?
Y yo pensé, ahora mismo me voy a mi casa a ver si mi padre tiene abonos. Efectivamente, en el patio había unos cuantos sacos, y sin perder tiempo busqué unas tijeras y abrí uno de los sacos, escarbé, hice un agujero, me quité las zapatillas y los calcetines y me metí en el saco a cuclillas. Allí estaba yo, esperando crecer. Se hizo la hora de comer y mis padres y mi hermana me llamaron:
- ¡Margarita, ven a comer! – dijo mi hermana.
Yo contesté:
- ¡Luego, ahora no puedo!
Y repitió mi madre:
- ¡Haz el favor de venir, la comida se enfría!
Yo contesté:
- ¡Que no puedo ir, que estoy creciendo!.
Salieron los tres a ver que pasaba, mi padre y mi hermana, ¡que risas se daban al verme metida en el saco!, pero mi madre no reía, aún recuerdo como si fuera hoy, como a mi madre le caían las lágrimas por las mejillas.
Le conté a mi hija que aún haciendo todo por crecer, nunca fui alta, con diecinueve años sólo llegué a medir un metro cincuenta, pero yo intenté crecer más y no pudo ser, sigo siendo bajita, pero mi corazón creo que es grande.
- ¿Te ha gustado? –le pregunté a mi hija- pues te voy a contar otra historia porque parece que te gusta.
Era un día de mayo por la tarde, salimos de la escuela las amigas y dijimos:
- Vamos a buscar la merienda y la botija y nos vamos a “la fuente de los garbanzos” –que así se llama la fuente.
Teníamos de ocho a nueve años y nos fuimos tan contentas a la fuente que estaba en un monte bastante alto. Había que subir mucha cuesta, y una vez que estábamos en el monte, en lo más alto, nos paramos todas a la vez, y con cara de asustadas, nos miramos unas a otras y dijimos:
- ¿Oís?, están los angelicos en el cielo rezando el rosario –pues oíamos como rezaban y cantaban “las flores de María”.
Oíamos como decían:
- Santa María, madre de Dios.
¡Todas lo oíamos! y luego cantaban:
- ¡Ave, ave, ave María, ave, ave, ave María!
Fue tan grande el susto que nos llevábamos, que no llegamos a la fuente, nos bajamos corriendo al pueblo diciendo que oíamos cantar y rezar a los angelicos en el cielo. Nuestras madres se asustaron, y es que por aquella época, se decía que se aparecía la Virgen. Las madres, asustadas nos preguntaban:
- ¿Es verdad o es broma?
Nosotras todas contestábamos que era verdad, y decían:
- Estas niñas se han vuelto locas.
Una de las madres, fue a llamar al señor cura y le contó lo ocurrido. El señor cura vino con los brazos abiertos, y dijo:
- ¡Hijas mías, no estáis locas, pero no habéis oído a los angelicos rezar el rosario y cantar “las flores del mes de mayo de María”, en Maluenda, han puesto un altavoz en la veleta de la torre de la iglesia, y el viento lleva el eco hasta el monte, por eso lo habéis oído!
¡Que tranquilas nos quedamos!, pero a la vez, ¡que desilusionadas!
¿Te han gustado estas historias?, ¡son reales!, otro día te contaré más.
Asunción Algarate Palacios
Morata de Jiloca














