La Manzana no cae Lejos del Arbol
Categoría: En casa... el día 2014-01-15 10:48:05
Tanto educadores como padres de familia se encuentran muchas veces frente a situaciones en las que no entienden cómo, a pesar de todos sus esfuerzos, no logran ayudar al chico o al adolescente a modificar ciertos comportamientos
conflictivos o a resolver dificultades de aprendizaje. Es frecuente que educadores y padres de familia se responsabilicen mutuamente cuando no ven resultados positivos en sus intentos.
Bert Hellinger es un pedagogo y terapeuta alemán que ha creado un método que se llama «constelaciones familiares»; éste permite encontrar soluciones para equilibrar sistemas y ayudar a que cada persona esté en el lugar que le corresponde, ocupándolo con toda su fuerza.
Aplicando este método al área educativa, sabemos que la plena fuerza de un chico no está en ser grande, sino en ser lo que es: un chico.
Cuando puede lograrse que tanto el padre como la madre, el estudiante como el maestro, ocupen totalmente su lugar, entonces el proceso de enseñanza-aprendizaje fluye provechosamente para todos los que lo comparten.
En el área educativa, muchos de los problemas escolares pueden ser resueltos gracias al trabajo conjunto y organizado de maestros, maestras, padres, madres y estudiantes.
¿Cómo lograr un trabajo conjunto donde todas las fuerzas confluyan y sirvan al mismo objetivo?
Una excepcional respuesta, por su calidad y originalidad, a estos interrogantes la ha dado el enfoque sistémico que hace Bert Hellinger.
Bert Hellinger menciona tres condiciones para el logro de la relación.
El primer orden es la vinculación
Cada ser humano tiene la necesidad de
estar vinculado. El niño siente la vinculación
como amor y felicidad, no importa de qué manera
crece, ni en qué circunstancias
y no importa cómo son
los padres. El hijo sabe que pertenece,
ese saber y ese vínculo
es amor. Uno tiene que ver el
y, al final, en el sistema del universo. Y en todos
estos sistemas existen órdenes, en cada uno de
distinta manera, de forma que al respetarlos nos
permiten avanzar y vivir en sintonía; en caso
contrario, nos detienen. De manera más fuerte
sentimos los órdenes en la familia: si los respetamos,
el amor puede fluir. Por eso, Bert Hellinger
los llama «órdenes del amor».
Todos somos miembros de nuestro sistema
familiar. Todos somos hijos de un padre y
una madre, que, a su vez, también son hijos de
un padre y una madre, no importa si ya murieron,
si los conocimos o no. Nadie tiene el poder
de cuestionar este sistema en el que nace.
Tampoco puede negar a su familia, sin negarse
a sí mismo. Estamos ligados por profundos lazos
de lealtad a nuestra familia y seguimos las
leyes que la dirigen y la unen.
Como un árbol, que tiene su forma y su
lugar en el que crece a su propia manera.
El orden viene primero, después viene el
amor. Bert Hellinger comprobó y observó que
el amor puede desarrollarse en un orden correcto;
si existe un desorden, el amor, aunque
sea grande, no puede fluir.
Ahora bien, antes de observar
las relaciones más detalladamente,
quiero que
prestemos atención a algo
El segundo orden es el equilibrio entre el dar y el tomar
Todos los sistemas humanos tienen la
tendencia y la necesidad de equilibrarse. Esto
es una ley natural que se muestra en las relaciones
como la necesidad de dar y tomar.
Hay que diferenciar: el intercambio entre
un hombre y una mujer en pareja es distinto
del intercambio entre padres e hijos. Una pareja
tiene la necesidad de equilibrar entre dar y
tomar. Pero en la relación entre padres e hijos
no se puede lograr el equilibrio de la misma
manera, pues los padres dan y los hijos toman.
Los hijos nunca pueden dar a los padres lo que
ellos recibieron, porque el equilibrio tiene
que ver también con el tiempo, y el orden sigue
una jerarquía: aquellos que vinieron antes
dan a aquellos que vienen después. Esto funciona
también en la fila de los hermanos.
El tercer orden se refiere a las normas y reglas del grupo
En todas las relaciones se desarrollan normas,
reglas, rituales, convicciones y tabúes que
tienen valores para todos los miembros. De
esta manera, se estructura una relación en un
sistema con órdenes y reglas. Estos órdenes son
conocidos y visibles, pero detrás de éstos actúan
órdenes invisibles, ya anticipados, que no
son negociables.
Resumiendo, se puede decir que existen
tres necesidades elementales que son responsables
para lograr una relación y la conciencia
está al servicio de las tres.
Una relación tiene éxito solamente si estas
tres condiciones están ejecutándose a la
vez. No hay vinculación sin equilibrio entre dar
y tomar, y sin reglas; no hay equilibrio sin vinculación
y reglas; y no hay reglas sin vinculación
y equilibrio.
Cuando uno quiere dar solamente, se
queda en la posición de tener pretensión. Esta
actitud se encuentra en personas que trabajan
en el ámbito de ayuda, dan pero no quieren tomar.
Otros se niegan a tomar, quieren guardar
su inocencia; de esta manera, se sienten sin la
obligación y superiores a aquellos de quienes
toman. Esta negación se dirige muchas veces
hacia los padres de familia; así, la persona se
siente vacía e insatisfecha.
Aplicando estos órdenes al sistema
educativo institucional
Referencias bibliográficas
HELLINGER, B. (2001): Órdenes del amor. Barcelona.
Herder.
HELLINGER, B.; BOLZMANN, T. (2003): Imágenes
que solucionan. Argentina. Alma Lepik.
HELLINGER, B.; TEN HÖVEL, G. (1999): Reconocer lo
que es. Barcelona. Herder.
WEBER, G. (1999): Felicidad dual. Barcelona. Herder.
Editorial Herder 1999
Angélica Olvera García
Directora del CUDEC. México
Tiiu Bolzmann
Directora del centro Bert Hellinger. Argentina
ang_olvera@hotmail.com














